Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Buen camino”
Tras repasar y volver a repasar lo que habían aprendido hoy, Katerin había dado por terminada la clase con Alejandro. Él había podido entender la mayor parte de lo que en clase no había podido aprender o comprender. La tarde les había caído, el cielo claro se había ido y las estrellas comenzaban a brillar en lo alto del oscuro cielo. — Bueno, es momento que me vaya. Por favor, no te olvides de repasar eso. Mencionó Katerin con serenidad. Alejandro asintió con emoción. Ella había pasado más tiempo del que se había propuesto, por una parte se había dado cuenta de la actitud colaborativa de él, además, el padre de éste había sido el amigo de su madre. Por otra parte, no quería volver a su solitaria casa y convivir con aquella fría mujer. — Katerin, tú... ¿Quisieras cenar con nosotros? Mi padre no tarda en llegar. — No, será otro día, gracias por tu invitación, pero es momento a que vaya a casa. Respondió con una pequeña sonrisa. Alejandro comprendió que ella ya estaba demasiado cansada, por lo que la acompañó hasta la puerta de su casa y la condujo hasta su auto, ahí el chófer la esperaba con la puerta abierta. — Una vez más, gracias por el apoyo que me estás brindando. — No tienes que agradecerme, solo con que demuestres que vas aprendiendo y salves el año me daré por bien servida. Nos vemos mañana, Alejandro. Contestó Katerin esbozando una pequeña sonrisa y metiéndose al auto. Alejandro se quedó con una gran sonrisa, miró como el carro desaparecía lentamente por la calle y con su mano seguía diciendo adiós. — Joven Alejandro, la señorita Katerin ya tiene tiempo que se ha ido, la cena ya está lista, ya puede pasar a la mesa. Le aconsejó su ama de llaves. — Gracias, Belén. Mientras tanto, Katerin se dirigía preparándose para lo que se encontraría llegando, los reclamos de su madrastra seguro le terminarían causando un dolor de cabeza. Y no se equivocaba, en cuanto llego fue interceptada por la altanera actitud de ella. Katerin solo se limitó a pasar e ignorarla, ya comenzaba a cansarse de los reclamos de ella. Iba subiendo las escaleras cuando ella la tomó fuertemente del brazo y la atrajo. — ¿A dónde vas? Solo porque tu padre no está me vas a ignorar, ¿no es así? — ¿Qué es lo que quieres? Solo céntrate en los demás o en tus cosas importantes, no en mí, no tienes porqué meterte en mi vida. Contestó Katerin con un gesto cansado. Ella ya no estaba para que le estuviera controlando su vida, cuando era una niña lo podía hacer, ahora ya no. — En eso te equivocas, yo lo debo hacer por tu padre. Además, estás siendo más irrespetuosa que de costumbre. Menciono tomando su brazo con más fuerza. Katerin realmente sabía que no era tanto porque su padre se lo pidiera, sino porqué le gustaba molestarla. Desde pequeña, la había tratado rigurosamente y estrictamente, además, que siempre se metía en sus asuntos. Por eso había crecido solitaria, nunca en su vida había tenido siquiera un amor, la única amistad con la que contaba era la de Michael, ya que las chicas con las que su misma madrastra la juntaba eran mimadas, groseras y demasiado superficiales con los demás. «— Eres una niña desafortunada, hasta tu propia madre murió por tu culpa. Le señalaban esas crueles niñas. — Eso no es cierto. No es cierto. Decía Katerin mientras corría lejos de ellas.» — Ahora no, y suéltame que me estás lastimando. Pidió Katerin mirándola con seriedad. — Te soltaré hasta que me digas con quién te fuiste. Anda, dime. Ella sabía que su madrastra no la dejaría hasta que le dijera lo que quería oir. Resignada y cansada de todo esto, la miró con frialdad. — Fue con el hijo del dueño del grupo Magno, ¿contenta? — ¿Por qué tendrías que ir tú allá? Además, he escuchado que ese chico no se toma en serio nada, con