Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Una gran sorpresa”
El resto de la tarde siguieron recorriendo todo el lugar, visitaron cada tienda en búsqueda de calzado y maquillaje. Hasta que las primeras estrellas aparecieron en el oscuro cielo se dieron por satisfechas, Katerin acabó con miles de llamadas perdidas en su celular y con el cansancio en sus piernas, pero, la satisfacción de comenzar un primer cambio. Las dos amigas habían parado a comer a un restaurante, un lugar cálido donde el olor de la comida les hizo agua la boca, en cuanto llegaron una señorita llegó a atenderlas. Con el apetito en sus estómagos, pidieron sin limitarse. Tamara se alegraba que Katerin no fuera una chica que se preocupará por las calorías que comería y mucho menos si aquello tenía muchas grasas, muchas cosas que pensaba de ella habían terminado por caer en este día, ahora, estaba más segura de entablar una linda amistad con Katerin. — La maestra Julia me mencionó que su examen es la última semana de este mes, espero que las clases que Michael y yo les haya servido. Dijo Katerin esbozando una sonrisa. — Gracias, haré mi mejor esfuerzo para no decepcionar los. Contestó Tamara devolviéndole una sonrisa. La tarde de chicas había resultado mejor de lo que había pensado, las dos tenían muchas cosas en común. La comida les hizo compañía en su animada conversación, en donde las dos se abrieron aún más, dejaron de lado las cortesías y se centraron a disfrutar el momento, no como dos conocidas sino como si fueran amigas de toda la vida. — No ni te imaginas, un día tiré a Alejandro por las escaleras, no dejó de llorar y me acusó con mis padres. Pero, te juró que no fue intencional, yo jamás tuve... Bueno, un poco, la verdad que cuando era un mocoso me molestaba mucho. Confesó Tamara riendo. Katerin la escuchó con atención, compartió risas con ella y se imaginó a una pequeña versión de los dos amigos en esa situación. Las dos estaban degustando su rebanada de pastel de chocolate, cuando Tamara se propuso a sí misma preguntarle a Katerin sobre sus sentimientos hacia Michael, tenía mucha curiosidad por lo que ésta le diría. — Kate, ya que estamos en confianza, quiero aprovechar para preguntarte algo que siempre me ha llamado la atención. Dijo dejando a un lado su creciente nerviosismo. Aquello tomó por sorpresa a la ahora pelinegra, la cual la miró detenidamente, pensó y pensó antes de darle una respuesta certera. Ella ya se imaginaba lo que le preguntaría. — Bien, dímelo. Respondió metiéndose un bocado de aquel delicioso manjar. — ¿Sientes algo más que amistad por Michael? Para ella estaba claro que Tamara sentía algo por su amigo, quien a su vez la amaba, sin embargo, ella no podía corresponderle como él quería. La palabra “Amor” no formaba parte en su diccionario, por lo que no estaba segura de lo realmente sentía por él. Michael era una persona especial para ella, él había llegado a alegrar sus días desolados, darle un aliento de esperanza en aquella soledad en la que por años había estado inmersa. Gracias a él pudo deshacerse de todas esa amistades hipócritas por la que años había estado rodeada gracias a su madrastra. — Te seré sincera, yo en realidad no sé qué es amar en verdad, sólo sé que él es una persona especial por ser mi primer amigo verdadero, alguien confiable, solo eso. Por ahora no siento lo que tú sí, porque no me equivoco. Tú lo amas y eso se ve de lejos. Contestó tomando sus manos con las suyas. — Sí que soy obvia, ¿No? — Sí, al igual que tu amigo Alejandro. Pero, no te preocupes, no te desanimes y sigue por ese amor. Le alentó apretando suavemente sus manos. Sus ojos la miraron con un brillo de admiración, ella le alentaba a salir con su amigo, lo que significaba que ella no lo amaba. Un rayo de esperanza iluminó la oscuridad de su corazón, una vez más creyó en este amor. Katerin se sentía feliz por iluminar el rostro de esta bella chica, además que dentro de sí se propuso algo. Le ayudaría a facilitarle las cosas a Tamara con su amigo. Al acabar la cena, Katerin pagó en