Dulces Traiciones (Dulce Traición #2)

Capítulo 2
–Correte –ordeno. –No –dictamina. Lo fulmino con la mirada y tomo la manija de la puerta para abrir y poder salir del auto. La jalo y se abre. –Cami –dice preocupado –vamos princesa, espera. No le hago caso y me bajo del auto, lo rodeo por detrás para demorarme más, lo veo bajarse dispuesto a seguirme, estoy actuando como una caprichosa pero, ¿es que acaso no tengo razón? Por supuesto que la tengo. Me subo por el otro lado y lo veo suspirar de alivio, le sonrío egocéntrica y cierro la puerta tras de mí. Él sube y cierra la puerta también. –Pensé que te pondrías caprichosa –declara. Me cruzo de brazos y alzo una ceja. –Cami... –me dice volteando a mirarme, está preocupado –princesa, dime algo. –No me hables Antonie. Me mira con semblante triste y desvío la mirada de él. –Cariño... –pide –solo entiéndeme. Lo ignoro. –Hablame preciosa –dice suplicante. Sigo sin mirarle, sé que eso es algo que no le agrada, pero quiero que se ponga en mi lugar –Sabes que odio llegar tarde al instituto, pero a tí eso te importa un rábano –reclamo. Y si ese es el motivo de nuestra pelea. A simple vista es algo tonto, pero para mí no lo es en absoluto. Me gusta la puntualidad y la responsabilidad, y ahora que estoy muy segura de que pediré la presidencia de la constructora al cumplir los dieciocho debo de ser más disciplinada de lo que ya soy, creo firmemente que esa es la clave del éxito. La disciplina. Pero bien regresemos al inicio para que esto se entienda bien... 'Como todas las mañanas en que me toca ir a clases me desperté temprano e hice mi rutina mañanera. Hice la cama, me di una ducha, me vestí y luego de terminada bajé a desayunar, debo hacer énfasis en que fui la primera en bajar a desayunar, digo, siempre soy la última, pero no por eso llego tarde. A pesar de eso siempre llego a tiempo a dónde necesito ir. Al poco rato llegó Clarissa y luego mis padres que venían juntos, el desayuno pasó tranquilo. Desayuné con la mayor calma posible, quería disfrutar de un nuevo inicio de clases y que mejor que empezar con un buen desayuno, pero en ningún momento bajó a desayunar Cassandra, lo cual fue raro, ella siempre baja antes que yo. Cuando acabé de desayunar subí a mi habitación a lavarme los dientes y a por mi mochila. Salí y bajé. Ojalá que Cassandra ya estuviera por terminar su desayuno, más sin embargo no fue así, Cassandra seguía sin bajar. Me parecía muy extraño que no hiciera su aparición, faltaba media hora para el comienzo de las clases, no quería llegar tarde, así que subí y llamé a la puerta de su habitación, nadie me abrió. ¿Estaría en el baño duchándose? No sé oía nada. Puse mi oído en la puerta y tampoco se escuchaba nada, era raro, incluso terminaba y bajaba a desayunar antes que yo. Me frustré al seguir sin obtener respuesta, llegar tarde no era una opción y menos por ella. Medité antes de hacer algo y en ese momento poco me importó violar su privacidad, así que abrí la puerta. Enfoqué y dejé a la vista su habitación, justo entonces la vi. Aún dormía en la inmensa cama, me daba la espalda pero estaba en la orilla que daba hacia la puerta. Apreté los dientes por el enojo repentino. Sentí como el enojo bullía y no me pude contener. –¡Cassandra! –grité entrando a su habitación. La escuché jadear y observé como saltó en su lugar, se dio la vuelta en mi dirección y al suelo. Cass cayó en el suelo con todo las cobijas que la cubrían, su cabeza golpeó con fuerza y parecía un poco atolondrada pero no fue para más, en cualquier otro momento me hubiese muerto de la risa, pero justo en es no lo hice. ¿Cómo es que podía ser tan irresponsable? Era increíble que aún actuará como si la vida fuera nada. Esa actitud era lo que más me molestaba de ella. –¿Por