Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Un paso a la vez”
Tamara miraba con sorpresa a Alejandro, ella a veces se preguntaba de dónde él sacaba tanto optimismo y ánimo para intentar tener algo con Katerin, la chica inteligente y admirada por la mayoría, siendo él un alumno promedio y de pésimas calificaciones. «¿Será que tiene posibilidad con alguien como ella?» Se preguntó mientras lo miraba de reojo. Los gustos de Katerin, o mejor dicho, el tipo ideal de ella, era más adecuado alguien quien le brindará estabilidad emocional, sentimental y sobre todo, que no la sacara de su zona de confort. Algo, que claramente su amigo no tenía. Él poseía de buen rostro y se podía decir que un buen sentido del humor, su animada manera de ser suele ayudar a mejorar el ánimo de sus amigos. «Alejandro no es lo que busca Katerin, está claro que lo que ella quiere es alguien como Michael» Pensó Tamara con tristeza. Mientras tanto, dentro de Alejandro se mantenía más entusiasmado, el gran paso que había dado hoy le animaba a seguir con su larga trayectoria por el corazón de Katerin, que aún le faltaba por recorrer. «Todo a su tiempo, no debo de presionar a las cosas» se aconsejó así mismo. — Ale, quiero pedirte algo, por favor hazlo por mí. Mencionó de repente Tamara mientras tomaba de sus manos y lo miraba con súplica. La manera en la que ella se estaba comenzando a comportar era algo que sorprendió bastante a Alejandro, su amiga se mostraba vulnerable, algo que por mucho tiempo no lo había hecho. — ¿Qué sucede, Tamara? Otra vez... — No, no es eso. Nadie me ha dicho nada, lo que quiero pedirte no tiene nada que ver conmigo, sino contigo. Lo interrumpió mirándolo fijamente. Ella lo consideraba como un hermano, y como tal no quería que nada ni nadie lo lastimara, en todo este tiempo, él la había protegido de los demás. Ahora, sentía que le tocaba a ella. — No te ilusiones con ella, por favor, no quiero que te hagas daño. Ellos son inalcanzables para nosotros. — No, no lo son. Te lo demostraré. Mencionó Alejandro con determinación. En este pequeño lapso de tiempo, se había dado cuenta que como él, Katerin y Michael eran seres humanos también, los cuales podían sentir alegría y tristeza. El hecho que se les viera superior a ellos era algo ridículo ahora, antes así lo había considerado, pero, ahora tenía la certeza que podía acercarse a ella. — Ale... — Tamara, deja atrás lo que te ata. Esto no es imposible, te lo mostraré, ya lo verás. Afirmó con certeza y una gran confianza invadía su cuerpo. «Solo espero que no termine lastimado» Pensó Tamara, dándose por vencida. Cuando Alejandro se ponía en ese plan era difícil que alguien lo sacará de ahí. — Está bien, ahora que te parece si comemos algo delicioso. Mi madre preparó pastel de chocolate. Mencionó Tamara de manera tentativa. — Claro, vayamos y luego comencemos con la tarea. Contestó Alejandro con una gran sonrisa. ... Por otro lado, Michael se mantenía aún pensando lo que haría para deshacerse de Alejandro, quien ahora comenzaba a ser un obstáculo para su amor con Katerin, la chica que desde el primer día que la había conocido se había enamorado de ella. — Por ahora debo de observarlo cuidadosamente, analizarlo y buscar sus puntos débiles. Se dijo a sí mismo. — Perdón, ¿dijo algo? Preguntó su chófer mirándolo a través del retrovisor. — No, nada. Al llegar a casa, lo primero que hizo fue investigar todo lo referido con Alejandro en su red social. Él se destaca por ser popular no sólo en la escuela, sino que en cualquier lugar que se presenta, eso lo ha ganado gracias a su buena apariencia y la fama que le da su apellido, gracias a su padre. Michael había podido encontrar fácilmente su perfil, estaba a punto de darle clic para que se mostrará toda la información sobre él, hasta que se