Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Un cambio no está mal”
Michael había interceptado a Alejandro, el cual al pasar roba las miradas de las chicas, asimismo, Michael tampoco era la excepción. — ¿Será que son amigos? Se preguntaron algunos al verlos caminar juntos — Últimamente han permanecido juntos, ellos y también Tamara con Katerin. Respondió una chica de cabello rubio. Alejandro confrontó de nuevo a Michael, que no paraba de decirle que no le permitiría estar más a su lado. No podía permitir que este lograra enamorar a la chica que ha amado por todo este tiempo. — ¿Qué es lo que quieres? Preguntó Alejandro de mala manera. — Ya te lo dije, no quiero verte cerca de ella, solo limítate a tomar tus clases sin ilusionarte. Respondió Michael mirándolo con rudeza. — Es mi problema, a ti no te debe importar si me ilusiono o no, tú concéntrate en ser un buen amigo para ella y ya. Contraatacó Alejandro levantando un poco el tono de su voz. Los demás miraban con atención la tensión que se había formado entre ellos dos. Rápidamente se había disuelto la idea de amistad que se suponía que había entre ellos. Con interés se acercaron a escuchar lo que estaban discutiendo. ... — Bien. Respondió Katerin con una sonrisa. Se miraban con felicidad mientras algunos de sus compañeros comenzaban a pasar a toda prisa hacia la cancha. Tamara sintió curiosidad y detuvo a un chico de cabello oscuro. — Marco, ¿qué está sucediendo? ¿Por qué todos van corriendo en dirección a la cancha? — Tamara, tienes que ir rápido, tus amigos se están agarrando a golpes. — ¿Quienes? ¿De qué me hablas? El chico la miró con incredulidad, la tomó de los hombros y le dirigió una mirada llena de preocupación. — ¿De quién más? De tus amigos, Michael y Alejandro. Respondió mirándola detenidamente. — ¡No puede ser! Ya ves lo que te dije, Kate. Dijo Tamara guardando sus cosas. El chico a quien antes había sujetado ya había tomado rumbo hacia donde la multitud iba, Katerin no le tomó mucha importancia, no era un asunto que le interesará. — Vámonos, Kate. Dijo Tamara tomándola de la muñeca. Se encaminó hacia el lugar, cuando de repente fue frenada por Katerin, la cual no seguía su paso. Con desesperación la volteó a ver. — ¿Qué sucede? Debemos llegar a tiempo antes de que esos dos se maten. — No seas exagerada, Tamara. Además, no es como si no estuvieran lo suficientemente grandes para saber lo que están haciendo. Respondió sin darle tanta importancia. — Sean o no, debemos ir a separarlos. Así que, apresúrate. Sin esperar la respuesta de Katerin, Tamara tomó rumbo a toda prisa hacia el lugar mencionado. Al llegar, los murmullos de sus compañeros que lo rodeaban y los gritos que los incitaba a golpearse aún más, aumentaba la tensión. Con dificultad, las dos chicas se abrieron paso entre la multitud animada, hasta que llegaron al frente y se toparon con la escena de Michael y Alejandro rodando en el piso, los dos cubiertos de polvo y con varios moretones en la cara. Nadie había tomado la decisión de separarlos, al contrario, varios se encontraban grabando aquella épica pelea. Sin pensarlo dos veces, Tamara se adelantó a separarlos. Mientras, Katerin los miraba con una mirada seria. En cuanto Tamara llego a ellos, trató de separarlos con uñas y dientes, pero, falló. Y por si fuera poco, aquellos que parecían perros rabiosos la habían empujado sin darse cuenta. Tamara estaba cayendo lentamente al suelo, cuando unos cálidos, delicados y fuertes brazos la tomaron y la ayudaron a ponerse de pie. Sorprendida, volteó a ver a quien había sido su salvador, solo para toparse a una Katerin que le sonreía amigablemente. La dejó en un lugar seguro y le dedicó una última sonrisa. Después, se dirigió a los que aún se encontraban revolcándose en el piso. Sin siquiera hacer un mínimo esfuerzo, los tomó de las orejas y las jalo hacia ella. No tardaron ni unos segundos para que éstos dos comenzarán a quejarse. Querían saber quién era la persona que los había interrumpido en