Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Mejor que un As”
La reciente pelea había causado que Michael tomará un poco de distancia con Katerin, internamente se sentía avergonzado. La manera en la que se había comportado ciertamente no era propia de él, quien todo este tiempo se había caracterizado por tener una personalidad tranquila. Miles de preguntas y pensamientos invadieron su mente, eran más negativos que positivos, la incertidumbre y el miedo comenzaron a invadir lo. No quería perderla, eso estaba claro. Pero, sus acciones sólo hacían que ella cada vez lo desconociera. Su mirada y las palabras que le había dicho ese día lo atormentaban, él había sacado ese lado que pocas veces había tenido la oportunidad de verlo, ese lado en el que ella olvidaba a quienes la rodeaban. Por lo que, decidió darle su espacio y buscar la manera de hacer las pases, encerrado en su cuarto, se comenzó a plantear miles de posibles soluciones. Por otro lado, Alejandro se encontraba recorriendo la tienda departamental más grande de la ciudad, en búsqueda de un regalo de disculpa para Tamara, a quien por culpa de su impulsividad había lastimado. Él la conocía bien, sabía que si le compraba sus chocolates favoritos, era probable que ella lo perdonará. Con una sonrisa y con la caja de chocolates iba encaminando se hacia el auto, cuando fue sorprendido al ver a su amiga, quien con una sonrisa esperaba sentada a alguien. Lentamente se acercó hasta ella, quien no se percataba de su presencia, cada paso hacia su amiga lo emocionaba, estaba a punto de tocarla. Hasta que, una linda chica salió del probador de esa tienda, el cabello negro ondeaba, sus ojos café se resaltaban aún más, su piel clara contrastaba con la tela rosada y a su rostro le daba una apariencia angelical e inocente. — Wow, me has dejado sin palabras. Sabía que te verías preciosa con este vestido. Dijo Tamara asombrada por el gran resultado que había tenido su imagen. — Gracias. — Pero, ahora quiero ver el concepto sexy y coqueta. Este solo ha sido el casual e inocente. Anda, ve y ponte este conjunto que he preparado para ti. Dijo mientras le extendía unas prendas oscuras. Katerin se dio una última mirada a través del espejo, sonrió de satisfacción, le gustaba como se veía. Por primera vez se arreglaba, estaba pasando un buen tiempo con una chica agradable. Quien no la juzgaba ni la criticaba como solían hacerlo las chicas que su madrastra le había traído en su adolescencia. Aquellas chicas superficiales que la hacían menos por corregirlas en la manera de tratar a las personas. Aquellas chicas miraban a las personas que no eran ricas como sus padres, como unos pobres diablos e inferiores a ellas, solo por el simple hecho de no tener el dinero y poder que sus padres poseían. Por supuesto, Katerin las había dejado sin antes dejarles en claro que aquellas personas valían más que ellas y todo su dinero. Lo cual no le quitaba lo despreciable que eran. Ahora, ella se dirigía a probar el siguiente vestuario que Tamara, a quien consideraba como una posible amiga, le había entregado con confianza. — Espera, déjame tomarte una foto, es una linda creación que he hecho, debo de atesorar la. Dijo llamando de nuevo su atención. — Está bien. Respondió tirándose y dedicándole una deslumbrante sonrisa. En la parte de afuera, Alejandro sacó su teléfono a la velocidad de la luz y tomó una foto, agradeció al cielo y entró sin que se dieran cuenta. Sabía que si permanecía más tiempo afuera lo mirarían raro e incluso sería confundido como un acosador, lo cual no estaba lejos de serlo. Katerin asintió después de ver la foto de Tamara, y volvió a entrar al estrecho cuarto. Se quitó la ropa y se observó al espejo. Miró con detenimiento su lencería, la cual parecía ser más de una abuelita que de una joven de 19 años. Definitivamente se dijo así misma que pediría la ayuda y la opinión de Tamara. — Tamara, ¿Crees que puedas ayudarme con esto? Preguntó mostrándole un