Dulces Traiciones (Dulce Traición #2)

Capítulo 3
Levanto mis manos hacia el cielo y emito un grito, no sé si es de emoción o de miedo. ¿Dónde estoy? El cielo está sobre mí cabeza, a mis costados está el aire libre. ¿Dónde me encuentro? Miro hacia abajo, estoy sentada, algo se mueve, yo me muevo. ¿Qué es? Miro a detalle, estoy en un vagón de los de la montaña rusa. El vagón sube por la pendiente más alta, frena lentamente cuando llega a la cima y luego empieza el descenso. Grito más fuerte. Giro la cabeza hacia la izquierda, hay alguien ahí, pero no puedo ver su rostro y su voz no puedo oírla, solo veo sus labios moverse. "¿Te estás divirtiendo?" Asiento con la cabeza. No sé que más hacer. Repentinamente dejo de estar en la montaña rusa, de un momento a otro me encuentro yendo en un avión, voy vestida con un equipo especial para lanzarse de un paracaídas. ¿Qué sucede? Hace unos instantes estaba en una montaña rusa y ahora estoy en un avión. ¿Qué rayos pasa con la vida? Suelto un suspiro, caigo en cuenta que esto no es real. Es una jugada de Morfeo. Niego divertida. En la mitología griega, Morfeo es el dios de los sueños y como amo y señor de ellos que es, tiene el poder de manipular los míos. Podría decir que en este momento Morfeo me tiene en sus manos. No soy muy fan de lo que estoy soñando en este momento pero dormir es lo único que amo de todo esto. Ojalá que Morfeo me tuviera en sus manos por mucho tiempo aún. Ojalá que nada ni nadie interrumpa mis dulces sueños. –¡Cassandra! –escucho que me gritaban en el sueño. No sé de donde viene el grito pero se parece a la voz de Camille, Tampoco la veo por ningún lugar de mi sueño. Jadeo asustada como reacción al grito, en efecto es Camille. Me sobresalto en mi sitio y me remuevo, me doy la vuelta en la cama, pero no le mido bien el espacio e impacto de lleno contra el suelo. Maldita manera de empezar un nuevo día y más jodido que sea el primer día de clases. Mierda, duele como el infierno. Me siento mareada, al instante me levanto con todo y la maraña de cobijas que tengo enredada en las piernas. ¡Por un demonio! ¿Qué le ocurre a esta loca para que venga a despertarme así y a gritarme? –¿Por qué demonios sigues durmiendo? –grita más que enojada. Jodida loca, si aún falta para que suene la alarma, ¿no? Aunque me sorprende verla con el uniforme. –Carajo Camille –digo asustada –casi me matas –sigo diciendo y me masajeo la cabeza. –Hubiese sido mejor, ¿no crees? –me dijo enojada. Alzo una ceja interrogante. –Porque yo misma lo haré por haberte quedado dormida –amenaza –tienes –y mira su reloj –quince minutos para salir, te espero afuera. Me dijo cerrando la puerta con fuerza, si que está enojada, me termino de despabilar. Frunzo el ceño por su actitud. ¿Qué hora es? Voy a mi celular y reviso la hora. Siete treinta y cinco. Entonces tiene razón en estar así, Camille odia la impuntualidad y por mi culpa hoy llegaremos tarde. De inmediato me voy a la ducha, me baño y salgo para luego ponerme el uniforme, las calcetas y después los zapatos, me peino rápidamente el pelo y tomo mi mochila, bajo las escaleras a la carrera y voy hasta la cocina para tomar un vaso de jugo de naranja. Entro y me sirvo, mi nana está en el lavaplatos. –Hola nana –digo mientras bebo. –¿Ya te vas? –pregunta. –Si, voy tarde –respondo. –Llévate algo de comer –dice preocupada. –Ya no llevo tiempo –respondo. En verdad que no quiero demorarme más, Camille ya está lo suficientemente molesta como para hacerla rabiar más. –Dame un minuto y te preparo un emparedado. –Nana, en serio, esta bien así. –No Cassie –replica –espérame tú a mí. –Pero... –empiezo a decir. –No –ordena y yo solo asiento abatida. Amo que mi mamá se preocupe por mi y mis hermanas pero