Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Confianza”
Alejandro era el chico predilecto, el perfecto candidato para su hija. Con sólo mirarlos podían darse cuenta de la perfecta química que tienen. Él ya tiene la confianza de sus padres, de la gente que la rodea, incluso de ella misma. Lo único que falta es que ella lo ame como él la quiere. — Gracias, Nicolás. Tenga por seguro que la cuidare y estaré para ella, claro siempre y cuando ella esté de acuerdo. Afirmó Alejandro, su mirada buscó la aprobación de Katerin, la cual le sonrió abiertamente. — Claro que sí, así será. Tienes mi absoluta confianza, creo en ti, y por eso te pido que la cuides. ¿Sí? Dijo Nicolás. — Está bien, así será. La protegeré y si eso implica mi vida, lo haré. Respondió firmemente. — Bueno, tampoco llegues a los extremos. Intervino Kate con nerviosismo en su tono. El hecho de perder a Alejandro le aterraba, en este tiempo él se había convertido en alguien que le gustaría compartir su tiempo, no ve un futuro sin él a su lado. Ya sea siendo su amigo o algo más íntimo. El tiempo transcurrió, el sueño acabó con su plática, Nicolás insistió en que él se quedará en casa hasta el cansancio, Alejandro no pudo hacer más y aceptó. No veía nada de malo dormir afuera una noche y menos en casa de su buen amiga Katerin. La madrastra de Katerin podía bajar la guardia por un momento, su objetivo principal ya estaba casi ganado. Solo era cuestión darle tiempo al tiempo. No era algo que se debía apresurar, el amor paulatinamente surgiría con mayor fuerza entre ellos dos. — Ten dulces sueños, Ale. Le deseo Katerin antes de meterse a su cuarto. — Gracias, Kate. Igualmente, sueña bonito- si es posible conmigo— quiso decir Alejandro, sin embargo, sabía que no era el momento. Ella acababa de terminar su relación con el patán de su novio, quien no le había brindado absoluta confianza. Cuando ella cerró la puerta de su habitación, él finalmente entró al cuarto frente a su recámara, la cual había sido asignada especialmente por el padre de Katerin. La intención de los padres estaba clara, los dos querían que sus hijos se emparejaran y los convirtieran en una verdadera familia. — Quisiera decirte que te amo, pero, no es momento. Es importante que tu corazón sane antes de que comiences otra relación. Susurró mirando la puerta del cuarto. Finalmente, se acostó en la cama. Cerró sus ojos y se dejó guiar por el anhelo y el amor que sentía por ella. Fue guiado al paraíso, al lugar donde todo es posible, en el lugar legendario de los sueños, ahí donde ella lo ama desde el principio. Solo ahí donde los dos son felices sin ningún tipo de obstáculo o malentendidos. A la mañana siguiente, Katerin se levantó más temprano de lo habitual, todo el mundo en la mansión seguía dormido, hasta sus empleados más activos. Por lo cual, ella se vio más tentada a cumplir un deseo que siempre había querido hacer. Sigilosamente y sin hacer ningún ruido entró a la habitación de Alejandro. Con pasos pequeños se encaminó hacia sus pies, lentamente se acercó estaba a punto de tomarle los pies para jalarse los cuando un extraño ruido atrajo su atención. Extrañada dejó de lado su intención, dirigió su completa atención y se apresuró a buscar donde provenía aquel sonido. Recorrió todo el lugar, hasta que desconcertada se dio cuenta que quien hacía ese extraño quejido era Alejandro, su rostro estaba afligido. Al observarlo con detenimiento, se percató que las lágrimas rodaban por sus mejillas. Al principio, ella pensó que él estaba despierto, pero, no fue así. Le dio una palmada y descubrió que él estaba teniendo una terrible pesadilla. Su corazón se hizo pequeño, afligida y con compasión tomó la decisión de despertarlo. A lo cual, él se levantó con desesperación, como si aquel niño pequeño de su infancia jamás se hubiera ido. Con la mirada perdida comenzó a buscar a su madre, poso sus