Y, ¿si tan solo nos amamos?

“De poco a poco”
Alejandro se mantuvo cerca con su padre toda sus vacaciones, Katerin le fue de mucha ayuda, como se lo dijo estuvo pendiente de lo que necesitará, lo cual ayudó a Alejandro comprender todo lo que su padre y los trabajadores le entregaban. Su padre se sintió más seguro y orgulloso de él, finalmente su hijo comenzaba a madurar, las fiestas, salidas a clubes nocturnos y aquellas malas amistades habían quedado atrás. Al fin, él tenía una postura más centrada, dispuesto a aprender más sobre la empresa y preocuparse por los demás. Sin dudas, él sabía que se lo debía a Katerin, el amor que su hijo sentía por ella había sido de gran ayuda. — Me da gusto que te mantengas así, ya no vendrás a menudo, quiero que te centres bien en tus estudios, hijo. — Gracias, padre. Haré lo mejor para el bienestar de todas las personas que nos ayudan a mejorar y salir a delante día con día. Dijo Alejandro esbozando una sonrisa. Al fin comprendía la importancia de todo, sabía cuán valiosa era la función de cada uno que laboraba en la empresa. En este tiempo, había aprendido muchas cosas de las que estaba orgulloso. — Me da gusto, que pienses así. Sigue trabajando. Le halagó su padre. Tenía la certeza de que algún día él sería todo lo que su esposa le había dicho. «Ya verás que un día nuestro pequeño será tan grande y exitoso, logrará lo que se proponga y ayudará a toda la gente, así como lo hizo alguna ocasión su tatara tatara abuela Katerin. Ya lo verás, lo sé porque en sus venas corre la sangre de la familia Magno Reynosa» había dicho su mujer con un brillo en sus ojos, ella creía mucho en él y en su familia. Solo con recordar aquello sonrió, después de todo ella tenía razón, siempre la había tenido. Miró al cielo como si la estuviera contemplando y cerró sus ojos con felicidad. — ¿Estás contenta allá arriba mirándonos? Lo hemos hecho bien, mi vida. Susurró hacia el cielo, una pequeña lágrima se deslizó en su mejilla y la comisura de sus labios se torció en una sonrisa. Por otra parte, Michael y Katerin habían avanzando mucho en su reconciliación, después de ese día habían salido juntos a ver películas, visitar museos y tener contacto con la naturaleza. Los dos disfrutaban del lado hermoso que la vida les regalaba. Hoy era el último día de sus vacaciones, por lo que habían decidido que lo pasarían a lo máximo. Comenzaron con una mañana fresca, el aire limpio y frío les regocijo, dichosos se tomaron el tiempo para meditar cerca de un tranquilo lugar. La oscuridad aún estaba presente, pero era leve, los primeros rayos comenzaban a teñir el cielo. Sentados bajo un árbol se sentaron y cerraron los ojos, centrándose en su respiración y liberando todo tipo de presiones. Así se mantuvieron hasta que el sol surgió de las montañas y el cielo comenzó a tomar un azul claro. El primero en abrir los ojos fue Michael, quien se tomó un tiempo para admirar el rostro relajado de Katerin, su cabello oscuro ondeaba conforme el aire soplaba. Lo que más le fascinó fue ver aquella linda sonrisa. La mirada de Michael acabó por ser descubierta por Katerin, al abrir los ojos lo miró con una sonrisa. Él comenzaba a figurar ser el compañero que necesitaba para toda su vida. Por primera vez notaba lo similares que eran y la tranquilidad que le daba al estar a su lado. «¿Él puede ser el indicado? ¿En verdad seremos felices juntos?» Se preguntó mientras lo miraba a detalle por detalle. — ¿Tengo algo en la cara? Preguntó ella sonriendo le. — No, en tu cara no. Pero, en tu cabello sí, tienes una hoja. Respondió Michael acercándose más a ella y quitándole la hoja verde y pequeña que se le había atorado. Aún con una sonrisa en su rostro le mostró la pequeña hoja, luego la deposito en el suelo y la volvió a admirar. Katerin le sostuvo la mirada, su corazón se emocionó levemente y sus mejillas se ruborizaron. — Gracias. Sonrió tímidamente. Aquel dulce y tímido