en ocasiones como ésta si es un poco agobiante su preocupación. Checo mi reloj y aún faltan dos minutos para el tiempo que me ha dado Camille, así que no hay tanto problema si espero un poco. Me siento mientras mi nana prepara el emparedado, el tiempo se empieza a escurrir poco, compruebo mi reloj y ya ha pasado más tiempo del debido, mi nana no parece terminar y eso me pone de los nervios. Ya quiero irme para liberarme de la presión que siento sobre mis hombros. Poco tiempo después me entrega mi emparedado y salgo de ahí no sin antes agradecerle el que lo hubiese hecho, corro hasta la entrada y abro la puerta principal para encontrarme con el Camaro blanco de Antonie. Bajo corriendo los escalones y me monto en el auto. Es súper tarde y Camille está furiosa conmigo, pero deduzco que también con Antonie por como lo mira. Camille odia llegar impuntual a cualquier sitio y ahora por causa mía estamos llegando tarde al instituto. En cuanto se detiene el auto bajo a toda prisa despidiéndome rápidamente de Antonie y a propósito le cierro la puerta a Camille para dejarla encerrada con Antonie para que disipen sus asperezas, sé que Cami me odiará por eso pero la verdad es que tengo una muy justa razón para dejarla dentro con él. Después de todo ellos se conocen muy bien, él la adora con el alma, así que estoy segura que con él está más que bien y eso me tranquiliza, pues solo deben decirse unas cosas y todo estará bien de nuevo. Corro por los pasillos del instituto hasta llegar al que conduce a mi clase de Literatura, con los pompones en una mano toco la puerta del salón, está abierta y aún no ha comenzado la clase, aunque un chico está de pie y tal parece que lo interrumpí, pero parece aliviado por mi intervención. La profesora voltea ante mi toque y la siento enfurecerse, sé cuanto odia las interrupciones, sumado a eso que es una de las profesoras más amargadas del instituto. Las cosas no podrían irme mejor, ¿cierto? –Señorita Powell –habla la profesora y el chico que está de pie se sienta de inmediato –de nuevo llegando tarde –me espeta molesta y me encojo en mi sitio. Su mirada me cohibe pero no se lo doy a mostrar. –Lo siento –me disculpo –pero se nos presentaron algunos asuntos –me excuso –¿Puedo pasar? De mala gana la profesora asiente y me deja entrar. Todas las miradas están sobre mí pero no me dejo amedentrar, como todo una diva camino hasta mi asiento en la parte de adelante de la clase, me siento y espero hasta que llega a clase Camille, que no demora mucho tiempo más que yo. Levanta la mano para tocar la puerta pero la profesora en cuanto la ve la hace entrar de mala gana. Cami entra y se sienta a mi lado. Me mira un poco molesta pero ya no tanto como antes. –No sé si lo hiciste a propósito o no –comenzó –pero gracias por encerrarme con Tono. –¿Ah? –interrogo. –Que ya disculpe a Tono, gracias por eso. –Yo... –empiezo a decir –no me gusta verlos disgustados, son mejor juntos. Sonrío y me devuelve el gesto. La clase comienza, la profesora va haciendo preguntas para recordar lo que vimos en el curso anterior, casi nadie recuerda nada, ni yo. Pero como ya es sabido Camille no iba a olvidar lo que vimos en el curso anterior, por eso es que contesta más que confiada. Camille ama la Literatura, el porque de que ame esta clase. Si por ella fuera estudiaría Literatura pero sé que no lo hará porque su futuro ya está decidido y aunque al principio se negaba a hacerse cargo de la empresa de la familia, sé que ahora ya lo acepta, durante todo el rato siento como si nos observaran, en especial a Camille, varias veces vuelvo la cabeza para verificar a nuestro observador pero no puedo dar con él. Al parecer también Camille tuvo la sensación de ser observada porque