Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Es solo el comienzo”
Michael miraba con una tímida sonrisa a la madre de Tamara, quien no dejaba de preguntarle cosas personales. — ¿Tienes novia? Preguntó con interés. — Mamá, no lo incomode. Eso no se pregunta. Intervino Tamara bajando las escaleras. Michael se sintió aliviado, Tamara había llegado en su rescate, realmente hablar sobre su vida privada era algo que no solía hacer. La madre de Tamara le dedicó una pequeña sonrisa, miró a su hija y le hizo gestos extraños. Entre las dos comenzaron una disputa silenciosa, mientras, Michael se limitaba a mirarlas desconcertado. — Bien, está bien. Pero iré más tarde. Concluyó diciendo su madre con una mueca. — Gracias, mamá. Respondió sonriéndole. — Estás en tu casa, Michael. Lo que necesites no dudes en pedirlo. Dijo su madre antes de desaparecer con una socarrona sonrisa. En ese instante, Tamara deseaba que la tierra se la tragara. Su madre estaba siendo demasiado obvia con respecto a sus sentimientos. Todos en su casa conocían perfectamente que significaba Michael Jones para ella, quien no paraba de mencionar que él sería el padre de sus futuros hijos y muchas cosas más que suelen decir las chicas enamoradas. — Lo siento por lo de mi madre, ella suele ser tan... Animada. — Está bien, no te preocupes. Ahora es momento de iniciar con las clases. Respondió Michael más tranquilo. «Sin dudas es el chico perfecto, es un amor» Pensó Tamara casi babeando por él. Michael solo se limitó a mirarla extrañado, él comenzaba a arrepentirse de esta decisión. Si bien ahora podría estar repasando las clases que vieron esta mañana o incluso visitar a Katerin, la cual ahora mismo estaba compartiendo tiempo a solas con Alejandro. «No creo que tenga posibilidades con Kate, ella jamás saldría con alguien como él» Se aconsejó a él mismo para alejar esos malos pensamientos. Finalmente, Tamara lo guió a su cuarto. Un lugar muy colorido, lleno de vida y demasiado femenino. Su cama acolchonada con sábanas rosas y púrpuras estaba al fondo, las paredes estaban pintadas de un rosa pastel y tenían varios pósteres de películas de romance, en un rincón pudo apreciar una enorme foto de ella posando con una mirada felina e imponente, lo cual asombro completamente a Michael. Tamara al ver lo que atraía la atención del chico de sus sueños, ocasionó que sintiera pena, sus cachetes quemaban y su cara comenzaba a ponerse colorada. — Bueno... Ignora esa fotografía, a petición de mi madre me la tomé este pasado verano. — Mmm... Ya veo porque no te centras en tus estudios, esto es una gran distracción. Comentó dándole una seria mirada. — Realmente no, allá está mi escritorio. Indicó con apuro y lograr que Michael despegará su vista de aquella foto, en la que por si fuera poco estaba en un vestido negro y maquillada de manera exagerada. Michael le dio otra mirada aquella exótica fotografía, jamás había visto una así, por lo que aún no podía sacarse de la impresión tan grande. Por otra parte, Tamara sólo esperaba que él ignorará, aquella foto la mantenía por haber perdido una apuesta con su madre y por sus malas calificaciones. Aquello era como un recordatorio a lo que se convertiría si no lograba titularse en aquella facultad. «No veo nada de malo en ser una modelo, aunque, claro, eso no es lo que mi padre quiere para mí» Pensó Tamara, el día que su madre la llevó a esa sesión de fotos. Todos en la casa habían observado aquella imagen, incluso Alejandro había bromeado con ella y por un largo tiempo la había llamado “Tiger Tamara”. — Es hora que comencemos la clase, ¿No? Volvió a decir desesperada. Michael asintió y sacó los materiales que había preparado desde su casa. Ella comenzó a preocuparse cuando vio tantas hojas de ejercicios en blanco. — Por favor contesta este pequeño test, es para ver cuánto