Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Ánimo”
El rostro noble de aquel agradable hombre se mostró al bajar por completo el vidrio de la ventana de la puerta del copiloto. — ¿Usted? Preguntó Katerin sorprendida al encontrar a Don Ernesto en aquel automóvil. — Sí, Katerin. Necesito hablar de algo importante contigo, tiene que ver con Alejandro y Michael. Le respondió con una postura seria. Aquello le intrigó, sin pensarlo dos veces se aproximó aún más cerca a él. La actitud de aquellos dos la sorprendió bastante el día de hoy, ella lo que necesitaba ahora eran respuestas del porqué de su comportamiento, y, Don Ernesto la tenía. — De acuerdo, lo escucho. Respondió Katerin mirándolo con interés. Ernesto no se anduvo con rodeos, le contó todo lo que había escuchado de la pelea que habían tenido Alejandro y Michael en casa, y en lo que había resultado aquel desdichado suceso. Le explicó el significado de aquel bello rosal. Katerin comprendió todo, en cuanto le iba contando sobre la historia del rosal, ella no pudo evitar que se le formará un nudo en la garganta. — Ahora comprendo porque estaba de esa manera, yo en su lugar no sé como estaría. Pobre, Ale. ¿Cree que pueda ayudar a animarlo? Dijo esperanzada. — Sí, pienso que sí. Tú has logrado un cambio en mi hijo, tu amistad y tu presencia ha hecho una gran mejoría en él. Respondió sonriendo le. — No se diga más, iré a levantarle el ánimo a mi buen amigo Ale. - contestó Katerin decidida a Don Ernesto - Jerry, por favor espera a que Michael salga y le dices que fui a solucionar lo que él ocasionó, que más tarde hablaremos. Le dijo a su chófer, el cual asintió. Así fue como Katerin emprendió su camino hacia la casa de Alejandro junto al lado de su padre, quien se miraba un hombre admirable y pendiente por el bienestar de su hijo. Mientras tanto, Michael acababa de salir cuando vio como Katerin subía al auto de aquel extraño hombre. — Katerin, ¿dónde vas? Gritó sorprendido. El chófer de ella se aproximó a él, lo miró detenidamente, una mueca se presentó en su rostro. Lo que tenía que decir no sabía cómo lo tomaría el joven Michael. — ¿Qué sucede, Jerry? ¿Por qué se llevaron a la señorita Kate? ¿Por qué permitiste que se fuera con un desconocido? Dijo Michael con desesperación. — Yo... Verá... Él no es ningún desconocido, es el padre de Alejandro. No me pregunté el porqué, yo tampoco sé. Solo me dijo que fue a solucionar algo que usted ocasionó. Respondió Jerry. — Ya veo, así que es eso. Está bien. Contestó dando media vuelta y dirigiéndose a su auto. — Espere, aun hay algo más. Ella me dijo que más tarde hablarán. Michael se volteó con preocupación, esas palabras lo habían alertado. Sin embargo, ahora mismo estaba molesto consigo mismo. Ya sabía lo que ella le diría. — Está bien, claro que tenemos que hablar. Dijo con seriedad, dio media vuelta y se dirigió a su auto. El chófer solo suspiro frustrado. Nadie le había dicho que iba a estar involucrado en los asuntos de sus patrones, él solo se había hecho a la idea que se limitaría a conducir. — Yo solo pensé que manejaría y no qué estaría de mandadero o mensajero. Se dijo a sí mismo. ... En el transcurso del viaje, Katerin y Don Ernesto entablaron una agradable conversación. Hablaban de la linda amistad que él y su madre habían tenido en su juventud. — ¿Sabés? Cada vez te pareces a tu madre, eres noble, buena, amigable e inteligente como ella. Estoy seguro que sí ella estuviera con nosotros diría lo mismo. Confesó mirándola con una gran sonrisa. A Katerin le había conmovido su comentario, todos los que la conocían le decían cosas maravillosas de su madre, lo cual la llegaba aún más de inspiración. Era realmente hermoso ver a su madre por medio de los ojos de las demás personas. — Gracias por recordar a mi madre. - hubo un silencio, mientras Katerin trataba de buscar las palabras para asegurarle la disposición que tenía para ayudar a Alejandro - No