Y, ¿si tan solo nos amamos?

“La desilusión y la huida”
La compañía de Tamara era en cierta forma agradable para Michael, quien poco a poco se comenzaba a acostumbrar a su manera animada y divertida forma de ser. Él sentía un gran aprecio a ella, no obstante, él aún no sentía amor ni apego a ella. Por su parte, Katerin y Alejandro se comenzaban a ser buenos amigos, la manera positiva, perseverante y soñadora de él le brindaba lo que en su mayoría de veces carecía en ella. Y las cosas que carecían en él, ella las complementaba, ciertamente ella y él parecían ser la pareja ideal. Sus compañeros habían comenzado a crear nuevos shippeos o emparejamientos con sus nombres, la química que estas parejas desbordaban era meramente increíble. Por primera vez, podían admitir que nada era imposible, ya que este par de amigos desastrosos habían logrado tener una buena relación con los alumnos más prestigiosos y admirados de toda la generación. ... El día de la prueba de fuego había llegado, los dos amigos al fin mostrarían lo que aquella pareja les había enseñado, reflejarían todo el esfuerzo que sus grandiosos tutores habían puesto en ellos. Alejandro se mantenía con los nervios de punta y con el corazón acelerado, le palpitaba y sentía que en cualquier momento se saldría de su pecho. Al observar con cariño la foto que le había tomado a Katerin en aquella tienda departamental lo lleno de valentía y fuerza, él debía poder por ella, quien en todo este tiempo había puesto todo su esfuerzo y tiempo en él. «Tengo que demostrarle que no fue una perdida de tiempo nuestro momento juntos» Pensó con determinación. Tamara comenzaba a hacer planes de lo que haría después con su amiga Kate, ya estaba imaginando a los distintos lugares que le mostraría. Le daría lo mejor a ella, quien la ayudaba tanto en la materia y con el chico que ella ama. El día de la prueba final había llegado, Alejandro y Tamara presentarían el examen extraordinario, serían evaluados por los maestros, quienes decidirán si podían seguir estudiando este año o si lo deberán repetir. Alejandro había llegado temprano a la escuela, en cuanto se sentó en su pupitre se limitó a leer y repasar los apuntes de las clases que había tenido en todo este tiempo con Michael y Katerin. Estos a su vez habían venido a asegurarse que ellos se presentarán al examen. Al ver que Tamara aún no llegaba, Katerin le marcó, ésta a su vez le aseguró que ya se encontraba en camino, lo cual tranquilizó a la pelinegra. Michael llevaba un buen tiempo observando el comportamiento de Katerin, se había dado de cuenta que ella estaba planeando unirlo con Tamara, lo cual no le hizo mucha gracia. Si bien la chica no era molesta, al contrario era agradable, pero no era lo que buscaba, él quería estar a su lado y ser más que su amigo, ser un hombre para ella. Cansado de la situación, se armó de valor y camino hacia Katerin que miraba a los lados en búsqueda de su amiga, la cual no llegaba. Al llegar a ella y sin decir una palabra la tomó del brazo, la alejó de aquel lugar, se detuvo en uno de los primeros salones solitarios y vacíos de la facultad. La hora de la verdad había llegado, él le diría todo lo que había estado guardando por estos años, sus sentimientos. Katerin lo miraba, la actitud que éste estaba teniendo con ella jamás le había visto, él siempre se comportaba prudente y respetuoso, ahora simplemente la había jalado para llevarla a un lugar apartado sin su consentimiento. — Katerin, sé que estoy siendo rudo contigo, de antemano me disculpo por eso, pero, no me has dejado otra alternativa. Tú comenzaste esto. Le dijo soltando la y dirigiendo le una seria mirada. Ella sabía que él tenía razón, pero, que más podía hacer, si sólo quería juntarlo con una chica que lo amará de verdad, ella quería lo mejor para él y Tamara lo era. — Lo siento, pensé que era lo mejor para ti. — ¿Crees que Tamara es lo mejor para mí? ¿En verdad piensas eso? No, yo no lo creo. ¿Sabés por qué? Porque a la única que amo es a ti, aunque