Y, ¿si tan solo nos amamos?

«No lo sé»
Tamara aún estaba en shock, no sabía si reaccionar a la repentina noticia de que tendría un hermano o si sus padres habían decidido apoyarla con su mayor sueño. — Yo... — Anda, vayamos con ella, ya verás que ella te ayudará mucho. Mencionó su padre mirándola detenidamente. Esto era lo que tanto había esperado. Admitía que prefería convertirse en modelo a estudiar Administración, tanto tiempo les había pedido y sólo ahora se lo ponían fácil. En el transcurso de este tiempo, Michael se había convertido en la fuente de su inspiración, incluso podía decir que le había comenzado a gustar su carrera. — Yo... No lo sé. Aún no estoy segura de que lo quiera hacer, solo quiero terminar esto, no me gusta dejar las cosas a medias. Se excusó. Era cierto lo que decía, desde pequeña le habían inculcado la responsabilidad y el buen hábito de terminar lo que comenzaba. Por otra parte, aún se negaba a dejar de ver a Michael. Había tomado la decisión de darle su espacio y de olvidar sus sentimientos por él, sin embargo, no era tan fácil decirlo que hacerlo. Sus padres asintieron, con una sonrisa la miraron, por dentro sentían orgullo, su pequeña había crecido para bien. Ahora, podían darse cuenta de ello. — Bien, hija. Sabes que siempre estará de pie esta oferta. Dijo su madre dándole una pequeña palmada en su hombro. «Quisiera dejar de sufrir por este amor unilateral, quisiera ser yo quien fuera aquella que se refleja en tus hermosos ojos» Pensó Tamara, después de recordar la mirada llena de cariño que Michael le había dirigido a Katerin esta tarde. Por otra parte, Katerin le dedicó una pequeña sonrisa a Alejandro, bajó su mochila de nuevo a la silla en la que se había sentado. — Está bien, solo permíteme un momento con Michael. Necesitamos hablar. — De acuerdo. Respondió esbozando una gran sonrisa. Alejandro había logrado salirse con la suya, Michael no tenía opción, ella estaría con él más tiempo, lo cual lo llenaba de emoción y alegría. Katerin tomó del brazo a un inexpresivo Michael, que la siguió sin decir una palabra. Al estar afuera, se miraron el uno al otro, él sabía perfectamente la decisión que ella había tomado, y no la culpaba, ella era la chica que ayudaba a las personas sin importar siquiera ella misma. Ponía en primer lugar a los demás. — Lo siento, Mike. Creo que me quedaré más tiempo aquí, si quieres puedes quedarte con nosotros y podemos hablar después que acabé con él. — No, otro día podemos hablar. Está bien que le ayudes, no tienes porque disculparte. Respondió esbozando le una sonrisa sincera. Por un lado, se alegraba que los nervios y la presión habían desaparecido. La duda y la incertidumbre se había apoderado de él, era probable que si ella no le correspondía de la manera que él quería la situación y la convivencia entre ellos se volviera incómoda, y eso, era lo que menos quería para los dos. — Bien, cuídate. Nos vemos mañana. Dijo Katerin dándole un pequeño beso en la mejilla. — Nos vemos, suerte con él. Respondió con una pequeña sonrisa. El hecho que ella lo hubiera besado le había provocado una de las mejores emociones, era la primera vez que ella hacía eso. «Algo quiere decir esto, es posible que ella me pueda considerar algo más en un futuro, no debo perder las esperanzas.» Pensó mientras salía de aquella gigantesca mansión. Alejandro se trago todo el dolor que le había causado la repentina escena, sin querer lo había presenciado. «Después de todo, ella lo ama...» Pensó desanimado mirando con tristeza su libro. En todo el rato, se dedicó a mantener la mirada sobre el libro y su libreta, Katerin lo notó raro, sin embargo, no quiso decir nada. Solo se limitó a explicarle detenidamente lo que él le señalaba. En todo el momento que estuvo con ella trató con todas sus fuerzas de no hacer contacto visual con ella, por temor a que mirará sus ojos cristalizados. Las lágrimas amenazaban con salir, a pesar de compartir todo este tiempo con ella, no podía lograr