Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Un pacto para toda la vida”
El delicado hombro de Katerin logró dar alivio al corazón abrumado de Alejandro, quien no había parado de llorar con dolor. Katerin soportaba el dolor que estaba sintiendo en su mano y acariciaba con cariño su suave cabello. Don Ernesto se había dado cuenta de su sufrimiento, por lo que decidió mandar a traer su doctor privado. El cual no tardo en llegar a la mansión. Tras un largo momento, las lágrimas de Alejandro dejaron de fluir, las caricias y la esencia del perfume dulce de Katerin habían logrado tranquilizarlo. Lentamente se separó de su abrazo y la miró con agradecimiento. — Gracias, Kate. Eres la chica más dulce que he conocido. Dijo Alejandro tomándola de las manos y sonriendo le. — De nada, Ale. Respondió Katerin esbozando una sonrisa. Al poco tiempo, Alejandro cayó en la cuenta de que Katerin necesitaba urgentemente la atención de un médico por su herida. La preocupación se había reflejado en su rostro, con la mirada busco a su padre, quien lo tranquilizo con una sonrisa. Estaba claro que él ya había actuado antes de que él reaccionara. — Kate, vamos a tratar tu mano. Dijo Alejandro tomándola con cuidado y ayudándola a levantarse. — De acuerdo, Ale. Alejandro la condujo por todo el lugar, hasta que llegaron a la sala principal, donde el médico ya tenía todo listo. — Wow, ¡qué rápidos son! Exclamó asombrada. — Sí, lo sé. Hay veces que también a mí me llegan a sorprender. Respondió Alejandro esbozando una sonrisa. En cuanto la vio, el doctor se apresuró a atenderla. Al final, tuvieron que hacerle tres puntadas, era pequeña la herida pero profunda. Katerin trató de ser fuerte, de nada le servía expresar su dolor, o, bueno, eso ella pensaba. Todo este tiempo ella había estado reprimiendo sus emociones para no preocupar a los demás. — Listo, ya acabe. Tendrás que venir después a mi clínica o a la de tu preferencia para que te quiten las puntadas. — Gracias. Agradeció Katerin. Más tarde, Don Ernesto le ofreció que comieran juntos, a lo cual, ella aceptó encantada. No iba a desaprovechar la oportunidad de levantarle los ánimos a su amigo. — Ale, sé que ese rosal es muy importante para ti y que nada podría compararse con él. Sin embargo, yo... - vaciló un momento, debatiéndose internamente si era bueno decírselo o mejor guardarse lo, pero, ¿qué podría ser peor si tener un hueco o algo en su lugar? - si tú quieres, podemos plantar juntos un nuevo rosal en símbolo de respeto a tu madre y por nuestra bella amistad, ¿qué te parece? Alejandro meditó un segundo su propuesta, después de todo no sonaba mal, era una buena idea, a su madre le hubiera gustado. Sin embargo, miró a su padre para buscar aprobación, él cual asintió con una sonrisa. — Está bien, me parece perfecto. Respondió animado. Terminaron de comer, rápidamente se trasladaron al jardín, donde un bello rosal de rosas blancas estaban en su respectiva maceta esperando ser plantada. — Ale, si te soy sincera... Yo jamás he plantado una planta, siempre me ha dado curiosidad, pero no lo he hecho, ya que mi madre suele ser demasiado estricta conmigo. Confesó Katerin mirando con emoción aquel bello rosal. Alejandro le sonrió con comprensión, solo le había bastado una vez para darse cuenta de la manera de ser de su madrastra, su pensamiento y sus intenciones. Entendía porque Katerin solía ser reservada, callada y no expresiva con sus sentimientos. — No hay problema, siempre hay una primera vez para todo. Indicó Alejandro tomándole la mano y sonriendo. — ¿Me enseñaras? — Claro, hasta la pregunta ofende. Respondió Alejandro bromeando con la última oración. Con amabilidad, paciencia y tranquilidad le fue explicando que función tenía cada herramienta que tenía sobre la mesa. Katerin con mucha atención y detenimiento le escuchaba y memorizaba cada una de sus palabras. — Bien, ahora es momento de que nos pongamos manos a la obra. Indicó Alejandro tomando una pequeña pala. Él comenzó a remover lo que quedaba de aquel bello rosal, no pudo evitar dejar caer una lágrima al recordar como su madre le había enseñado ese mismo día a plantar, ahora, él