Dulces Traiciones (Dulce Traición #2)

Capítulo 8
Los giros de la vida. Mi segundo día de instituto ha ido bien, primero empezó yendo de la mierda y luego por azar del destino comenzó a ir genial. La razón. Camille es mi compañera para el trabajo de Química. No sé que me pone más feliz si el hecho de trabajar con ella o que ésto podrá servirme de pretexto para acercarme a Cassandra, porque no sé quién de las dos chicas me atrae más. El jueves, que es el día en que haremos el trabajo llega demasiado rápido. Las clases pasan de forma veloz y con ello pronto es hora de reunirnos en la biblioteca tal como acordamos. Unas horas más tarde nuestro trabajo está listo. Debo admitir que juntos hacemos un excelente equipo, ojalá y más seguido me tocará trabajar con ella. El modelo que hicimos es grande, Camille era pequeña. Ese es el panorama de nuestra situación. Yo por mi parte puedo llevarlo hasta donde ella me diga pero no conmigo, pues traigo la moto y no es para nada cómodo transportarlo en ella, además que solo hay espacio para mí y para una persona más, pero no para algo de esa magnitud. Así que por lo visto ella no podría llevarlo hasta el auto de... ¿Cómo dijo? ¿Tommy? ¿Tony? ¿Tono? Como sea que sea, no me importa demasiado.El punto es que se refiere al chico que las viene a recoger, el mismo que parece tener un enamoramiento por ella, como sea, por eso yo lo llevaré hasta ahí, dado que yo traigo motocicleta, lo llevará ella. No me gusta la idea pues, no quiero tener trato con el tipo ese. ¿Por qué sienro que me cae mal si ni siquiera le he tratado y mucho menos le conozco? Porque está enamorado de Camille y eso te molesta, dice mi mente. Niego mentalmente. Volviendo al tema principal. Pero no hay de otra, hago como que no me doy cuenta de las miradas que me da, y a pesar de que Camille no dice nada, al parecer ella pretende no decir nada, sin embargo noto que si se da cuenta de la actitud del chico. Cuando estamos cerca del auto, ella se separa de mí, camina a paso rápido, luego se lanza a sus brazos y él más que encantado le acepta. –Hola –escucho como le susurra ella al oído. –Hola princesa –le susurra de vuelta y lo suficientemente alto para que ambos lo escuchemos. La abraza como si fuera de su propiedad pero sin dejar fuera ese toque de adoración y amor, aspira el aroma de su pelo. De repente quiero estar en su lugar, y ser yo quien huele el pelo de la castaña. Se separan, ella se vuelve hacia mí, me sonríe y le devuelvo el gesto. Se ve tan a gusto con él. Me gusta su sonrisa. Cállate por Dios. Me riñe mi mente y le hago caso. –Tono él es Leonel –miro al chico ese, Tono y él me mira serio, una mirada muy diferente a la que le vi darle a Camille hace unos segundos –Leonel él es Antonie –esta vez me dice a mí. Primero mi mirada está en ella pero no puedo estar viéndola eternamente. Desvío la vista hacia Antonie, nos miramos fijamente y solo nos damos el típico saludo de chicos. Un leve asentimiento de cabeza. No tengo ni la más mínima intención de ser cortés, mucho menos de darle la mano o hablarle, es algo que simplemente no me apetece. Por la mirada de Camille sé que está inconforme pero no es algo que pueda rebatir. –¿Podemos llevar esto en tu auto? –le pregunta ella dulcemente a Antonie. Por la forma en que la mira sé que no le va a negar su petición. –Claro que si Aline –lo oigo decirle y veo como sus mejillas se tiñen de rojo. Se ve linda con su piel de ese color. Leonel... Me dice mi estúpida conciencia. Un momento, dijo ¿Aline? Pero si su nombre es Camille, ¿o escuche mal? No lo creo, me pica la curiosidad por saber. –¿Dónde lo pone? –pregunta ella de nuevo. Sigue dirigiéndose a