gesto le causó a Michael que su corazón saltará de la emoción. Como pudo tuvo control de sí mismo, se levantó y le extendió su mano a Katerin, la cual lo miraba sorprendida. — Eh, bueno. Creo que es momento que vayamos a recorrer el parque, ¿No lo crees? Tenemos muchos lugares que recorrer. Prosiguió mirando hacia otro lado. — Claro, vamos. Respondió Katerin tomando su mano. La calidez y un extraño pero lindo sentimiento los invadió, por primera vez sentían algo más que solo amistad. Las atenciones y el cariño que Michael le demostraba a Katerin, al fin comenzaban a surtir efecto en ella. De eso se empezaba a dar cuenta. Ellos permanecieron tomados de la mano por todo el lugar, algunas personas curiosas los habían mirado con ternura e interés, para cualquiera que los miraran deducían que ellos eran pareja. Una pareja de ancianos sentados en una banca de madera los admiró con una pequeña sonrisa, se tomaron de las manos y suspiraron con complicidad. — Ellos dos nos recuerdan a nosotros. Habló la ancianita. — Sí, cariño. Y como te lo dije ese día que me confesé a ti, tú siempre serás mi mejor elección. — Ay, amor. Estoy tan feliz de estar a tu lado. Dijo la anciana recargando su cabeza en el hombro de su amado. Katerin que se percató de la feliz pareja le indicó a Michael, quien con solo mirarlos se vio reflejado a él y a ella. No pudo evitar esbozar una gran sonrisa y pensar en un futuro así junto su amor Katerin. — Sé que mis padres habrían llegado juntos hasta su vejez, de no haber sido por mí... Mi madre y mi padre ahora serían felices. Expresó amargamente. El pensamiento de la muerte de su madre y la culpabilidad siempre venían a ella, no podía olvidar las duras palabras que había escuchado de las demás personas y por si fuera poco, su madrastra no se cansaba de decir. — No, Kate. No digas eso, tú no tienes la culpa, por algo pasan las cosas. Estoy tan agradecido de que estés aquí, doy las gracias a tu madre que seguramente estará en un lindo lugar mirándote con alegría. Le animo mientras la tomaba de los hombros y la miraba detenidamente a sus ojos cristalinos. — ¿Lo crees? — Lo creo, no tengo duda de eso, así que no vuelvas a decir eso. Contestó atrayendo la hacia él y rodeando la entre sus brazos. Katerin sintió su calidez, sus palabras le dieron paz y tranquilidad, era el primero que le había dicho aquellas dulces palabras. Agradecía por tenerlo a su lado. — Gracias, Mike. Te quiero mucho. Susurró correspondiendo su abrazo. Para Michael era un gran avance, lentamente se estaba introduciendo en el corazón de su amada, él lo sabía. Después de un momento, volvieron de nuevo a su camino, un hermoso día tenían por delante. ... Pasaron un lindo día, donde no se permitieron las caras largas y hubieron más sonrisas, momentos felices y dignos de recordar. En la noche, el padre de Katerin llegó justo al tiempo en que ellos dos se estaban despidiendo en frente de la puerta de su casa. Al notar a Michael, lo invitó a pasar a cenar con ellos. El padre de Katerin se mostró amistoso con Michael, su amabilidad y su manera amistosa de tratarlo se hizo presente, con entusiasmo le contó las anécdotas que su padre y él habían vivido en su juventud. Además, de que congeniaban en sus opiniones cuando se hablaba de negocios. Katerin se sentía feliz con la buena relación que ellos dos se tenían, mientras que, su madrastra miraba con atención al chico, le caía bien pero aún no era lo suficiente para ser el futuro esposo de Katerin, el cual a su parecer tenía que contar con un gran requisito, el cual era pertenecer a una buena y poderosa familia. Así como lo hacía Alejandro. «Alejandro Magno es un buen partido para nuestra familia, no pararé hasta tenerlo en nuestras manos» Pensó mientras les dirigía una sonrisa a su esposo y al invitado.
Descubre más en Bookista
Descarga la app y continúa leyendo
Y, ¿si tan solo nos amamos?

Populares

Populares

close 0/500