Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Cuatro son mejor que dos”
Michael esperaba pacientemente la respuesta de Tamara, quien había comenzado a arrepentirse por lo que le había propuesto. Si él pasaba más tiempo con Katerin, era probable que ellos dos salieran. «Bueno, él me ha dicho que no quiere nada conmigo. Además, ¿qué probabilidad hay que me dé una oportunidad? Y si digo que lo amo, debo de demostrarlo, hasta puedo darme cuenta de la manera en la que se emocionó por lo que le dije» Pensó mirando atentamente a Michael. — No, no hay problema. Además, se nota que la extrañas y yo extraño a mi amigo, así que... Sería una buena idea. Contestó Tamara clavándose las uñas en su palma para no retractarse a lo que estaba haciendo. — Genial, se lo diré a Katerin. Gracias, Tamara. Dijo emocionado y por primera vez la abrazó. — De nada. Respondió esbozando le una forzada sonrisa. Al irse Michael, Tamara subió a su cuarto y se encerró. Se dejó caer contra la puerta y se limitó a observar aquel solitario cuarto. Su corazón dolía aún más, en un momento sintió que lloraría a mares, sin embargo, no fue así. Ella sólo se quedó estática sin expresar nada. La historia se repetía una vez más, no había nadie que la amará. Siempre los chicos que ella quería terminaban amando a otra chica, dejándola olvidada. — Este amor será como todos... Tú serás feliz y terminarás olvidándome como los demás. Susurró perdida en sus sentimientos. «— Lo siento, pero, no puedo amarte. No eres tú, soy yo. Tengo a alguien más. Dijo Armando, el chico del cual se había enamorado en secundaria. — Tamara, eres linda y... Yo creo que soy poco para ti, no te merezco, por favor no te fijes en mí, olvídame. Dijo Rodrigo evadiendo su confesión en la preparatoria. — Pensé que Alejandro y tú eran novios, por eso es que no pedí que fuéramos novios. Lo siento, pero, no puedo corresponderte. Respondió Hugo, su amor del último año de preparatoria.» Todas aquellas palabras habían sido de los chicos a quien alguna vez ella había amado en secreto y que les confesó sus sentimientos. — Pronto se irá como todo lo hace, así será... Se dijo así misma. El tiempo transcurrió y ella seguía ahí, hasta que su celular comenzó a sonar. En la pantalla se mostraba el nombre de su amigo “Ale”. — ¿Qué ocurre, Ale? Contestó a duras penas. En el momento que escucho su voz, Alejandro supo que las cosas no iban bien. Él había estado en los momentos difíciles con ella, incluso les partió la cara a aquellos que habían engañado de manera infame a su querida amiga. — Dime, ¿quién fue ahora? — Nadie, no fue nadie. Yo... Estoy bien. Contestó para asegurarle, aunque eso era más para ella misma. — Está bien, si no me lo quieres decir, está bien. De una manera u otra veré como averiguarlo. Respondió Alejandro. A él no se le escapaba nada, tratándose de su mejor amiga, casi hermana, no podía dejar de interesarse por ella y preocuparse. Ella también lo consideraba como su propio hermano. — Ale... Tengo algo que decirte. — Espera, ya sé lo que me dirás. Hace rato que estaba con Katerin, tu amado Michael le marcó a ella y le mencionó tu idea. Ella lo tomó bien, así que... Mañana nos reuniremos en tu casa, luego a la mía, y así sucesivamente. La interrumpió mientras le contaba lo que había ocurrido esta tarde. «¿Tan rápido? Ahora me doy cuenta de lo mucho que Michael ama a Katerin, y no es de sorprenderse, está más claro que el agua» Pensó Tamara con tristeza. — Lo siento, fue momentáneo y... Es que ya necesitaba pasar tiempo contigo. Confesó con un pesar. — Bueno, ahora que lo dices es cierto. No hemos pasado mucho tiempo, lo siento. Dijo Ale mirando con nostalgia una foto de ellos dos en la preparatoria. — Espero que... Esto no afecte tu tiempo con Katerin. — No te preocupes, si se tiene que dar algo, se dará. Tampoco no puedo forzar a que las cosas se den. Confesó Alejandro desde el fondo de