Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Revelaciones”
La ceremonia había comenzado con gran emoción y buena organización por parte de los alumnos y maestros del comité universitario. Katerin se había colocado un hermoso traje rosa, el cual resaltaba su tez clara y cabello negro, dándole un aspecto más formal y adorable a su rostro. A ella junto a Michael se les había asignado dar las palabras de despedida a su generación, a sus maestros y la institución. El director había inaugurado la ceremonia, presentó a unos invitados y comenzó con un largo discurso de como había sido el desempeño de cada salón, lo que vendría en su vida y consejos que serían útiles para ellos. Aquello sirvió para hacer tiempo, ya que Michael no aparecía por ninguna parte, él no respondía a sus llamadas y nadie podía darle información acerca de su paradero. Katerin comenzaba a perder las esperanzas, se preocupó por él y miraba constantemente la puerta de la entrada, esperando a que por un milagro él llegara. — Chicos, nunca olviden quienes son y de donde vienen, les deseo éxito a todos ustedes. Ahora, los dejaré con las palabras de despedida a cargo de sus compañeros, quienes tuvieron un impecable y asombroso desempeño en todo este largo transcurso que caminaron a la par con sus maestros. Ahora, bien, Katerin y Michael, se les hace la invitación de pasar. Terminó diciendo el maestro con una sonrisa. — Gracias, director. Respondió Katerin con nervios. El momento había llegado, y Michael no aparecía por ningún lugar. Subió lentamente hasta el escenario, las miradas de sus compañeros, maestros, padres de familia, invitados y acompañantes recayeron sobre ella, esperando mucho por sus ilustres palabras. — Compañeros y compañeras, fue un gran camino el que recorrimos desde el primer semestre hasta aquí. Todos tuvimos dificultades, también buenos momentos, hicimos grandes amistades en este lugar, fuimos instruidos por buenos maestros y alcanzamos la meta, gracias a nuestro arduo esfuerzo. Hoy me complace verlos recibirse como todos unos licenciados, éxito para todos. Concluyó Katerin, mirando para todos lados, pero, Michael no llegaba. Ellos dos habían preparado el discurso para decir lo en pareja y complementarse, sin embargo, él no había aparecido. Su discurso fue corto. Aún así, sus compañeros aplaudieron con emoción y le sonrieron. Más tarde, después de que cada uno comenzará a recibir sus documentos. Michael hizo su presencia, con un traje perfectamente arreglado, su cabello y su estilo era diferente al que normalmente usaba, él se veía despreocupado. — Mike, ¿todo está bien? Preguntó Katerin mirándolo de arriba a abajo. — Claro, todo está perfecto. Respondió relajado. — Entonces, ¿puedes decirme por qué no llegaste hace un rato? O, ¿es que se te olvidó? — Oh, no. La verdad no sé me olvido, estaba atrás, pero como te vi que podías sola, dejé que brillarás en el escenario. Lo hiciste bien, felicidades. Le felicitó con un poco de sarcasmo en su tono. Katerin lo noto, definitivamente algo le pasaba a Michael, él no solía portarse de esa manera y menos con ella. — ¿Sucede algo? ¿Por qué te comportas así? Preguntó contemplando lo con preocupación. — Yo estoy bien, no veo razón para que te preocupes. — ¿Qué dices? Michael solo hizo un movimiento de hombros, dando a entender que no sabía. Estaba a punto de decirle otra pregunta, cuando pronunciaron su nombre por los altavoces. — Señorita Gyuri Katerin Castillo Jiménez. Anunció la que dirigía la entrega de documentación. — Ya hablaremos, Michael. Dijo antes de levantarse e ir por sus documentos. Alejandro se dio cuenta de la tensión que había entre ellos dos. Michael no era el chico cariñoso y caballeroso que solía ser con ella, algo estaba mal y él descubriría que es. Al finalizar la entrega de documentos, reconocimientos, la ceremonia se dio concluida. Dando así un receso para que los jóvenes puedan hacer su cambio de vestuario o convivir con los demás. El padre de Katerin se acercó a ella, la apartó a un lugar lejano de todos y la miró con orgullo. — Bien, hija. Ahora que ya has concluido tus estudios, podrás trabajar junto a mí. Justamente ahora que he ampliado nuestra compañía a mercados