Entre tú y yo (TúYo #1)

Capítulo 18
Observo el rostro del hombre que acaba de ser retratado en el cuaderno de Mateus. Se parece mucho a André pero también siento que lo he visto en algún sitio más no recuerdo donde y en qué circunstancias. Agito la cabeza sacándome las ideas perturbadoras de la cabeza. No es relevante de dónde lo conozca lo que importa es que ahora tenemos un rostro y justo en éste instante lo más importante es saber cuál es la respuesta de los chicos que hace una horas fingieron ser un par de plomeros que reparan tuberías. Danilo frunce las cejas mientras mira el retrato. –No –dice –se parece un poco pero Bartolomeu no luce así. Mateus pone el cuaderno sobre la mesa de centro que hay y se pasa las manos sobre el pelo con cierta frustración. –Sabía que no iba a funcionar –habla un tanto desesperado –lo mejor será buscar alguien que en verdad pueda hacerlo bien. –Hey, descuida –le digo –no hay problema. Puedes volver a intentarlo o quizá buscar alguien como dices pero aún hay tiempo así que no desesperemos por ello. De momento lo más importante son las cámaras y su monitoreo. Asiente y suspira un poco derrotado. –¿Cómo haremos con el monitoreo de las cámaras? –pregunta Thiago. –Pues creo que lo mejor será montar guardias por turnos –opino –no se que piensen de ello. Entre todos los chicos se miran como buscando aprobación entre unos y otros pero no dicen nada. –O si lo prefieren solo unos pocos pueden hacerlo y los demás se encargan del resto para tener todo listo. –Está bien como dices –apoya Vladimir –yo puedo empezar hoy mismo. Asiento a lo que ha dicho. –Me parece bien –digo –yo puedo ayudarte con eso así no tienes que desvelar solo y puedes descansar a ratos, ¿te parece? –Perfecto –dice él satisfecho. –¿Necesitarás la computadora? –pregunta Bastiam. Niego. –Conectaré las cámaras a mi portátil también para evitar este tipo de cosas. –Vale –dice. –Yo hago monitoreo mañana –dice Bradley. –Y yo le apoyo –comenta Mateus. Afirmo con la cabeza. –Vale es cuestión de organizarnos y ya –digo –ya veremos qué más haremos. Suelto un bostezo. –Hora de irse –anuncia Thiago. Todos asentimos y así lo hacemos. Tres horas después me encuentro en la biblioteca de la casa de Madeline. Estoy sentada frente a su escritorio con la computadora a mi vista, la pantalla me muestra la imagen que transmiten las cámaras que hemos instalado, voy con el cabello húmedo, enfundada en un pijama negro con rosa y una tasa humeante de café con leche. Bebo el líquido caliente mientras me acomodo mejor en la silla. Hace unos diez minutos que Vladimir se ya ido a bañar y dijo que volvería en un rato más, pongo la tasa sobre la mesa mientras observo por un rato lo que va apareciendo en las cámaras. Dos chicas en pijamas aparecen, se les ve sentarse en los taburetes de la cocina mientras platican y beben de algo que hay en vasos. Seguramente es leche. Activo el micrófono para poder escucharlo que dicen entre ellas, las observo a detalle y me doy cuenta que son las hermanas menores de André. –...cansada de este jodido estilo de vida –habla una. –Tú sabes que desde que llegamos a ésta casa siempre ha sido así. Aunque si me lo preguntas no entiendo porque Alex lo hace. ¿Alex? Pienso en como lo ha llamado. Pero luego recuerdo que hace unas horas mientras una de las cámaras me mostraba la imagen de un Bartolomeu sin gorra y con solo sus gafas la señora que trabaja para él le llamó Alexander. –Obvio que es por los negocios tan jodidos que tiene a su cargo. –Lo sé –dice la otra chica –a veces en verdad que me dan muchas ganas de confesarle a la policía lo que realmente hace, en verdad que ya no quiero este jodido encierro. –Tienes razón en lo del encierro pero créeme que ir a abrir la boca y confesar sus crímenes no es la solución. Hay otra forma. La segunda chica suelta una risa un tanto sarcástica. –¿Enserio hermana? –pregunta –porque sinceramente que no creo que sea