Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Confrontación”
El silencio se había apoderado del momento, Katerin ya no encontraba las palabras ni las fuerzas para hacerlo entrar en razón. Ella se relajó, pensó y llegó a la conclusión que la mejor forma de que él lo comprobará fuera que lo viviera en carne propia, eso tarde o temprano pasaría. — Créeme que estás demasiado equivocado, espero que algún día la llegues a conocer bien y puedas decirme que todo esté tiempo te cegaste, solo espero que no sea tarde. Y otra cosa, si por alguna razón todo diera en contra mí, ¿le creerías a ella? Se atrevió a preguntarle con mucha curiosidad. Su pregunta se había formado con respecto al comentario que él anteriormente había hecho con respecto a aquella mujer, Katerin conocía perfectamente a la mujer que se decía llamar su buena madre a los cuatro vientos, pero, que en realidad no lo era para nada. — Claro que a ti, yo te creería a ti. Respondió Michael sin vacilar. — De acuerdo, espero que sea así y no cambies de parecer. Ten cuidado con ella, te lo digo por experiencia y no porque crea que Alejandro tiene la razón. Mencionó Katerin mirándolo detenidamente. Después del mal momento que habían vivido a causa de terceros, se permitieron olvidarse de lo demás y amarse como era debido. El resto del viaje permanecieron contemplando se con amor. «Espero que nos mantengamos así por siempre» Pensó Michael mientras la rodeaba entre sus brazos. ... Al llegar a casa, Michael la despidió con un beso y se fue con su chófer a su casa. Mientras tanto, Katerin tenía un asunto que atender con su “amada” madrastra. Ya tenía bastantes cosas reservándose. La ama de llaves la recibió con una brillante sonrisa, todas las personas de la mansión la amaban, ya que tenía un enorme parecido a la mujer que tanto bien les había traído en sus vidas. — ¿Dónde está la señora? Preguntó Katerin sin vacilar. — Ella está en el salón principal. Contestó inmediatamente. — De acuerdo, gracias, Lourdes. Agradeció con amabilidad. Sin decir nada más, se encaminó hacia aquel lugar, por primera vez le pareció pequeña la casa. Con pasos agigantados, el corazón frenético y la sangre hirviendo llegó hasta donde la pelirroja se encontraba sentada quitada de la pena, tomando una taza de café y leyendo una revista de chismes. — ¿Se puede saber qué es lo que tramas con mi relación? Le reclamó al momento de estar dentro de la habitación. — Oh, veo que ya te informaron. Respondió sin un atisbo de pena, sin prestarle su atención y continuando con su lectura. Esto ocasionó que Katerin se cabreara aún más, se tuvo que tomar un momento para tranquilizarse y no cometer una locura. Respiró lento y profundo, exhalo y volvió a repetirlo hasta que al fin su pulso se estabilizó con normalidad. — Si crees que puedes manejar mi vida a tu antojo, estás muy equivocada. Escúchalo bien, yo nunca me dejaré mangonear por ti. ¿Lo escuchó señora perfección? Soltó Katerin con enfado. La mujer finalmente dejó la revista a un lado, dio un último sorbo a su taza, lo saboreo detenidamente y lo paso por su garganta. Después, con la servilleta dio delicados movimientos con sus manos sobre sus labios y su rostro, limpió con elegancia. Al final, dejó en un lugar apartado y finalmente miró a Katerin, quien la miraba con desesperación y rabia. — Querida Katerin, ¿cuántas veces te tengo que recordar que no debes fruncir tu gesto ni tampoco sonreír demasiado? Eso solo hace que te aparezcan más y más líneas de expresión. Además, con respecto a lo que me dijiste. Yo jamás te he manejado a mi antojo, ahora si quieres probarlo puedes. Indicó la madrastra de Katerin. Luego se limitó a mostrar una socarrona sonrisa. Alejandro inconscientemente había dado comienzo a su plan y lo estaba logrando, esto cada vez estaba llendo mejor. — Querida, hija Kate. No es necesario que lloriqueees por esto, no me hagas escenas ni me molestes con este tema irrelevante. Ya verás que en poco tiempo