Dulces Traiciones (Dulce Traición #2)

Capítulo 1
Un solo giro y cobró vida, su sonido me hace feliz, cada vez que la escucho y que ella cobra vida es un motivo enorme de alegría para mí. Era tonto pero esa es la verdad. Conduje por toda la ciudad hasta llegar al que sería mi nuevo instituto. Me gusta cambiar constantemente, lo monótono siempre es aburrido. Hoy comienzan otra vez las clases, luego de dos meses de vacaciones, prefería haberme quedado en casa a disfrutar de un buen día en casa, sin nada más que mi soledad. Llego al instituto y con la mirada busco un lugar para aparcar, lo encuentro un poco alejado pero no me importa. Apago el motor de mi adorada motocicleta y bajo de ella, la aseguro y después me dirijo hasta la entrada de la escuela. Es una escuela grande, mucho más grande que la anterior a la que asistí y me gusta más esta, es ideal para muchas cosas. Con el casco en la mano voy hasta la dirección donde pido mi horario. Una mujer de alrededor de unos cuarenta y cinco está detrás del escritorio. –Buenos días –saludo a la mujer –soy nuevo, ¿me podría proporcionar mi horario de clases? –Seguro que si –me dice y busca por una hoja –¿Nombre? –Leonel Williams –respondo. Asiente y sigue buscando. Saca una hoja y me la entrega. –Aquí tienes –me la ofrece –y bienvenido. Tomo la hoja agradecido por su ayuda. –Gracias –digo y salgo de ahí. Camino despacio y en tanto reviso mi horario nuevo. Ojalá que comparta clases con Landon y Owen, porque por muy idiotas que son, son mi único consuelo en este lugar, al menos hasta que haga amigos. Aunque estoy seguro que hacer amigos no se me complicará. Sumado a eso está el hecho de que ya tengo varios amigos aquí. –Leo –grita una voz muy conocida. Dirijo la mirada hacia donde escucho la voz conocida y me encontro con Peyton, camina hasta mí y me sonríe. Pey es una de mis ex-novias y a pesar de lo que tuvimos nos seguimos llevando bien, le tengo un cariño muy especial. –Hola Pey –la saludo con un beso en la mejilla. –Hola –dijo –veo que si te cambiaste, me alegra tenerte cerca aunque a Ivy no le agradará que estés lejos de ella. Asiento. Tiene razón en ello pero nada puedo hacer, no puedo volver a mi otro instituto. Ivette o Ivy es la hermana de Peyton, una hermosa chica morena por la que muchos mueren, y hasta donde he percibido Ivy tiene sentimientos hacia mí. Irónico porque no hace mucho fue mi cuñada y yo el novio de su hermana. Quizá estoy empezando a considerar la posibilidad de tener una relación con ella. Tampoco me importa mucho que sean hermanas. –Vaya pero a quien tenemos aquí –llega diciendo Owen a mis espaldas –veo que la familia se reúne –dice burlón. Giro los ojos por la diversión de su tonto comentario, río por eso. Solo a él se le ocurre decir algo como eso. –También me da gusto verte –le digo y lo escucho reír. Me giro y veo llegar a Landon también, Peyton sonríe. –¿Qué clase tienen? –quiere saber Pey. Ella es un año mayor, así que está un grado más arriba. Quisiera que mis clases fueran las mismas que las de ellos. –Literatura –respondo. Me mira con compasión, la verdad es que esa materia no me gusta en lo absoluto pero que puedo hacer, no encuentro peor forma de iniciar mi semana y el instituto. –Matemáticas –dicen al unisono Owen y Landon. Bien por ellos, al menos están juntos, yo en cambio como un gran imbécil estaré solo y aunque quiera no me podré cambiar de horario. Políticas de la escuela. La estúpida burocracia, eso es una gran porquería. –Bien por ustedes, yo tengo Cálculo –tuerce el gesto con disgusto. Me burlo de ella y a cambio me golpea en el brazo, me dedica una mala mirada. Se acerca a cada uno de nosotros, nos