(UDR) El núcleo

Parte 5
Irlanda, capitanía del puerto... Habían pasado unos dos meses y ya estaban llegando a Irlanda, Lizzco por fin pisó tierra de nuevo, o bueno, la madera musgosa del puerto. Ambos estaban tan cansados por el viaje y apenas habían comido hace unos días. -Pues llegamos. Esto es Irlanda, si quieres puedes adelantarte, voy a registrar el buque. Lizzco se alejaba del lugar, mientras Jefferson hablaba con una persona encargada de la capitanía, él veía las calles con un fulgor en sus ojos, mientras lo asemejaba con Londres. -Miren qué tenemos aquí, al clásico campesino que quiere volverse rico trabajando en estas malditas fábricas. Lizzco volteó al ver a cuatro chicos, todos de trajes casi rotos, parecían tipos duros y fríos, pero al ver al castaño temblaron, varios conocían la barbaridad que había cometido en Londres. -¿T-tú eres ese loco de Londres? -dijo titubeante el tipo-. -En primera no hice nada, en segunda estoy harto de que me recuerden esa estupidez... -No-no pasa nada -tartamudeó el tipo- te dejamos solo, ¡¡vámonos!! Los cuatro emprendieron la huida, Lizzco seguía caminando, mientras veía los miles de edificios, las fábricas y las tiendas con ese ligero toque inglés seguido de un estilo propio de los irlandeses, escuchaba entonces el bullicio, mientras veía uno que otro crío corriendo en la acera, al ver esto extrañaba su hogar. -Lizzco, ¿por qué te quedas ahí? -Bueno, pues es obvio que no me sé el camino. -Cierto cierto -dijo Jefferson acariciando su mentón- pues... adelante, vámonos. Una hora fue suficiente para poder llegar a su destino. Primero una valla de apariencia metálica sólida, les daba la bienvenida al lugar. Jefferson sacó un cigarrillo de su saco, lo encendió con un cerilo mientras esperaba. La puerta finalmente se abrió seguido de una voz. -Hey Jeff, los espera el viejo. -Gracias. Ok Lizzco -le dijo Jeff al castaño de ropas harapientas- esta es tu oportunidad. -Bien. Ambos entraron en la gran fortaleza, era enorme y con varios patios, construida de piedra tallada y cincelada. Lo primero que vio fue un campo de entrenamiento, donde hombres entrenaban su tiro o su habilidad con un sable. Observó cómo personas descendían de un edificio que no fue terminado a propósito, para tomarse desde uno de sus extremos o vigas a medias, la razón la desconocía. Pronto ellos ya estaban empujando las puertas del gran edificio principal. El gran salón era inmenso, con varias escaleras conectadas, Lizzco sentía curiosidad de mirar ahí, pero él venía a algo en específico, ambos subieron unas escaleras y entraron a una oficina, en donde un hombre anciano les daba la bienvenida. -Jefferson. El pálido me habló de tu visita, así que... éste hombre es el que alborotó Dover. -¡Yo no hice eso! -Tranquilo Lizzco, él te ayudará a limpiar tu nombre íntegramente. -Correcto, me llamo Antonelle, aunque escucharás éste nombre una vez en tu vida -y empezó a reír el tal Antonelle-. -¿Y qué trabajo tengo que hacer? -preguntó el castaño-. -Mira, hay un tipo que no nos ha pagado, le denominamos como "el sometedor", tú solamente le debes de ir a decir que pague su deuda y todo bien, nosotros nos encargamos de que tu asunto ése quede olvidado. -¿Y qué tal si no reconoce que vengo de tu parte? Antonelle lo pensó un poco, abrió su escritorio y le entregó una ficha gris. -Sí llegaras a tener problemas muestras esta ficha y todo bien, ¿sí? -Sí, entonces a dónde tengo que ir. -Es en la fábrica de textiles, sigues recto por una calle hasta llegar a una oficina de correos, das vuelta a la derecha, sigues a una calle hacia arriba y luego todo el camino es recto, ¿entendiste? -Creo. Permiso. Y se fue del