Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Es una posibilidad”
Las clases que tenían eran cada vez más comprensibles para los dos, Alejandro y Tamara habían logrado mejorar bastante en todas estas semanas, casi Katerin y Michael estaban seguros que ellos serían capaces de pasar con éxito los exámenes extraordinarios que tendrían al final del mes. La maestra Julia había citado a Michael y Katerin para felicitarlos por su excelente trabajo con sus compañeros. Contentos se apresuraron a su presencia. — Maestra Julia, ¿cómo está? — Mis queridos alumnos, en serio, estoy tan contenta y agradecida con ustedes. Han hecho un gran trabajo con sus compañeros, sus maestros ya me han informado del buen desempeño, gracias, chicos. Exclamo contenta en cuanto los vio y se apresuró a abrazarlos. Ellos dos se sorprendieron por el repentino contacto de ella, los apretó fuertemente por un largo minuto hasta que los soltó y les sonrió. — Por usted haríamos cualquier cosa, no tiene porque agradecernos. Contestó Katerin de manera amable. — Lo sé, sin embargo, lo quiero seguir diciendo. Gracias, linda. Respondió mirándola con cariño. La maestra los puso al tanto de las mejoras que habían tenido, de lo bien que los maestros la habían felicitado por la excelente elección de haberlos elegido como tutores. Katerin y Michael se dedicaban a escucharla con atención. — Ya saben chicos, aquí estaré por si me necesitan, por cualquier cosa, no duden en pedírmelo o consultarme. Indicó con una sonrisa. — Gracias, Profa. No dude en que lo haremos. Respondió Katerin esbozando una pequeña sonrisa. Después de su reunión, volvieron de nuevo con sus alumnos, quienes habían adquirido buenos hábitos, hasta sus anteriores amigos se sorprendían al verlos tan comprometidos en su educación. Katerin se sentía orgullosa de sus compañeros, quienes le habían demostrado que cuando se quería, se podían lograr las cosas bien. Las clases en la tarde se habían hecho más largas de lo común, ya no duraban 3 horas como solían serlo antes, ahora, la sesión se había postergado hasta 6 horas. Se encontraban en la gigantesca mansión de Alejandro, Katerin se seguía sintiendo incómoda por su alrededor, mientras que, Michael se había sorprendido. Si se ponía a pensar, Alejandro le llevaba más ventaja en cuanto estabilidad económica, su familia ya contaba con una empresa estable, la cual negocia con distintas empresas de diferentes países del mundo. Mientras, él y su familia apenas comienzan a introducirse en este mundo. «¿Seré capaz de hacer feliz a Katerin? Y si ella quiere estabilidad económica, no podré dárselo. No, no, no, ¿qué tonterías dices, Michael? Ella no busca eso, ella quiere sentir la calidez de una familia» Pensó Michael mientras miraba por enésima vez todo su entorno. Tamara, por su parte, había dejado atrás las miradas que solía darle con entusiasmo a su amado, ella había comprendido que lo que ella quería no sería ahora ni nunca, al menos la idea de ser su amiga o ser una persona cercana a él le tranquilizaba. — ¿Tienen alguna duda en lo que hemos visto a lo largo de esta clase? Preguntó Kate observando los detenidamente, asegurándose que le dijeran la verdad. — No, me ha quedado claro todo. Respondió Alejandro dirigiendole una tímida sonrisa. — Ni yo, gracias Kate. Dijo Tamara esbozando una pequeña sonrisa. Michael en ese instante estaba teniendo una pelea interna con él mismo, indeciso de confesarle lo que por mucho había estado sintiendo por ella. «Lucha por lo que quieres, hijo» Recordó las sabias palabras que su madre le había dicho cierto día. Las fuerzas y la valentía surgieron desde lo más profundo de su corazón, invadiendo por completo todo su ser. Se armó de valor y tomó de la mano a Katerin, quien lo volteó a ver con sorpresa. — Katerin, puedo hablar contigo después de salir de aquí. Pidió esbozando una pequeña sonrisa. — Sí, está bien. Alejandro sabía que algo tramaba, los miró con recelo, mientras, Tamara ya se había dado por vencida, estaba convencida que el amor no era para ella. «Definitivamente, Michael trama algo, está