Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Una linda amistad”
Michael conocía a Katerin, él no podía ir en contra de sus decisiones porque cuando ella elegía algo era seguro que no cambiaría de parecer. Tampoco podía llevarle la contraria, eso sólo le haría ver lo celoso que estaba. — Está bien, solo que no se quiera pasar más que de una simple amistad. Dijo Michael a duras penas. «Ya habrá una oportunidad para alejarlo de ella, no debo de precipitarme, debo de pensarme las cosas con más sensatez y meticulosamente» Pensó Michael. — Me alegra que estés de acuerdo. Contestó Katerin dándole un abrazo y un beso en la mejilla. ... El resto de la tarde se la pasaron juntos, por el bien del ánimo dejaron atrás el tema de Alejandro y se dispusieron a disfrutar de su valiosa compañía y tiempo a solas. La luna brillaba en lo alto del cielo estrellado, Michael sabía que ya era el momento adecuado para que ella volviera a casa, por lo que, comenzaron a caminar de vuelta al auto. Katerin sentía un poco de decepción, por más que había tratado, Michael no cedió a hacer las pases con Alejandro. Su convivencia y relación seguiría siendo la misma de siempre, la tensión entre ellos dos estará presente en su amistad y eso lo sabe perfectamente. Sin embargo, no puede obligarlo a hacer algo que él no quiere hacer. En el trayecto, ellos dos fueron en silencio. Michael sospechaba que Katerin se encontraba de mal humor por su reciente conversación sobre Alejandro. Lo cual le causó un poco de molestia, ese tonto había quedado bien a sus ojos y se atrevía a dejarlo mal con ella. «Me temo que deberé de ajustar cuentas con Alejandro, no me causa gracia lo que pretende hacer y quiero saber que es lo que intenta con esa amistad» Pensó Michael con determinación. Al llegar a casa, la madrastra de Katerin salió a recibirlos. Ya se le había hecho costumbre mostrarse demasiado amable con ellos dos. Incluso comenzaba ganarse la confianza de él. — Queridos, que bien que ya llegaron. Justamente ahora vamos a cenar, anda, Michael entra. Exclamó con alegría. — Mmm... Creo que Michael tiene cosas que hacer. Contestó Katerin con serenidad. — Oh, no. Yo estoy encantado por acompañarlos, gracias por la invitación, señora Amery. Intercedió Michael siguiendo a la pelirroja que le sonrió abiertamente. Con sorpresa volteó a ver a Michael, ella había pensado que él tenía cosas que hacer por el perpetuo e incómodo silencio que habían sostenido durante el transcurso del viaje hacia casa. Michael sólo se limitaba a ignorarla, él la había malentendido, pensaba que ella no lo quería ahí, lo cual definitivamente no era cierto. Ella no quería que su relación se viera afectada solo por el desacuerdo que él y Alejandro tenían. Era cierto que estaba decepcionada por su negativa, pero, no era para mantenerse enojada con él. — Al parecer Katerin no quiere que estés aquí, bueno... Me da la impresión, de que es así. Comentó Amery esbozando una expresión afligida hacia Michael. Sus palabras habían dado justo en el clavo, Michael se dio cuenta que no era el único que se había dado cuenta de cómo ella había respondido sin siquiera preguntarle. Katerin maldijo por lo bajo, miró con molestia a su madrastra quien no pudo evitar sonreír con malicia, ella comenzaba a causar malentendidos entre ellos sin que Michael se diera cuenta. Por supuesto, Katerin la conocía perfectamente bien. Su madrastra traía algo en mente. — No, es sólo que pensé que... Que tenías cosas que hacer, ya que permaneciste sin decirme nada y pensé que tenías mucho de que pensar. Respondió Katerin rápidamente mirándolo. Michael evaluó por un momento su mirada, observó que dentro de sí, ella estaba siendo sincera, por lo que se tranquilizó. — Me mantuve en silencio porque pensé que te habías molestado por lo que te respondí con respecto a Alejandro. Dijo Michael. Amery, la madrastra de Katerin escuchaba con detenimiento y precisión la conversación. Buscando un factor o elemento que