su corazón. Era cierto que se moría por salir con ella, pero, no podía forzar las cosas, si ella no lo quería no tenía más que hacer. ... Al siguiente día, Michael no paraba de sonreír, al fin estaría cerca de la chica que amaba con todo su corazón, Katerin. Mientras que, ella se encontraba preparando la clase que tendrían hoy. Agradecía que los maestros no habían dejado demasiada tarea, así podría dedicarse a enseñar sin preocupaciones. Alejandro y Tamara conversaban animadamente en el auto, mientras Katerin se dedicaba a mencionarle todo lo que había preparado a Michael, los dos daban sus puntos de vista y lo que sería conveniente para ellos. — ¿Estás de acuerdo conmigo? — Siempre. Contestó Michael esbozando una sonrisa. — Bien, entonces se hará así. Respondió haciendo las notaciones y modificaciones que él le había proporcionado. Alejandro no pudo evitar sentir celos, deseaba con todas sus fuerzas ser ese que estuviera a su lado, alguien que pudiera hablar con confianza. Aunque, a decir verdad, ella no se mostraba cariñosa con nadie, en ningún momento había observado que ella abrazara o besara a Michael, algo que intrigaba aún más a Alejandro. Tamara se dedicaba a ignorar su alrededor, si en verdad quería sacar de su corazón y su mente a Michael, debía comenzar a darle un alto a sus emociones y sentimientos por él. Al llegar a su casa, Katerin no pudo evitar sentir un escalofrío, ésta al igual que la de Alejandro era grandísima. — ¿Qué tienen para hacer casas tan escalofriantes? Farfullo tratando de ignorar la grandeza de aquel lugar. — ¿Perdón? ¿Dijiste algo, Katerin? — No, absolutamente nada. Respondió rápidamente a Mike que la miraba con interés. — Bien. Tamara fue recibida con ánimo de parte de su madre, quien al notar a Alejandro saltó a sus brazos y lo envolvió con cariño. — Mi pequeño Ale, cariño. Tenías bastante que no nos venías a visitar. Déjame verte, creo que creciste más. Exclamó con alegría. — No, tampoco es para tanto, Má Rosie, solo fueron unas semanas. — Aunque fueran solo unas semanas. Contraatacó abrazándolo con más fuerza. Katerin miraba con sorpresa aquella escena, la calidez de aquella mujer hacia Tamara y al propio Alejandro causó que ella se sintiera miserable y triste. Ella deseaba con todo su corazón tener un cariño como ese. La señora se percató de la presencia de Michael y de una chica, la cual se le hizo parecida. Soltó a Alejandro y fue directo a Katerin, quien la miró con sorpresa. — Señorita, ¿usted es hija de Kate y Nicolás Castillo? — Sí, ¿usted como los conoce? En cuanto le respondió, la señora no dudo ningún solo segundo y la abrazó con fuerza. Algo que la desconcertó. — Tú debes ser Katerin, yo soy amiga de ambos, aunque ya tiene que no visito a tu padre. Mencionó aún abrazándola. La señora de cabello castaño claro, apariencia joven y esbelta había sorprendido a Katerin, ella se veía más joven que su padre. Aunque, a decir verdad, su madre era menor que él. — ¿Usted conoció a mi madre? Preguntó con interés. — Claro, en cuanto te vi me la recordaste, eres idéntica a ella, no sabes cuanto la extraño. Ella era una mujer cariñosa, amable, gentil y siempre estaba alegre. Tu padre y ella eran demasiado felices, se notaba el gran amor que se tenían. Respondió esbozando una gran sonrisa mientras recordaba a sus buenos amigos. Katerin solo se limitaba a escucharla con atención, mientras que, los demás sentían como poco a poco se quedaban afuera de aquella conversación. Alejandro no lograba comprender lo que decían, hasta que se le ocurrió preguntarle a Michael. — ¿Qué no Doña Amery es su madre? — No, ella no es su madre biológica, es su madrastra. Respondió de buena manera. «Todo este tiempo pensé que lo era, creo que aún me hace falta mucho que conocer sobre Katerin» Pensó Alejandro.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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