su bravía pelea. Los dos miraron con sorpresa el rostro de enfado de la mujer a quien más querían, su ceño estaba completamente fruncido y sus labios formaban una delgada y recta línea. Sin saber que decir, se tranquilizaron y quedaron en silencio. Mientras, los demás miraban con atención lo que estaba sucediendo. La propia Tamara no sabía con certeza lo que Katerin haría con ellos. — ¿Ustedes dos creen que aún son niños de preescolar? Preguntó esbozando una aterradora sonrisa, de esas que parecen inofensivas. Sus compañeros aún permanecían pendientes de cada movimiento y acción que tomaría Katerin. Nadie la había visto molesta, pero, podían jurar que en este momento lo estaba. Alejandro y Michael al ver su expresión no tardaron en sentirse avergonzados, ciertamente a los ojos de la chica que les gustaba habían quedado como unos tontos. Si algo no le gustaba a Katerin, era la violencia y las peleas absurdas. — Lo siento, Kate. Yo no quería comenzar esto... Comenzó a decir Michael, quien tras una mirada penetrante que Katerin le había dirigido, lo calló. — No, no lo querías hacer. Pobrecito de ti, eres una víctima. Dijo aún apretando más su oreja. Alejandro mejor decidió permanecer en silencio, no conocía completamente a su amada y no quería quedar peor a sus ojos. Había cometido el error de caer en las provocaciones de Michael, que le había repetido hasta el cansancio que no lo quería ver con Katerin y que ella no era para él. Tamara corrió en el socorro de Alejandro, le rogó con la mirada a Katerin para que lo soltará. Tras un par de miradas, ella desistió y lo soltó. Alejandro se sobó, su oreja probablemente estaría roja, el agarre fuerte de Katerin no era broma. — No me importa el porqué se estaban peleando, ese es problema de ustedes, lo que sí quiero dejarles en claro es que por su culpa, Tamara estuvo a punto de caer. Así que, disculpen se con ella, ahora. Ordenó lanzadoles miradas severas a los dos. Apenados se disculparon com ella, en ese momento, Tamara fue el centro de atención de todos. Ella ya no sabía para dónde mirar, sólo se limito a asentir y esbozar una pequeña sonrisa. Después de todo, la multitud se fue dispersando, Katerin los ignoró y se llevó consigo a Tamara. Por última vez acordaron la salida que tendrían el fin de semana. ... Los días habían pasado rápido, Katerin estaba emocionada, al fin tendría una tarde de chicas con alguien agradable, además, aprovecharía para hacerse un cambio, nunca era tarde para dedicarse a su imagen. No lo haría porque otros le decían sino para sentirse linda para sí misma. — ¿A dónde vas? Preguntó su madrastra recargada en el barandal del segundo piso. — Esto ya lo hablé con mi padre, tú no tienes porque limitarme ni estar checando me, tienes muchas cosas que hacer, ¿no? Contestó de manera fría. Dio media vuelta y salió hacia el coche, donde el chófer la esperaba. Su corazón palpitaba desenfrenadamente, era la primera vez que la enfrentaba de esta manera. Todo este tiempo había sido pacífica y obediente a las palabras de esa despiadada mujer, la cual no paraba de decirle que era una bastarda y que su padre no era su padre. Ella siempre siendo cruel. El camino hacia el centro de la ciudad le pareció relajante, sus preocupaciones y su estrés fueron desapareciendo conforme estaba más cerca a su destino. Después de todo, ella comenzaba a librarse de las ataduras de esa prisión a la que por años había estado cautiva. Al llegar, vio a lo lejos a Tamara vestida con una blusa rosa, un pantalón de mezclilla y unos zapatos blancos. Ella al visualizarla le sonrió y corrió a su encuentro. Juntas comenzaron el largo recorrido que les esperaba por todos los pasillos y departamentos de esa gran tienda, con felicidad Tamara le decía lo que se le vería bien y Katerin seguía sus recomendaciones. Las dos sonreían a gusto, sin preocupaciones ni problemas. Sin embargo, Tamara tenía “As” bajo la manga. Algo que se vería de lo más casual.
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