Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Nunca”
El semblante sereno y amigable de Alejandro se había descompuesto, la reciente propuesta lo había molestado. Era Inaceptable lo que le estaba proponiendo, él amaba a Katerin, daría cualquier cosa por estar junto a ella, pero, no de esa manera. Antes que nada, él prefería verla feliz con alguien más, a vivir o estar con él y que fuera infeliz. No eso no era lo que él quería, además, eso no era amor. No era lo que su madre le había enseñado. Esa no era la manera, ni por más desesperado que estuviera, él no podía hacerlo. — Lo siento, pero yo no me puedo prestar a lo que dice, por favor, le ruego que no lo vuelva a decir. Respondió Alejandro después del gran silencio que había hecho. La mujer lo miró con una expresión incrédula, después de todo, él no era el tipo de chico que había pensado. Él no era fácil de manipular como lo había pensado. «Ahora como le haré, debo de encontrar una manera... Piensa, piensa» Se dijo así misma entre sus pensamientos. La mujer sonrió con pena, se limitó a terminar su café y miró con atención a Alejandro. Sabía que su táctica debía de cambiar. — Oh, lo siento. Solo bromeaba, no me hagas caso. Ya veo que eres un gran amigo para mi pequeña, ten por seguro que de ahora en adelante tendrás mi entera disposición y apoyo con la amistad entre mi hija y tú. Eres bienvenido a nuestra casa, cuando quieras venir. Dijo de manera amable. Como siempre había encontrado una solución para su problema. No obstante, Alejandro no era ningún tonto, ella había dejado en claro sus intenciones. Michael no era su favorito, y con o sin su ayuda, ella estaba planeando separar a Katerin de él, lo cual le pareció que era conveniente alertar a ella. — Gracias, señora. Lo tendré en cuenta, no dude que los visitaré. Le agradezco por su tiempo y su invitación. Se adelantó a decir Alejandro mientras le pedía la cuenta al mesero. Cualquier cosa que le fuera a decir para convencerlo e indignarlo más de lo que estaba debía de ser evitado, él sinceramente no quería portarse mal con ella, aunque, podía confesar que muy dentro de él quería hacerle pagar por lo que le había propuesto. La mujer lo miró con una falsa amabilidad, él no estaba colaborando, y eso por supuesto no le iba a facilitar las cosas. Debía de encontrar una manera con la cual tener a Alejandro en sus manos, él era su pase perfecto para la gloria y el poder económico. — Sí, querido. Permíteme pagar a mí, a fin de cuentas yo fui quien te llamo. — No, yo quiero hacerlo. Mi padre me ha inculcado que debo de pagar cuando me invitan. - Así sean personas que no me agradan- quería decir Alejandro, pero se contuvo a no decirlo. — Wow, que buena educación te ha dado tu padre. Gracias, Alejandro. Respondió esbozando una sonrisa. La mujer pelirroja tomó sus cosas y se marchó, sabía que por ahora no tenía posibilidad con él, se veía que no haría nada por intervenir en esa relación, aunque eso le causará la infelicidad a él. — Tu amor por Katerin es tan conmovedor, hasta me dan ganas de darte un premio por esa dedicación. Susurró sarcásticamente mientras se dirigía a él auto, donde el chófer la esperaba. En cuanto subió, él puso en marcha el carro. La mente de esta despiadada mujer comenzaba a buscar otras alternativas. Ahora tendría que seguir a su plan B, este sería efectivo para ella, con este no tendría ninguna falla. El amor a veces podía cegar a algunas personas. Michael era el blanco perfecto para su objetivo, el cual comenzaría a ir en marcha. Mientras tanto, Alejandro había salido del café muy pensativo, las cosas que aquella mujer le habían dicho eran demasiado sospechosas, además, estaba claro que ella buscaba dañar la relación de Katerin. Y lo menos que Alejandro quería, era verla triste. «De alguna manera debo de advertirle a Katerin, ella