Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Quiero ser como tú”
Sentados en las bancas del comedor, Alejandro se dedicaba a darle discretas miradas a Katerin, quien felizmente degustaba su sandwich de jamón que se había preparado en la mañana. Michael miraba con recelo a Alejandro, él estaba seguro de lo que éste sentía por su amiga. — Alejandro, ¿puedo hablar contigo a solas? Dijo Michael atrayendo la atención del antes mencionado. — Está bien. Contestó levantándose y dejando a las dos chicas solas. Michael dirigió a Alejandro hasta un salón solitario, donde nadie los interrumpirá, al cerrar la puerta, Michael le dirigió una mirada seria. — Sé muy bien tus sentimientos hacia Katerin, y no estoy de todo contento con eso. Como su amigo considero que no eres buena compañía para ella. Comenzó a decir con seriedad, mirando detenidamente a Alejandro, quien no paraba de mirarlo con serenidad. Las palabras de Michael comenzaban a molestarlo, en primer lugar, él no tenía el derecho de decir eso, ya que la única que podía decidir si era bueno o no para ella, era la propia Katerin. Segundo, ser su amigo no le daba el derecho de interferir con quien ella podía hablar o no. — Michael, te respeto y todo. Pero, lo que me estás diciendo es algo que no puedo hacer. Tú no puedes decidir en la vida de Katerin, que seas su amigo no te da el derecho. Respondió Alejandro confrontando lo cara a cara. Alejandro tenía razón, y eso lo sabía perfectamente Michael, la reprendida que éste le había hecho, le hice ver que estaba equivocado. Sin embargo, no quería dar su brazo a torcer, no frente a él. — Ya sea que esté bien o no, solo se que tú no eres el indicado para ella. La conozco perfectamente y sé que ella no se fijaría jamás en alguien como tú. No tienes lo necesario para ella, no eres bueno para ella. Comenzó a decir, presa de los celos, él no quiere perder a su amor. Las ganas de plantarle un golpe en la cara no le faltaban, la impotencia y la rabia amenazaban con desatar su peor lado. — No me importa lo que tú digas, solo lo que ella me diga, hasta ese entonces lo creeré. Dijo Alejandro dirigiendo le una mirada seria, salió hecho una furia, quería golpear la cara de Michael, sin embargo, sabía que sí hacía eso, sólo le daría más razones a Katerin de no confiar en él y que Michael tuviera más poder en ella. Por su parte, Michael lo siguió. Él no podía dejarlo ir como así, necesitaba dejarle en claro su postura y si era posible, alejarlo de su amiga. Por otro lado, Tamara miraba detenidamente a Katerin, a quien parecía no importarle que sus dos amigos hubieran salido extrañamente. — ¿Siempre eres así? Preguntó desconcertada. A lo que, Katerin la volteó a ver desconcertada, se echó a la boca su último bocado de su emparedado, lo mastico con tranquilidad y después lo trago, tomó su botella de agua y bebió. Finalmente, le dirigió su atención a Tamara, quien pacientemente esperaba su respuesta. — ¿En qué aspecto? Respondió con otra pregunta. — Así... En realidad ignoras lo que ocurre a tu alrededor, o, eso parece. Alejandro y Michael acaban de irse hace unos minutos y no han vuelto. — Seguro tienen cosas importantes que discutir, no me concierne lo que tengan que hablar. Mencionó dándole poca importancia. Katerin desconocía la enemistad que estos dos tenían, lo que Tamara sí sabía, por lo cual estaba preocupada. Le desesperaba que Katerin se estuviera comportando de esta manera tan relajada, realmente no podía entender la razón del porqué su amigo se empeñaba por pelear con Michael. — Es que... ¿No te has dado cuenta? Ellos dos sienten cosas por ti. — Eso ya lo sé, es tan obvio. ¿Qué puedo hacer? No es como si pudiera controlar sus vidas. Además, no cambiará nada si yo me hago presente ahora, ellos deben solucionar sus diferencias y sus problemas entre ellos, no tengo porque interferir. Respondió mirando detenidamente su rostro. Tamara comenzaba a sentir impotencia, por primera vez encontraba a alguien tan