Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Todo bien”
Alejandro tardó unas semanas para asimilar el hecho que había perdido a la chica que amaba, no porque estuviera convencido de que jamás lo querría, sino porque ella se miraba feliz desde la distancia. Su sonrisa estaba más presente, al menos él la hacía feliz, eso sólo le bastaba para continuar su caminar junto a ella. Michael se sentía soñado, cada momento que pasaba con su amor Katerin lo traía metido en un cuento de hadas. La atención sobre ellos había parado, aunque aún existían curiosas miradas sobre ellos, más cuando los veían tomados de la mano. Alejandro había permanecido por tanto tiempo solo, por lo que, un día se agarro de valor y habló con Katerin. — Estoy contento por tu buena relación que tienes con Michael, me da gusto que estás más sonriente. Comenzó a decir Alejandro con sinceridad. — Gracias, Ale. Estoy agradecida contigo, si tú no me hubieras dado ese gran consejo aquel día, creeme que seguiría confundida y no sabría qué hacer, además, me habría perdido de una linda relación como la que tengo ahora, en serio, muchas gracias. Respondió Katerin esbozando una sonrisa. Alejandro se limitó a esbozar una sonrisa, no podía negar que le dolía, él mismo había hecho que ella se decidiera por Michael. Un doloroso hecho para él, quien desde el primer semestre la amaba. Sin embargo, había recordado el sabio consejo que su madre en una ocasión le había dicho. «Era una mañana cálida, estaban sentados en el jardín de su casa, él con delicadeza cepillaba el sedoso cabello de su madre, quien solía cantarle. Pero, él en esta ocasión le había preguntado por algo tan importante, lo cual era el amor. Su madre, la cual era muy sabia, le sonrió con cariño. Por dentro, se sentía asombrada, su pequeño comenzaba a crecer y cuestionarse sobre cosas importantes que un día le servirían. — Mi pequeño Ale, el amor no es algo que puedas forzar, es como si fuera esta pequeña rosa. - Dijo mostrándole una rosa roja pequeña y aún en su capullo, sin florecer. — ¿La rosa? Preguntó sorprendido. — Sí, para que florezca debes de cuidarla, regar el agua necesaria, agregar vitaminas y fertilizante, que los rayos del sol sean suficientes y también que no la afecten, todo estos pasos ayudarán en su crecimiento, por lo cual debes de ser paciente. Dijo admirando aún con una sonrisa a la rosa. Alejandro, quien aún no comprendía que tenía que ver la rosa con la pregunta que le había hecho, la miró extrañado. — Mamá, aún no comprendo. — Que debes dejar que las cosas fluyan, no tienes que presionar nada, esta rosa con los cuidados y la paciencia nos dará como resultado una grande, fuerte, saludable y bonita rosa, la cual podrá enfrentarse a las distintas dificultades que se le vengan. Así mismo, el amor. Concluyó mirándolo con sus brillantes ojos, acarició sus mejillas y le dio un beso en su frente. Alejandro en ese momento no comprendió el mensaje que ella le había dado. Era lógico, aún era muy pequeño. — Algún día lo sabrás, y espero que para ese entonces sepas cuidar esa flor. Se que lo harás. Ahora, vamos a dentro, te haré unas deliciosas galletas. Le aconsejó su madre poniéndose de pie y extendiendo le su mano. Alejandro sin pensarlo dos veces la tomó y caminó a su lado» Aquel recuerdo y sus palabras ahora tenían más sentido, su rosa estaba frente a él, sin importar con quien estuviera, debía cuidar del buen crecimiento y florecimiento. — No es de nada, me da gusto saber que fui de ayuda. Cuando necesites algo, una ayuda o lo que sea, cuenta conmigo. Dijo Alejandro con amabilidad. — Gracias, Ale. Tú también puedes contar conmigo, no lo olvides. Ahora... Creo que sonara algo codicioso o egoísta de mi parte, pero, ¿podrías volver a unirte nos de nuevo? Alejandro se tomó un tiempo para responder a su pregunta, la cual lo había tomado por sorpresa. Ella lo consideraba como alguien importante y especial, de