Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Una amistad en ascenso”
Las vacaciones fueron de ayuda para estos tres chicos, ellos tuvieron tiempo para despejar su mente, solucionar sus conflictos internos y centrar más sus metas. Katerin comenzó a tomar más confianza, a mirar y preocuparse más por aquella pequeña niña que aún vivía en su interior, se dio un tiempo a solas y sacó todo aquello que le había atado todos estos años. Aprendió a decidir lo que era mejor para ella y dejar a un lado a la mujer que tanto le molestaba. Además, siguió los consejos de belleza que Tamara le había proporcionado esos días maravillosos que pasaron juntas. Por su parte, Alejandro se dio cuenta que tendría más posibilidades con Katerin, la manera de verlo y tratarlo habían mejorado gracias a que él había sabido controlar sus emociones y sentimientos, no era encajoso ni molesto. Sabía que tenía que darle tiempo y no presionarla. Este tiempo a solas le ayudó a conocerse más a él mismo, aunque, para ser sincero extrañaba a su amiga Tamara, ella le hacía tanta falta, no tenía a quien más contarle acerca de cómo se sentía. Su padre le había felicitado por su buen desempeño y la manera en la que se había repuesto en la carrera. En todo este tiempo lo llevó a la empresa y le comenzó a enseñar lo básico. El edificio era gigantesco, podía jurar que tenía como 7 pisos, los grandes ventanales lo habían dejado sin palabras, pocas veces había venido con su padre hacia su despacho, el cual se encontraba hasta el último piso. En cuanto llegaron, una empleada de cabello castaño claro se acercó a ellos con una sonrisa, miró a su padre y luego a él, su sonrisa se ensanchó aún más, y si mal no había visto, ella le había guiñado su ojo derecho. — Señorita Vilma, prepare un gafete de identificación para mi hijo Alejandro, de ahora en adelante él estará con nosotros. Le dijo con mucho orgullo. — Como usted ordene, Sr. Magno. Contestó la chica emocionada, le dio una última mirada y se dirigió de prisa a hacer lo que le habían indicado. Por primera vez, Alejandro se sentía feliz de venir a la empresa, gracias a los consejos y conocimientos que Katerin le había proporcionado se sentía capaz y seguro de poder manejar de manera correcta la empresa. — Ya verás que te gustará, es nuestro patrimonio hijo, lo será para nuestras futuras generaciones. En verdad, me siento tan agradecido por tu buena recuperación en la escuela, en un tiempo pensé que tendría que buscar a alguien más. Dijo su padre mientras el encargado de seguridad les permitiera el paso con la máquina de identificación. Alejandro había pensado lo mismo, si no fuera porque la profesora Julia les hubiera puesto como tutores a Katerin y Michael, jamás habría podido lograrlo. «Definitivamente debo de agradecerle de manera correcta lo que hizo Katerin por mí, ya que ella fue la que más apoyo me dio» Pensó agradecido mientras caminaba a lado de su padre. Al subir al elevador, se encontraron empleados, los cuales los saludaron con amabilidad y felicidad. De lejos se miraba que todos apreciaban a su padre. Conforme el ascensor avanzaba, personas bajaban y subían, así permaneció hasta que ellos dos quedaron solos. — Es maravilloso el trato que te dan tus empleados, padre. Halagó Alejandro a su padre, quien lo volteo a mirar con una serena sonrisa. — No, hijo. Ellos no son mis empleados, son mis compañeros. Sin ellos esta empresa no sería nada. Su padre conocía el verdadero significado del trabajo en equipo, también, reconocía lo importante que eran las personas que cada día trabajan a la par con él. Alejandro se sorprendió por sus palabras, en ese momento supo que habían muchas cosas que debía aprender de su padre, si algún día quería ser como él, debía tomar nota de todo. La oficina de su padre era más grande de lo que recordaba, contaba con un gran escritorio, un gran ventanal detrás de este, en el cual se podía tener la vista panorámica de la ciudad. Unos