terminarás agradeciendo me. Te vas a acordar de mí. Dijo la mujer sin ninguna vacilación y con toda la confianza del universo entero. Katerin estaba perdiendo los estribos, esa mujer lograba sacarla de sus casillas y hacer que muestre su otro lado, el cual cuando se enfada es peligro. En este punto de la conversación ya no sabía que decir más sin que las ganas de aventarse sobre ella no se hicieran presentes. La mujer se mostraba fresca como la lechuga, sin ninguna preocupación y sin ningún rastro de enfado o desconcierto. Oh, no, nada de eso. Al contrario, en el momento que ellas dos estaban hablando hasta sonreía con descaro. — No, no lo haré. Cualquier cosa que estés planeando no resultará, ya verás que yo te detendré. Frustrare tus planes, que te quede muy claro. Respondió Katerin, sin asimilar u ocultar su enojo. «Sí, sí, como digas Katerin. Ni cuenta te has dado qué ya llevo la delantera, ya nada me puede detener. Ni tú ni nadie, la fortuna y el poder de los Magno será nuestro» Pensó esbozando una gran sonrisa. — De acuerdo, pequeña Kate. Inténtalo, ya veremos si lo logras. La retó con audacia. — Espera y verás. Solo sé paciente. Mencionó Katerin con la ira reflejada en sus ojos. Sin decir nada más, se apartó de ella y se fue a encerrar a su habitación. Le molestaba demasiado aquella mujer abominable y malvada que la había atormentado todo este tiempo. Ahora, amenazaba con robarle su felicidad. Katerin se sentía impotente, no sabía cómo actuar, ella estaba segura que su madrastra era una mujer sin escrúpulos, la cual no se tienta el corazón para hacer alguna maldad. Sus pasos y sus acciones están fríamente calculados. — Debo detenerla, eso debo hacer. Pero, ¿cómo? Se dijo a sí misma, mientras comenzaba a dar vueltas por todo su cuarto, esperando a que una idea llegará a su mente. Pero, es que esta situación era frustrante, por un lado estaba su madrastra y por el otro, Michael, quien no creía en sus palabras en cuanto se trataba de su madrastra. «Solo espero que Michael no me decepcione, no quiero ni pensar que los dos podamos terminar por esta bruja sin corazón» Pensó Katerin mordiéndose las uñas y continuando con su caminata, en búsqueda de una posible solución. ... Por otro lado, Michael se dirigía a la casa de Alejandro. De una vez por todas le dejará en claro que no debe interferir en relaciones ajenas, ya sea por las buenas o por las malas. En cuanto el conductor paró el automóvil frente a la mansión, Michael se apresuró a bajar, tocó el timbre y espero que amablemente la ama de llaves abriera aquella grande reja que protegía aquella casa. — Joven Michael, que gusto verlo. Exclamó la mujer de unos 40 y tantos años, cabello negro y con apariencia noble, que le sonreía con sinceridad. — También me da gusto verla, Joana. ¿Se encuentra Alejandro? Dijo Michael con toda la amabilidad del mundo. La mujer no se dio cuenta de lo cuán molesto se encontraba ahora, su sonrisa había disfrazado todo el enfado que estaba sintiendo. — Oh, el joven Alejandro está en el jardín. Si quiere yo lo llevo hacia allá. — Oh, no, no se moleste. Sé como llegar, gracias. Contestó inmediatamente, le sonrió por última vez y se encaminó hacia el lugar. En efecto, un animado Alejandro estaba regando con delicadeza las diversas flores que su jardín tenía. Recordando como lo había hecho con su adorada madre en la niñez. — Me gustaría que tú estuvieras aquí... Susurró nostálgico mirando una rosa roja. — No está quien tú desearías que estuviera, sino yo. Ahora tenemos algo que hablar entre tú y yo. Dijo Michael en tono desafiante, mientras se acercaba más y más. Alejandro se sorprendió, no esperaba que Michael viniera solo y por sus propios medios. Sin dudas se trataba de algo que no terminaría bien. — Michael, ¿qué se te ofrece? Respondió Alejandro dejando sus instrumentos de jardinería y llendo a su encuentro.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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