Y, ¿si tan solo nos amamos?

“Quiero conquistarla”
Desde las sombras de un árbol, un chico de cabello oscuro y ojos verdes mira detenidamente a una chica de cabello castaño sentada en las bancas de madera, quien está detenidamente tomando apuntes. — Alejandro, ¿estás de nuevo mirando a Katerin? Preguntó su fiel amiga Tamara, apareciendo detrás de él. — Me has atrapado, sí, es que no puedo apartar mi vista de ella. Simplemente es una chica admirable. Contestó sin dejar de mirar a la antes aludida. Su corazón palpitaba de emoción, no podía olvidar aquel precioso momento en que sus miradas se habían encontrado y que sus dedos habían rozado. Ella lo había mirado con amabilidad. Sin embargo, no era alguien que pudiera estar cerca de ella. Él era más conocido por sus malas notas y por su desastrosa personalidad. Algo que no llamaba la atención de ella. Quien sólo buscaba personas que no interfieran con su zona de confort. Ella tenía a su amigo Michael, el cual a su vez, es uno de los alumnos más destacados. Ellos dos conforman los estudiantes que representan su generación. Son admirados y respetados por todos sus compañeros y maestros. A ellos dos suelen emparejar los, son más conocidos como la pareja Katechael. Cualquier problema o duda que alguien le presentará ellos lo resolvían como el buen equipo que forman. Tamara solo se limitaba a ver a su querido amigo, a quien desde pequeña cuidaba como un hermano. Él había llegado a su familia cuando la madre de Alejandro había partido. Mientras se dedicaban a observar con sigilo, Michael hizo su aparición. Llegó a hacerle compañía a Katerin, quien aún se encontraba centrada en sus asuntos. La cercanía entre ellos dos le causaba una pizca de celos a Alejandro. Él deseaba ser él. «¿Cómo me gustaría estar cerca a su lado como lo hace su amigo? Sería el hombre más feliz del mundo.» Pensó mientras la miraba atentamente. Mientras que, Tamara observaba con fascinación al recién llegado, que solo se limitaba a mirar a Katerin con mucha atención, mientras ella le explicaba con detenimiento lo que había aprendido en todo ese tiempo. Por su parte, Katerin había crecido con una madre exigente. La cual le pedía que no perdiera el tiempo con relaciones ni amistades que no le trajeran ningún beneficio. Por lo que, Michael era la mejor amistad que había podido encontrar. Ella se sentía afortunada de tenerlo. Por mucho tiempo había permanecido solitaria, ya que ninguno pasaba por los altos estándares de su rigurosa y estricta madre. Por otra parte, Michael era hijo de una familia que apenas comenzaba a emerger. La compañía de sus padres apenas se había metido al mundo de los negocios. Él esperaba con tanto ánimo lograr graduarse y ayudarlos. — Katerin, creo que es momento de que entremos al salón, la maestra nos ha llamado. Dijo Michael atrayendo la atención de ella. Katerin comenzó a guardar sus cosas. Cuando estaba a punto de cargar su mochila, Michael se la quito y la cargo por ella. Eso era típico en él, por eso las chicas se derretían por tener un novio como él. Pero, todo el mundo sabía que ellos dos eran tal para cual. — Gracias, Mike. Dijo Katerin con una linda sonrisa. Alejandro y Tamara veían aquella escena con un dolor en su corazón, ellos estaban enamorados de cada uno de ellos. Y sabían que eso era algo complicado, ya que ellos parecen entenderse bien. — Ale, ¿por qué no has intentado hablar con ella? — Mmm... Bueno, y tú, ¿porque no has hablado con él? Contraatacó Alejandro mirando con seriedad a su amiga. Su amiga solo le dedico una mirada fría. Los dos eran iguales, ninguno se atrevía a confesar lo que sentían. Simplemente porque no tenía caso intervenir en algo tan obvio. Estaba más claro que Katerin y Michael se gustaban. La campana para entrar a