agradecimiento a la maravillosa tarde que había disfrutado con ella. Luego, cada una se separó. Katerin tenía una misión por delante, las evaluaciones ya se habían presentado por lo que ya había sido evaluada, solo faltaba a quienes debían de regularizarse en este penúltimo semestre. Ahora solo se dedicaría a hacer un plan para que ellos dos se comenzarán a conocer. En los últimos días, Katerin se centró en juntar y dejar a solas a Michael con Tamara, quien trataba de ocultar las inmensas ganas que tenía de salir con él. Por otra parte, Katerin y Alejandro observaban a los dos. — Solo espero que pronto estos dos anden. Susurró Katerin con felicidad. — Eso espero. A él le convenía que Michael se acercará más a su amiga, quien por años había añorado estar en su cercanía y admirarlo de cerca. En sí, ella se sentía en el mismísimo cielo, a lado de la persona que más amaba. Gracias a Katerin, había retomado sus sentimientos por él, por primera vez se sentía confiada de lograr tener algo más. Su apoyo le daba más confianza. Mientras que, Michael no era ningún tonto. Él comprendía perfectamente lo que Katerin tramaba, lo cual hizo que se molestará. Ella estaba haciendo esto sin preguntarle como se sentía al respecto. Sin embargo, por el respeto que le tenía a su amistad seguía su juego. El tiempo fluyó, él permaneció al lado de aquella agradable y amistosa chica, quien le mostró su lado bueno, uno lleno de diversión y felicidad. Sin embargo, Michael no sentía nada más que amistad por ella, quien esperaba pacientemente ganarse su amor. Por su parte, Alejandro compartió más tiempo con Katerin, la ahora chica linda e inteligente de la facultad, que con su nueva apariencia había robado el aliento y la atención de todos los chicos que la miraban. Alejandro se enorgullecía cada vez que lo miraban con ella a su lado, se sentía contento por compartir momentos a solas con ella, ser visto con ella no demostraba que era grandioso sino que mostraba que era afortunado por contar con su presencia. Katerin lentamente conocía al lindo chico que se ocultaba detrás de aquella imagen ruda y despreocupada que aparentaba dar. En realidad, él era un chico responsable y obediente a su padre, quien lo adoraba con todo su corazón. Dentro de él, muy profundo de él aún permanecía aquel pequeño que se había quedado sin madre a temprana edad, lo cual compartía con ella. — ¿Crees que Michael ame algún día a Tamara? Preguntó con interés mirándolos desde lo lejos sentados en una banca de madera. — Sí, no lo dudo. Algún día, él se dará cuenta de lo asombrosa que es Tamara, esa chica es tan valiosa y te juro que si yo fuera un chico ya la habría invitado a salir conmigo. Por cierto, tengo una duda. Respondió Katerin mirándolo detenidamente. Alejandro la miró asombrado, ella había hablado de una manera asombrosa sobre su amiga de la infancia y por si fuera poco había confesado que podría amarla. — Dime y buscaré una manera de resolverla. Contestó sin vacilar. — ¿Por qué tú y ella jamás llegaron a ser algo más que amigos? Aquello le sorprendió, Katerin comenzaba a dar el paso en interesarse en la relación que posiblemente pudieron haber tenido entre ellos. Lo cual jamás había pasado por sus mentes, todo este tiempo podían verse como simples amigos, hasta... Hermanos, solo hasta ahí. — Bueno, eso está claro. Ella y yo nos hemos criados como hermanos, además, nosotros tenemos diferencias en nuestros gustos. Respondió Alejandro esbozando una pequeña sonrisa al recordar los lindos momentos que había vivido en compañía de su inexperta y adorable amiga-hermana Tamara. Katerin le dedicó una sonrisa llena de satisfacción, la respuesta había sido lo que había esperado escuchar. Ciertamente, sus respuestas habían coincidido, por lo que no se sentía mal por lo que estaba haciendo al querer unirla con Michael. — Que lindo. Se limitó a decir mirando con atención la interacción entre Michael y Tamara. — Sí, ellos lucen tan bien. — No lo dudo. Admitió esbozando una gran sonrisa.
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