se preocupe, yo levantaré el ánimo de Ale, no sólo por usted o por la memoria de su esposa, sino porque Alejandro es más que un amigo para mí, es una persona especial. Confesó con sinceridad. — Gracias, Katerin. Al llegar a la mansión, los empleados corrieron a recibirlos con un gesto de preocupación en sus rostros. Esto alertó de inmediato a Ernesto y Katerin. — Señor, el joven Alejandro está en el jardín... Él solo está mirando a un solo sitio y tiene las tijeras en su mano, tememos que se haga algo. Mencionó el ama de llaves con preocupación. Ernesto y Katerin se abrieron paso, con pasos apresurados se dirigieron al jardín. Lugar en el que encontraron a Alejandro, en efecto, él portaba las tijeras de jardinería mientras miraba detenidamente sus manos. El miedo creció en sus corazones, los dos se miraron asustados, Alejandro estaba más desolado y triste de lo que habían imaginado. De un momento a otro, Alejandro cambio de postura, tomó las tijeras con su mano, se disponía a clavarla a la altura de su otra mano. Katerin no se lo pensó ni dos veces, corrió hacia él e intercedió, movió con agilidad aquel objeto filoso, causando que este le rozara su mano derecha. Alejandro la miró sorprendido, no pasaron ni cinco segundos para que prestará atención a su mano, el corte había resultado ser más profundo de lo que ella había pensado. La espesa sangre brotaba de la herida. — Katerin, tu mano. Exclamó asustado sosteniendo su mano, tomó un pañuelo azul y lo ató, presionando constantemente para detener el sangrado. — No es nada, solo es un pequeño corte. ¿Se puede saber por qué estabas con esa tijera? ¿Qué planeabas hacer? Respondió exaltada, tratando de ignorar el ardor y dolor que le provocaba la reciente herida. Tardó solo un momento para que Alejandro comprendiera lo que todos estaban pensando con respecto a su actitud y lo que estaba a punto de hacer. Con seriedad miró a los demás, a su padre y a Katerin, quienes esperaban atentamente su respuesta. — Mira, a tu madre no le gustaría que tú hicieras eso. Yo creo que lo que en realidad le gustaría es que fueras feliz y que no hagas lo que estabas a punto de hacer. Dijo Katerin mirándolo con seriedad. — ¿Ustedes pensaron que iba a atentar en contra de mí mismo? Preguntó finalmente Alejandro. — Sí, dime, ¿qué pensarías si un día me ves de la misma manera que tú con unas filosas tijeras en mis manos? Dijo su padre acercándose a ellos dos. Alejandro suspiró, se dio un momento para pensarlo mejor, ciertamente había sido malinterpretado. Era cierto que estaba triste, pero, no era para llegar a los extremos. — Lo siento. En realidad lo siento mucho, les aseguro que jamás he pensado en eso. Si lo hiciera desaparecería la única cosa valiosa que mi madre dejó en este mundo. Respondió mirándolos con sus ojos húmedos. — Me alegra escuchar eso, ven. Dijo Katerin abrazando fuertemente a Alejandro. Todos en el lugar se conmovieron ante esa hermosa escena, no había duda entre ellos que Katerin y Alejandro serían una linda pareja en el futuro. — Pienso que esta jovencita será la próxima señora, ya lo verás, recordarás mis palabras. Dijo la cocinera a la ama de llaves, la cual sonreía con aprobación. Las lágrimas de Alejandro fluyeron, él no era un chico que se avergonzara de llorar en frente de más personas. Él comprendía que el hecho de llorar no lo hacía débil, al contrario, demostraba lo fuerte que era para expresar sus sentimientos. — Llora lo que quieras, desahógate, yo estoy aquí para tomar tus lágrimas. Dijo Katerin acariciando su sedoso cabello. Don Ernesto estaba convencido que Katerin era la chica indicada para su hijo, así como una vez su madre lo había sido para él. Sin embargo, el destino no había permitido que sus caminos se unieran. — Espero que sus destinos si estén unidos para ustedes. Susurró para sí mismo. Aunque, también era una plegaria para la vida.
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