siquiera ser su amigo. — ¿Hay algo más que no entiendas? Preguntó Katerin, sacando a Alejandro de sus pensamientos. — Eh... No, todo está bien. Solo que... Bueno, como te digo esto... Vaciló. Su corazón comenzó a acelerarse, sus mejillas y su rostro ardía, su ritmo cardíaco y su estómago comenzaba a ser un desastre. «Se lo tengo que preguntar, anda Ale, tú puedes» Se dio ánimos. Levantó el rostro, miró detenidamente su cara, sus cejas se encontraban ligeramente levantadas, y su boca entreabierta. «Este momento sería el indicado para robarle un beso, me gustaría probar esos delicados labios rosados» Pensó perdiéndose en su boca. — ¿Alejandro? Preguntó Katerin desconcertada. — Yo... Me preguntaba... ¿Si tú quisieras ser mi amiga? Dijo cerrando fuertemente sus ojos para no ver la reacción de ella. Katerin lo observo sorprendida, lo que Alejandro le pedía era algo nuevo, por años solo había tenido a Michael como amigo. La idea de tenerlo como alguien cercano comenzó a darle mucho de que pensar. Si bien él no era conocido por su brillante desempeño escolar, mucho menos por su buena fama con las chicas, quienes le reprochaban como un jugador nada más, eso sin contar que se le notaba a leguas que quería algo más con ella. Aunque, no todo era malo en él, después de todo había visto el gran cambio que había obtenido en todo este tiempo, ya sea si gracias a ella o no, él iba a ser capaz de salvar su año escolar y su carrera, lo cual alegraría a la maestra Julia y a su padre. — Yo... Creo que sí, solo con una condición. Respondió Katerin después de un largo silencio. — Claro, la que me pidas la haré con mucho gusto. Contestó Alejandro esbozando una sonrisa. — Deja de darme esas constantes miradas tuyas, puedo sentir tu mirada sobre mí y también soy consciente de tus sentimientos, así que, te pido que no te hagas falsas ilusiones... Yo aún no estoy segura de lo que quiero ahora. Mencionó Katerin dejándole en claro las cosas. Aquello había tomado por sorpresa a Alejandro, ahora se daba cuenta que ella no era alguien a quien se pudiera tomar a la ligera. Realmente podía comprender a la perfección el hecho de que ella fuera buena en casi todas las cosas. — Está bien, solo quiero tener una persona tan amigable y sincera como tú. Tu manera de ser y la influencia que me has dado, me ha permitido mejorar como persona. Respondió después de pensar bien sus palabras. Katerin se asombro, en todo este tiempo, nadie le había dicho esas palabras, ni siquiera el propio Michael. Después de todo, Alejandro era un buen chico. Sus palabras y su decisión le daban a entender que debajo de aquella máscara de chico malo y problemático que aparenta, se escondía un gran chico. Lo cual, comenzó a llamar la atención de ella. «Sus palabras son sinceras, no pierdo nada en intentar tener una buena amistad con él» Se aseguró. — De acuerdo, me has convencido. — ¿Amigos? Preguntó Alejandro extendiendo la palma de su mano derecha hacia ella. — Amigos. Afirmó Katerin esbozando una pequeña sonrisa y estrechando su mano. Alejandro se sintió feliz, no era lo que esperaba, sin embargo, esto sólo era un principio, nada le aseguraba que en el futuro no pudiera ser algo más. Por una extraña razón, ella se sentía feliz, tal vez, este sería el comienzo para tener un círculo de amigos más grande. — Nos vemos mañana, nuevo amigo. Dijo soltando su mano y tomando su mochila. — Bien, mi nueva amiga. Contestó acompañándola a la salida. La sonrisa de Alejandro permanecía, el hecho de ser alguien cercano a ella había alejado su tristeza. Ahora, ella lo vería algo más que un solo compañero u alumno, sería su amigo, estaría casi al mismo nivel de Michael. La competencia por su amor apenas comenzaba. Desde el balcón, Don Ernesto miraba con una sonrisa a los jóvenes. — Si Kate estuviera aquí, no dudo que también pensaría lo mismo que yo. Su hija y mi pequeño están destinados.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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