Cásate conmigo Mary

capítulo 8
Ya era fin de semana y ya iba de camino a la casa de sus padres. Antes de salir Mary había comunicado a su madre la decisión de hacer el viaje y le había pedido a Tatiana que cuidara de ella. No podía creer que estaría lejos de ella en un momento como este solo por ayudar a un chico, claro que no podía decirle eso a su madre así que tuvo que mentirle y eso la hacía sentir aún peor.  — ¿En qué piensas? — pregunta Andrés con la vista en la autopista.  — En nada, ¿falta mucho para llegar? — desvía el tema.  Él toma sus manos, lo cual la sorprende.  — Mary confía en mí, por favor. — la mira por un momento antes de devolver su vista a la carretera.  — Solo pesaba en mi madre. — admite.  — ¿Por su enfermedad? — pregunta preocupado.  — ¿Cómo sabes eso? No me digas, me investigaste ¿verdad? — dice molesta.  Él sonríe.  «¿qué es lo que te hace tanta gracia? — pregunta indignada.»  — Qué parecemos marido y mujer — Mary lo mira entre confundida y sorprendida. — siempre estamos peleando antes de hablar para luego reconciliarnos. — dice con una sonrisa.  Mary solo se queda mirándolo.  «Solamente necesitaba saber dónde vivías, pero el investigador investigó mucho más. — se explicó. — ¿Entonces estás preocupada por eso?»  Ella lo mira algo avergonzada.  — No únicamente por eso, también porque nunca le había mentido a mi madre. — dice honesta.  — ¿Y por qué le mentiste? — pregunta intrigado.  — ¿Y qué le debía decir entonces? ¡Mamá voy a fingir ser la prometida de un chico que conocí hace apenas una semana, porque a él le gusta la novia de su hermano y no quiere que su familia se entere, ah! Ya había fingido ser su novia por el dinero de tu operación. Eso sí sería algo épico para contar, hasta se podría escribir una telenovela. — dice sarcástica.  — Solo tenías que decirle que conocerías a los padres de tu novio. — dice serio.  — No entraré a mi madre en esta mentira y por si no te diste cuenta no somos novios. — dice y se suelta de su mano.  — Mary sé que estás enojada por haberle mentido a tú madre, pero por favor cálmate, estás histérica ahora mismo. — dice con la misma seriedad.  Entonces dejaron de hablar y se fundieron en un incómodo silencio. Después de 5 minutos más de viaje, el parqueo el auto frente a una enorme casa de campo que más parecía una mansión.  El bajo del auto y se apresuró para abrir la puerta de Mary. Ella lo miro extrañada, no había hecho eso cuando salieron. Al salir del auto la tomo del brazo y la guio hasta la casa y al estar al frente toco el timbre.  Mary estaba muy nerviosa, nunca había conocido los padres de ningún chico, nunca había tenido un novio formal ¿Cómo debía comportarse en una situación tan incómoda como esa? Mientras sus nervios más aumentaban más apretaba el brazo de Andrés, por lo cual Andrés se dio cuenta de que estaba nerviosa.  — No estés nerviosa. — le dice más como una orden.  — ¿Cómo quieres que este al conocer a los padres de mi supuesto prometido? — dice y su pie empezó a temblar. — creo que me caeré.  — No te preocupes estoy aquí para sostenerte, jamás dejaré que te caigas — dice mirándola fijo.  Por lo cual un escalofrío recorre todo el cuerpo de Mary, entonces se olvidó de porque estaba preocupada y solamente asintió pérdida en su mirada.  Esto hizo que él tragara en seco y desviase la mirada ¿Qué rayos le pasaba con ella? ¿Por qué no la podía ver a los ojos? Entonces de pronto abrieron la puerta dejando ver una señora un tanto mayor con el cabello rubio y ojos azules que mira a Mary de arriba hacia abajo, lo que la hizo sentir incómoda por lo cual se sostuvo muy fuerte del brazo de Andrés.  No sabía que rayos le pasaba o porqué le importaba tanto la opinión de estas personas que ni conocía, eso era estúpido, pero aun así no paraba de sentirse intimidada por ello.  — Mamá nos dejarás pasar o tenemos que hacerlo por la ventana. — dice Andrés rompiendo el silencio incómodo que se había formado.  — Claro pasen. — dice con una sonrisa y se abrazan. — Y tú debes de ser Mary ¿cierto? — Ella asiente tímida. — bienvenida a la familia. — le da un cálido abrazo también.— Andrés no nos dijo que eras tan hermosa.   Dice y Mary le dedica una sonrisa. «Andrés tenía tanto que no volvía a casa que pensamos que no lo volveríamos a ver jamás — dice a Mary — bueno vayan a acomodarse, su habitación es la del fondo, ¿sabes cuál es Adri (como le solía decir su madre de forma cariñosa) cierto? — él asiente — bueno instálense iré a buscar a tu padre.  