qué demonios sigues durmiendo? –pregunté aun enojada. –Carajo Camille –dijo asustada –casi me matas. La miré mal porque aún no hacía el intento de levantarse. –Hubiese sido mejor, ¿no crees? –le dije. Alzó una ceja interrogante. –Porque yo misma lo haré por haberte quedado dormida –amenacé –tienes –y miré mi reloj –quince minutos para salir, te espero afuera. Tuvimos un pequeño duelo de miradas por lo que pareció una eternidad pero en realidad solo fueron segundos, salí y cerré de un portazo. Me dirigí hasta el auto donde me dispuse a esperarla, tenía quince minutos para salir e irnos, así que nos tendríamos que ir siete cincuenta, el instituto estaba a diez minutos de camino en auto, entonces estaríamos ahí a las ocho en punto, justo cuando la campana de entrada sonase. Me gustaba organizar todo pero siempre dentro de los márgenes de mi propia disciplina, lo cual era perfecto, porque aunque detestaba llegar justo cuando la campana sonase al menos no llegaría tarde que era lo que más odiaba, ser impuntual. Al menos esto ya estaba controlado.' Veinte minutos después y aquí seguímos, mi pie golpea la alfombra del Camaro blanco de Tono, estoy desesperada ya, se supone que ya deberíamos estar de camino, sin embargo no es así. Me remuevo sobre mi asiento con inquietud. –Llévame solo a mí –pido –que Cassandra se vaya por su cuenta por floja. –No puedo hacer eso –responde –ambas son mi responsabilidad. Giro mis ojos con fastidio. –Oh, vamos Tono –suplico –por favor, ¿si? Mi tono de voz es dulce, espero persuadirlo de ese modo. –No Cami, lo siento pero no. No lo he logrado, lo miro molesta. –Por favorrrr, ¿si? De nuevo insisto. –Camille, no insistas. Pienso sobre que es lo que puedo hacer para que me cumpla mi petición, me paso al asiento de adelante y me siento a su lado. Me mira serio, como si mi presencia no surtiera efecto en él, me acerco a él y quedo a centímetros de sus labios. Muchas emociones se arremolinan en sus ojos, está mal jugar con fuego pero cuando se trata de lograr mis objetivos siempre utilizo hasta las últimas armas de las que dispongo, se muerde el labio con ansias. Sonrío interiormente. Lo he logrado. –Cariño, por favor –digo poniendo una mano en su rostro. Lo puse nervioso, lo deduzco por su respiración y por el tormento que son sus ojos. Está mudo, así que lo intento de nuevo. –¿Por favor? –digo de nuevo esta vez rozando sus labios con los míos al hablar. Y tiembla por eso, me gusta que yo lo hago sentir así. En cierto modo me siento victoriosa. –Camille te vas a quemar –susurra. Pero su voz está tan afectada por mi culpa que suena más a una súplica de algo que desea que a una advertencia como estoy segura que desea que suene. –Jugar con fuego es peligroso, ¿no te lo ha dicho alguien? –No –respondo haciendo que mis labios rocen los suyos y lo admito, fue intencional –me gusta probarlo por mi misma. Sonrió y le devuelvo el gesto. –¿Entonces? -–pregunto segura que lo he logrado. –No –dijo en definitiva. Aprieto la mandíbula con enojo, si no me quiere llevar entonces podría irme yo sola, pero para ello necesitaría su auto. –Correte –ordeno. –No –dictamina. Se había dado cuenta de mis intenciones, por eso no se quiso quitar del asiento y así es como ahora nos encontrábamos. Yo furiosa y él, no se como rayos está, pero en este momento eso no me importa. Cinco minutos para que suene la campana y Cassandra aun no se digna en aparecer. Tomo mi móvil, empiezo a navegar a través de mis redes, al menos eso podría distraerme de este martirio, ignoro a Tono todas las veces que intenta hablarme. Se escucha desesperado y triste pero eso no me detiene de ignorarle. Que sienta un poco de la desesperación y la frustración que yo siento, por muy mal que me esté portando con él, no