insensible como ella. Aunque, si ella lo viera de la manera en que Katerin lo veía, sabría que tenía la razón. No había nada que pudiera hacer ella, además, no estaba interesada en asuntos ajenos a su formación académica y su desarrollo profesional. — Eres increíble, no puedo creer que realmente no te importe lo que pueda pasar entre ellos. — No tiene caso en que pierdas el tiempo en cosas como esa, mejor preocúpate por estudiar y el bien de tu futuro, nada ganarás pensando en solucionar problemas ajenos. Le aconsejó sacando su libro y comenzando a leerlo. Toda su vida había dedicado su atención a el estudio, el amor y las relaciones habían quedado en el pasado. Una pequeña época se había ilusionado con alguien que sólo le había traído decepciones y más decepciones. Ella lo había amado, él había sido su primer amor y su primera decepción. Algo que jamás quería volver a experimentar. Tamara pensó de nuevo las cosas, se dio cuenta que realmente Katerin tenía razón, no ganaba nada en meterse en los asuntos de su amigo y de Michael. Así que, optó por seguir el sabio consejo de la chica de apariencia regular y poco atractiva. Por un largo tiempo se introdujo en el mundo de las finanzas y de la administración empresarial, hasta que, de nuevo miró con atención a la chica que miraba con atención su libro. La apariencia de ésta no era mala, sin embargo, se descuidaba en la manera de vestir y maquillarse. Algo que se le daba de maravilla a Tamara. — Perdón que te disculpe, pero... ¿No has pensado alguna vez hacerte un cambio de look? Al pronunciar aquellas palabras, Katerin le dirigió una mirada atenta, lo que Tamara había preguntado era algo que siempre había pensado en hacer, pero, que por miedo e inseguridades se había propuesto a no hacer. Además, que la mayor parte de su tiempo se dedicaba a estudiar hasta el cansancio. Realmente quería obtener su título y estar preparada para asumir el cargo como presidenta en la compañía que su madre le había dejado con tanto esfuerzo a su padre. Ella quiere ser una digna sucesora y poner en alto el nombre de su compañía. — Ahora que lo mencionas, alguna vez lo pensé, pero... He desistido a esa idea por asuntos más relevantes. Además, no creo que mi apariencia sea mala. Me gustó tal y como soy. Respondió con completa seguridad. Tamara miró con asombro a Katerin, sus palabras la habían dejado sin palabras. Poco a poco conocía aún más a la chica que su amigo y que su amor querían, se daba cuenta de lo maravillosa que era. Por un momento pequeño sintió dentro de su corazón una pizca de envidia. «Como quisiera ser como ella, me gustaría tener esa seguridad y ese intelecto. Creo que jamás llegaré a ser tan buena como ella» Pensó desanimada. — Eres linda tal y como eres, solo necesitas tener más confianza y disciplina en ti misma. Dijo Katerin, pareciendo haber leído sus pensamientos. — Gracias. Sin embargo, me gustaría ayudarte y darte unos consejos para que te vista más acorde a tu persona, mira que tienes mucho que mostrar. Indicó Tamara analizando detenidamente, esbozando una pequeña sonrisa al ver el rostro sorprendido de ella. Después de todo, Katerin no tenía la culpa de que Michael la amará, no había razón para odiarla ni para hacerle la vida de cuadritos, al contrario, se suponía que eran de la misma especie y se debían de apoyar la una a la otra. Independientemente si esto le ayudará con su amigo o con Michael, ya no tenía importancia, ella se había propuesto a dejar a un lado estos abrumadores pensamientos. Lo mejor sería hacerle un bien a la chica que todo esté tiempo se había esforzado porque aprendieran bien. — La verdad yo... Me gustaría. Afirmó esbozando una pequeña sonrisa. Tamara comenzaba a figurar una linda chica para Katerin, quien moría de ganas tener una amiga con la cual compartir su felicidad y tiempos agradables entre chicas. — Bien, nos vemos el fin de semana en el centro de la ciudad.
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