debe estar preparada por lo que pueda hacer esta mujer, que claramente no es una madre para ella. El hecho de que la haya criado no la hace una madre.» Pensó Alejandro caminando hacia su carro aparcado fuera del campus. Por otra parte, Katerin iba tomada de la mano con Michael, quien no se cansaba de contarle los descubrimientos y conocimientos que había adquirido en este día. Además, de lo bien que le estaba llendo a la empresa de su padre. Katerin le sonreía y le escuchaba con atención. Verlo sonreír y hablar emocionado era una de sus mayores deleites. Daría cualquier cosa por admirarlo todo el tiempo de esa manera. — Si las cosas siguen bien, no tardaré en ayudar a mis padres y contribuiré al crecimiento de nuestra empresa, tengo muchos proyectos en mente. ¿Sabés? Me gustaría que mis padres estén orgullosos de su hijo y de la empresa por la que han luchado todos estos años. Mencionó con un destello de emoción en sus ojos. — Ya verás que lo lograrás, cariño. Si necesitas mi ayuda, no dudes en pedírmelo. Dijo Katerin posando sus manos sobre sus hombros y mirándolo con ternura. Lentamente se acercaron hasta que su respiración choco con la otra, sus labios estaban a punto de rozarse, el contacto visual permaneció entre ellos. Con un movimiento más, se acercaron y fundieron sus bocas en un asombroso beso. El amor había surgido entre ellos sin que se dieran cuenta, ella lo había amado y él había esperado pacientemente hasta que eso sucediera. Era un amor por el cual él había esperado mucho. Disfrutaron del dulce néctar de sus labios y de la calidez de sus cuerpos, por un instante se surmegieron en su mundo, un lugar donde sólo ellos estaban y podían disfrutar de su amor. Lentamente se separaron y se abrazaron, ella le daba toda la confianza y seguridad que había estado buscando. — Gracias, Kate. Te amo, nunca me cansaré de decirlo. — Yo también te amo, Mike. Jamás pensé que me enamoraría de mi mejor amigo, gracias por ser paciente. Dijo Katerin mirándolo con una dulce sonrisa. Continuaron con su caminar, hasta que pararon en una banca debajo de un gran árbol, en el cual habían pájaros cantando de alegría. Dentro de su momento de alegría, recordó la conversación que había tenido con Alejandro, por lo que decidió que era momento que arreglara la relación entre ellos dos. — Mike, quiero hablar contigo sobre Alejandro. En cuanto lo nombró, el semblante de Michael se endureció, a él no le hacía gracia ese chico desagradable. — No hay nada interesante de que hablar de ese tipo. Respondió mirando hacia otra parte para ocultar su enojo. Por supuesto que, Katerin no era una tonta, se había dado cuenta del gran cambio de humor que él había tenido. Tal vez ahora no era buen momento para hablar de aquello, pero, era necesario que lo hiciera. Porque estaba segura que sí no lo hacia ahora, jamás lo haría. Respiró hondo, exhalo y volvió a repetir este ciclo hasta que se tranquilizó. Tomó de la mano a Michael, atrayendo su atención, él la miró consternado. — Mira, sé que entre ustedes dos hubo una gran pelea y rivalidad. Pero... Eso ya ha quedado en el pasado, él mismo me ha buscado y me ha dicho que quiere hacer las paces. - silenció un momento, luego tomó la otra mano y las sostuvo entre las suyas- él ya no es el chico que conocimos, él ha cambiado para bien y eso me da gusto. Por favor, haz las paces con él y seamos buenos amigos, desde que cambio no ha tenido más amigos. Solo a nosotros nos tiene, ya que su amiga se fue. Prosiguió Katerin para conmover el corazón de Michael, quien aún no estaba del todo convencido de esto. Michael miraba con recelo a Katerin, se debatía entre confesarle sus más profundos pensamientos que tenía con respecto a Alejandro. No sabía si compartirlos o reservarse los para él mismo.
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