está demás darle una probada de su propio chocolate, ¿no? Cinco minutos más tarde, es decir a las ocho en punto al fin hace su aparición, me mira con disculpa al subir y yo la asesino con la mirada, ya para que viene, si no fuera por qué es el primer día de instituto la habría dejado que llegue sola a la escuela. En todo el camino fuimos en silencio, al llegar a nuestro destino Tono aparca el auto y nosotras bajamos, Cassandra baja y sin querer cierra la puerta de su lado, de inmediato Tono pone los seguros y me encierra con él. –Abre –digo firme y seca. –Cami –dice y me mira por el retrovisor –lo siento, discúlpame. –Eres un desquiciado –dije –abre ahora mismo. –Cami –repite. –No me hagas querer matarte más de lo que ya quiero hacerlo. Lo medita un poco y luego quita los seguros, abro y salgo. –Disculpas aceptadas –murmuro antes de irme y cerrar. Alcanzo a atisbar una pequeña sonrisa que tira de sus labios. Entro a toda prisa al instituto, en efecto hace diez minutos que la campana ha sonado, los pasillos están desiertos, de hecho ni Cassandra se ve, la busco pero no la veo, sé que tenemos clase de Literatura así que corro hasta el salón, justo cuando llego Cassandra está entrando. Con una rápida inhalación calmo mi respiración, levanto la mano para llamar a la puerta pero la malhumorada profesora no me lo permite, me hace la seña para que entre y eso hago, camino hasta mi asiento y me siento, puse de lado los pompones y mi mochila, entonces la clase comienza. Durante algún tiempo centro mi atención total a lo que la profesora explica, aunque la profesora no es mi favorita en el instituto, eso no quita que la materia si lo sea, amo leer y por eso también amo la Literatura. Contesto a la mayoría de las preguntas que hace a la clase, me sé la respuesta y además, nadie tiene el interés para contestar, pero por lo que percibo hay algunos a los que no les gusta que conteste. Aunque la pregunta es, ¿por qué no contestan ellos si tanto les molesta que lo hiciera yo? Como sea que sea, tienen que aceptar que yo estoy dispuesta a responder. Siento en todo ese tiempo como soy observada y cuando me canso de eso vuelvo la vista a mi observador. Cabello castaño, ondulado, un poco largo con forma de copete, piel clara, ojos cafés, labios gruesos, cejas gruesas, pestañas largas, nariz recta, sus hombros parecen anchos y sus brazos tonificados, ya tiene el uniforme del instituto pero sé que es nuevo. Parece alto y delgado, el chico es guapo pero se me hace ligeramente parecido a alguien. Entonces todo cobra sentido. Hubo un día en que Landon nos contó de su primo Leonel, ese día recuerdo que lo ví en la lejanía mientras pasaba a buscar a Landon al instituto. Entonces es él, es Leonel. Me vuelvo de nuevo a mi sitio como antes y me inclino hacia Cass, por un momento se me olvida el enojo. –Ese chico de allá atrás –susurro –es Leonel. Me mira atónita. –¿El primo de Landon? –pregunta asustada. Asiento. Se voltea y mira en su dirección sin siquiera disimular, luego regresa a su posición original y asiente. El comienzo del descanso llega y nosotras tardamos en salir, mientras Cass invita a Charlotte y a Annabelle una chica que es nueva, y bueno también George viene con nosotras, nos dirigimos hasta la cafetería y tomamos una mesa para todos, nos sentamos y tratamos de entablar conversación para hacer más amena nuestra estancia. George nos hace reír con sus ocurrencias, sentí como nos observan, busco entre la gente al dueño de la mirada y lo encuentro a poca distancia de nosotros. Confirmo lo que ya sé, el chico es Leonel, y está con Landon, no hay dudas. Es él.
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Dulces Traiciones (Dulce Traición #2)

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