intentes muchas cosas, a la única que amaré será a ti. Confesó Michael acorralando a Katerin en la pared, la cual permanecía en shock. Michael aprovechó el momento para robarle un beso a la chica que tanto amaba, fue un beso en el cual la propia Katerin no tuvo participación, ya que estaba totalmente confundida y consternada, ella no podía moverse. Mientras, él se limitaba a besar esos labios suaves. Tamara lo había visto y escuchado todo, ahora le quedaba en claro que en el corazón de Michael sólo estaba Katerin, por supuesto su amiga no tenía la culpa, ya que ella había intentado de todo para unirla a él, la decisión final había sido del propio Michael. Ella se trago sus lágrimas y con la cabeza revuelta presentó aquel examen. Después de un largo momento, Katerin al fin salió de su trance, apartó bruscamente a Michael y lo miró con seriedad, aquel beso había sido el primero, su primer beso. No era chica que apreciará ese tipo de cosas, no. Pero, le había molestado que Michael se comportará de esa manera con ella. Además, se sentía mal por Tamara, puesto que ella la había animado a aferrarse a ese amor. — No, Michael. Yo no puedo corresponderte como quieres, lo siento, pero no. Además, soy consciente que Tamara, quien es mi amiga al igual que tú, sufriría y eso no quiero. Dijo Katerin apartándose de él y dirigiéndose a la salida. «Si no se lo dejó en claro nunca parará, lo siento Michael, pero debo de hacer esto. La amistad es más valiosa para mí» Pensó Katerin, dio media vuelta y lo encontró pasmado en la esquina de la pared. — Si valoras nuestra amistad, por favor no vuelvas a hacer lo que has hecho esta mañana. Le dijo con un tono cargado de seriedad. — Katerin, yo... Vaciló Michael. Ella no le dio tiempo para contestar, huyó de ahí, dejándolo solo con él mismo, recordando y reflexionando todo lo que había sucedido. ... Tamara concluyó lo antes posible aquel examen, en el cual como pudo contestó, su mente y su corazón era un caos, nada de este día había salido bien. Sin esperar la presencia de Katerin ni que Alejandro saliera, ella se encaminó directo a la salida y se subió a su auto. El chófer la miró con preocupación, era la primera vez que la encontraba de esta manera. El rechazo constante de Michael había causado grandes estragos en el corazón de la abrumada Tamara, la cual sólo había querido tener su atención. Él sólo tenía sus ojos puestos en aquella mujer de cabellera negra, y eso Tamara lo había comprobado esta mañana. — Creo que debí haberte lastimado mucho en mi vida pasada para que ahora tú no me quieras. Susurró para ella misma tratando de mantener sus amargas lágrimas que amenazaban con salir. Permaneció callada y distante el resto del camino, los pensamientos invadieron su mente y al final llegó a una conclusión. A juzgar por la manera en la que había respondido sabía que no tendría ninguna posibilidad, por lo que sólo le quedaba una cosa por hacer. Al llegar a casa, se dirigió al despacho de su madre, la cual la miró sorprendida. — Mamá, aceptó la propuesta, quiero irme lo antes posible. — ¿Por qué tan de repente?, ¿qué sucederá con la escuela? — Me di cuenta que lo que más deseo ahora es irme a cumplir mi sueño, ustedes me lo han permitido y eso quiero hacer. Mi carrera la puedo acabar en otro sitio, ahora lo importante es no perder esta gran oportunidad. Respondió más para convencerse así misma que convencer a su madre. Su madre asintió, si su hija lo deseaba así, eso es lo que tendría. Lo importante para ella debía ser el bienestar de su pequeña. Hizo un par de llamadas y su partida estaba lista para la madrugada de ese mismo día. Tamara con gran dolor dejó dos cartas escritas con su puño y letra para sus mejores amigos, de quienes no podía ser capaz de despedirse. Al llegar al aeropuerto, esbozó una media sonrisa y dejó salir una pequeña lágrima. — Adiós amigos, adiós pasado y adiós amor imposible.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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