le podría ayudar en un futuro, ahora, lo que le importaba era ganarse la confianza de Michael y bajar la guardia de Katerin, lo cual era lo más difícil a lo que se enfrentaría. — Michael, no tienes nada de que preocuparte. Estoy segura que Katerin no se molesto contigo por esa cosa tan pequeña, además, Alejandro no es mala persona ni alguien de que puedas desconfiar. Ese chico tiene el aprecio de nuestra familia, más del padre de Katerin. Comprende que ella debe llevarse bien con Alejandro por respeto a la amistad que su padre e incluso su madre Kate tuvo con él. Respondió Amery, sorprendiendo a Katerin. Michael entendió a la perfección lo que esta mujer le quería dar a entender. Se sintió más aliviado y dejó aún lado su molestia. Después de todo, lo que Katerin hacia por él, era por el bienestar y respeto que ella sentía por su padre y su difunta madre. Tras resolver aquella disputa, se encaminaron a degustar la deliciosa cena que Amery había organizado. El padre de Katerin y Michael cada vez se hacían más cercanos, los dos casi hablaban el mismo lenguaje. Katerin por supuesto no se quedaba atrás y daba sus puntos de vista. Luego de una animada cena, Michael se despidió con un dulce beso y un caluroso abrazo. Ahora los dos tenían los ánimos más tranquilos, las palabras de su madrastra habían dejado más tranquilo a Michael. — No tengo problema, puedes hablar libremente con Alejandro e incluso puede comer con nosotros. Si es por el bienestar de sus dos familias, me parece bien. Dijo tomándola de los hombros y dándole un beso en la frente. — Gracias por entenderlo. Respondió Katerin esbozando una sonrisa. Le alegraba que ya había encontrado en razón. Finalmente podía estar tranquila, su malentendido se había resuelto de la mejor manera. Gracias a las astutas palabras de su madrastra, la cual finalmente le había beneficiado en algo. Al irse Michael, Katerin buscó a Amery, a la cual encontró degustando una taza de café en la sala principal mientras leía un libro. — Gracias por lo de hoy, al fin me has demostrado que algunas veces puedes ser de buena ayuda para mí. Dijo Katerin sin vacilar. Amery se sorprendió, bajó su taza y la miró con detenimiento. Luego, esbozó una pequeña sonrisa. — No tienes nada que agradecer. Ahora he comprendido que todo esté tiempo he sido una mala madre, por favor, discúlpame. Te prometo que trabajaré más para ser una buena madre para ti. Ya ves que dicen que... Nunca es tarde para cambiar. Respondió con una gran labia, la cual resultó completamente efectiva en Katerin, quien sin palabras asintió. Ella sabía que comenzaba a ganarse a Katerin, si seguía de esa manera muy pronto su plan B, resultaría completamente victorioso. Katerin se fue a su habitación con una nueva impresión de su madrastra, a la cual por primera vez la comenzaba a mirar sin ningún tipo de molestia o enojo hacia ella. Empezaba a verla como una persona agradable. Sin embargo, su parte racional le decía que debía ser un poco reflexiva y desconfiada hacia ella. Era un buen cambio, pero, no se iba a dar de la noche a la mañana. ... Al día siguiente, Amery trató con amabilidad a Katerin, la cual aún no podía adaptarse a la nueva forma de ser de su madrastra, quien por años la había estado torturando psicológicamente. Al llegar a la universidad, al primero que encontró caminando solitario entre los pasillos fue a Alejandro, el cual no se daba cuenta de la presencia de ella. Katerin sonrió, se encarrero y le soltó una palmada en la espalda, lo cual sobresaltó a Alejandro, quien dejó caer el libro que iba leyendo. — Oh, cuánto lo siento... No creí que te asustaría. Respondió Katerin de inmediato mientras bajaba a tomar el libro. Al mismo tiempo los dos tomaron la pasta del libro, sus miradas se encontraron y sonrieron con pena. Ella más que él sentía vergüenza por el reciente incidente. — No te preocupes. Respondió Alejandro apartando su mano rápidamente.
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