Dulces Traiciones (Dulce Traición #2)

Capítulo 6
El mundo gira y gira, el mundo es un gran juego de azar. Las probabilidades de que me toque con él son de uno sobre doce. Irónico como incluso el azar está en mi contra. ¿Casualidad? ¿O destino? Cómo sea que sea esto es lo que tengo. En escala del uno al diez, le doy un diez. Uno es excelente y diez es pésimo. Esa es la escala que le doy al inicio de mi día, esa escala me he impuesto para valorar como me va el día. Pensé que el segundo día de instituto sería mejor que el anterior, pues vamos. Ayer todo fue arruinado por el retardo que tuvimos por culpa de Cassandra y por consiguiente por mi mal humor. Hoy todo parecía ir genial. Hoy debo admitir que para mi buena fortuna Cassie se despertó temprano, en verdad que aprecié mucho eso de su parte, por ello llegamos temprano a la escuela. Lo único que está distorsionando mi día es la clase de Química, no porque no me gustará la materia, sino porque no le entendía ni un poco, pongo todo mi empeño en entenderle pero simplemente no logro comprender lo que explica la profesora. Realmente soy malísima en Química, soy buena en Literatura, esa si es mi área y me desenvuelvo como pez en el agua, incluso en Matemáticas soy buena pero Química, ahí si que no lo soy. Pero no es tan importante como para que me afecte mi estado de ánimo, aunque si debo decir que en ésta asignatura soy un asco total. Pero dejando de lado eso, todo iba bien. Sin embargo la felicidad no es eterna, ¿no es así? Incluso los momentos perfectos se acaban, porque son solo eso, momentos. Pues bien, nos han asignado un compañero para hacer un trabajo de Química y adivinen quien es mi compañero. Es que todo iba tan perfecto, si pudiera regresaría el tiempo y más que eso, haría que lo enviaran a otro grupo o mejor dicho que lo dejarán en su antiguo instituto. No me juzguen, ni siquiera yo entiendo mi estado de ánimo. Porque... por supuesto que sí, Leonel es mi compañero de equipo. ¿Hay algo peor? No lo creo. Justo en este momento quiero que alguien me pegue un tiro. ¿Es enserio destino? ¿El primo del ex de mi hermana? La situación está muy jodida. Se escuchan murmullos, de algunos sobre su pareja de trabajo, hay muchos que no están de acuerdo con su compañero y créanme, yo no soy la excepción, yo también quiero un cambio de compañero. Volteo por pura curiosidad y lo observo, en ese momento nuestras miradas se cruzan, yo la desvío porque no quiero seguirlo observando. Me molesta su presencia y por lo que he notado también es arrogante, eso igualmente me molesta. La profesora capta de nuevo nuestra atención y todos la miramos expectantes. –Tomen asiento con su compañero de trabajo y planteen lo que harán –dice –tienen lo que resta de la clase. Genial, solo falta que me parta un rayo y mi día será épico, las cosas no podrían ir más horrible de lo que van. La mitad del grupo se pone de pie, yo entre ellos. –Deséame suerte –le digo a Cassie con la sonrisa más falsa posible –que el calvario me acecha. Estampo una falsa sonrisa en mi rostro, parece la sonrisa del gato de Alicia en el país de las maravillas. Se ríe otra vez y yo no le digo nada, ni me enojo, en lugar de eso tomo mi mochila y me la pongo al hombro para ir a mi perdición. –¡Suerte! –me dice y me muestra sus pulgares. Yo niego por su acción. Camino hasta el sitio que está a su lado, el cual ha quedado libre, pongo mi mochila sobre la mesa, después me siento. Solo miro al frente, no digo nada. Ojalá que tiemble y que la tierra se abra justo donde estoy sentada para que me trague de una vez por todas. Esto es tan incómodo y tan horrible. –¿Y bien Camille? –me dice –¿piensas seguir sin decir nada? Su voz es un