así. Si es que hay una forma entonces dime cuál es. La primera chica se queda pensativa un rato para luego hablar. –No sé cuál es esa forma –dice un tanto abatida–pero lo que tú dices no lo es en absoluto. Solo imagínate lo que pasaría, André y Alexander irían a prisión sin dudar. Mamá y papá están muertos, al igual que los tíos. No tenemos a nadie y aún somos menores de edad para la nación, seremos enviadas a algún orfanato o una cosa así. Somos algo así como un efecto colateral de todo el embrollo en que están metidos los chicos. Así que no, ir a contar lo que hacen los chicos no es una opción –determina y con eso me desconecto de la conversación. 'Efecto colateral.' Tienen toda la razón y siento pena por ellas, porque precisamente yo soy quien puede decidir su destino. Se siente mal saber que lo que sea que pase con ellas está en mis manos, en cierta manera me siento responsable de lo que ocurra después de la captura de André y Bartolomeu. Pongo la tasa sobre la mesa, sigo mirando la pantalla estando un tanto ausente a lo que hago. No escucho nada de lo que dicen pero puedo ver qué siguen hablando. Importante o no, no quiero escuchar. Lo que han dicho hace rato es suficiente para tener a mi cerebro trabajando y por supuesto siendo como soy pensando en algo que hacer para que las chicas no vayan a un orfanato o alguna otra cosa horrible pase con ellas. En una mano sostengo la computadora y en otra la tasa, camino por el estudio hasta estar frente a la pequeña mesa de centro que hay ahí, coloco las cosas sobre la mesa y me siento en el sillón. Subo las piernas sobre el sofá y recuesto mi cabeza en el reposabrazos del sofá, sigo mirando la pantalla pero no se me ocurre nada. De un momento a otro me quedé dormida porque despierto cuando siento la mano de alguien en mi rostro, al abrir los ojos veo a un muy concentrado Vladimir, recorre mis facciones con su mano. Cuando se da cuenta que lo miro aleja su mano. –Lo siento –dice pero yo no digo nada. Me incorporo sobre el sofá bajo su atenta mirada. –Lo lamento, me he quedado dormida por un buen rato. Me mira con cierta ternura. –Descuida –dice con una sonrisa perezosa –estás cansada y es normal que pase eso. Le miro y asiento tranquilamente. –Creo que deberías ir a dormir y mañana nos vemos aquí –susurra –no es necesario que te quedes conmigo. Puedo hacer el monitoreo solo. Le miro con sorpresa. –No –respondo –no es necesario que hagas eso. Mi deber es quedarme así que te haré compañía. Asiente sin insistir más. Durante lo que parece cuatro horas estamos sentados frente a la computadora mirando. En ocasiones me pongo a revisar mis aplicaciones del celular haciendo cualquier cosa, por momentos me acuesto sobre el sofá y me quedo mirando a la nada en total silencio. Vladimir por su parte solo se dedica a mirar mientras en ocasiones toma algún libro y lo lee. Cuando creo que el sueño me va a vencer por completo voy a mi habitación en busca del libro que he estado leyendo al cual no he podido avanzarle más. Leo por un buen rato. Reviso el reloj y en ese momento caigo en cuenta que no han pasado cuatro horas como pensaba sino solamente dos horas y media. El reloj marca las tres de las mañana, dejo el libro y centro toda mi atención en la pantalla de la portátil. En la cámara de la cocina aparece en la lejanía, es decir entrando por la puerta la silueta de un hombre, el cual conforme se acerca puedo ver qué es el mismo Bartolomeu. Trae puesto un pantalón de chandal y solamente eso en color negro. Va descalzo y con el torso desnudo. ¿A quién quiero engañar? El chico tiene un cuerpo bien trabajado, con ese físico podría pasar por uno de esos modelos de revista. Niego mentalmente porque no debo de pensar así de ese hombre. Camina por la cocina y se detiene frente al refrigerador. Desde ese ángulo puedo apreciarlo bien, es tal como lo ha descrito Danilo pero la oscuridad y las sombras que se crean en el sitio no