Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Inaceptable”
El olor a café tostado, el aire acondicionado, la música tranquila que sonaba por los auriculares de la cafetería y el buen ambiente de las personas que ahí estaban tomando tranquilamente su café, ayudaron a devolverle la tranquilidad a Alejandro. Él había sentido una sensación extraña en el momento que la había conocido, esa mujer no le daba buena espina, sabía que algo más se ocultaba detrás de esa amable y dulce apariencia que tenía frente a los demás. La mujer pelirroja le indicó con su brazo derecho y le sonrió, él solo se limitó a sonreír por educación y se acercó a ella. — Buenas tardes, señora. — Alejandro, que gusto me da que hayas venido, por favor toma asiento. Indicó con una sonrisa. — Gracias. Respondió mientras se sentaba frente a ella en la pequeña mesa. Dejó su mochila en la silla acolchonada que estaba a su lado, después, dedicó toda su atención a la mujer frente a él. Ella lo miraba con interés, mentalmente ya comenzaba a idear el mejor argumento para poner en marcha su plan. — Querido, ya tiene tiempo que no nos visitas. Desde esa vez... Sabés, me siento apenada por lo que pasó. En serio, lo siento. Katerin y yo solemos discutir frecuentemente. - vaciló un momento y sus ojos comenzaron a brillar, se reflejaban sus ganas de llorar- es lógico que ella no me quiera. Prosiguió derramando lágrimas. Alejandro la miró con una afligida expresión, miró a los lados y dedicó una extraña expresión a los curiosos que comenzaban a mirarlos. Él se sentía incómodo, no sabía que hacer con esta repentina situación. — Señora, yo... — Entiendo que no soy su madre, sabés desde que la tuve en mis brazos la vi como si fuera mía, aunque... Sabía que no era mi hija, yo la sentía propia de mí. Argumento tomando repentinamente las manos de Alejandro, quien ya no sabía que hacer con todas aquellas miradas que estaban sobre él. — Señora, por favor, tranquilícese. Cuénteme despacio y tranquila. Dijo Alejandro apartando sus manos sobre él y extendiendo le su pañuelo. En cuanto la tela fina de seda estuvo frente a ella, la mujer la tomó, se dedicó un pequeño tiempo para admirar aquella delicada y evidentemente cara pieza. Alejandro era todo lo que estaba buscando para su bienestar. Al fin, todos los años que se había dedicado a ser la “niñera” de Katerin serían recompensados. Solo bastaba convencer a este ingenuo joven, como ella lo creía. — Gracias, Ale. Eres muy dulce. Es por eso que considero que Kate debería salir contigo y no con ese tal Michael. Dijo limpiando sus lágrimas. — Gracias por el halago, pero, la decisión de Katerin es algo que debo respetar y creo que usted también. Respondió Alejandro, tratando de no hacer evidente su molestia. La mujer se dio cuenta de que esto le había molestado, por lo que, comprendió que este chico no sería fácil de convencer. Debía de poner más esfuerzo si quería realmente tener éxito con su estrategia. — Por supuesto, lo siento si dije esas palabras, a veces sobre protejo a mi pequeña Kate y se me olvida que ya no es una niña. Dijo con una sonrisa. «¿Por qué eres tan difícil? No importa, ya encontraré una manera para manipularte» Pensó mientras seguía sonriéndole. Ella estaba a punto de hablar cuando el mesero se acercó a entregarles la carta. Ella solo pidió un café americano, mientras, Alejandro optó por un cappuccino. El mesero tomó con atención sus pedidos, luego les dedico una sonrisa y se apartó de ellos. — La verdadera madre de Katerin era mi amiga, nos habíamos conocido en la universidad, nosotras eramos inseparables, andábamos juntas en todo. Aunque, eso cambio cuando ella conoció a Nicolás. En cuanto se conocieron los dos se amaron y sintieron que eran el uno para el otro. Todos en el campus los miraban con ternura. Comenzó