eso se podía dar cuenta. Ya no era aquel chico enamorado ni tonto por ella, sino que, era un sensato y responsable chico, quien se había ganado su confianza y amistad de ella, algo que pocos podían lograr al 100%. — Yo... Creo que sí, ya ha pasado todo. Estoy seguro de poderlo afrontar. Tú eres una gran amiga, tu amistad es más valiosa que cualquier cosa, solo con tu compañía hice un gran cambio. Respondió valientemente. Katerin lo miró sorprendida, ella no consideraba ser lo que él decía. Todos decían eso de ella, pero era la única que no se lo podía creer. — No, eso no es cierto. Lo hiciste porque lo querías hacer. Ya te lo dije, yo no lo hice, tú hiciste ese esfuerzo. Mencionó dedicándole una de esas hermosas sonrisas que dejaba sin aliento a Alejandro. Sin que se notará obvio, desvío su mirada, miró al cielo y tranquilizó a su corazón, el cual había comenzado a palpitar con emoción. «No puedes amarla, ella no es para ti, no lo hagas. Ella solo es una amiga, ella tiene a alguien más, ya basta» Se dijo mentalmente. Al tranquilizarse, la volvió a mirar y contuvo su respiración. Sabía que debía superar el efecto que lograba ella en él. — Bueno, de cualquier manera, lo que quiero decir... Es que sí, seamos buenos amigos, también quiero intentarlo con Michael, creo que él y yo... - vaciló y esbozó media sonrisa al recordar la pelea que habían tenido la última vez- ya sabes, no comenzamos bien. Me gustaría arreglar las cosas. Concluyó con sinceridad. Él realmente lo sentía, debía de dejar atrás su rivalidad y comenzar una buena amistad con él, no podía olvidar el hecho que había perdido contra él. Sin embargo, no podía estar toda la vida odiando lo ni reprochando lo. Eso era algo que no tenía sentido. — En serio, que cada vez te admiro, te ayudaré con eso. La verdad, a mí también me gustaría que ustedes dos se lleven bien, creo que a Tamara también le gustara saberlo cuando vuelva. Dijo Katerin mirando a Alejandro con alegría. — Sí, yo también lo creo. Estoy dispuesto, esperaré a que hables con él. Respondió Alejandro con determinación. Katerin acordó hablar con Michael, el gran paso ya lo había dado Alejandro, lo cual le había agradado bastante. Ella estaba dispuesta a ver a los dos juntos como buenos amigos. Sonrieron como buenos amigos, los dos se encontraban felices por el gran y magnífico progreso que habían tenido con su amistad. Mientras, detrás en las sombras una cabellera pelirroja se asomaba mirando a través de sus gafas oscuras aquella escena. — Esa mirada la conozco perfectamente bien, sé que aún la amas, tú serás de mucha ayuda, muchachito. Murmuró aquella mujer vestida con un elegante vestido. — ¿Ha dicho algo, señora? — No, nada, Jerry. Al salir quiero que le hables a ese jovencito, el que está frente a Katerin, dile que quiero hablar con él en el café que está en frente. Dijo con una sonrisa en su rostro mientras apuntaba a Alejandro con su dedo. Su chófer y acompañante Jerry asintió. Ella tenía algo en mente, esto por supuesto le convenía. «Ya verás, Katerin. Sabrás lo que es un buen partido. Sólo permití que Michael fuera tu amigo, no tu pareja» Pensó mientras se volvía a colocar sus lentes y comenzó a caminar rumbo a la cafetería. Como lo había ordenado, su chófer acudió en cuanto todos comenzaron a salir. Alejandro salió solo, se encaminaba a su auto, cuando fue interceptado por un joven un poco mayor que él, de cabello castaño oscuro, el cual portaba un elegante traje. — Disculpe, joven. Mi señora quiere hablar con usted. — ¿Su señora? ¿Quién es y por qué tiene el interés de hablar conmigo? Preguntó con curiosidad. — Ella es la madre de la señorita Katerin. Alejandro se sorprendió, que la madre de Katerin lo llamara había sido algo que no esperaba. Sin preguntar asintió y siguió las indicaciones de aquel joven.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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