edificio, siguió las instrucciones de Antonelle, y efectivamente vislumbró un edificio que no era tan grande pero tampoco una mínima cosa. Entró entonces. Y al entrar vio a gente trabajar en telares, todos ellos parecían que iban a morir, parecían muertos y la verdad es que daba mucha tristeza aquella escena. -¿Es el nuevo no? -le preguntó un oficial-. -No, no, no, vengo a darle un recado a un tal sometedor. -¿Me estás viendo la cara? -No. mire, de hecho aquí traigo una ficha de quién me envió -dijo enseñandole dicha ficha-. -¡Es obvio que me ves la cara!, ponte a trabajar, nuevo. -¡¿Nu-nuevo?!, a ver, yo vengo de una familia de nobles, solamente estoy aquí por un recado, maldito loco. El oficial rojo de ira le golpeó en la cara dejando al castaño en el suelo. -¡¡Al cuarto de castigo!! Lizzco intentó poner resistencia pero fue inútil, simplemente fue esposado y llevado hasta un cuarto con rejas maltratadas, ahí veía rostros de dos niños, cansados, con una dificultad para respirar, madres y ancianos luchando por no perder la poca cordura que les quedaba. -Te quedarás aquí, escoria, toma tu maldita comida, aunque no la mereces -dijo un guardia lanzando un plato con simple pan y un trozo duro de carne-. Lizzco se acomodó como pudo en un rincón, mientras veía a todos lamentarse, miró a un anciano de un saco carmesí que le rugía el estómago. -Yo no tengo hambre, coma usted. -Gracias chico, creo que ya no existen personas cómo tú -dijo comiendo desesperadamente el pan, como lo hace un náufrago- soy Ernest. -Yo Lizzco. ¿Sabes por qué están aquí?, ellos no parecen malas personas -preguntó inocente el castaño-. -No sabes de nada niño -le dijo el anciano- se ve que nunca has pasado por esto, ellos ya están casi muertos, a los niños les estimo una hora de vida, por eso están aquí, por que ya no servimos para nada. -¿Pero... quién hace esto posible?, digo, es que esto es inhumano. -Trabajar de cualquier cosa tiene sus riesgos, sobretodo por el maltrato y la mano de obra barata como yo, esas mujeres y niños. Nos pagan menos de lo que trabajamos. Lizzco miró por segunda vez a esas gentes, unos se acurrucaban del frío entre esas ropas mugrosas hechas jirones, unos simplemente se mecían de dolor y por estar encerrados en ese cuarto. -Tenemos que hacer algo. -Yo lo intenté, pero no puedo hacer nada, una vez fui un intento de explorador y pensando que ganaría mucho más aquí, trabajé en esta fábrica de mierda para acabar con los huesos destrozados Lizzco miró por unos momentos al viejo, luego se dirigió a la reja de metal. -Oye, pedazo de mierda -gritó Lizzco al oficial-. El oficial se dirigía al cuarto, sacó su llave del bolsillo y abrió. -¿Así que quieres una paliza eh?, pues la vas a obtener. El guardia golpeó a Lizzco en la cara, él cayó en el suelo. -No, ya no -dijo Lizzco y soltó una patada a la cara de su contrincante- Le quitó la navaja que tenía. -¡Vengan, fuera de este infierno! Los niños felices fueron los primeros en correr, con cuidado Ernest le ayudó a algunas mujeres a salir. Todos ya estaban en la zona de telares, y fue ahí cuando otros dos guardias armados los vieron. -Ernest encárgate de uno de uno de ellos, yo voy por el otro. Ernest tomó la aguja de un telar y hábilmente la insertó en la nuca del guardia. Lizzco esquivó como pudo las balas, mientras le golpeó la cara al guardia y le quitó el arma de las manos, apenas y logró disparle y al hacer esto muchos de los trabajadores lo vieron con esperanza. -Escuchen. Puede que sean de clase baja, que del campo hayan venido para tener una mejor vida y que pensaron que en algún momento serían ricos -dijo el castaño levantando el fusil al aire- yo no