tanto ronca, lo cual le da un aire profundo. Mi boca cae abierta, ¿como rayos sabe mi nombre? Cierto. Hay un idiota llamado Landon que le pudo haber dicho, sé que fue él. ¿Que le habrá dicho de nosotras? Lo que sea, no me importa lo que este tipo piense de mí. Recompongo rápidamente el gesto y volteo a mirarlo. –¿Qué se supone que debo decir? –inquiero con una ceja levantada. –No sé, algo como... "Soy tu compañera de trabajo, mi nombre es Camille y el tuyo es..." –me responde serio. Ruedo los ojos fastidiada. –¿Y si no se me da ser sociable? –pregunto. –En ese caso seré yo quien dé el primer paso –dice y sonríe ampliamente. Diablos. Jamás pensé que Leonel sea en cierto modo amable. Tengo la idea de que es un idiota igual que su primo y por eso me porto así, pero dicen que las apariencias engañan. Creo que tienen razón. Dulcifico el gesto y espero a que diga más. –Soy Leonel –me dice. Asiento y sé que es mi turno de decir algo. –Bueno, no creo que sea necesario pero ya sabes, soy Camille. Me sonríe y le devuelvo el gesto. –¿Tienes idea de lo que hay que hacer? –cambio el tema. –Claro –dice –ésta es mi materia favorita, así que siempre presto atención a todo. –Perfecto –digo feliz –siempre soy un asco en Química, es bueno tener apoyo. –Cuenta con ello. Sonrío aliviada. Comenzamos a planear lo que haremos para nuestro trabajo. Al final llegamos a la conclusión de que realizaremos el trabajo en la biblioteca pues él dice que en su casa no tiene espacio y yo puse el pretexto de que están remodelando el interior, por ello no se puede estar cómodamente, aunque el verdadero motivo es que no me gusta que sepan lo que posee mi familia. El jueves sera el día en que hagamos nuestro trabajo pues ese día no tenemos práctica así que lo aprovecharemos. Después de todo esto no será tan malo. ¿Cierto? El día de clases termina y mejoró increíblemente. A la hora del almuerzo cuando Cass me vió otra vez, notó que mi humor estaba en lo alto, se sorprendió, pero no me dijo nada. Al salir de la práctica, en el estacionamiento nos espera Tono, camino seguida de Cass hasta su auto y lo saludo con un beso en la mejilla, nos subimos al auto, él hace lo mismo, arranca y nos vamos rumbo a casa. El jueves llega demasiado rápido, hoy haremos nuestro trabajo juntos, por algún motivo eso me hace sentir inquieta. Bajo del auto de Tono y entro al instituto, como ya se nos empieza a hacer costumbre, hoy llegamos temprano. Eso fue bueno. Entramos a nuestra primera clase, Geometría. Me gusta la clase, así que todo va bien. Cass se sienta a lado de Charlie que ya está sentada pero sola, yo me siento detrás de ellas y espero a que alguien ocupe el sitio de a lado. Al poco llega George y se acomoda en el sitio libre. Comenzamos a platicar mientras esperamos a que suene la campana y a que llegue el profesor. Justo cuando suena Leonel entra y se sienta detrás de mí. No hago caso, pues aunque estámos juntos para Química no somos amigos, así que nuestro trato solo es de compañeros. –¿Aún llevas el colgante que te regalé? –me pregunta George. –Seguro –le digo –me gustó. Después del significado que le diste me pareció magnifico. Sonríe satisfecho. –Me alegra que sea así, Cami –se recuesta en su silla –aunque también me hubiese gustado trabajar contigo para Química. No sé a que viene esto, pero entiendo que tiene algo que ver con la llegada de Leonel, así que trato de cuidar mis palabras. –Hubiese sido genial –digo simplemente. –Vamos Cami, sé que también te hubiese gustado que trabajáramos juntos –insiste. –Por supuesto que me hubiese gustado trabajar contigo, pero creo que está bien socializar con los demás, ¿no crees? –Tal vez, pero aun... Y no puede terminar