Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Coincidencia o no”
Tamara lo veía con seriedad, la chica se había ido a buscar en bodega por la talla que Tamara le había indicado con una sonrisa. — ¿Qué haces aquí? Preguntó mirándolo con detenimiento. Hace unos minutos, Alejandro había dejado caer los chocolates y una chica de cabello castaño al percatarse de él, había ido a atenderlo. — ¿Puedo ayudarle en algo? — Bien... Yo... He... Comenzó a tartamudear y mirar a los lados. La joven lo miró con una sonrisa, ya que para ella era común encontrar clientes así. — No sé preocupe, puedo ayudarlo a elegir uno adecuado para su novia. Solo necesito saber su talla. Le indicó al ver que Alejandro tenía entre sus manos un babydoll negro. Alejandro palideció al percatarse de la aterradora mirada con la que lo estaba mirando Tamara. ... Tamara esperaba pacientemente por la respuesta de Alejandro, quien esperanzado buscaba que un ser cósmico o divino lo iluminará con una buena respuesta para su amiga. — Dime, Ale. Te escucho. Repitió cruzada de brazos. — Yo... Solo vine a comprarte estos chocolates para que me perdonarás por el reciente incidente en que casi salías herida por nuestra culpa. — Eso veo, pero, ¿por qué precisamente estabas aquí? Esta es una tienda para chicas, y yo que sepa tú no tienes novia. A menos que me la hayas ocultado. Dijo Tamara para sacarle información a su amigo, quien cada vez más se sentía ansioso y desesperado. Su amiga era demasiado perspicaz y astuta para este tipo de asuntos más que la escuela misma. Lo miró, lo analizó y sin decir ni una sola palabra sonrió de manera socarrona. Su amigo, había venido a ver a Katerin. Aunque, no era sano que él la estuviera siguiendo a escondidas. — Ale, no. Esa no es la manera correcta. No debes de andar acosando a la chica que te gusta. — Yo... Yo no la estoy acosando... Solo entre porque te vi y quería darte una sorpresa, pero, la sorpresa me la di yo al verte con ella. Confesó Alejandro mirándola con sinceridad. Tamara lo miró con recelo. No podía creer que en verdad él la hubiera encontrado por pura casualidad. Katerin estaba terminando de pagar, cuando se dio cuenta que su querida nueva amiga no estaba en el lugar donde la había visto antes. Le indico a su chófer que metiera las compras que había realizado y comenzó a dar vueltas por toda la tienda, hasta que encontró a Tamara, la cual estaba con un chico, a quien no pudo reconocer hasta que llegó. — Tamara ya está todo list... ¿Alejandro? Los miró sorprendida, luego, se dio cuenta de como venía vestida y le dio un momento de inseguridad. Alejandro y Tamara se dieron cuenta del repentino cambio que Katerin había tenido, ella estaba lista de huir de ahí mismo, cuando de pronto, Alejandro la tomó de la mano derecha y la observó con una sonrisa. — No tienes porqué avergonzarte, tú eres hermosa tal y como eres, este cambio no te hace menos, al contrario es un buen paso. Dijo Alejandro, dejando calladas a las dos. En ese instante volvió la señorita con el babydoll que le había pedido Tamara para Alejandro, en ese momento, él quiso no haber pedido eso. — Aquí está, es el último que nos quedaba. Usted tiene buen gusto, seguro que le va a gustar a su novia. Anunció la muchacha con una gran sonrisa. — Eh... Bueno. «¿Cómo le explico que no tengo novia?» se preguntó a sí mismo, con una mueca en su rostro. La chica al notar la mano de Katerin y Alejandro entrelazadas dedució que ella era su novia. A juzgar por la expresión de los dos y la buena química que compartían, cualquiera diría que ellos dos estaban hechos el uno para el otro. — ¿No le parece lindo? Le preguntó a Katerin, quien al ver la diminuta y reveladora prenda sintió arder ligeramente sus mejillas. Tamara miraba en silencio la escena, Alejandro y Katerin no sabían cómo salir de esta bochornosa situación, hasta que, Tamara afirmó que se llevarían aquella prenda. — Es algo que olvide decirte que también iba a agregar para ti. Indicó Tamara, salvando el pellejo de Alejandro, quien era un manojo