Dulces Traiciones (Dulce Traición #2)

Capítulo 7
Uno... Dos... Tres... Respiró hondo tres veces más, que situación tan más incómoda. Observo a mi lado y veo a Leonel, quien aún no se ha dado cuenta de como lo mira Tono, o eso es lo que creo. Tono está celoso, de eso no hay duda. ¿Por qué está celoso? No entiendo el motivo de sus celos. Solo somos pareja para hacer un trabajo del instituto, y él lo sabe perfectamente, aunque no puedo evitar sentir un ligero aleteo en el pecho por como se siente respecto a mí. Cuando estamos a poco de llegar, me separo de Leonel, camino a paso rápido  hasta Tono, lo abrazo por el cuello y él lo hace por la cintura. Parecemos dos enamorados. ¿Y acaso no lo son? Pregunta mi mente. Mi yo interno rueda los ojos por pensar algo como eso y me reprendo mentalmente. Inhala el olor de mi pelo y eso me da paz. Sus brazos me dan paz, todo en él me da tranquilidad. –Hola –le susurro al oído. –Hola princesa –me dice y siento mis mejillas arder. Mi corazón palpita de emoción. Nos separamos y me vuelvo hacia Leonel que nos mira atento. Nos está analizando, al parecer escruta todo lo que hacemos. Le sonrío y él hace lo mismo. –Tono él es Leonel –miro a Tono y lo mira serio, nada comparado a cuando me mira. Parece no estar dispuesto a saludarlo. –Leonel él es Antonie. Los presento y ambos solo asienten a modo de saludo. Chicos. Los típicos saludos de chicos, ninguna chica logra entender su idioma. –¿Podemos llevar ésto en tu auto? –le pregunto a Tono. Pongo mi mejor cara de niña inocente para que así me diga que si. No me gusta ser una manipuladora y mucho menos controlar a la gente, pero por como noté que Tono miró a Leonel sé que si no hacía esto él no aceptaría. –Claro que si Aline –me dice y me sonrojo por como me mira. –¿Dónde lo pone? –vuelvo a preguntar. Me mira con dulzura y luego pasa su vista a dónde Leonel, su mirada cambia radicalmente al verlo a él. –Dámelo –le dice de una forma un poco brusca a Leonel. Su voz es demandante, fría y sin ningún atisbo de amabilidad. Leonel duda, no sabe si hacerlo o no. Me mira y yo asiento con aprobación, le entrega el modelo, aún con cierta duda sobre hacerlo, Tono lo toma y se aleja de nosotros para acomodarlo en el auto. –¿Te llamas Aline? -–me pregunta con curiosidad cuando estamos solos. –No –digo de inmediato. Frunce el ceño confundido, ladea la cabeza tratando de buscarle lógica a su pregunta y a mi respuesta, pero simplemente no encuentra lógica en ello. –Es un diminutivo de mi segundo nombre –aclaro –solo él me llama así. Un relampagueo de lo que parece ser enojo destella en su mirada, pero es tan fugaz que me pregunto si realmente sucedió o solo fue mi imaginación. No reparo en ello. Asiente. –Bueno nos vemos mañana –me dice –lo llevaría conmigo pero ya sabes –agrega. Hace una señal con su mano señalando en dirección hacia donde está su motocicleta. Asiento. –Si no te preocupes, yo me encargo del resto. Nos vemos mañana. Me da otro asentimiento con la cabeza a modo de despedida, me doy la vuelta y subo al auto. –¿Ya terminaste Camille? –me pregunta Tono una vez que cierro la puerta. Su voz es brusca, hasta cierto punto es fría, con eso y por cómo me llamó está claro que está molesto. ¿Qué le pasa? ¿Por qué me habla de ese modo? Frunzo el ceño y lo miro a través del retrovisor, me devuelve la mirada pero noto como sus ojos están más oscuros de lo que en realidad son. Celos. Enciende el auto y lo pone en marcha, dirijo la vista hasta sus manos las cuales están en el volante, sus nudillos están blancos por la presión que ejercen sus manos sobre el volante. Está furioso. ¿Pero qué demonios le sucede? Celos Camille, está