lo estaba haciendo con Katerin. «Creo que estarás orgullosa de mí, mírame, ya se colocarla yo solito y puedo enseñarle a alguien más» Pensó mientras sacaba la tierra y escarbaba aún más. Don Ernesto los miraba de lejos, con una inmensa alegría en su corazón y esbozando una sonrisa, admiraba la felicidad que irradiaban aquellos jóvenes que de un momento a otro parecían niños pequeños haciendo una pelea de enbarrarse la cara con el lodo. — Míralos, ¿no se ven adorables? Preguntó Ernesto a la ama de llaves. — Claro, señor Magno. Espero que ellos dos estén juntos. Respondió uniéndose a él, mirando les con fascinación. — Eso mismo, espero. — Sí, ellos me recuerdan a usted y a la señorita Kate. Nunca entendí porque usted y ella no... Perdón por ser tan entrometida. Respondió tapándose su boca. Ernesto sonrió. Era cierto, ellos dos habían sido buenos amigos, su amistad había crecido mucho casi podían jurar que ellos dos terminarían casados. Sin embargo, la vida no había sido justa con ninguno de los dos. Su amistad no pasó a más que simple amistad, a pesar que Ernesto hubiera querido ser su novio. — No, no te preocupes. Yo también lo pienso así, pero, no me arrepiento de nada. Por ella pude conocer a el amor de mi vida. Dijo sonriendo y mirando con nostalgia el anillo plateado que tenía en su dedo. Alejandro y Katerin habían terminado todo llenos de lodo en el rostro y en la ropa, no obstante, las risas no faltaban. Al plantar el rosal lo regaron, se miraron mutuamente. Sin darse cuenta, algo entre ellos comenzaba a cambiar. La compañía y el momento que los dos compartían solo hacían que su vínculo cada vez se fortaleciera. — Espero que este rosal te ayude a recordar a tu madre. Y... - vaciló por un momento, pensó y se decidió a decirle lo que por todo este tiempo había estado pensando- cuando te sientas solo o tengas ganas de hablar con alguien, por favor, no dudes en hablar conmigo, yo estaré pendiente de ti y te escucharé. Dijo mirándolo fijamente a los ojos, tomó sus manos entre las suyas y le sonrió sutilmente. — Gracias, Kate. En verdad que esto es muy especial para mí, te prometo que te llamaré. Además, tú también puedes contar conmigo, yo estaré pendiente de ti. — Júralo delante de este rosal, el cual será el símbolo de nuestra promesa. — Lo juro. Respondió Alejandro firmemente. El momento quedó grabado en ellos dos, comprometiéndose el uno al otro, una promesa que permanecerá por los años que vengan. Los dos se sonrieron mutuamente, luego, se dirigieron a limpiarse todo el lodo que tenían en la cara. El resto de la tarde, pasaron estudiando lo que habían visto en clase. Katerin en este momento no quería hablar con Michael, su actitud con Alejandro había estado mal, no podía tolerar que su terquedad y sus celos lo hubieran cegado para destruir algo tan valioso para Alejandro, quien ahora era su mejor amigo. En el corazón de Katerin cada vez iba entrando Alejandro con sus buenas acciones, intenciones y sus cálidas palabras. Mientras, Michael iba saliendo por sus inseguridades y celos. La amistad que habían compartido por mucho tiempo comenzaba a quebrantar se. Si las cosas no mejoraban, ellos dos terminarían siendo dos perfectos desconocidos. De su amor solo se estaban ganando heridas y cicatrices en su corazón. Ella lo que necesitaba era que alguien curará su alma lastimada por años por la soledad y la indiferencia, ella necesitaba amor, comprensión y cariño, alguien que la amará sin importar lo demás. Lo que ella necesitaba era un amor completo, confianza y respeto incondicional. Lo cual, Michael parecía no estar preparado para esto. Katerin se despidió de Alejandro con los ánimos altos, los dos se habían ayudado mutuamente. — Nos vemos, mañana. Dijo Kate sonriendo le. — Hasta mañana, gracias por lo de hoy. — Ya te dije que no es nada, nos vemos. Respondió Kate subiendo al auto. Su ánimo le serviría para ajustar cuentas con Michael, definitivamente tendría que hablar con él y aclarar la situación de su relación, la cual parecía perder el control.
Descubre más en Bookista
Descarga la app y continúa leyendo
Y, ¿si tan solo nos amamos?

Populares

Populares

close 0/500