detuvo. «¿En verdad harás esto?» se preguntó a sí mismo. — Debo prevenir me, no puedo ni debo dejar que él se interponga en lo que puede haber entre Kate y yo. Se respondió con seguridad, mientras revisaba toda la información y las fotos que el mismo Alejandro había subido. Michael sonrió, al ver que Alejandro era la clase de chico con el que jamás su amiga saldría, él la conocía bien y sabía que alguien fiestero, desaliñado, popular y sin disciplina como él no podía tener la posibilidad. «Pobre de ti, Alejandro. No creo que tengas la posibilidad, no conmigo en el camino» Pensó con entusiasmo. Katerin había llegado de manera tranquila a su casa, donde fue recibida por la mirada fija de su madrastra. — Ya era hora que llegarás. — No sé porqué ahora se ha incrementado tu interés por mí. Solo has de cuenta que no hay nadie, hazlo como cuando era pequeña y me ignorabas. Dijo Katerin con seriedad, pasó por su lado y subió directamente a las escaleras. Al llegar a su cuarto, se encerró con llave, buscó sus audífonos y colocó cualquier música que encontró en su reproductor de música. Puso sus libros sobre su escritorio y aprovechó la luz que aún entraba por su ventana. Comenzó a realizar la tarea que tenía pendiente, no era el momento de preocuparse por las cosas absurdas que su madrastra le diría. Aunque quisiera olvidarlo, no podía dejar ir los malos recuerdos que tenía por su madrastra, y vaya que eran muchos, hasta el día de hoy la trataba con frialdad. En todo su tiempo de crianza la había tratado de manera brusca y estricta, cada que Katerin no hacia algo de provecho, como ella lo decía o lo consideraba, solía castigarla, dejándola de pie todo el día hasta que su padre venía y ella se portaba amable con ella. «Los ojos azules la observaban con frialdad, mientras ella solo se mantiene de pie en la esquina de la sala. — ¿Qué te dije con perder el tiempo con tus mediocres compañeros? Gritó mirándola detenidamente. Ella siendo una pequeña niña de 7 años, cerró los ojos y se tapó los oídos. Que le gritaran era algo que no soportaba. Más que en ese entonces, ella la consideraba como su madre. — Perdóname, mami. Por favor, yo... Es que ellos me necesitaban, no todos comprenden a la primera, además... La maestra me pidió que... — ¿Qué te dijo esa vieja tonta? Ahora tú harás su trabajo, bonita las cosas, pero, deja que yo vaya, mañana me va a oír. Dijo con enfado. — No, mami. Imploro poniéndose de rodillas sujetando la del vestido mientras lloraba. — No, no hay nada que decir más. Ahora te quedaras ahí y reflexionaras lo que hiciste mal, hasta que venga tu padre. Ordenó soltando se de su agarre. Dio media vuelta y desapareció de su vista. Ella como niña obediente permaneció durante varias horas. En ese momento, no podía comprender porque su madre la trataba de esa manera cruel.» — No entiendo porque no me di cuenta, desde ese entonces debí haberme dado cuenta que no me amabas porque yo no era tu hija. Susurró Katerin. Una pequeña lágrima se desbordó en su mejilla, Katerin con rapidez la limpió con su mano y se concentró para terminar con lo que tenía pendiente. La madrastra fría y calculadora de Katerin se mantenía viendo tips y trucos para verse linda con productos de belleza. Desde que se había casado con el padre de Katerin, no había trabajado más, así mismo, hizo el compromiso de cuidar a la pequeña. Algo que no había hecho con amor. — Espero que pronto esta chica nos dé buenos frutos, solo espero que Nicolás haga una buena negociación con Don Magno, ya casi puedo sentir el olor de la fortuna. Susurró emocionada mientras se terminaba de pintar sus largas uñas con esmalte rojo. «Esto es por lo que he trabajado por mucho tiempo y nada ni nadie hará que se derribe» pensó con determinación.
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