sillones acolchonados estaban frente al escritorio de madera, sobre esta misma estaba una placa que decía: “CEO E. Magno” En las paredes blancas estaban pegados los recientes modelos de carros que la empresa había sacado. — Bueno, hijo. Espero que te relaciones más con este entorno, sé que en este año sales, por lo que es adecuado que te comience a instruir. Habló su padre mientras iba a tomar su asiento. Alejandro tenía por seguro que el gran camino que recorrería a lado de su padre apenas comenzaba. Por otro lado, Michael puso sus sentimientos en claro, sabía que la actitud que había tenido con Katerin no fue la mejor, sin dudas tenía que remediar ese grave error. Por lo que, fue de improviso a su casa. Fue recibido por su madre, la cual le sonrió con una falsa amabilidad, lo sentó en la sala y mandó a una empleada para que fuera por ella. — Michael, ya tenía mucho que no nos visitabas, ¿cómo has estado tú y tu familia? — Bien, señora. ¿Y ustedes? — Bien, gracias por preguntar. Por cierto, ya que has venido, aprovecho para pedirte que ayudes a Kate, no ha salido de su cuarto. Michael se sorprendió, si bien conocía a su amiga, sabía que ella no le gustaba estar encerrada en aquel solitario lugar. — De acuerdo, déjamelo a mí, ya verá que lo conseguiré. — Por favor, me preocupa mi pequeña. Respondió con una expresión afligida. Katerin bajó con una tranquila expresión, después de haber pensado la situación que habían vivido la última vez, comprendió que era algo que su amigo no había podido controlar. Además, no era una razón para jamás hablar con él. — Kate, me da gusto verte nuevamente. Exclamó Michael esbozando una gran sonrisa. — Bueno, chicos, los dejó. Tengo asuntos que atender con los miembros de la caridad. Nos vemos más tarde, mi princesa. Dijo la pelirroja esbozando una gran sonrisa. — Sí, vaya con cuidado, señora. Contestó Michael devolviéndole una sonrisa. Katerin se limitó asentir, ella sabía perfectamente que esa amabilidad era falsa, le seguía sorprendiendo como Michael se dejaba engañar por esta. A veces creía que él era demasiado inocente o despistado. El mismo Alejandro se había dado cuenta de la falsedad de la mujer que se hacía llamar su madre. Al irse, Michael aprovechó para decirle todo lo que había pensado, se disculpó hasta el cansancio y le juró que no volvería a besarla sin su permiso. — Está bien, entiendo que esa no era tu intención, ahora, ¿qué te parece si olvidamos eso? Te he extrañado como no tienes idea. Confesó Katerin. — Yo también, perdóname una vez más. El resto de la tarde la pasaron en la sala, vieron películas y disfrutaron una vez más de su compañía. Michael se conformaba con tenerla a su lado. No olvidaba lo que sentía por ella, pero, sabía que tampoco podía forzar las cosas, él debía ser paciente. Los días pasaron, su amistad volvió a ser la misma de antes. Todo este tiempo de vacaciones aprovecharon para estar juntos y divertirse como buenos amigos. De vez en cuando, Alejandro solía llamar a Katerin y preguntarle sobre varios conceptos que no comprendía de la empresa de su padre. Ella con amabilidad y sutileza le respondía, al igual que le preguntaba acerca de cómo era su experiencia de trabajar y relacionar más en esa área. — Creo que ya le estoy comenzando a agarrar gusto a esto, es algo más que números, en este tiempo con mi padre me he dado cuenta lo importante que es esta empresa para los hogares de nuestros compañeros. Dijo Alejandro con alegría. Katerin al escucharlo, se sintió feliz y orgullosa, por primera vez Alejandro pensaba en las demás personas y tenía otro tipo de pensar a diferencia de cuando lo había conocido, él estaba cambiando. — Me alegra escuchar eso, no dudes en llamarme si necesitas consultar algo más, yo estaré pendiente y disponible para ti, mi buen amigo. Afirmó con buena disposición.
Descubre más en Bookista
Descarga la app y continúa leyendo
Y, ¿si tan solo nos amamos?

Populares

Populares

close 0/500