Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Sorpresa”
Tamara miraba a Alejandro quien parecía haberse desconectado por completo de la faz de la tierra, tan sólo su cuerpo se encontraba pasmado y su alma se encontraba vagando por lugares que quien sabe dónde. Los demás sólo se dedicaban a burlarse de Alejandro, el lunático enamorado de la persona más radiante de ese lugar. — Entonces, ¿de qué novedad hablas? Preguntó Tamara retomando el tema. Danna se preparaba a hablar cuando fueron sorprendidos por la repentina aparición de la pareja Katechael, quienes miraban con detenimiento a Alejandro y Tamara. — Oh, veo que aquí están, los hemos buscado por muchos lugares hasta que por fin dimos con ustedes. Comentó Katerin cruzándose de brazos y con una seria mirada sobre ellos. Tamara los miró con una mirada desconcertada, tuvo que mirar a los lados para asegurarse que ella les había dicho a ellos. No imaginaba que alguna vez sus brillantes compañeros los vendrían a buscar y mucho menos que les hablarían. — ¿Me hablas a mí? Preguntó aún confundida. Katerin sólo se limitó a asentir, mientras que Michael se dirigió a tomar su mochila que se encontraba tirada en el suelo. — De ahora en adelante, Michael y yo seremos sus tutores, así que ya no habrá oportunidad para que ustedes se salgan de las clases. Respondió Katerin con determinación. Las palabras de Katerin dejaron en shock a Tamara, y no precisamente porque ella sería su tutora, sino porque finalmente podría estar cerca de Michael, el chico agradable con el que la mayoría de las chicas querían salir. Mientras que, Katerin miraba con extrañeza a la expresión de alegría de Alejandro, quien aún estaba perdido en sus recuerdos y que sin darse cuenta sonreía como un maniático. — ¿Tu amigo se encuentra bien? Preguntó atrayendo la mirada de Tamara. Ella al darse cuenta del rostro de Alejandro, lo golpeó, haciendo que este regresará de nuevo en sí. Alejandro miró a Katerin, quien ahora se encontraba frente a él mirándolo detenidamente con una extraña expresión de desconcierto. — Bueno, creo que he sido clara, ahora mismo nos vamos a las clases. Y para ustedes, les recomendaría que fueran a las suyas, por favor chicos. Dijo Katerin con una amable sonrisa mirando a los demás compañeros, luego, tomó las manos de Tamara y Alejandro, y se los llevó en dirección al salón, detrás de ella venía Alejandro con sus cosas. Alejandro no podía creer que en realidad Katerin lo estaba sujetando y menos que había ido por ellos para que asistieran a clases juntos. Lo que estaba sucediendo se debía de tratar de un traicionero sueño. El resto de la mañana, Katerin y Michael no les dejaron escapatoria a los desconcertados chicos, quienes aún no podían procesar la reciente novedad. Mientras que, para la pareja Katechael, el reto apenas estaba comenzado, cada uno se había propuesto a dar lo mejor y hacer de éstos unos alumnos de provecho que podría graduarse con una calificación decente. Ellos dos se habían repartido a uno, después de la escuela cada quien acompañaría a su respectivo alumno, al cual le darían un exhaustivo curso de tres horas los cinco días de la semana, todo eso hasta que sus materias mejorarán. Ellos sabían que debían apresurar su paso, ya que estaban a mitad del semestre. Si querían que sus nuevos asesorados lograrán acabar con éxito debían de ponerse en marcha. El orden había quedado de la siguiente manera: Alejandro sería asesorado por Katerin y Tamara por Michael, el cual no estaba del todo convencido como habían quedado las cosas. Él no se sentía cómodo con que Alejandro compartiera más tiempo con su amiga, ya que él perfectamente sabía los sentimientos de él hacia ella. Mientras tanto, Alejandro estaba saltando de alegría por dentro, y por fuera disimulaba la emoción con una pequeña sonrisa. Sus manos comenzaban a sudar y su corazón no paraba de palpitar rápidamente. Frente a él se encontraba la mujer de sus sueños, a quien con solo una mirada le había robado su corazón. — Sí, lo sé. Pero, ¿qué más podía hacer? Además, no es como si notarás mi presencia en casa. Dijo Katerin con un frío tono. Alejandro jamás la había visto de esa manera, su suave gesto no estaba, su voz melodiosa no sonaba, en cambio, un gesto duro y una voz cargada de seriedad estaban presentes. — Sí, te aseguro que mi padre estará de acuerdo. Si quieres llámalo, él mismo te lo confirmará. Ten un buen día. Finalizó la llamada con un rostro frustrado. Él se percató que ella no estaba pasando por un buen momento, ahora se daba cuenta de que no siempre ella era la chica radiante que se miraba en la universidad. — ¿Estás bien? Se atrevió a preguntar. — Sí, ya estoy acostumbrada a esto. Mejor pongámonos de acuerdo a lo que vamos a aprender hoy. ¿Qué es lo que no entiendes? Contestó Katerin desviando el tema que le afligía. Ella no era una persona que molestará a los demás con sus problemas personales, además, que no tenía caso contar sobre sus penas. Alejandro asintió no tan convencido, sabía que ella estaba sufriendo por dentro. Pero, ¿qué más podía hacer si ella no abría su corazón a él? No podía obligarla, tal vez lo que le sucedía no era algo que él pudiera ayudar. — En realidad jamás he sido bueno con los números, no sé ni que hago estudiando esto. Contestó desviando su vista al paisaje de afuera. Katerin no podía creer que Alejandro no supiera nada. Aunque, el hecho de que no le gustará su carrera le daba la razón. Si se obliga a alguien a estudiar algo que no ama, solo dará como resultado a que la persona odie más eso y que sea infeliz, como ahora lo estaba siendo Alejandro. — Mmm... ¿Tu padre te obligó a estudiar esto? Preguntó Katerin sin rodeos. Alejandro la miró sorprendido ante la repentina pregunta que ella le había hecho, ella había sido capaz de darse cuenta de su situación. — Sí, así es. — Oh, a veces los padres eligen algo para hacerles un bien a sus hijos y no se detienen a pensar si eso realmente es lo que ellos quieren o saber su opinión. Comentó Katerin recordando la elección de su padre al buscar a otra mujer para que fuera su madre sustituta, la que por cierto sólo la trataba como si fuera una máquina sin sentimientos. Por primera vez, Alejandro se sintió comprendido por alguien más. Katerin había dicho algo que había pensado miles de veces y que siempre había querido compartirlo con alguien más. — Exacto, tú si sabes. — No te preocupes, te mostraré desde cero, solo te pido que cooperes conmigo. Ya verás que pronto le entenderás a esta misteriosa carrera. Comento Katerin regalándole una sonrisa, que causó que el corazón de Alejandro se emocionara aún más de lo que ya de por sí estaba. Al llegar a la mansión de los Magno, Katerin no pudo evitar asombrarse de lo gigantesca que era. Tan sólo el jardín era del tamaño que era su cuarto. Estaba lleno de diferentes flores y arbustos. Más adelante, una gran alberca se encontraba rebosante de agua transparente y bien cuidada. Luego, la gran casa apareció, asombrando la con el diseño. Parecía a una casa de muñecas a una escala grande. — ¿Por qué todo aquí es tan gigante? Preguntó de pronto sin dejar de mirar a los lados.
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