regala un beso en la mejilla. –Tengo que irme –anuncia –no vemos luego -dice y se va. La vemos marcharse hasta que desaparece. –Es una pena que no estemos juntos en las clases –me dijo Owen. –Si –digo y tuerzo el gesto. No me agrada en absoluto estar totalmente solo en mi nuevo grupo de clases, prefiero estar con esos tontos. –Pero a diferencia de tí –me señala –tengo a este imbécil –dice Owen. Extiende su brazo hacia Landon y me da una de suficiencia. La campana suena anunciando el comienzo de mi primer día de clases. Espero que no sea tan malo como pienso. –Nos vemos en la cafetería –digo y me marcho de ahí. Encima es terrible llegar tarde, por lo que comencé a andar. Camino hasta mi primera clase y entro al salón, tomo asiento hasta en la parte trasera y espero para que el aula se llene de a poco, no me molesto en mirar quienes entran, no tengo el más mínimo interés en ver a mis compañeros, un rato después entra la profesora de Literatura, nos saluda, al parecer ya conoce a la mayoría de ellos, por eso es que pronto repara en mí. Oficialmente mi día está yendo del asco. –Usted es nuevo –me dice sin un atisbo de duda –tiene que presentarse. Por más que trate de mentir, sé que no lograré que quitara su atención de mí, no tengo escapatoria. Trago saliva, no porque me sienta nervioso, sino porque la simple idea de presentarme no me gusta, y sin más remedio me pongo de pie. –Esta bien –dije y le doy mi sonrisa más falsa –Soy... –comienzo. No quiero presentarme, me parece algo ridículamente estúpido, más no me queda de otra. Ojalá que me partiera un rayo. Pero me ví interrumpido por un toque en la puerta. Una chica está a lado de ella y es ella el motivo de la interrupción, agradezco mentalmente que haya aparecido e interrumpido este momento, tal vez valga la pena conocerla. Le dirijo una mirada escrutadora, la chica es alta, delgada, de cabello dorado, piel morena clara, y muy hermosa, sus ojos cafés y su cabello lacio son hermosos. Al menos tengo que admitir lo que es evidente. La miro como idiota, en su mano traía unos pompones de animadora, tiene cierto aire de suficiencia que me deja un poco molesto. Seguro es ese tipo de chica que sabe lo que es y ese tipo de chicas son las que no soporto. Peyton es de esas, me susurra mi mente. –Señorita Powell –dice la profesora y yo me siento de inmediato –de nuevo llegando tarde. Ahora que ella tiene la atención de la profesora, yo aprovecho para hacerme a un lado y que se olvide de mi existencia. –Lo siento –se disculpa –pero se nos presentaron algunos asuntos. ¿Puedo pasar? De mala gana la profesora asiente y la deja entrar. La chica entra y se sienta hasta el frente, suelto un suspiro de alivio, la profesora se da la vuelta y justo cuando creo que la clase comenzará aparece otra chica detrás de la puerta. Está por tocar pero no logra hacerlo porque la malhumorada profesora no la deja hacerlo. Le hace una seña para que entre y así lo hace. Esta chica al igual que la anterior trae sus pompones, con paso elegante se sienta hasta donde la otra y de algún modo eso me molesta un poco más. Así que es la típica niña creída y sabelotodo que cree saber todo pero sobretodo disfruta humillar a todo aquel que le consulta algo. Detesto en sobremanera a esa clase de personas, al menos esa es la impresión que da al sentarse hasta adelante de la clase. ¿Qué clase de ñoño se sienta hasta el frente? Solo alguien como ella y a la distancia se nota que lo es. Tiene el pelo largo hasta por debajo de las axilas, castaño cobrizo, ondulado y muy brilloso debo admitir, la piel blanca, los ojos café claro, de aquel café que es parecido al del chocolate, no es