Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Chica solitaria”
Alrededor de su vida, Katerin había estado sola, su madre quien en realidad no era su madre sino su madrastra la trataba rigurosamente, elegía a cada una de sus amistades y se deshacía de quienes sólo estorbaban. Katerin había crecido sin el amor de una madre, ya que la suya había muerto en el parto, ni siquiera había podido tener la oportunidad de tenerla más tiempo ni de sentir su calor. Toda su infancia y su adolescencia había sido tratada con frialdad e indiferencia. Ya que la mayor parte del día su padre se encontraba frente a la empresa, mientras que su madrastra se encargaba de irse de compras o salir con sus amigas. Sin embargo, ella se mostraba amable y gentil con los demás. Le gustaba convivir con todos, fueran como fueran, lo cual a su madrastra no le gustaba. Ella quería que solo se uniera con personas que le ayudarán a ella y a la familia. La mayor parte de su vida había vivido en soledad, los libros y su cuarto habían sido su fiel confidente, en donde la mayoría de su tiempo se refugiaba en ellos. Hasta que apareció su fiel amigo Michael, a quien sorprendentemente pasó exitosamente la prueba. En lugar de sus solitarios recesos apartados de los demás, donde solo deseaba ser absorbida por una dimensión en la que no estuviera de esa manera deprimente. Ahora, tenía su fiel confidente, el cual le hacía compañía. Ya no se preocupaba por cómo gastar su tiempo, ahora, ya tenía con quien compartir sus momentos. Alguien que le ayudaría a sostener su pesada carga y le daría aquel aliento que necesitaba en sus días tristes y desolados. Al menos, él podía hacerle compañía en la escuela y a veces en su casa. La sonrisa de Katerin era sincera cuando estaba en compañía de Michael, quien se sentía el hombre más feliz y afortunado, por tener su amistad. Aunque, de lejos se veía que él buscaba más que eso. Katerin no era ninguna ciega ni tonta para no darse cuenta, pero, no daba el siguiente paso con él porque no sabía si lo que ella siente por él es realmente amor o solo cariño. A ella jamás le ha gustado engañar a los demás. Ella se había prometido que valoraría su compañía y le daría lo mejor de ella misma. Así pues, ha sido como su maravillosa amistad ha crecido y se ha mantenido fuertemente. — En la anterior vida debimos estar juntos que por eso nos comprendemos tan bien. Comentó Michael dirigiendo a Katerin al salón. — Sí, lo mismo pensé. Confirmo ella dándole una de sus hermosas sonrisas. Michael dichoso la admiraba, él se decía para sí mismo que no perdería a una chica tan buena como ella. — Espero que en ésta también sea así. — Bueno, eso es algo que la vida misma nos dirá. — No lo creo, cada uno puede dirigir su vida. Katerin lo miro con una pequeña sonrisa. Lo que Michael había dicho no era tan fácil como él lo hacía sonar. Eso era algo más complejo, algo que él no lo entendería aún si ella se lo explicará, eso él mismo lo tendría que vivir. Ella había aprendido de mala manera lo que le había dicho a Michael. Alguien no puede impedir que la lluvia caiga del cielo o que un tornado no se lleve todo a su paso. Mucho menos alguien no puede impedir la muerte, puede que lo atrasé, pero no qué no suceda. Alguna de estas cosas no se pueden controlar. Así como ella no pudo controlar el hecho que no creciera con el amor materno, o, que su padre se volviera a casar. Menos, no pudo controlar los interminables días de soledad a la que se vio obligada a vivir. Simplemente, Michael era muy ingenuo o demasiado optimista para decir aquellas palabras. Al llegar a la oficina de su profesora, se encontraron con un escritorio repleto de documentos, las paredes rosas mostraban a diferentes generaciones que habían salido de aquella institución. Luego, miraron a una atareada mujer de cabello oscuro, su expresión mostraba cansancio. — Profesora Julia, hemos venido como ha pedido. Anunció Katerin golpeando su puerta antes de entrar por completo. La expresión de la maestra al verlos se relajó un poco, con una seña con su mano les indicó que entrarán y cerrarán la puerta. Apartó los papeles que se interponía entre ellos. Los miró con atención, ella sabía que esto sería algo difícil, pero que tal vez ellos no serán capaces de negarse. — Katerin, Michael, me he visto en la obligación de quitarles su preciado tiempo. En realidad, ni yo quería recurrir a este método, si por mí fuera yo misma lo haría. Comenzó a decir mientras los miraba detenidamente. Katerin y Michael sabían que la profesora era de las mejores que habían en la facultad, no sólo por su manera de educar, sino porque se esforzaba porque cada uno de sus estudiantes aprendiera. También, porque ella asesoraba a aquellos que iban mal en las materias de los demás maestros. Ella era muy querida por todos, la respetaban y todo aquel que salía de aquel lugar regresaba a visitarla con cariño. Para Michael y Katerin era un honor que esta maravillosa mujer les pidiera un favor, ellos estaban dispuestos a hacer cualquier cosa por la gran maestra que les había ayudado tanto. — No es ninguna molestia, siéntase libre de pedirnos cualquier cosa, ya verá que seremos capaces de ayudarla en lo que podamos. Dijo Michael con una sonrisa. El rostro de la maestra se iluminó, por un momento el cansancio de su rostro desapareció y parecía que le habían quitado un gran peso. — Chicos, juro que jamás los olvidaré. Les prometo que les devolveré este gran favor en el futuro. Comento entusiasmada. — No tiene porqué, solo díganos que necesita y nosotros lo haremos, ¿verdad, Mike? Dijo Katerin animada mirando a Michael quien asintió contento. La profesora dejó escapar un suspiro, los miró con orgullo, se levantó de su silla para dirigirse a donde ellos se encontraban, los tomó de las manos y por un momento ellos percibieron unas pequeñas lágrimas en su mejilla. — Me hace tan feliz conocer a unos chicos como ustedes. — Y nosotros de conocerla a usted. Respondió Michael. — Bueno, lo que quiero pedirles no es nada difícil, creo que solo les robara unas pocas horas de su día. Prosiguió diciendo la maestra al tranquilizarse. — Usted dirá. Contestó Katerin con interés. La maestra sonrió con satisfacción, ellos lograrían realizar algo que le habría gustado hacer, pero, que por sus recientes cargos administrativos no podía llevar a cabo. — Está bien, he estado revisando los perfiles académicos de su generación y me tope con la mala noticia que dos de sus compañeros no van como quisiera que fueran, ellos están por perder el año si no se reponen en este semestre. Comenzó a explicarles con una expresión afligida. Katerin y Michael compartieron miradas, ellos dos ya sabían quienes eran aquellos alumnos que preocupaban a la profesora. — Mmm... Entonces, ¿qué sugiere que nosotros hagamos? Preguntó Katerin, aunque sabía que aquella pregunta no tenía caso, sin embargo, quería escuchar la respuesta que ya conocía. — Quiero que por favor ustedes sean los tutores de Alejandro y Tamara, por favor. Suplicó la profesora. Por un momento vacilaron, aquello no era algo que fuera fácil de cumplir, ellos conocían a sus compañeros que parecían que no le interesaba ni lo más mínimo su carrera. Por otro lado, la negativa de la madre de Katerin se haría presente. Sin embargo, finalmente Katerin se armó de valor. — Está bien, cuente con nosotros. Contestó Katerin con confianza.
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