Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Sonríe”
Alejandro quería abrazarla, sin embargo, se dio cuenta que no era el momento adecuado. Ella aún quería seguir expresando todo lo que por años tenía guardando dentro desde el fondo de su corazón. — ¿Sabés? Todo este tiempo envidie a esas tontas chicas que tienen a sus madres con ellas y que las tratan mal. Yo daría todo el dinero del mundo por tener aunque sea un instante a mi madre. No tuve la oportunidad de conocerla ni de sentir su calidez, todo este tiempo añore por tener el cariño materno, pero... Mi madre no pudo estar conmigo. Prosiguió lamentándose con amargas lágrimas. La vida no había sido justa con ella, su madre ni siquiera la había podido conocer, sólo logró escucharla antes de desplomarse para jamás abrir sus ojos. — Todos creen que tengo la apariencia de niña mimada, de alguien que es plenamente feliz, a quien no le falta nada. Sin embargo, se equivocan. Creen que tengo todo pero en realidad no tengo nada. Solo tengo cosas materiales, me asfixio estar entre tantas cosas, detesto tantos lujos, nada de eso me puede dar la felicidad y el cariño que necesito. Confesó mirando a los ojos a Alejandro. Las sinceras lágrimas rodaban por sus mejillas, incluso su maquillaje se había arruinado, su delineado estaba deshecho. Aunque tenía un aspecto favorable, para Alejandro esto era completamente bello. La chica que parecía de hielo, una perfección y sin ningún dolor se había quedado atrás, ahora, al fin dejaba esa coraza para mostrar a su yo, la cual se había mostrado tal y como era, sin miedo a que la juzgará o que la mirará mal. Él se había convertido en alguien importante. Hubo un estremecedor silencio, Katerin y Alejandro se contemplaban el uno al otro, sus miradas comunicaban palabras difíciles de expresar, los dos tenía en común algo y eso era el profundo amor, añoranza y nostalgia por sus madres. Solo se podían comprender entre ellos. Alejandro no pudo aguantar más, la atrajo cerca de él y la rodeo con cariño. Envolviendo la y brindándole alivio, reconforte, amor y protección. Katerin lo sintió de verdad, ella encontró su nuevo hogar en Alejandro. — Gracias por escucharme, gracias por estar conmigo, gracias por todo. En realidad, eres un chico valioso, amable y admirable. Gracias por ser mi amigo. Veo que todo esté tiempo te juzgue mal, me doy cuenta del terrible error que cometí contigo, lo siento. Dijo Katerin mientras estaba envuelta en sus fuertes brazos. — No tienes nada que agradecer ni porque disculparte, solo deja salir todo lo que te molesta. Aconsejó Alejandro estrechando la suavemente contra su cuerpo y acariciando su sedoso cabello oscuro. «Me gustaría que el tiempo se detuviera y poder estar de esta manera contigo por el resto de mi vida, me gustaría ser quien alegre tu semblante, tu día y tu vida, quiero ser la razón de tu sonrisa» Pensó Alejandro. Permanecieron por mucho tiempo de esa manera, el mar se encontraba tranquilo, las estrellas brillaban en lo alto del oscuro cielo y la luz de la luna los acobijaba con su luz. El chófer los miraba con ternura, ellos lograban que el creyera en el amor. En que la vida puede darte dolores y tristezas pero que también traerte felicidad y alguien que curé tus heridas, reconforte tu alma y tu corazón. Que te haga sentir que todo se va a solucionar y que mejores momentos vendrán. Esa noche bajo la protección de la luna, los dos se acercaron más, ya no eran simples compañeros o amigos, ellos tenían algo especial. En la madrugada, Katerin y Alejandro estaban frente a la puerta de su casa, su padre, Don Nicolás, se encontraba de pie esperando a que ella entrará. Esta había sido la primera vez que su niña estaba fuera por mucho tiempo. — Kate, ¿dónde has estado? Salió preocupado a abrazarla en cuanto la visualizó. — Papá, lo siento por no avisarte es que... Se me fue el tiempo. Te prometo que no volverá a suceder. Respondió Katerin abrazando con cariño a su padre, permitiéndose oler el dulce aroma de su ropa combinado con su colonia. Alejandro sonrió, le daba gusto que se preocupaban por ella. Se limitó a mirar la escena sin decir ni una sola palabra. La madrastra de