Y, ¿si tan solo nos amamos?

“No digas que NO”
La señora estaba encantada con Katerin que había olvidado por completo a los chicos, quienes pacientemente esperaban que terminarán con su animada conversación. — Sí, linda. Tu madre y yo nos conocimos por un desacuerdo en clase, recuerdo que yo tenía una postura diferente a la de ella. Me puse en mi plan necio y le di la negativa. Hasta que pacientemente ella me mostró que me equivocaba, desde ese día, ella y yo nos convertimos en amigas inseparables. Terminó de relatarle con alegría. — Ya veo, con que mi madre era ese tipo de persona, me da gusto saber más de ella. Comentó esbozando una linda sonrisa. — Sí, pequeña. Has venido para enseñarle a mi hija y a mi otro hijo, Alejandro. ¿No es así? — Sí, así es, señora... — No me digas señora, para ti también seré Mamá Rosie, eres bienvenida cuando quieras venir. Dijo por fin mirando a su alrededor y sonriéndole a los chicos. Por su parte, Katerin asintió con alegría, luego se levantó y se unió a ellos. Después de una media hora, al fin se dirigían al cuarto de Tamara. Al llegar, Katerin noto el cuadro de la foto que Michael había visto la primera vez. Alejandro y Tamara se dieron cuenta de su percepción. — Ignora esa foto, es solo que mi madre me ganó en una apuesta. — ¿Aún no te quitan el castigo? Preguntó Alejandro con interés a Tamara, que se moría de vergüenza. — No, aún no. Tamara solo quería que despegaran la vista de su foto, Katerin al darse cuenta de su situación, comenzó a indicarles que se sentarán y tomarán sus libros. — Dejaremos las entrevistas y las conversaciones para otro tiempo, ahora lo que nos interesa es aprender, ¿de acuerdo? Dijo de manera seria. Alejandro le brindaba su absoluta atención, mientras que, Michael aún sonría burlonamente al ver aquel cuadro. Al darse cuenta, Katerin le dirigió una mirada severa, la cual le ocasionó que sintiera escalofríos por todo su cuerpo. — Lo siento, Katerin. — Por favor, comienza la clase de hoy. Indicó Katerin tomando el control de la situación. Michael sólo se dedico asentir apenado y a dar comienzo con la clase. Algo que agradeció Tamara, al fin había dejado de ser el punto de atención. Tras un largo tiempo solo se dedicaron a hablar sobre las cosas que no comprendían, Katerin de manera amable les aclaraba sus dudas. Mientras que, Michael sólo la admiraba con fascinación. De eso todos se daban cuenta, Tamara trataba de ignorarlo y Alejandro intentaba tranquilizarse. Al termino de la clase, Tamara sintió que la explicación en conjunción de Katerin, había resultado ser más clara y precisa, podía decir que había sido capaz de comprender todo. — Gracias por la clase de hoy, señorita Castillo. Dijo Tamara de manera formal. — No tienes que agradecer, y puedes llamarme Kate, somos casi de la misma edad, además vamos en el mismo grupo. Respondió Katerin con amabilidad. «Wow, jamás pensé que ella fuera tan amable. Creo que la juzgue de más, su apariencia y sus notas como mejor alumna habían hecho que creyera que ella se sentía superior a nosotros, pero, ahora veo que no» Pensó Tamara un poco avergonzada. — Está bien, Kate. — ¿Yo también puedo llamarte así? Preguntó Alejandro ilusionado. — Sí, ¿por qué no? Contestó Katerin esbozando una pequeña sonrisa. Mientras, Michael se limitaba a observar la escena. Por un lado, le daba gusto que ella fuera amable, pero, por otro lado, no le gustaba para nada que Alejandro comenzará a llamarla con confianza. Alejandro por su lado, estaba qué saltaba de alegría, al fin había dado un paso más, si seguía así, no dudaba que al terminar el semestre podía hablarle con más facilidad. Katerin les sonrió con amabilidad, dio una última mirada a sus rostros y finalmente tomó sus cosas, se dirigió a la salida junto a Michael. — Nos vemos mañana. Dijo antes de cerrar la puerta