sé nada de desdicha, ni tampoco me obligaron nunca a trabajar, de hecho nací en cuna de oro sin tristezas, pero yo sé, que estamos hartos de los abusos, de los maltratos hacia los niños, de la poca paga y los regaños sin motivos. ¡¡No vamos a irnos in antes pelear!! !!no nos reuniremos con nuestros ancestros hoy!!, !!!vamos a ser libres!!! ¡¡¡libres y sin ataduras!!! Todos dieron un grito fuerte, mientras salían a la calle. -Ernest, llévate a los niños a un médico -dijo Lizzco-. -¿Qué piensas hacer ahora? -Ir por ese tal sometedor. -Antes de que te vayas ten -le dijo mientras le entregaba su saco carmesí- me aferraba a mi hermandad, a la hermandad de los Gera, pero ahora sé que ella estará contigo, hasta la otra Lizzco. Él le sonrió a lo lejos, se vistió con el saco, mientras apartaba a la multitud, poniéndose al frente como líder. -Escuchen todos, necesitamos que ese sometedor caiga, ¿alguien sabe en dónde está la casa de ese hombre? -Yo -dijo una voz, y desde la multitud salió un trabajador de tantos, pero él parecía alguien rudo-. -Muestra nuestro camino entonces ¿amigo...? -Mi nombre es Rogers, su mansión se ubica a una calle de aquí, si vas a entrar directamente deberías de llevarme, por lo visto no tienes entrenamiento. -Necesito idear un plan, así que lleva a esta gente, no quiero un simple ataque directo -dijo el castaño-. Pensó. Quería una manera de poder sortear esa casa sin tanto esfuerzo, entonces miró a un par de personas encender una fogata, y una de su virutas voló. -¡Eso es! Corrió hacia dentro de la fábrica, rompió algunas máquinas y tomó la madera de ellas, rápidamente fue hacia la calle de nuevo en donde desesperado, corrió hacia la primer persona que vio. -Dime en donde puedo conseguir un globo aerostático -dijo Lizzco-. -El-el centro -le dijo mientras corrió-. Lizzco hizo lo mismo, hacia su destino. Los globos aerostáticos, sin pensarlo dos veces con los maderos en mano robó un globo. -Oye espera, ¡¡tienes que pagar por ellos!! No era la primera vez que el castaño viajaba en globo, así que le fue fácil, miró por las calles para encontrar a la muchedumbre, finalmente todos estaban agrupados intentando destruir las puertas de una mansión, Lizzco de inmediato quemó un madero y lo lanzó en los jardines, mientras una espesa capa de humo se formaba, varios guardias veían el suceso intentando escapar de las llamas, pero para ellos era tarde, lanzó unos tres maderos a la casa, en donde se incendió en el último piso. La gente logró entrar por fin, pero claro que estaba todo ya solucionado gracias al castaño. -¡Diablos! O eso él creía. Un arpón rompió el globo, miró quién había sido el responsable, y desde el jardín se asomaba un hombre de vestido de una gabardina color azul marino, mientras poco a poco el castaño caía. No tuvo opción más que lanzarse en el edificio en llamas. Corriendo para evitar las llamas bajó hasta el primer piso, con la esperanza de sobrevivir ante aquél suceso, fatigado tomó aire en las escaleras. -¿Así que pones a los pobres en cintra de mí?, no te das cuenta de que tú no puedes liberarlos. -Te equivocas -dijo Lizzco- yo sé cómo es que viven las personas, yo lo experimenté. -Hablas estupideces, yo, el gran amo sometedor sé lo que en verdad es sufrir, ahora no tendré más opción que matarte -dijo el sometedor, tomó el arpón y disparó-. Lizzco corrió rápidamente, evitando el daño, forcejeó un poco mientras intentaba quitarle el arma, pero el hombre lo golpeó con una patada, intentó recargar de nuevo lo más rápido posible, pero era tarde. El ágil joven castaño le clavó el cuchillo en el ojo, con un gran grito intentó golpear al castaño como pudo, pero éste luego