Katerin salió esbozando una gran sonrisa, su cometido se había logrado, el plan había sido un éxito. A cómo las cosas iban, no tardaba en formar parte de la familia Magno. — Alejandro, que gusto tenerte con nosotros. Veo que nuestra pequeña estaba en buenas manos. Exclamó acercándose a la linda escena. La atención del padre de Katerin cayó sobre Alejandro, quien le sonreía con amabilidad. De un rostro preocupado cambio por uno de alegría. Realmente le agradaba que el hijo de su buen amigo Ernesto se emparejara con su bella hija. — Alejandro, ¿cómo estás? Dijo sonriéndole, dejó de abrazar completamente a Katerin, la tomó delicadamente del brazo y se dirigió hacia él. — Bien, señor. ¿Y usted? — Bien, chico. No me hables con tanta formalidad, tu padre y yo somos muy buenos amigos. Así que, no hay necesidad de tanta formalidad. Respondió dándole una palmada en el hombro. — Padre, creo que ya es demasiado tarde, Alejandro tiene que ir a casa, seguramente su padre estará preocupado. Intervino Katerin. Alejandro asintió, sin embargo, la pelirroja se acercó a Alejandro, lo tomó del brazo y les sonrió. — De hecho, acabó de avisarle a don Ernesto que Alejandro está con nosotros, por lo que no veo problema. Así que, ¿qué dices si tomamos un café adentro? El clima acá afuera es demasiado frío. Las miradas de Katerin y Alejandro se cruzaron, se comunicaron entre sí, él asegurándole que no había problema, que podía manejar la situación. Don Nicolás sonrió, con Katerin tomada del brazo la dirigió a la sala principal. Alejandro y la pelirroja detrás de ellos. — Ale, sonríe. He conseguido para ti lo que tanto has querido, y no por lo que piensas, es verdad que tengo interés de por medio, pero, también estoy consciente que eres mejor partido para Kate, es como si ustedes dos estuvieran hechos el uno para el otro. Mencionó dedicándole una sonrisa. Alejandro solo se limitó a sonreír, no dijo nada. No era momento de discutir con esta mujer y echar a perder el buen momento que estaban teniendo. Aunque, por otro lado, ella no había dicho nada que fuera mentira. Katerin había dejado un lado el amargo y vergonzoso momento que había vivido con Michael en aquel lugar, ahora, estaba disfrutando de la compañía y cariño de las personas que la amaban. — Tiana, traernos el café a la sala principal. Ordenó Nicolás de buen humor. — En seguida, señor. Respondió la ama de llaves contando el número de personas que tomarían. La atención se centro hacia Katerin y Alejandro, tanto como su padre como su madrastra querían que ellos dos fueran una pareja. — Katerin, ¿no te ibas a reunir con...? Su padre estaba preguntando por aquel que la había traicionado. — No es necesario que lo menciones, él y yo hemos terminado. De hecho, Alejandro me ayudó bastante en estos momentos, mis sentimientos y emociones ya que están equilibrados, padre. Por lo que te pido, que no lo vuelvas a mencionar por ahora. Respondió Katerin con serenidad. Su padre frunció el ceño, no podía creer que Michael había traicionado a su hija y mucho menos que se había salido con la suya, de una u otra manera se las haría pagar. El hecho que su hija hubiera sufrido, aunque algo mínimo le causaba molestia. — ¿Él se atrevió a traicionar a mi princesa? Preguntó molesto. — Padre, no te enojes. Ya todo está bien, no necesitas... — No, Katerin. No, no sólo te traicionó a ti, sino que a mí, a tu honor, a esta casa e incluso a tu madre. Es inaceptable lo que hizo. Dijo levantando la voz. La pelirroja le tomó las manos y le dijo algo que lo hizo tranquilizar. No era la gran mujer a los ojos de Katerin, sin embargo, ella podía controlar a la fiera que habitaba dentro de su padre en cuanto se molestaba. — Bueno, ya hablaré con él. Por ahora, quiero saber si estás bien, sabes que aquí estamos para ti. — Gracias, papá. Alejandro ya me ha ayudado. — Muchas gracias, hijo. En serio, gracias. Espero que de ahora en adelante te mantengas cerca de mi hija. Es cierto que no he sido capaz de cuidarla completamente por mi trabajo, por eso, te pido que la cuides, si no es molestia, claro. Le pidió dedicándole una sonrisa de gratitud.
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