Europeos, tú podrás representarme en Francia. Anunció su padre con felicidad. — ¿En serio? Eso quiere decir que viajaré a Francia y que haya te representare, haciendo manejo de las finanzas como la CEO. — Sí, hija. Así es. La oportunidad perfecta había llegado, por la cual ella había esperado por mucho. Sin embargo, aquí había algo que la ataba, eso era su noviazgo con Michael y su amistad con Alejandro. «¿Qué puedo hacer? ¿Me voy o no?» Se cuestionó mentalmente. — Padre, ¿puedo pensarlo? — Está bien, hazlo. Me dices cuando hayas tomado tu decisión. Sé que será la mejor. Respondió con seguridad. ... Katerin se tomó un tiempo para hacer un cambio de vestuario, se coloco un vestido más casual y retoco su maquillaje. Lista se encaminó hacia el salón, se sorprendió de no encontrar a Michael esperándola en la puerta como un día antes habían quedado. «Este día, Michael se ha estado comportando muy raro, tengo que hablar con él, sí o sí» Pensó Katerin mientras entraba. Con la vista comenzó a buscar a Michael mientras divagaba por todo aquel extenso lugar, sin embargo, no daba con él. En su transcurso, sus compañeros la miraban con una sonrisa y sus compañeras estaban demasiado amables con ella. Además, noto que al darles la espalda ellos murmuraba cosas acerca de “pobre Kate”, “Ella lo hizo”, “se veían tan bien”. No soportó más las miradas y los cuchicheos centrados a ella, giró y se encaminó hacia un grupo de chicas que se reían, estaba a punto de enfrentarlas cuando Alejandro se interpuso entre ellas. — Kate, ¿te encuentras bien? — No, no sé porque todos se están comportando extraño conmigo. Respondió dejando a salir a flote su frustración. Alejandro sabía la razón, con sorpresa y enfado había hecho un terrible descubrimiento. Él no podía soportar más el engaño que Michael estaba cometiendo contra ella. — Tienes algo que ver, acompáñame. Dijo Alejandro, tomando del brazo a Katerin y llevándola a la parte posterior del salón. Esto le desconcertó, él no solía comportarse así. Todos se estaban comportando extraños, ella era la única desubicada aquí, y eso le causaba más frustración e incertidumbre. «¿Qué es lo que sucede?» Se preguntó a sí misma. Se dejó llevar por Alejandro, en quien confiaba ciegamente. Todo estaba en silencio alrededor, no había nada extraño, excepto unas siluetas detrás de un gran árbol. — ¿A qué hemos venido aquí? Preguntó Katerin, aunque la respuesta ya estaba más que clara. Alejandro apretó los puños hasta que la palma de su mano dolió, se armó de valor y tomó de nuevo la mano de Katerin para conducirla hacia aquel misterioso árbol. Lentamente se fue dejando ver el cabello largo y oscuro de una chica de su generación, vestido rojo y corto, la cual besaba con tanta devoción y pasión al chico quien se decía llamar su novio. Katerin quedó en shock, el chico que hace unos días le había jurado que la amaría para toda la vida, que los dos se apoyarían mutuamente y no se dejarían separar por nadie. Finalmente se había dado cuenta que su amor, confianza y relación solo había sido cuestión de superficialidad. — Michael, ¿por qué lo has hecho? Preguntó Katerin con un nudo en su garganta. Michael se dio lujo de detalle para darle un último beso a la chica que estaba con él, la cual miraba y sonreía socarronamente a Katerin. — No, yo no he hecho nada. Más bien, dime tú, ¿desde cuándo me has visto la cara con este imbécil? Dijo en tono molesto, dirigiendo una fría mirada a ellos dos. — ¿Qué? ¿Estás escuchando lo que dices? Él y yo somos solo amigos, entiéndelo, yo... Katerin fue interrumpida por una fotografía frente a su rostro. La foto que Michael sostenía frente a ella se podía notar que Alejandro y ella estaban besándose, sin embargo, los dos sabían que eso era un malentendido, en ningún momento sus bocas había hecho contacto una con la otra. — Eso no es verdad, esa foto está tomada en un ángulo determinado para que se vea así. Yo jamás he besado a Alejandro, ni siquiera he besado a alguien más que a ti. No sé de dónde sacaste esto. Contestó Katerin. — ¿Es mentira, no? Preguntó Michael con incredulidad.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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