de nervios. El solo hecho de estar tomando de su mano le había enmudecido, su corazón palpitaba aún más y había sentido maravilloso cuando la chica le había elogiado por tener una linda novia. Por su parte, Katerin estaba agradecida con él, el cual le había dicho hermosas palabras de aliento, ahora sentía más confianza. Se dijo así misma que no volvería a caer en el error de juzgarse ni mucho menos hacerse sentir mal ni menos bonita, solo por el hecho de que todo esté tiempo la habían hecho menos. — Bien, entonces me lo llevaré. Afirmó tomando la bolsa que la empleada le había proporcionado, dentro de ésta, permanecía la prenda que Alejandro había elegido por error. Al salir de aquella tienda, los tres caminaron hasta una banca que estaba en medio de todos los locales. El techado de aquel lugar era transparente polarizado, se podía ver hacia fuera con claridad y también bloqueaba la luz solar, para que no fuera molesta. — Alejandro, ahora sí responderás a mi pregunta. Dijo Tamara mirando con seriedad al antes aludido. — Yo... Te compré chocolates, son tus favoritos, ¿me perdonas? Contraatacó esbozando una pequeña sonrisa. — No te hagas, ya dime lo que te pregunte hace un rato. — Ya te respondí, solo fue una casualidad, jamás pensé que estarías comprando con Katerin. Admitió Alejandro mirando a las dos. — No, no, a mí no me engañas. Inquirió Tamara tomándolo de los hombros y mirándolo con detenimiento. A como de lugar quiere sacarle la verdad, aquella que ella ya imagina cual es. Mientras tanto, Katerin los mira divertida, jamás había estado rodeada de personas tan divertidas como ellos dos. Forcejeando los dos están hasta que Katerin no puede más y deja salir su melodiosa risa, la cual los toma por sorpresa. En todo el tiempo juntos no había notado ese lado lindo de ella. Alejandro se toma un tiempo para admirarla y memorizar la manera hermosa de sonreír de esta chica que lo tiene loco. — Eres más linda cuando sonríes, jamás dejes de hacerlo. Dice Alejandro sin pensar sus palabras, Katerin deja de reír y lo mira con sorpresa. Tamara en ese instante no sabe si correr lejos de estos futuros tortolitos o si mirarlos hasta que le endulce la vista. Ella opta por la segunda, ya que este lado tan cautivador y cursi en Alejandro no lo había visto ni en todo su tiempo de amistad. — Gracias, Ale. Dijo Katerin esbozando una sonrisa, la cual derritió aún más el corazón de Alejandro. A los ojos de Katerin, Alejandro figuraba ser alguien agradable, de quien podía comenzar a confiar. Sin embargo, algo no le cuadro en todo este asunto. Desde que momento él estaba en aquella tienda. — Espera, ¿desde cuando estabas dentro de la tienda? — Bueno... Yo... Apenas acababa de entrar cuando te vi salir del probador. Respondió con la voz nerviosa. Alejandro no podía decirle que la había visto en paños menores, ni siquiera que había estado todo este tiempo escondido detrás de ropa interior para mujer. — Bueno, es un alivio que hayas llegado después. Contestó sonriendo. Él sólo se limitó a sonreírle, no obstante, Tamara se mantenía mirándolo con recelo. Conocía perfectamente a su amigo, sabía que él mentía, lo sabía por la manera en que había contestado. Sin embargo, permaneció callada sin decir ni una sola palabra a Katerin, ya tendría un momento a solas con él. Alejandro sabía que sí estaba más tiempo ahí su amiga lo descubriría, por lo que decidió despedirse de ellas dos, no sin antes entregarle los chocolates a Tamara, a quien pidió una y otra vez disculpas por el incidente de aquel día. — Está bien, nos veremos después, Ale. Respondió Tamara dedicándole una seria mirada. — Sí, Tamara. Dijo para después irse junto a su chófer. Katerin sonrió sin saber porqué, se sentía feliz por rodearse de ellos, quería estar más así, disfrutar de un día como este por más tiempo. — Tu amigo es muy agradable, no seas tan ruda con él. Argumento Katerin. — Oh, dices eso porque aún no lo conoces.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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