ojos por toda la habitación. Katerin al notar su actitud, no espero mucho y lo atrajo hacia ella. Él pensando que ella era su madre se apretó en su pecho y comenzó a susurrar palabras que no eran fáciles de entender a la primera. — Ale, pequeño Ale. Lo nombró Katerin al ver que su apariencia parecía la de un niño asustado. — Madre, nuevamente tuve ese sueño donde tú no despertabas, verdad que aún sigues conmigo. Murmuró Alejandro sin voltear a verla. Él aún seguía adormilado, Katerin se dio cuenta, el dolor de perder a su madre lo atormentaba, aún si los años pasaban el dolor y la pérdida parecían jamás irse, se llevaba hasta su último suspiro. — Sí, aún estoy contigo. Vuelve a dormir, Ale. Mamá estará pendiente de tus sueños, no permitiré que otra pesadilla te vuelva a molestar. Respondió abrazándolo, acarició su cabello y comenzó a cantarle una canción de cuna. Sucesivamente, Alejandro volvió a dormir, las lágrimas dejaron de fluir, en su lugar una hermosa sonrisa adornó su rostro que se veía radiante. Katerin supo en ese momento que Alejandro necesitaba el cariño y la comprensión. Él necesitaba a alguien que le diera el alivio en su corazón, que le recordará a su madre. — Ale, espero que un día puedas encontrar la paz. Tu madre así lo querrá, estoy segura que estará orgullosa de ti. Me has ayudado, te has portado como un verdadero caballero, se ve el gran esfuerzo y dedicación que tu madre puso en ti, ella te educó bien y eso refleja lo grandiosa que fue. Dijo Katerin mientras acariciaba su cabello. Ella admiró su rostro, por primera vez lo miró con detenimiento, no de manera como una amiga sino como una mujer mira a un hombre. Sus facciones y sus labios atrajeron su atención. — No había notado que eres atractivo. Susurró sonriendo. Sin darse cuenta recorrió su rostro, cada una de sus facciones con la punta de sus dedos, acarició sus suaves labios. Su mentón la sorprendió bastante, la mandíbula y sus cejas gruesas le dieron un aspecto varonil. En conclusión, Alejandro se veía sexy ante sus ojos, lo cual no era lo que una amiga pensaba de su amigo. — Dios, ¿qué estoy haciendo? Se dijo así misma. La fascinación se hizo presente en ella, no podía dejar de verlo, aunque eso significará traicionar el cariño de amiga que tenía hacía él. Total, ya no tenía a quien darle explicaciones, ella era libre, podía estar con quien quisiera sin ningún problema. No sé dio cuenta ni cómo ni en qué momento se había dormido. Tiempo más tarde, todos se despertaron y comenzaron a hacer sus labores de cada día, excepto ellos, quienes en algún momento de su sueño se abrazaron mutuamente. La pelirroja como buena mujer astuta se encaminó a buscar a Katerin, con la esperanza de no encontrarla en su habitación. Al llegar, tocó la puerta, espero un momento, al no obtener respuesta se adentro a ésta. Se llevó con la gran sorpresa al ver la cama de Katerin acomodada y sin ella. Con una gran sonrisa se aproximó a la habitación de enfrente, en donde Alejandro y Katerin se mantenían aún abrazados y durmiendo. Ellos dos habían encontrado el alivio y la protección que todo esté tiempo habían estado esperando. Sin vacilar se adentro, miró con aprobación y gran alegría lo cariñosos que se veían así, ellos parecían ser una pareja de recién casados. — Oh, Katerin. Has elegido el mejor candidato para ser el compañero de tu vida, así como tu madre lo había hecho. Susurró con una sonrisa nostálgica. El recuerdo de la bella joven, quien en su momento había sido su mejor amiga con la que había pasado buenos y lindos momentos juntas. Lo que más deseaba ahora era que su hija pudiera ser feliz, se lo había prometido a ella y lo lograría a como diera lugar, aún si eso implicaba que Katerin la odiara. — Veamos como eres feliz con él, y de paso me hacen feliz a mí. Susurró mientras capturaba aquella escena.
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