él. –Dámelo –me dice muy serio. Está vez mirándome con expresión hosca. Dudo sobre si dárselo o no, no soy de confiar en las personas. La miro buscando su aprobación y ella asiente en aprobación, le entrego el modelo, Antonie lo toma y lo acomoda en el auto. –¿Te llamas Aline? –le pregunto una vez estamos solos. No puedo evitar soltar la pregunta. Sus ojos se dilatan por la sorpresa de mi voz y se que la tomé con la guardia baja. –No –dice inmediatamente. Frunzo el ceño confundido. No entiendo. No se llama Aline, pero le dice Aline. ¿De que va todo esto? ¿Y por qué te importa todo esto? Suelto por lo bajo un suspiro de frustración. –Es un diminutivo de mi segundo nombre –aclara al ver mi gesto de confusión –sólo él me llama así. Lo enfatiza tanto que me molesta. Asiento un poco malhumorado. No sé porque me siento repentinamente así, es una chica que apenas y conozco, no se supone que deba reaccionar así. –Bueno nos vemos mañana –le digo para disipar mi malhumor –lo llevaría conmigo pero ya sabes –agrego. Aunque no creo que halla logrado ocultarlo. –Si, no te preocupes, yo me encargo del resto. Nos vemos mañana –dice y la veo subirse al auto. El auto arranca, luego es puesto en marcha, para al final desaparecer del estacionamiento del instituto. Una vez le veo desaparecer, giro sobre mis talones y me dirijo hasta donde está mi moto aparcada. Me monto en ella y la pongo en marcha, es hora de ir a casa y despejarme. La mañana siguiente llego al instituto por el camino acostumbrado, estaciono la moto en el sitio de siempre, me quito el casco y lo pongo en mi brazo para llevarlo conmigo. En el camino a la puerta del instituto veo llegar el flamante Camaro blanco de Antonie, se detiene y yo me acerco de inmediato a ellos. El chico baja, me mira serio, de cierto modo con enojo. La puerta de atrás se abre y por ella sale Cassandra. Pasa por mi lado y me da una ligera sonrisa. –Hola –digo cuando pasa a mi lado para entrar al instituto. Mierda, se ve hermosa, su pelo en punta y su piel morena la hacen ver candente. ¡Maldición conciencia! Antonie se acerca hasta la puerta que Cassandra deja abierta, veo una pierna salir del auto, él tiende su mano y una mano blanca se posa sobre ella. Delicada y elegante, es la pose de la mano. Los dedos de ambos se entrelazan y entonces la veo emerger del auto. Se ve igual de hermosa que su hermana, la piel blanca, su pelo castaño y sus ojos cafés, combinados con su elegancia, le dan ese aire fino y frío que solo ella tiene. Me gusta. Me mira sonriente. –Leonel –dice con voz suave. Su voz es como una dulce melodía para mis oídos. –Hola Camille –saludo –déjame ayudarte. Ella asiente y yo voy hasta donde supongo que viene nuestro modelo, el maletero. Estoy por abrirlo cuando el chico llega a hacerme a un lado y lo hace por si mismo, saca nuestro trabajo, lo toma con cuidado. –¿A donde quieres que lo lleve? –le dice a Camille. Me molesta su idiota actitud sumisa. Ella sin querer me mira y yo me encojo de hombros, es libre de hacer lo que desee pero realmente no quiero que tome su palabra. –No quiero molestarte Tono –le dice de forma dulce, casi sensual –pero Leonel puede llevarlo, ¿verdad? –me voltea a ver y pregunta. Me alegra que Camille decline su oferta. –Claro –digo. El chico sopesa la idea, termina cediendo. Me entrega el modelo y yo lo agarro triunfante de que no haya aceptado su propuesta, él no parece muy contento pero omite ese hecho. Se acerca, toma de las mejillas a Camille y clava sus ojos en los de ella, ambos se pierden en su mundo privado y parecen tener una conexión especial. Ella se sonroja notablemente y él sonríe satisfecho con eso. Pareciera que la va a besar