Y con eso se va. Mary se queda mirándola estupefacta hasta que desaparece.  — ¿No es tu mamá muy extraña? — pregunta extrañada.  — Ya te acostumbraras — dice con una sonrisa. — ahora vamos te enseñaré tu habitación.  Ella asiente y lo sigue, al llegar arriba al final del pasillo él abre una puerta color beige, entonces se da a relucir la hermosa habitación, además de que era enorme. Ella únicamente se quedó con la boca abierta al pasar.  — ¿Y está habitación es solo para mí? — pregunta ilusionada cuál niña pequeña.  — Claro, a menos que... — dice detrás de ella con voz grave.  Por lo cual ella voltea, encontrándose con él claramente muy cerca de ella.  — ¿A menos que...? — Lo invita a terminar su frase con una voz suave.  Él la toma de la cintura y la pega a él, tomando la por sorpresa. ¿A qué estaba jugando? Fuera lo que fuera dos podían jugarlo.  — A menos que quieras dormir conmigo — le dedica una sonrisa seductora.  Ella lo mira fijamente a los ojos, se acerca y se alza un poco para decirle al oído.  — Ni lo pienses. — dice ella con una sonrisa.  Más él se estremece al sentir su aliento rozar su cuello y la sujeta más fuerte.  — ¿Andrés? — pregunta Mary extrañada al ver que no la suelta.  Entonces él se acerca a ella y muerde su oreja para luego soltarla lentamente logrando arrancarle un gemido de placer a Mary.  — No vuelvas a hacer eso, no juegues con fuego Mary, te puedes quemar.   Dijo antes de soltarla y alejarse. Y en verdad ella sentía que estaba jugando con fuego y ya sentía que se quemaba. ... Minutos después él la vino a buscar para bajar a cenar, más ninguno dijo nada, ni siquiera se miraron solo bajaron tomados de la mano y se dirigieron al comedor donde ya estaban todos incluyendo a Liana y Esteban los cuales seguián cada uno de sus movimientos.  — ¿Hijo que esperas para presentarme a tu prometida? — dijo un hombre mayor, de pelo castaño oscuro y ojos verdes llamando la atención de Andrés.  El cual estaba mirando a Liana la cual llevaba un vestido rojo pegado, muy seductor y está lo miraba a él. Por lo que Mary le dio un apretón fuerte en la mano haciendo que entrará en sí.  — Papá, mamá está es mi prometida Mary Parsons, Mary estos son mis padres Andrew Jackson korner y Emile Kelly O'connor. — los presenta.  — Gusto en conocerlos señores. — dice en modo de saludo.  — El gusto es todo nuestro, chica. — dice el señor.  — Gracias, señor korner. — dice con una sonrisa.  — Entonces pasemos todos al comedor. — dice la madre con una sonrisa.  Al llegar allá todos se sientan. Mary junto a Andrés y frente a Esteban y a su lado Liana frente a Andrés. Los padres de Andrés en la cabecera.  — Y dime Mary ¿como se conocieron ustedes? — pregunta la señora Emile.  — Nos conocimos discutiendo. — dice Mary llamado la atención de todos.   — ¿Discutiendo? — pregunta confundida la madre de Andrés.  — Sí, disculpe, pero su hijo cree tener siempre la razón y yo no sé ceder en una pelea. — dice con gracia.  — ¿Y por qué discutían? — Pregunta estaba intrigada.  — Él me beso, a pesar de que había dicho que jamás besaría a alguien como yo. — dice segura. — ¿¡Te beso!? — pregunta Liana sorprendida. — ¿por que lo hizo?  — No sé si fue para callarme o solo por besarme, yo estaba discutiendo con una chica en el pasillo de la empresa y no supe por qué vino hacia mí y me besó. — lo señala con el dedo índice.  — ¿Qué hiciste entonces? — pregunta su madre de Andrés.  — Entonces...  — Entonces ella empezó a discutir conmigo y todos creyeron que éramos pareja. — dice él recordando una situación similar.  — Claro, no sé cómo todo acabo con las personas gritando que no lo dejara y que le diera otra oportunidad, fue algo muy vergonzoso.— Dice Mary para seguirle la corriente.  — Realmente no puedo imaginar a mi Andrés haciendo eso — dice su madre riendo. — debe quererte mucho.  Después de esa narración media inventada, media real empezaron a cenar.  — Dime algo Mary — dice Esteban. — ¿por qué te escondías de mi hermano en el restaurante?  — ¡Ah! Eso, eso es porque tu hermano ha hecho que me despidan de muchos empleos, porque no quiere que trabaje. Por ejemplo fui a solicitar trabajo en las empresas korner, pero él hasta rompió mi currículum. — dice sorprendiendo a Andrés.  — ¡Oh! Claro ya te recuerdo, eres la chica que estaba muy calificada para el puesto, tenías hasta la referencia de tus maestros y tu director, más no te dio el trabajo porque te faltaba la referencia en el área de finanzas. — dice Liana recordando — Entonces por eso lo hizo. — dijo pensativa.  Andrés la miro sorprendido, la había recordado, ¿Por qué no le dijo nada?  — No solo eso hizo que me despidieron de mi empleo de mensajera. — dijo logrando que sus padres lo miran con sorpresa. — pero lo convencí de que me dejara trabajar no se preocupen.  — Eso está genial, hijo no te enseñe a ser así. — dice su madre con reproche.  — Señora no es nada de eso, es solo que es un poco celoso — susurra la última palabras de un modo que todo pueden escuchar.  — No sabía que Andrés era celoso — dice Liana ardiendo de celos.  — En fin terminemos de comer. Ya quiero que llegue el postre — dice el padre de Andrés a lo que Mary sonríe.  — Mi amor a ti no te toca postre, recuerda lo que el doctor dijo sobre la azúcar.— Le regaña su esposa.  — Si me permite señora, puedo prepararle un postre que no contenga azúcar, pero que le guste. — asegura  — ¿Estás segura jovencita? — pregunta el padre de Andrés intrigado y Mary asiente — Pues inténtalo. — le dedica una sonrisa.  Ella va para la cocina y los demás la siguen, menos Andrés que aún pensaba en lo que Mary había dicho y Liana. Andrés se dirigió hacia el balcón y ella lo siguió hasta allí.  — ¿Qué pasa que no estás deambulando alrededor de tu noviecita hoy? — pregunta y se posiciona a su lado.  — ¿Qué pasa que no estás revoloteando alrededor de mi hermano hoy? — le devuelve la indirecta.  Ella sonríe.  — No sé, quizás me equivoqué en dejar lo que tenía y creo que ahora lo extraño más que nunca. — dice seductora.  — ¿De qué hablas Liana? — la mira confundido.  — De ti, de mí, lo nuestro. — susurra cerca de él. — ¿te olvidaste de mí tan rápidamente, por ella? — le besa el cuello logrando erizar su piel.  Más él la aleja.  — No hay un lo nuestro, Lina, eso se acabó, tú lo acabaste. — dice dolido.  — Pero estoy dispuesta a dejarlo todo para intentarlo contigo, porque en verdad te quiero. Piénsalo bien.— Le susurra en el oído para después morder su oreja y chuparla.   Entonces el dejo de contenerse y empezaron a besarse desenfrenados, bajando por su cuello mientras la tomaba por la cintura, cuando de repente unas palabras inundaron su mente «¿sabes por qué? Por. Que. Eres. Plato de segunda mesa.» Entonces negó con la cabeza y se alejó de ella ¿cómo era posible que no se pudiera sacar sus palabras de la mente?  — Pero yo no — dijo antes de darse la vuelta.   Entonces subió a su habitación dejándola ahí parada y enojada.  Mientras Mary terminaba de preparar las galletas. El señor korner probó una y todos quedaron expectantes a su reacción.   — Son en verdad deliciosas. — dijo sacándole una sonrisa a Mary.  — Muchas gracias, señor — dice agradecida.  — ¿Y dices que está es una receta de familia? — pregunta intrigado.  — Así es, mi abuela las invento para dárselas a mi madre, porque ella es diabética. — le explica.  Se quedan un momento conversando y luego todos se van a dormir, por lo cual ella se dirige a su habitación también, preguntándose qué había pasado con Andrés y porque había desaparecido de repente. ... Mary entró en la habitación encontrándose con Andrés que la esperaba sentado en su cama, lo cual se encontró extraño, ya que no lo había visto desde la comida.  — ¿Andrés? — pregunta preocupada  — Necesitó hacerte unas preguntas. — dice volteando a verla.  — Adelante hazlas. — lo anima.  — ¿Por qué no me dijiste quien eras tú desde el principio? — la mira fijamente y se levanta serio para dar un paso hacia ella. — Tenía miedo que hicieras que me despidieran, en ese tiempo realmente lo hubieras hecho o ¿puedes negármelo? — dice honesta.  Él lo piensa y luego continúa. — Respondeme algo ¿Por qué no puedo parar de pensar en ti? — desesperado por su respuesta, dando un paso tras otro hasta estar frente a ella. — Yo...  — Dime una cosa ¿Qué pasaría si te beso ahora? — pregunta haciendo que el corazón de Mary empieza a latir desbocado en su pecho.  Entonces se acercó a ella y la beso. Era un beso lento y dulce, que luego se tornó desesperado y necesitado en el que él no comprendía el ¿por qué rayos la deseaba tanto?
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Cásate conmigo Mary

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