Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Sin ella”
La noticia de la partida de Tamara había estremecido a Alejandro y Katerin, quienes hasta ahora habían sostenido una linda amistad con ella. Los dos acudieron a su casa para desmentir aquel rumor que en la escuela había circulado, los padres de ella le habían recibido, le afirmaron aquel rumor y les entregaron aquella carta que había dejado para ellos. Alejandro fue el más afectado por su partida, Tamara era más que una simple amiga, ella era su hermana, la chica con la que había pasado lindos momentos y que tenía bellos recuerdos. — ¿Por qué crees que ella se haya ido tan de repente? Preguntó Katerin dirigiendo le una mirada de sosiego. — No lo sé, no entiendo su motivo, no sé porque me ha dejado solo. Al menos, creo que habrá sido una buena razón. Respondió Alejandro, ocultando la gran tristeza que le causaba su partida. Los dos compartieron el silencio y la quietud que el camino les regalaba, nadie podía comentar más al respecto, no la podían culpar por elegir esa decisión desesperada e inesperada. Solo podían aceptar y respetarla. Al llegar a la casa de Katerin, su madrastra la esperaba en la puerta con los brazos cruzados y con el ceño fruncido, el cual desapareció en cuanto vio salir a Alejandro del auto en compañía de Katerin. — Querida, ¿por qué no me avisaste que tendríamos visita? — Porque él solo vino a dejarme, ¿verdad, Alejandro? Respondió Katerin tratando de guardar la compostura. Alejandro compartió miradas con ella, la cual lo miraba con seriedad. Estaba seguro que aquello era una señal para que saliera huyendo de ahí. — Sí, sólo vine a dejarla. Nos vemos después. Contestó Alejandro tomando rumbo de nuevo a la puerta del auto. La astuta mujer se apresuró a tomar su brazo y lo jaló hacia ella, con una aterradora amabilidad le sonrió, tomando por sorpresa a Alejandro. — Estamos a punto de comer, ¿qué te parece si te quedas a comer con nosotras? Y no acepto un No, como respuesta. Se lo recalcó tomando con más fuerza su brazo. Katerin odiaba cuando ella se ponía en ese plan, sabía que no podría hacer nada por evitarlo. Ella siempre tenía un plan maquilando en su cabeza cuando trataba de esa manera a alguien. — Anda, no seas modesto. Katerin, tu padre ha venido a comer, a él le gustará comer con el hijo de su mejor amigo. Dijo con una astuta sonrisa. Ahora comprendía el porqué ella había salido a verla, su padre estaba en casa, era momento que ella interpretará el papel de la dulce, dedicada y madre modelo. Por otra parte, la relación entre su padre y el padre de Alejandro era buena, demasiado. Le haría feliz tener como invitado a Alejandro, después de todo ella también había compartido la mesa con su padre, así que se lo debía. — Alejandro, lo que dice ella es correcto. Anda, entra con nosotros. Dijo Katerin esbozando una sonrisa. Alejandro se sintió contento, era la primera vez que entraría a su casa, este estaba siendo un buen comienzo para conocerla a ella y de paso a su padre y su madre, la cual le había dado una extraña sensación. — Está bien, gracias. Asintió con una pequeña sonrisa. Katerin le dedicó una seria mirada a su madrastra, la cual comprendió en un instante lo que le quería decir, soltó el brazo de Alejandro y le invitó a entrar. La casa era grande, contaba con dos pisos, las paredes tenían lindos retratos familiares y unos que otros de una pequeña niña a la cual le faltaban brillos en sus ojos, en ningún retrato sonreía, se mostraba neutral. — ¿Eres tú, verdad? Preguntó Alejandro deteniéndose frente a un retrato que mostraba a la pequeña niña vestida con un overol y una rosa en sus manos, todo se veía lleno de vida, pero su rostro no mostraba ninguna emoción. — Sí, soy yo. Ahora, vamos a la mesa, mi padre está entusiasmado por verte. Respondió Katerin tratando de apartarlo de sus fotos. — Espera, esta linda señora se parece a