pero en lugar de eso, le da un beso en una de las mejillas. –Nos vemos por la tarde Aline –le dice y ella asiente embelesada. La suelta, él camina hasta su auto, sube a éste y se va. Se vuelve hacia mí y finge que nada pasó. Ésta chica es extraña. Por momentos es la reina de hielo y en otros es una dulce chica enamorada. ¿Pero cuál es su realidad? Saber la verdad me intriga. ¿Cómo es en realidad? Me gustaría saber. El trabajo fue bien, tuvimos una buena nota y eso nos puso felices a ambos. Una vez que nos dieron la nota, no pudimos evitar darnos "esos cinco". Camille está tan feliz que cuando suena la campana dando inició al descanso, no deja de hablar conmigo y eso me sienta muy bien. Seguimos platicando mientras salimos de la clase y vamos a la cafetería, en tanto yo le contaba cosas que la empezaron a hacer reír. Su risa es melodiosa y muy cálida, es fuerte pero no molesta, sino contagiosa. –¿En serio hiciste eso? -quiso saber cuando le cuento que había sido capaz de llevarle serenata a mamá por su cumpleaños a su trabajo. Se le nota sorprendida, incluso se ve soñadora. –Si –contesto recordando a la única mujer que amo. –Se nota que la amas mucho –afirma. Solo sonrío. Llegamos a nuestro destino y ella va hasta una mesa donde están sus amigos y su hermana. –Nos vemos luego –dice y se aleja. Voy por mi comida, con mi charola en la mano me dirijo sin dudarlo hasta su mesa, por hoy no quiero sentarme con mi primo y los demás, siento que en ocasiones son demasiado idiotas, eso me llega a molestar. Lleguo a su mesa, la boca de Cassandra cae abierta. Ni duda que es presa del asombro. –¿Puedo sentarme? –pregunto calmadamente. Camille está dándome la espalda, se sorprende con mi voz pues en ese momento se comienza a ahogar con el jugo que bebe. Verla en ese estado fue gracioso pero no me río. –¿Pasa algo Camille? –pregunto. Charlotte a su lado le golpea la espalda y ella reacciona poco a poco. –Gracias –dice aliviada y a apenada a la vez. Más no responde mi pregunta dirigida a ella, lo dejo pasar. –¿Y bien? –insisto recordándoles la pregunta inicial. Esta vez dirijo mi vista a Cassandra que me mira intensamente. Sus ojos me gustan al igual que los de su hermana, pero son diferentes. Mira a Camille y ella se encoje de hombros. –Si –dice Cassandra –no hay problema con ello. Sigo observando como idiota a Cassandra mientras esta come, ella está centrada en ello. –Leonel –dice Camille a mi lado y dirijo la vista ella. –¿Mmm? –respondí. –Mira ellos son mis amigos –anuncia sonriente –Charlotte, George y mi hermana, supongo que ya los conoces pero creo que debía hacerlo. –Por supuesto –respondo. Ella siempre es tan cortés con las personas a su alrededor. Comienzo a comer mientras Camille y Charlotte platican sobre una película que ambas vieron, yo también ya la he visto. Ambas tratan de incluirme en la plática y yo apoyo en ello. –Sinceramente pienso que sus caracterizaciones son muy geniales –dice Camille –lo ves como Jack Sparrow y luego como Barnabas y te asombra. –Lo que pasa es que estas enamorada de Jonny Deep –le ataca Charlotte. –No lo creo –dice Cassandra –para mí que es otro del que esta enamorada –continua y le dedica una mirada cómplice. –Agh –refunfuña Camille –son imposibles –dice entrecerrando los ojos y luego los rueda. Una pequeña molestia me atraviesa por lo que dijo Cassandra pero no hago caso. Ese descanso es diferente a lo que acostumbro y aunque no es mi estilo no voy a negar que me gusto como fue. Por algún motivo en ese momento presentí que esas chicas y yo pasaríamos por mucho y pasado el tiempo, tendríamos una historia que contar.
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