sabes, tienes media hora para responderlo. Indicó Michael dirigiendo le una seria mirada. — ¿Qué? ¿Quieres que conteste todo este gran manojo de hojas en solo media hora? ¿Estás loco? Exclamó exaltada y casi conteniendo se las ganas de gritar. — Sí, el tiempo comienza a correr ahora, así que, date prisa. Respondió colocando el temporizador de su celular frente a ella. Tamara no tuvo más remedio a comenzar esta irracional orden, ella no esperaba que Michael fuera tan drástico con ella. Ahora mismo desconocía al amable chico, parecía ser otro, su nueva actitud lo hacía ver un chico frío y calculador, y por si fuera poco, despiadado. Ella leía y releía las preguntas, una que otra la entendía y las demás de plano no sabía nada. Mientras contestaba hacia un divertido gesto que hacía que Michael tuviera que contenerse la risa. «Creo que después de todo no es tan malo estar aquí» Pensó Michael esbozando una sonrisa mientras se burlaba de la desgracia de Tamara. ... Afligida, agotada y con bajos ánimos terminó aquella prueba, ella estaba segura que había fallado en la mayoría de las preguntas. Michael tomó las hojas y poco a poco fue mirando, revisando y calificando. «¿Qué se supone que estuvo haciendo en todo este tiempo?» Se preguntó una y otra vez mientras contaba los errores que había tenido. — Creo que tendremos un largo camino por delante. Mencionó con un gesto preocupado. — Sí, lo sé. Estoy consciente de eso y te prometo que daré mi mejor esfuerzo. — Eso espero, por ahora comenzaremos con la pág. 12 de este libro. Mencionó Michael dándole un gran libro a Tamara. «Eso no puede ser cierto, debe de estar bromeando, no lo creo» Pensó preocupada mirándolo fijamente. — Deja de mirarme y mantén tus ojos en el libro, por eso casi estás a un paso de perder el semestre y el año. Recalcó Michael dirigiendo le una dura mirada. — Yo... — Hola, chicos. ¿No se les ofrece algo? Preguntó la madre de Tamara llegando con una bandeja de bocadillos a la habitación. Al ver la seriedad de Michael y la de su hija, comprendió que no era buen momento ahora, con una pequeña sonrisa dio media vuelta y salió. Michael mantuvo ocupada a Tamara por mucho tiempo, con determinación y de manera estricta mantuvo su primera rigurosa clase. Al final, ella terminó con un fuerte dolor de cabeza y con los ojos cansados. Mientras, Michael aún seguía mencionando le lo que tendría que seguir escribiendo y haciendo de tarea. — Este es mi número, mándame el trabajo que te deje en cuanto lo tengas, lo revisaré y te retroalimentare por si lo necesitas. Mencionó anotando su número en la hoja de trabajo. — No, por favor, más tarea no. Suplicó con pequeñas lágrimas en sus ojos. — Es necesario que te esfuerces, si es que no quieres perder el año y volver a repetir el curso. Advirtió Michael tomando sus cosas y dirigiéndose a la salida. Tamara tenía ganas de llorar, no sabía que su amor sería tan estricto en cuanto se trataba del estudio. La idea de pasarla bien en sus tutorías había quedado en un simple sueño, fuera de la realidad. Por otra parte, Micheal había encontrado algo verdaderamente entretenido en atormentar a la pobre de Tamara, quien lo despidió con los ojos irritados. «¿Qué será de mí con él? No quiero que me deje más tareas, me pregunto cómo le estará yendo a Ale, ojalá que le vaya mejor que a mí» Pensó cayendo derrotada en su cama. En ese preciso momento, llegó su madre que la miró con preocupación. — Ese chico se ve que es muy exigente, espero que te ayude a no perder el año. Mencionó sentándose a su lado y acariciando su cabello. — Lo sé, espero que... Ay, no, me vio en línea y me dijo que ya vaya a hacer el trabajo. Mamá, no quiero, ya no quiero. — Ay, mi pequeña, y eso que apenas es el primer día.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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