celoso. Me dice mi conciencia. Cuando se pone en plan idiota es insufrible, pero está así por tí, me reclama mi conciencia. Sin darle previo aviso, me paso entre los asientos hacia adelante y me siento en el asiento del acompañante. –¿Qué demonios te sucede? –espeto molesta. No se inmuta, continua conduciendo y su actitud me enfurece. Es un gran imbécil... que te atrae. Dice mi conciencia. Cállate conciencia. Le grito. Aprieto los dientes, ya sé que está celoso pero eso no le da derecho que me trate así. –¿Qué demonios te sucede Antonie? –pregunto, esta vez en un siseo. Da un giro al volante y detiene el auto inmediatamente. He captado su atención, sonrío con suficiencia. –Ese chico –murmura, sin soltar el volante –¿te diste cuenta de como te miraba? Pongo los ojos en blanco fastidiada por su actitud. Jodido celoso. –Es que te haz vuelto loco –suelto furiosa –no me estaba mirando de algún modo. Y si lo estaba haciendo no lo noté, ¿por qué? Porque no me interesa. Espero que eso sea suficiente para que deje esa actitud. Suelta el volante y me mira serio. –Eres un idiota –le digo. Suspiro frustrada, no sé que más decirle. –Lo soy –dice y me sorprendo –soy un idiota celoso, que te ama con su vida pero no puedo evitar no sentirme así. Te amo y odio el hecho de que alguien más lo haga. Su respuesta me deja sin aire en los pulmones. –Cállate –le susurro –deja de decir tonterías. ¿Qué pasa si no me importa lo que sientan? ¿Que hay de lo que quiere mi corazón? El hecho de que me amen no significa de que yo también los ame. Porque no lo hago. Hablo apresuradamente, mi respiración se hace pesada cuando termino. –¿Y qué quiere tu corazón? –me pregunta. Me quedo con la mente en blanco. –No lo sé –le respondo haciendo en un puño mis manos y llevándolas a mi pecho –no sé lo que quiere mi corazón –agacho la cabeza –está confundido. Te quiero, pero no es suficiente para tí, al menos no para mí. Quiero darte todo, y el quererte no es suficiente, algo falta y no sé que. Quiero amarte, completamente y no a medias, porque no lo mereces. –¿Y que pasa si deseo algo contigo de ese modo, sin importar que sea a medias? –pregunta –¿qué pasa si tengo amor suficiente para los dos? Eso no es lo que yo quiero, ya se lo he dicho pero aún así insiste. Una prueba más de su inmenso amor por mi. Ya hemos tenido ésta plática, hace algunos meses, y el hecho de que me insista me hace saber que él de verdad me ama. Mi pecho se infla de solo saberlo y aunque estoy tratando de meterle eso a mi corazón, es imposible. Porque mi mente esta decidida a intentarlo, mi mente me dice que lo haga, pero mi corazón está negado a ese paso, porque aunque quiero y deseo amarlo, mi corazón no lo hace. No es justo para él algo como esto porque él es bueno y porque él no lo merece, sé en el fondo que yo no puedo darle eso que él espera. Al menos no ahora. –No puedo –le digo. Veo su semblante caer y eso me duele. –No puedo –repito –no porque no quiera, porque lo deseo como no lo imaginas, sino porque no lo merecemos. Si te acepto, será cuando esté segura de lo que siento, porque quiero un amor que me haga suspirar, que haga a mi corazón latir acelerado, que me robe el sueño, que enloquezca con un beso, que me encienda con solo rozarme, pero sobretodo que me haga confiar ciegamente. Y aunque me duela admitirlo aun no siento eso contigo. Me gusta besarte y me gusta que me digas Aline, adoro cuando me abrazas, pero no es aún lo que espero. Yo no te prometo nada pero haré todo lo posible para amarte como mereces. Lo miro, está muy cerca de mi rostro, me pone nerviosa su cercanía, pero no me incomoda y no lo alejo. Pega su frente a la mía y se lo