claro que él la ama, no tengo duda de que él le vaya a confesar sus sentimientos, ¿qué hago?» Pensó con desesperación mientras ordenaba sus libros en el escritorio. Katerin estaba terminando de meter sus cosas a su mochila, dio una última mirada a sus alumnos y sonrió, comenzó a caminar hacia la salida del cuarto. Cuando, de repente, Alejandro se lleno de valor y corrió a tomarla de la mano. — En realidad, hay algo que no entiendo. Sólo que por pena no lo pude decir hasta ahora. Yo... — Vaciló por un instante, mientras buscaba una excusa perfecta para retenerla más a su lado — Me gustaría que me ayudarás en la tarea que nos dejaron este día. Bueno, si es que no hay problema, claro. Si no puedes lo entenderé. Mencionó bajando la mirada al decir la última frase. Katerin se había sorprendido por la repentina petición de Alejandro, por primera vez, notaba interés por hacer sus tareas, era como si todo su esfuerzo al fin estaba dando frutos. Sin embargo, su amigo tenía algo que decirle. La duda comenzó a invadirla, no sabía si irse con su amigo o quedarse con su alumno. Michael esperaba en la puerta. Por su parte, Tamara ya se había retirado del lugar, ella tenía cosas importantes que hacer. Su madre le había pedido que llegara lo más pronto posible, ya que su padre tenía cosas importantes que discutir. Al llegar a su casa, encontró a sus padres sentados en la sala con una mujer de cabello pelirrojo y de linda apariencia, en cuanto la miró le sonrió. Sus padres sonrieron y le indicaron que tomará asiento. — Veo que tus padres no mintieron cuando me dijeron que tenías un lindo rostro, es probable que si apliques para nuestra línea de cosméticos. Comentó quitándose los lentes oscuros que tenía, permitiendo que Tamara observará unos lindos ojos azules. Con desconcierto miró a sus padres, la idea de ser modelo había quedado en caso de que ella no lograra terminar satisfactoriamente la carrera. Por lo que, ella había luchado todo este tiempo y ahora ellos salían con esto. Definitivamente algo más había, sus padres tenían algo importante que informarle. — ¿Yo? ¿Modelar? Preguntó sorprendida. — Sí, tienes lo necesario. A ver ponte de perfil, quiero verte bien. Respondió mirándola con detenimiento. — Padre, madre. ¿Podemos hablar un momento? Indicó mirándolos en búsqueda de respuestas. — Nos puede permitir un momento, ahorita volvemos. Dijo su madre a la pelirroja, la cual asintió y esbozo una sonrisa. Tamara y sus padres se fueron a un cuarto de la parte de abajo, al estar en silencio y lejos de aquella mujer. Finalmente, ella los enfrentó. — ¿Qué significa esto? ¿Por qué de repente me piden que haga esto? Todo este tiempo he estado intentando lograr graduarme de una carrera que no me gusta. Mencionó sin rodeos. — Estamos conscientes de eso, por lo que... Pensamos que ya era momento que termináramos con tu tormento. Además, tu madre y yo tenemos algo importante que decirte. Respondió su padre tomando con cariño la mano de su mamá. Tamara sabía que algo más guardaban, ellos no podían tomar una decisión tan brusca, solo con el hecho que se hubieran dado cuenta de que si esa carrera le gustaba o no. — Pronto tendrás un hermanito, ya no tienes porqué estudiar algo que no te gusta. Anunció su madre esbozando una gran sonrisa. Todo este tiempo había tratado de seguir con sus sueños y con las metas que habían planeado para ella, y ahora resultaba que todo esto no tenía caso. — Anímate, ya podrás modelar, recuerdo que desde pequeña querías ser modelo, ahora puedes serlo. Yo misma le he dicho a tu padre, y él ha accedido. Prosiguió su madre dedicándole una sonrisa. «Es verdad que siempre he soñado con eso, pero, lo que más me importa es cumplir con los deseos de mis padres. No puedo creer que así de fácil me hayan botado y al fin quieran hacer realidad lo que en un principio quería.» pensó Tamara mirándolos el uno al otro. — Vamos, ya he hablado con Yasmine, estoy seguro que te dará una buena orientación, ya verás que vas a poder. Indicó su padre esbozando una sonrisa.
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