ella también verificó a nuestro observador, con la diferencia de que ella si da con él. No lo verifico para no ponernos en evidencia. Camille regresa la vista al frente y me mira con los ojos dilatados, se inclina hacia mí. –Ese chico de allá atrás –susurra Camille –es Leonel. La miro confundida y luego atónita, para finalmente mirarla asustada y con los mismos ojos que ella me mira. –¿El primo de Landon? -pregunto sin disimular lo asustada que estoy. Asiente para corroborarme lo que ya sé. Sin importarme si soy obvia o no volteo la cabeza y lo miro detenidamente. Sus rasgos me recueedan un poco a Camille, con su cabello castaño rojizo, su piel clara, sus ojos cafés y el cabello ondulado. Con la diferencia que sus ojos son más oscuros, pero siguen siendo café claro. Es un chico guapo, quizá demasiado, tiene cierto parecido con Landon, como el copete y la estatura, al igual que la nariz y el mentón. Los brazos más marcados y el cuerpo bien tonificado hacen otra diferencia, pero solo por eso es más atractivo a mi vista. Y estoy empezando a odiar el hecho de que fuese el primo de Landon. Me sonríe y luego vuelvo la vista a mi sitio, el chico me atrae pero solo eso. La idea me consume la cabeza todo lo que queda de la clase y por más que quiero no me puedo quitar el pensamiento del primo de Landon estando en el mismo sitio que Cami y yo. Por muy paranoico que suene, no sabemos porque está aquí y de algún modo me siento intranquila con él aquí. El descanso comienza y eso fue un alivio para mí, pues así ya no estamos bajo la mirada de Leonel, aprovecho para pedirle a Cami invitar a nuestros nuevos compañeros a comer con nosotras, ella acepta, voy hasta ellos y los invito. A George ya lo conocía pues era nuestro amigo desde la infancia y a Charlotte también ya la conocía pues convivimos en las practicas y a la chica nueva aun no la conocemos pero no queremps excluirla por eso la invito. Annabelle es su nombre y parece muy agradable. Los tres aceptan y juntos nos vamos hasta la cafetería, al llegar tomamos una mesa. La mesa está en el centro de la cafetería y es de las más concurridas, nos sentamos y luego cada uno va por su charola para traer su comida, solo tomo un sándwich, luego vuelvo a nuestra mesa. Comemos entre platicas, pero siento como somos observados y lo confirmo cuando busco al dueño de las miradas, noto que estas provienen de la mesa de Landon donde también está Leonel, es él quien nos observa y platica con su primo mirándonos sin disimular, también les devuelvo la mirada y no me dejo intimidar cuando sus ojos chocaron con los míos. Las demás clases pasan en un respiro y cuando es hora de que las clases terminen, vamos hasta la entrada y checamos el horario para la práctica de las animadoras, nos damos cuenta que hoy inician de nuevo. –Llamaré a Tono para decirle que venga más tarde –dice Camille cuando vamos rumbo al gimnasio. Asiento y se va dejándome con Charlotte, caminamos juntas en silencio hasta nuestro destino, la compañía de Charlie como le gustaba que la llamemos es agradable y muy tranquila, cuando llegamos, nos vamos directo hasta los vestidores, donde nos cambiamos el uniforme por otra ropa y dejamos las mochilas. Salimos y esperamos hasta que llega Camille, que no tarda mucho, pues al poco llega y se nos une, mientras comenzamos nuestro calentamiento, observo a los nuevos integrantes del equipo de soccer. George se ha unido y me alegro por eso, él es muy bueno en el campo y no dudo en que será un elemento muy fructífero, algunos chicos más que no conozco se han integrado y luego reconozco a uno de ellos. Leonel. Por lo visto está más que dispuesto a poner nuestro mundo patas arriba.
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