clases ya había sonado, la mayoría habían entrado al salón, mientras que algunos aún seguían afuera, ese era el caso de Alejandro y Tamara, quienes disfrutaban pasarla bien con los demás, jugando algún deporte que se les daba la gana o simplemente platicando de sus vidas. Ellos desde tiempo habían decidido que no tenía caso esforzarse con algo en lo que no eran buenos, de alguna u otra manera sus padres deberían entenderlo. — ¿No saben la novedad? Comenzó a decir una chica de cabello negro. — ¿De qué hablas, Danna? Preguntó Alejandro con interés. — Ay, mi Ale, andas muy perdido y eso que según andas detrás de los huesitos de la Katie. Respondió de manera burlona. A lo que Alejandro calló, todos sus amigos y conocidos sabían que él estaba loco por Katerin, a quien sólo una vez lo había visto y le había sonreído con amabilidad. Aún recuerda ese día como si fuera ayer. *^*^*^ Era una mañana tranquila, el clima era nublado con probabilidad de lluvia segura. El día pintaba malo, Alejandro no quería presentarse a la universidad, él solo quería estar en su cama. Sin embargo, por órdenes de su padre, su amiga Tamara había pasado por él y se lo había llevado a la facultad. Ese día era el examen de admisión, al cual a duras penas Alejandro había estudiado. El día comenzaba a ir de mal en peor, cuando todos comenzaron la prueba. Alejandro busco por toda su mochila, el tiempo comenzaba a correr y él seguía sin encontrar su lapicero. Al último se dio por vencido, todo se iría al caño. De por sí no quería entrar a esa universidad, sólo quería un pretexto para irse y acabar con todas las oportunidades de su padre. Pero, cuando pensó que todo estaba perdido, su compañero de a lado le extendió un lapicero. — Toma chico, creo que te servirá. Dijo la chica de cabello castaño con una sonrisa. — Gracias. Solo pudo decir. La chica asintió, tomó su hoja y sus cosas para luego dirigirse a la maestra encargada de aplicar aquella prueba y finalmente salió. Ella había terminado en solo 15 minutos, Alejandro quedó fascinado por aquella chica amable. Después de ese hermoso momento, decidió que debía agradecerle a la chica, sin embargo, se dio cuenta que no le había preguntado su nombre. Desanimado regresó a casa. Más tarde cuando dieron los resultados la volvió a ver, de nuevo estaba con esa hermosa sonrisa. Con confianza aceleró sus pasos hacia ella, cuando de pronto, se paro en seco. Un chico de cabello castaño, alto y de tez clara, la abrazó. — ¡Felicidades, Katerin! Hoy me has ganado por 5 puntos. Exclamó aquel extraño. Alejandro se sentía triste, la chica amable ya tenía a alguien más. De nada servía intervenir en su animada conversación. Él daba por pérdida su oportunidad. Alejandro se retiró con un triste gesto, le dolía que ella estuviera bien acompañada, él sentía que ella era la indicada para él. Su amor había sido a primera vista. Le dolía el corazón, le atormentaba la idea de que ella no supiera de él, quien apenas había conocido su nombre. «Katerin, ella se llama Katerin» se dijo a él mismo. Con la mirada busco su nombre en las listas, hasta que la vio en el primer lugar. El nombre de ella estaba ahí junto de un tal Michael. Mientras que, Alejandro se encontraba hasta el número 45. Muy lejos de ella, como también lo estaba de su vida. Sin embargo, él se prometió desde ese día que luchará para que ella se dé cuenta de su presencia, cosa que aún no ha logrado, a pesar de ir en el último año en la universidad. «Un día de estos lograré atraer su atención y finalmente le confesaré lo que siento por ella o me dejó de llamar Alejandro Magno» se dijo así mismo con determinación.
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Y, ¿si tan solo nos amamos?

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