las chicas que ha estado no dura ni... — No estoy saliendo con él, no es lo que imaginas, yo solo le estoy dando tutorías y si no te importa necesito ir a descansar. Contestó mientras se aflojaba de su agarre y después emprendía camino a su cuarto. «Hasta que haces algo bueno chiquilla, de ese tipo de relaciones es de las que te convienen a ti y a nosotros» Pensó mientras miraba con una sonrisa su copa de vino. Al llegar a su habitación, Katerin se dejó caer sobre su suave cama, miró al techo y cerró los ojos. En ese preciso momento, quería ser absorbida de esta realidad que vivía. Sin darse cuenta, se quedó dormida, hasta que un ruido la despertó, abrió los ojos y se topó con el rostro de su padre. — Cariño, ¿ya comiste? Preguntó preocupado. — No, aun no. Estaba cansada que no me di cuenta. Respondió levantándose y estirándose. — Ya veo, es cansado. Baja, linda, te estamos esperando para cenar. Indicó su padre con una sonrisa. Aunque no lo mostrará abiertamente, su padre la quería y la cuidaba mucho. Incluso le había conseguido a una mujer que la cuidara y la amará como su madre, la más indicada había sido Amery Inés Florence Díaz, quien también había sido la mejor amiga de su esposa. ... Al bajar se topó con la sonrisa de su madrastra, quien la tomó de manera amable y la dirigió a la mesa. — Solo faltabas tú para que empezáramos a comer, hace rato no te quise molestar porque desde que te vi llegar me di cuenta que estabas agotada. Mencionó la mujer de cabello pelirrojo mirándola con una sonrisa falsa. — Tu madre siempre tan considerada contigo. Dijo su padre tomándole la mano y mirándola con cariño. Katerin solo asentía, no tenía caso alegar por algo que había tratado de decirle muchas veces a su padre, pero, que esta mujer siempre se las ingeniaba para salirse con la suya. Al terminar aquella cena, Katerin volvió a su recámara, se sentó frente a su escritorio y comenzó a ponerse manos a la obra mientras llamaba a Michael por teléfono. — Aló, Mike. — Kate, estoy tan contento que me hayas hablado, justamente ahora estaba a punto de llamarte. Respondió Michael animado. — Te iba a llamar en cuanto llegue a mi casa, pero, me ganó el sueño. — No te preocupes, me da gusto que hayas descansado. «Si tú estás bien, yo también lo estaré» Pensó Michael mientras observaba con alegría la foto que se habían tomado el día en que se habían hecho grandes amigos. — Por cierto, ¿como te fue con tu alumna? — Ay no, no sabes, lo que he sufrido y también con lo que me he divertido esta tarde. La chica solo sabe lo básico, de lo demás no tiene idea. Katerin sintió un poco de celos por su amigo, ya que, a ella le había dado un poco de esfuerzo con Alejandro, quien no sabía nada. — Te fue mejor que a mí, ese chico no tenía ni idea de lo que está estudiando, pero... Al menos es bueno aprendiendo lo que le estoy enseñando. Mencionó con un rostro feliz. Por otra parte, Tamara le había llamado a Alejandro, para saber como le había ido con Katerin y contarle lo distinto que se había mostrado Michael. — Fue horrible, él ni siquiera me daba una pausa, ahí estuvo pendiente de que lo hiciera todo y me pareció ver que disfrutaba mi sufrimiento. Dijo Tamara con tristeza. — Te fue mal, que feo. A mí me tuvo paciencia, hasta me explicó cosas que ni siquiera tenía idea. Mencionó Alejandro con entusiasmo. — Ale, ya no quiero estudiar de esa manera. — Ay, no exageres, Tamara. Capaz y él cambia más adelante, además, ¿no es lo que querías? ¿No eras tú la que pedía estar más tiempo con él? — Sí, pero no de esta manera. Confesó casi llorando. Alejandro solo sintió pena por ella, y se sentía agradecido que Katerin no lo tratara como Michael a su amiga.
Descubre más en Bookista
Descarga la app y continúa leyendo
Y, ¿si tan solo nos amamos?

Populares

Populares

close 0/500