porque el profesor llega, lo cual agradezco infinitamente, ésto se está volviendo incomodo con Leonel oyendo todo. La clase da inicio y minutos más tarde la clase llega a su fin, después tenemos otra clase y luego el descanso, al termino de esa clase, salgo rumbo a la cafetería. Charlie, Cassie y George ya se han adelantado, solo faltaba yo por alcanzarlos. Al pasar por la puerta rozo con Leonel que vuelve la mirada hacia mí. –Camille –dice y me sonríe. –Hola –dije –disculpa mi torpeza. Asiente y yo me doy la vuelta para continuar mi camino. –Nos vemos en la salida –me habla a mis espaldas. Volteo a verlo y lo encuentro en el mismo lugar, pero estaba mirándome. Nuestras miradas se cruzan y me guiña el ojo. –Claro, ahí nos vemos. Y sigo mi camino. Su guiño hace tartamudear a mi corazón pero no le tomo importancia. El resto de clases pasa rápido y para la ultima clase ya me encuentro menos tensa, unos minutos más y la escuela acabaría. Al fin la campana suena y eso da fin a todas mis clases de hoy. Tomo mi mochila, la coloco en mi hombro, hoy Cassandra irá también a hacer su trabajo pero será en casa del chico. Zachary. Así que pasaremos por ella un poco más tarde. Me acerco hasta la biblioteca. Vaya paraíso. Los libros y su aroma embriagante. Me siento en una de las mesas luego de recorrer el lugar en su búsqueda y no encontrarlo. Saco mis notas y las repaso. Quiero comprender al menos un poco el tema antes de que llegue pero el tiempo se pone en mi contra y aparece cuando estoy a la mitad de mi lectura. Decido terminarla y luego levantar la mirada, cuando termino levanto la vista, él me mira atentamente, ya se ha sentado. Una sonrisa aparece en sus labios y le correspondo. –¿Qué haces? –pregunta viendo mis notas. –Tratando de entender lo que haremos. Es que no le entiendo –me justifico. –¿Y ya lo haces? –pregunta y niego. –No –digo –soy un asco para la Química. Reposo mi frente sobre la mesa y oculto mi cara. –Oye, oye, tranquila –me dice y levanto el rostro para mirarlo. Me da una sonrisa tranquilizadora. Se ve tan guapo sonriendo. Callate Camille me dice mi conciencia. Y le hago caso. –No somos buenos siempre en todo –continua –no podemos ser buenos en todo, en algo seremos malos y tú lo eres en la Química. Lo miro un poco sorprendida por sus palabras. –He visto que eres muy buena para Literatura o para Francés. Y Geometría no se te da tan mal. Vaya, me ha estado observado. –La Literatura es mi pasión –aclaro. Me observa atento. –Tienes mucha suerte de ser buena en eso y en otras cosas. Te he visto con las animadoras, eres buena. No puedo evitar abrir la boca con sorpresa. –Te he visto –admite. Sé que está avergonzado porque lo ultimo lo admitió en un susurro. Por eso decido cambiar el tema. –Tienes razón –digo –pero, ¿te parece si empezamos con el trabajo? –Claro –dice y parece más tranquilo. Tres horas más tarde hemos terminado, recogemos todo y salimos de ahí. Leonel  lleva nuestro modelo porque es algo grande y a mí me impediría caminar bien. –¿Segura que puedes llevarlo? –pregunta por millonésima vez. –Ya te dije que si –respondo –Tono no tendrá problema con ello, además tú no puedes llevarlo y yo si. Asiente convencido. –Esta bien –dice –al menos lo subiré hasta su auto. –Si eso te da tranquilidad –digo –entonces hazlo. Seguimos nuestro camino, cruzamos la puerta del instituto y entonces desde la lejanía le veo de pie. Desde este punto, se ve tan atractivo. Callate Camille, me vuelve a reñir mi mente. Y lo hago. Tono me nota de inmediato y me sonríe, pero su gesto se borra al mirar a mi lado y sé que no está nada contento. El regreso a casa será muy largo.
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