Varios Relatos De Terror y Suspenso

Desaparecieron EP02
El silencio me parecía irreal. Hacía pocas horas el mundo estaba sumido en la desesperación y ahora parecía que todo estaba en calma. Mi niña se movió de manera brusca, despertó y me quedó mirando fijamente. Yo la miraba con la sensación de que algo no andaba bien. Nos estábamos viendo fijamente a los ojos cuando ella simplemente habló. Y no de la manera en la que yo estaba acostumbrado a escucharla, nada de balbuceos sin sentido ni frases ininteligibles, fueron palabra muy claras. Con la seriedad de 50 años de experiencia me dijo "Papá, ¿Dónde estamos?". El sobresalto que me ocasionó casi me hace soltarla. Ella entendió mi sorpresa e incluso se sorprendió conmigo, exclamando "¡Tengo más consciencia...!" Nuestro asombro fue interrumpido por el sonido de algo crujiente que se acercaba, acompañado de un sonido como de madera golpeando contra madera y finalmente un silbido parecido al que produce el aire frío. No pasaron ni 10 segundos y estábamos rodeados. Rodeados por ánimas, luces, esencias, fuegos fatuos, que giraban marcando un círculo del cual no nos dejarían pasar y nos hicieron saberlo solamente con sus movimientos agresivos cada vez que yo daba un paso. El crujir y los golpes aumentaron la intensidad y vimos acercándose una figura humanoide, aunque no podía distinguir ningún rasgo. Las ánimas a nuestro alrededor se apartaron un poco, lo suficiente como para que yo encuentre un hueco en su formación para salir corriendo. Fue como un impulso, una reacción automática, instinto animal, yo no lo pensé, simplemente escapé. Y por lo contrario a lo que podría llegar a pensar, no me siguieron. Simplemente me dejaron huir. Corrí de vuelta a la ciudad, al lugar más lógico para volver; mi casa. Mientras corría intentaba entender lo que estaba pasando. El cansancio me hizo parar a refugiarme en un hotel abandonado cerca de mi destino. Busqué un rincón para apoyar la espalda y tener que cuidar solamente mi frente. Me tiré al piso y puse a mi hija de pie frente a mí. La mire a los ojos y le dije que si de verdad había hablado, que vuelva a hacerlo. Ella volvió a hablar diciendo "Yo soy un bebé y mi consciencia ya despertó, soy consciente de mí misma y del mundo, pero esas cosas no deberían estar ahí". La conversación que tuve con mi hija fue la más extraña de mi vida. Sus palabras, el sentido con el que hablaba, la razón con la que pensaba, contrastaba mucho con su apariencia y su voz. Incluso ya no tenía que sostenerla, caminaba sola. Tal vez el estado en el que estábamos nos podía cambiar. Escuché historias religiosas sobre eso, que incluso los niños más pequeños tienen entendimiento cuando mueren. Escuchamos ruido, nos mantuvimos alerta hasta que vimos una persona pasar a unos metros de nosotros sin vernos. Hice señas a mi hija para que se quedara quieta, me levanté lentamente y pretendía hablarle a esa persona, pero apenas salió del lugar, ví como las luces lo rodeaban, volví hacia atrás y tomé a mi hija en mis brazos, nos escondimos detrás de una pared y vimos lo que nos pudo haber pasado. La cosa humanoide llegó hasta donde estaba esa persona, se paró frente a ella, levantó un apéndice que parecía ser un brazo, tocó a esa persona y lentamente la deshizo, simplemente se desvaneció. Las luces se esparcieron, la cosa se quedó unos segundos, viendo en varias direcciones, de repente se hizo más grande, más alta y se alejó caminando, dejando atrás ese ruido tétrico. No sabía qué hacer. Nos quedamos ahí, intentando razonar, compartiendo ideas de lo que podría estar pasando, hasta que la luz del día nos sorprendió, así como también el tumulto, el ruido y los gritos agonizantes. Nos asomamos a ver qué pasaba. Eran los vivos, sumidos en su miedo, aún sin saber qué había pasado el día anterior (al igual que nosotros). Aprovechamos ese desorden para pasar desapercibidos hasta llegar a casa. Vimos a mi esposa con dos de sus hermanos, todos asustados pero alertas. Ahí nos quedamos hasta la noche. Mi hija estaba feliz por ver a su madre. Yo sentí alivio de ver qué seguía bien. Cayó la noche otra vez y ahí fue cuando entendimos todo. Al irse el último rayo de luz, todos se desvanecieron. Todas las personas vivas ya no estaban. El silencio espectral se hizo presente y durante varias horas hablamos mi hija y yo, recapitulando todo lo que habíamos aprendido. Al parecer estábamos muertos, las noches eran peligrosas, nuestras almas pueden ser devoradas por criaturas y los vivos no nos podían ver aunque nosotros sí a ellos. Ahora deberíamos buscar la mnaera de sobrevivir.
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