a decir con una mirada llena de nostalgia. Alejandro comenzaba a interesarse aún más en este asunto. Puesto que ella estaba contando algo que parecía ser inédito hasta para la propia Katerin. — Todo iba de maravilla, su relación cada vez iba mejor. Al principio, debo admitir que me sentía celosa y traicionada, mi mejor amiga me había dejado por un hombre, ella y yo habíamos jurado estar juntas para toda la vida. Sin embargo, dejé todo ese resentimiento cuando ella me dijo que esperaba un bebé, fui tan feliz y asistí a su casamiento. Fue el más hermoso, ella estaba radiante... Parece como si fuera ayer cuando ella me abrazó fuertemente y me dijo que sería la madrina de su pequeña. Dijo perdida en su relato, parecía que se había surmegido en sus recuerdos. Alejandro cada vez más estaba sorprendido, no se imaginaba el pasado de la madre y padre de Katerin. Él sólo se limitó a mirarla y escucharla con interés. — Pero... Apenas de tener tanta felicidad en su matrimonio, ella tuvo complicaciones al momento de entrar a labor de parto, ni todo el dinero ni nada ayudó en ese momento. El doctor le dijo a Nicolás que tenía que elegir entre la bebé o la madre. Por supuesto él no quería hacerlo, por lo que, Kate le rogó que salvará a su hija, ella se negaba a perderla. Prosiguió contando los hechos que habían ocurrido en aquel trágico día. Ella estaba a punto de seguir contando, cuando el mesero llegó y colocó en su correspondiente lugar cada taza de café. Les deseo buen provecho y se volvió a retirar. La mujer hizo una pausa, sopló su taza y bebió un sorbo. Alejandro también hizo lo mismo, en su rostro se veía la gran curiosidad que ella había despertado en él, lo cual le agradó. — Nicolás se negó, él no quería perderla, no lo quería hacer. Estaba a punto de firmar aquel papel cuando Kate lo tomó del brazo y le dijo que no lo perdonaría si le arrebatada a su pequeña, por lo que él no tuvo más remedio que aceptar su petición. Al último fue por el bienestar de la pequeña, así fue como Katerin llegó al mundo, su madre hizo un gran sacrificio, su vida costó para que ella viviera. Alejandro se dedicó a procesar toda la información, esto era algo que jamás hubiera imaginado. En este tiempo, él había creído que la mujer que tenía en frente era la madre biológica de Katerin. — Vaya, no tengo palabras para decir algo. Yo... — No necesitas decir nada. La madre de Katerin antes de partir me dijo que cuidara de su pequeña, que me juntará con su esposo y que viviera su vida. A lo que, yo me negué. Sin embargo, ella me convenció e hizo que le prometiera aquello. — Aquello fue difícil, es sorprendente que usted haya aceptado esa petición. Ella se detuvo de nuevo, tomó de su taza y disfrutó de la bebida. Luego, miró con una pequeña sonrisa a Alejandro. — Hoy te vi, y me vi reflejada en ti. Tú eres igual que yo, tú amas a mi pequeña Katerin, ¿No es así? Dijo repentinamente. Lo cual causó el desconcierto y sonrojó de Alejandro, él no esperaba que ella supiera de sus sentimientos y menos que los comprendiera. — No, bueno tal vez llegue a sentir algo por ella... Pero, ahora no puedo hacer nada, ella está saliendo con Michael y respeto su relación. Respondió rápidamente. Alejandro dio un gran sorbo de su taza y bebió todo el contenido. Le inquietaba el hecho de que ella supiera sobre sus sentimientos. La mujer por supuesto no aceptó del todo su respuesta, sabía que la verdad era otra aunque él no lo quisiera admitir. — Y si te propongo que separemos a Katerin de Michael, ¿estarías dispuesto a hacerlo? Dijo de manera tentativa. Alejandro la miró con un gesto inexpresivo, su repentina propuesta lo había dejado sin palabras, además, no podía definir la mezcla de sentimientos que estaba teniendo dentro de él.
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