alta, solo de estatura media y a la vista en cierto modo parece un poco pasada de peso, pero bueno ese uniforme no es como que favorezca mucho. Trae puestas unas grandes gafas, que le dan ese aire ególatra pero también de una genio. Podría llegar a ser bonita, pero con ese aspecto en absoluto lo parecía. Patético. La profesora comienza la clase y aunque la presencia de ambas chicas no me parece tan grata lo bueno de su aparición fue que no me obligaron a presentarme y eso fue genial, al menos tenfo que agradecerles ese hecho. Durante toda la clase pude comprobar lo que he pensado en cuanto ví a la chica que entró al final, es una sabelotodo y parece una engreída que cree que lo sabe todo y eso me enojó un poco más. Alguna pregunta que la profesora realizaba era la única que la podía responder, eso me molestó aún más. No sé porque pero esa chica parece ser todo una odiosa y por lo visto le gusta hacerle la vida imposible a todo el mundo. La chica sin querer vuelve la cabeza en mi dirección como si buscase a alguien, pero una vez que posa sus ojos en mí frunce el ceño y me mira de forma analítica. De algún modo esa chica me pone un poco incómodo pero aun así no se lo doy a notar. Voltea la cabeza a su lugar habitual y entonces la veo inclinarse hacia la castaña a su lado, le susurra algo al oído, al poco rato ella voltea y me mira con los ojos dilatados, estas chicas saben algo de mí y no eran nada discretas. Chasqueo la lengua y me río mientras niego con la cabeza. ¿De donde me conocen? No lo sé pero pronto lo averiguaré. El timbre suena y entonces sé que empieza el descanso, tomo mis cosas y salgo de clases, pero no dejo de mirar hacia las chicas esas, al parecer estaban socializando con una chica que al igual que yo es nueva. Junto con otra chica castaña y de cabello corto, no reparo mucho en ella pues no quiero ser tan obvio. Camino hasta la cafetería donde me reuniré con los chicos, no conozco la escuela, solo la dirección y el salón donde tomé mi primer clase, puesto que esta duró dos horas. Lleguo hasta mi destino y al entrar a la cafetería me doy cuenta que es muy grande y que quizás demoraré en encontrarlos, pero no es así. Veo a Landon mover la mano haciéndome señas para que vaya hasta ellos y así lo hago. Voy entre las mesas hasta llegar a la de ellos, Peyton platica animadamente con Owen, y Landon revisa algo en su móvil. Al llegar despegq la vista de su celular y me mira. –Pensé que no me verías jamás –me dijo –llevo rato haciéndote señas como idiota. Casi me pesco la fama del mimo imbécil sin gracia. Reí por su propio chiste y me senté a su lado. –¿Cazando a la siguiente? –pregunto. Rápidamente veo que está en una de sus burbujas de chat con alguien. Sonrió engreído. –Por supuesto –contesta. Niego divertido. Pero que puedo decir si yo hago lo mismo, incluso soy más patán y rompecorazones que él, así que mejor no decir nada. Miro a los lados por pura curiosidad y grande es mi sorpresa al ver a aquellas chicas sentadas a unas mesas de distancia, junto con la chica nueva, un chico que también estaba en la misma clase que yo y la chica castaña a la que no presté atención. Platican alegremente. –¿Cazando? –pregunta Landon y siento que está demasiado serio. No hice caso a ello y decido preguntar. –¿Las conoces? –él asiente. –A la chica rubia –dice –no la conozco, es nueva, el chico igual. Asiento en respuesta. –¿Y el resto? –inquiero. –La castaña de pelo corto es Charlotte –continua –la cobriza es Camille. Afirmo de nuevo. –¿Y la última? –pregunto ansioso. Su rostro se ensombrece. –Es Cassandra –confiesa. Y entonces lo entiendo.
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