que pretende hacer, no lo detengo, por muy mal que se oiga. Deseo besarlo, sin embargo no hacerlo yo, sino que lo haga él, sé que no es lo correcto, más aún así lo quiero. Pero no sucede porque el sonido de su móvil nos interrumpe y nos hace separarnos. Una llamada. Lo saca de su bolsillo y atiende la llamada, una sonrisa ilumina su rostro. –¿Si? –dice –no Gabrielle, no lo olvide... Por supuesto que voy a ir, Gaby... No espérame ahí... Ya voy, en poco estoy. Dame veinte minutos... Si, adiós. Cuelga el móvil y yo miro al frente. Ese nombre lo he escuchado antes... pero ¿en dónde? Obligo a mi memoria a recordar, y lo logro. Gabrielle es la chica que me contestó el móvil de Tono meses atrás, me hizo pensar que estaban, "resolviendo asuntos". Algo así como pasando el rato. Siento como el enojo surge, sin pensarlo dos veces me bajo del auto. Me pide tener algo y luego llama esa tipa y sonríe como un completo estúpido. Se encela por verme con Leonel, que es solo mi compañero de trabajo y yo tengo que ser más idiota y pasarle por alto la llamada. Yo también puedo enojarme por eso, y justo eso hago. Escucho la puerta ser cerrada y oigo pasos venir por mí pero no les presto atención. –Cami –llama –¿sucede algo? –pregunta confundido. Miro hacia el frente y no le contesto, ¿por qué hago esto? ¿por qué me pongo celosa, cuando no debería? Porque en verdad que no debo hacerlo, si hace solo unos minutos le dije que no lo amaba, estoy segura de eso. Y es injusto todo esto. Porque si no lo amo debo dejarlo que intente algo con alguien más. Es lo correcto, aunque duela y aunque alguien más me arrebate su cariño. ¿Pero por qué lo veo de ese modo? ¿por qué siento que duele y que me lo arrebataran? Esto no debe ser así. –Cami... –llama de nuevo sacándome de mis pensamientos. –Nada –digo seria –no sucede nada. Vamos por Cassandra y luego a casa. Abro la puerta trasera de auto y subo. Veo a Tono quedarse de pie esperando por más. Frunce el ceño en desconcierto, me digo que es mejor mantenerlo en la oscuridad, él quiere saber porque mi cambio de actitud, pero es mejor así, que no lo sepa. No puedo decirle que por alguna loca razón estoy celosa, porque eso le dará falsas esperanzas de algo que quizás no, y tampoco puedo decirle que intente con alguien más porque sé que se negara. Después de un poco más sube al auto y sin preguntar más arranca, el resto del camino lo hacemos en silencio, el cual es incómodo, vamos por mi hermana y luego a casa. Al llegar a casa aparca y antes de que apague el motor, salgo del auto a toda velocidad, no paso por la cocina como acostumbro, sino que voy directo a mi habitación, paso el seguro al cerrar la puerta. No quiero que me molesten, sé que va a seguirme, va a llamar a mi puerta, va a intentar entrar, y en este momento quiero estar sola. El corazón lo tengo hecho una revolución y quiero aclararlo todo de una buena vez y espero hacerlo, pero lograrlo sola. Y en efecto, al poco llaman a mi puerta pero no le contesto. –Cami –dice de nuevo. Aparenta tranquilidad pero tiene un toque de desespero. Vuelve a llamar, no contesto. Y de nuevo lo hace pero ésta vez trata de abrir la puerta, no lo logra. Escucho su peso deslizarse hasta el suelo pero no hago caso. Minutos más tarde se rinde y se va, quiero pensar que se rindió pero sé que no es así porque sé que volverá. Tal vez lo mejor en este caso sería dejar que todo tome su curso y que fluya como lo tenga que hacer, esperar a que el tiempo decida y no poner resistencia a lo que pase. Del mismo modo en que lo he hecho con lo que será de mi futuro. Es fácil decirlo, pero ¿hacerlo?
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