de su habitación. Tamara y Alejandro se quedaron estáticos por un momento, hasta que reaccionaron y salieron a despedirlos con la esperanza de todavía encontrarlos, ellos dos se detuvieron en seco y observaron la manera en que Katerin se dirigía a su amigo. — A mí no me engañas, no molestas a Tamara solo porque te gusta molestarla, ¿No será que te gusta? Michael la miró con incredulidad, rápidamente se apresuró a negar con la cabeza, para finalmente tomarla de los hombros y mirarla fijamente. — No, claro que no. Yo no estoy interesado en ella. Es más... — No digas no, tal vez y en un futuro ella y tú salen, eh. Indicó dirigiendo le una sonrisa socarrona. A ella le encanta molestar a su amigo, Mike, quien a veces no entiende su sentido del humor. Sin decirle nada, le dio un golpe con su dedo en la frente y la miró con seriedad. — No bromees con eso, yo solo tengo ojos para... — Kate, Michael pensé que ya se habían ido. Intervino Alejandro llamando su atención. Katerin sintió un poco de alivio, aun no sabía cómo corresponder a los sentimientos de Michael, ella veía en él a un chico que la había ayudado mucho y que había hecho sus días menos solitarios, aunque, eso no significaba que lo amaba, sentía cariño y tal vez un poco de afecto. El amor para ella era un sentimiento abstracto, algo que no podía saber con claridad. Por otro lado, Alejandro estaba emocionado por haber detenido la confesión de Michael a la chica que le gusta. Ahora, se daba cuenta que debía mover más rápido sus piezas o de lo contrario tendría que ver como la iba a perder, definitivamente eso era lo que menos quería ver. «Michael es rival muy fuerte, pero, no hay nada que no pueda lograr con esfuerzo, si me lo propongo puedo demostrarle que soy alguien que vale la pena» pensó Alejandro con determinación. Michael solo se limitó a bajar las escaleras, mientras, Katerin los espero con una pequeña sonrisa. Luego de eso, Tamara y Alejandro los acompañaron a la salida. — Bien, entonces, mañana en la casa de Alejandro. Comentó Katerin anotando en su agenda. «Vaya, ella es muy ordenada. Otra razón más por la que Michael la quiere» Pensó Tamara observando a Katerin con detenimiento. — Sí, Kate. Afirmó Alejandro, para no desaprovechar la oportunidad de llamarla de esa manera tan linda. Aunque, en su mente quería decirle muchísimas cosas lindas como bella, hermosa, dueña de mis sueños y mis suspiros, mi diosa, mi reina, mi amor, entre otros apodos cursis. Michael se dirigió al auto, donde su chófer los esperaba. Katerin les dio una última mirada y siguió a su amigo. Durante el trayecto, Michael permaneció callado y pensativo, ahora se había dado cuenta que Alejandro no era un simple chico más, en esta clase se había dado cuenta que cuando se proponía en algo, podía lograrlo. Su avance con Katerin y con la materia lo había impresionado. «Creo que si ahora que llegue me dispongo a hacer mi tarea, podré tener la posibilidad de alcanzar a cenar con mi padre» Pensó Katerin mientras resolvía y ordenaba sus quehaceres. El auto paró frente al portón de la mansión de Katerin, quien aún no salía de su trance. El conductor le indicó amablemente que ya estaban en su hogar. A lo que ella sonrió. — Gracias, Gabriel. Nos vemos mañana, me despides de Mike, creo que ya se perdió de nuevo en sus pensamientos. Dijo de manera amable al joven de cabello oscuro que se encontraba frente al volante. — De acuerdo, señorita. Respondió con una sonrisa. ... Mientras tanto, Tamara veía con sorpresa a Alejandro, quien no paraba de sonreír como un loco. Él al fin había logrado que Katerin le brindará su confianza y un poco de su atención. — Alejandro, fue malo de tu parte interrumpir a Michael. — Lo siento, pero, tenía que hacerlo. Respondió haciendo una mueca chistosa.
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