lo hirió en el pecho. -¿P-por qué? ¿por qué tratas a estos hombres de tierra como si fuesen personas? Ellos necesitan mano dura, si no de ninguna forma van a entender. Con esa última línea murió. -La gente necesita de un simple empujón, ahora tú te equivocas. Le cerró los ojos, justo cuando se retiraba. algo le llamó la atención en su saco, un brillo parpadeante,buscó el origen y encontró otro núcleo. Lo metió a su bolsillo y salió a su encuentro con la gente. En realidad no habían tantos, muchos ya habían huido, y es que la policía ya había llegado, todos ellos se alinearon para dejar sin sitio a nuestro amigo. -Lilliat Pryce, culpado del asesinato de tres guardias, daño a una propiedad privada y asesinato de un importante hombre, ¿existe alguna razón para no matarlo? -Claro que la hay. Antonelle apareció detrás del policía, mientras veía decepcionado a Lizzco. -El señor Steven quiere que deje a sus hombres en paz, ya habíamos llegado a un acuerdo desde hace mucho. -No queremos problemas con ese señor -dijo el policía- si vuelve a cometer una acción así nadie podrá salvarlo. Las sirenas dejaron de sonar, mientras Antonelle se acercaba frunciendo el ceño. -Eh... ¿hace buen clima no? -dijo Lizzco rascándose la cabeza-. Antonelle consiguió un carro, ambos fueron hasta la gran plaza, entraron a su oficina mientras Jefferson esperaba. -Ya han llegado. Antonelle parecía no verlo, estaba más bien enojado que no habló en el transcurso del camino, sentado en su oficina se talló los ojos, mientras ordenó con una seña que se sentara. -Te dije que debías de ir a hablar con él, que su pago estaba vencido y debía renovarlo, ¡¡no que simplemente lo mataras!! -Si viera las condiciones en las que tenía a esa gente, pensaron que buscaba trabajo, y luego me encarcelaron. -¡Debiste de esperar a que viniera el cliente!, ¡¡así pasarán horas o días!! -Ese tipo era un abusador, quizás me iba a matar antes de que le diese razón. Antonelle respiro hondo, varias veces hasta que se calmó. -No quiero escuchar más, decidiremos después lo que te pasará, ahora vete. -Pero antes de irme -le entregó el núcleo- encontré esto en el saco de ese tipo, había encontrado antes uno en un pasadizo de LET, y no sé para que sirvan. Antonelle tomó el núcleo entre sus dedos pulgar e índice, mientras observaba el dibujo que apenas se lograba formar entre el pequeño artefacto dorado. Lizzco con la cabeza gacha ya salía de la oficina, Jefferson le saludó. -Hola Lizzco, muy descabellado lo que hiciste esta tarde. -Lo sé, es que simplemente me dejé llevar por el momento. -De todos modos ya te has ganado el respeto de esa gente, te conocen ahora bajo el seudónimo de Lizzco. -Gracias Jeff, me reconforta saber eso, ¿sabes si hay un hotel o algo cerca? -Puedes dormir aquí, para ahorrarte de ir por aquí y allá. -¿Y en dónde duermo? Jefferson le condujo hasta un cuarto, uno muy bien ordenado, con adornos de diversos periódicos, de hecho era un cuarto todo gris. -¿Quién vive aquí? -preguntó el castaño-. -La hija del jefe mayor. -¿Qué jefe mayor? -El señor Steven Hogmoj, aquí duerme su hija cuando viene, tiene cuartos en todas las plazas como está, pero tú tranquilo, ella no viene demasiado aquí. Él se fue a su propio dormitorio mientras el castaño se quitó el saco y se dormía esperando que su destino no lo definiera una bala en la cabeza. /////////////////////////// Gracias por leer, espero mucho sus comentarios Tardaré más con el siguiente capítulo (no por que sea difícil, que no lo es xD) si no porque los trabajos de la escuela ya llegan cada vez más en montones, en fin gracias si leíste esto ;)
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