poco de su ropa interior. Alejandro que se encontraba mirando hacia ellas quedó completamente sorprendido, sin decir nada permaneció en shock en una esquina. Mientras, Tamara miró horrorizada su gran pantaleta. — Claro que sí, ahora mismo buscaré algo bonito, ya verás que te gustara. Por cierto, dime cual es tu talla de brasier y de panty, aunque al ver tu cadera algo me dice que eres mediana. Aseguró levantándose con una sonrisa. — Sí, has atinado. De brasier, soy copa B, talla 36. Contesto metiéndose una vez más al probador. Tamara se encaminó a la búsqueda de unas lindas prendas interiores, panty de tela y de encaje, de distintos colores y diseños, incluso le trajo tangas. En cuanto a los brasieres agarro de todos los diseños y modelos que se mostraban, desde los más inocentes hasta los más atractivos. Además, escogió para ella medias negras lisas y de red. Con alegría y satisfacción lo llevó a caja, quienes con gran entusiasmo comenzaron a empacar aquellas cosas. Tamara estaba haciendo esto no sólo como una buena amiga, sino como una manera de olvidar a Michael, del hombre a quien ella no podía sacar de su corazón. Alejandro no podía asimilar lo que había visto, ni en sus sueños había sido capaz de imaginarla de esa manera. En cuanto, Katerin volvió a salir del probador con un concepto seductor, su voluptuoso cuerpo fue resaltado por la tela negra de aquella ropa. — ¡Oh, por Dios! Kate, hasta has hecho que comience a dudar de mi heterosexualidad. Mujer, tenías tan oculto este lado sensual tuyo. Exclamó Tamara trayendo más ropa. — No es para tanto. Dijo Katerin avergonzada. — Sí lo es, sólo mírate en el espejo. — Ya lo hice allá dentro. Respondió ruborizada. La imagen que había adquirido se había convertido en una de sus favoritas, Katerin estaba descubriendo nuevas cosas de ella. Y eso la comenzaba a emocionar y animar a probar más cosas. Alejandro se había perdido, su alma estaba perdida y su corazón palpitaba con rapidez, su voz se había perdido y por un pequeño lapso de tiempo había olvidado como respirar. — Nos llevamos todo, y, por favor, quedate vestida así. Solo falta que vayamos por maquillaje. Anunció Tamara entusiasmada. — Ay, no. Me tengo que cambiar, además... — No es momento para que te sientas apenada, no vas a comprar esta ropa solo para tenerla guardada en el closet, es para que la luzcas y le muestres al mundo tu nuevo yo, una chica segura, llena de confianza y belleza. No tengas miedo de mostrarte de esta manera, además, he notado que tienes mucha fuerza y un gran carácter. Le animo Tamara dándole una pequeña palmada. Katerin asintió con alegría, la abrazó fuertemente y agradeció por tenerla a su lado. Lo que estaba haciendo por ella era algo que nadie había hecho en todos estos años. — Bueno, no perdamos más tiempo, iré a pagar por todo. Anunció Katerin tomando todo y llevando las etiquetas que Tamara le había arrancado. «Ella tiene razón, debo de enfrentar a todos y debo ser más segura de lo que quiero, debo dejar a un lado todo lo que me ata» Pensó Katerin mientras esperaba en la caja. Tamara la miraba con felicidad, se sentía orgullosa por ayudar a una buena chica que se veía que todo esté tiempo había padecido por injusticias y sufrimientos. «Ella no merece sufrir más, no debo odiarla solo porque mi crush la ame» pensó dedicándole una pequeña sonrisa. Un ruido en el pasillo en el que se encontraba la trajo de vuelta, miró a su alrededor pero no encontró a nadie, se aseguró que sólo había sido algo que se había caído al suelo. Hasta que escuchó a una señorita que le hizo una pregunta a un chico, él cual tenía una silueta familiar para ella. Lentamente se acercó a los dos. Alejandro había sido descubierto, la chica lo miraba con atención, esperando por su respuesta. — ¿De qué talla es su novia? Preguntó la chica una vez más. Alejandro sostenía un babydoll transparente negro, algo que había tomado en su desesperación.
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