ti, ¿Ella es tu verdadera madre? — Sí, ahora te ruego que vayamos a la mesa. Respondió de manera fría, tomó su mano y lo alejo de ahí. A Katerin jamás le había gustado que se metieran con su pasado, era lo mejor, ya que odiaba con todo su corazón recordar por todo lo que había vivido. No era algo que le contaría a todos, no. Era algo que jamás volvería salir de donde lo había enterrado, en el fondo de su corazón y de su mente. Alejandro sonrió al sentir el contacto de su mano con la suya, le gustaba la sensación que siempre le hacía sentir. La felicidad lo había invadido, no obstante podía ignorar la creciente intriga y curiosidad por el pasado de Katerin, su manera de comportarse era rara. Aunque quisiera saber no podía preguntarle directamente, estaba claro que ella no quería decir nada, eso lo sabía por la manera en que lo evadía. El comedor contaba con una gran mesa de roble, la cual estaba repleta de deliciosos platillos, alrededor de la mesa había espacio para 10 personas. Un hombre de cabello negro, ojos azules y profundos, de apariencia noble y amable, se encontraba sentado a la cabecera de la mesa y a su lado, la mujer que lo había tomado. — Ale, hijo querido. Eres bienvenido en esta casa, ¿como ha estado tu padre? Dijo el hombre con una radiante sonrisa en cuanto le vio. — Mi padre está bien, muchas gracias. Respondió Alejandro esbozando una sonrisa. Al fin se le había hecho conocer al amigo de su padre, de quien siempre había escuchado magníficas historias por parte de su padre. En cuanto se sentaron y comenzaron a degustar de la comida, el padre de Katerin y Alejandro no pararon de hablar acerca de la amistad y las aventuras que habían vivido. Katerin se limitaba a comer en silencio y saborear el sazón de la carne que había hecho la cocinera. Mientras que, su madrastra dirigía su completa atención a los dos, sin embargo, al notar la indiferencia de Katerin le miró con seriedad. — ¿Acaso te parece aburrida la conversación, querida Kate? — No, claro que no. Pero, me parece que es algo íntimo entre ellos. ¿No lo crees? Contraatacó dirigiendo le una mirada fría. Era la segunda vez que Alejandro la veía de esta manera, algo había entre estas dos, de eso estaba seguro, y no precisamente solo era un disgusto, sino que algo malo pasaba entre ellas. El padre de Katerin miró con interés a las dos, las cuales se dirigían sólo miradas disgustadas, con un golpe en la mesa atrajo la atención de todos. — No es momento para que se comporten así, ya hemos hablado de esto, por favor hagan las pases. Les indicó mirando las con detenimiento. — Cariño, no sé que hacer más, siento que en todo este tiempo he sido una inútil en la crianza de Kate, ella siempre me ha visto como su madrastra y no como su madre, me he esforzado lo suficiente, estoy tan cansada. Comenzó a decir mientras derramaba lágrimas y ocultaba su rostro con sus manos. Katerin miró hacia arriba con frustración, de nuevo venía con su asombrosa actuación, era seguro que los dos terminarían creyendo le a ella. Todo el mundo lo hacía. — Lo siento mucho, padre. Lo mejor será que me levante de la mesa, con permiso y buen provecho para todos. Dijo mientras se levantaba. Alejandro noto el tono de tristeza en su voz y su rostro inexpresivo volvió, era idéntico a la de las fotos. Parecía que esa era su verdadera expresión, aquella que se ocultaba en la sonrisa y amabilidad de ella. — Gracias por la comida, le daré mis saludos a mi padre, espero que nos veamos pronto. Dijo Alejandro para seguir a Katerin que ya estaba de camino a subir las escaleras. — Kate, ¿estás bien? Preguntó con preocupación. Katerin se sorprendió al escucharlo detrás de ella, de todos él se había dado cuenta de la falsedad de su madrastra o simplemente era el hecho de que él la amará. Sin embargo, ahí estaba preguntando por ella. Lo cual la conmovió.
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