me permiten apreciarlo en su totalidad. Solo puedo ver unas pocas facciones de él. Saca algo del refrigerador, lo sirve en un vaso, devuelve lo que sea que tomo de ahí y se va. Suelto un bufido. –¿Pasa algo? –pregunta Vladimir. –Tenia la esperanza de que encendiera la luz y me dejara ver su rostro pero no es así. –Vale tranquila –dice poniendo su mano en mi hombro –al menos uno de nosotros ya le vio la cara y eso es lo más importante. Ahora solo hay que buscar a quien sea que vaya a dibujar el retrato y listo. Tú descuida todo irá bien. Me tranquilizan sus palabras, así que solo afirmó con la cabeza y seguimos en el monitoreo por lo que resta de la noche. La mañana siguiente cuando terminamos el monitoreo cada uno se va a su habitación, en el estudio dejamos a un muy fresco Bradley quien dijo que era hora de que nos relevara. Ni el rubio ni yo pusimos resistencia por ello es que ahora cada uno va a su habitación. Entro y veo el reloj el cual marca que son las seis de la mañana, camino hasta mi cama, me acuesto y sin más pretextos me quedo dormida. Dos horas y media después estoy saliendo del cuarto de baño después de darme ni ducha matutina, me quito la toalla del cuerpo para empezar a vestirme. En ropa interior aprovecho para colocarme crema, me pongo la blusa que usaré hoy y después los jeans, finalmente me calzo los zapatos. Cuando voy de camino al tocador para arreglarme el pelo escucho el sonido de mi móvil. Un primer timbre y después otros que hacen que se alargue la llamada que entra y no he contestado. Voy hasta donde está el aparato. Frunzo el ceño porque no sé quién pueda ser que me esté llamando. El identificador de llamada indica que es un número desconocido pero por el prefijo deduzco que es alguien cercano a mi y que está en Estados Unidos. No creo que sea mamá o papá porque ellos no cometerían esa imprudencia, descaro también que sea Lawrence porque le pedí que no me llamara así que con toda la desconfianza  del mundo descuelgo la llamada y llevo el móvil a mi oreja. –¿Pensabas dejar colgado a tu viejo, pequeñaja? –pregunta la voz de un hombre mayor al otro lado de la línea. Mi expresión cuando termina de hablar se profundiza más, pero pronto el reconocimiento se va volando en mi mente. Poco a poco mi expresión se desvanece y la sorpresa se dibuja en mi rostro. –Vincent Robinson –hablo aún sorprendida –claro que no pensaba dejarte colgado. –Eso espero –dice con lo que puedo adivinar que es una sonrisa. Yo también sonrío. Vincent es lo que podría llamarse mi jefe, él es el encargado de los infiltrados, es algo así como nuestro director o algo parecido. El grupo de infiltrados es muy pequeño por lo cual con el basta y sobra para poder hacer todo lo que se requiere. Es un colega de papá, ellos fueron juntos a la academia, ahí se hicieron muy buenos amigos y pues ahora casualmente trabajo con él. Desde que supo que soy la hija de su gran amigo ha sido muy amable conmigo, no es favoritismo, solo es cariño porque de ahí en fuera me trata igual que al resto de infiltrados y estoy bien con ello. –En verdad que no esperaba que me llamara –digo –pero dígame para que soy buena jefe –ahora adoptó una postura de respeto y seriedad. –¿Cómo vas con el encargo? –pregunta con seguridad. Sé que se refiere a la misión. –Todo marcha muy bien –respondo –tengo muy buenas noticias pero antes de pasar a los detalles... –hablo. Camino a la puerta de mi habitación para pasarle el seguro, regreso al cuarto de baño y me encierro ahí para no ser escuchada por nadie que se acerque a mi habitación. –Está bien –accede Vincent –dime que puedo hacer por ti. –Me gustaría que investigara a mi equipo. ¿Puedo contar con usted? –digo rápidamente. La línea se queda en silencio por unos instantes. –De acuerdo cuenta con ello –dice –dame los nombres y lo haré. Asiento aunque sé que no me puede ver. –Solo una cosa antes de que me digas los nombres. –¿Si? –pregunto con duda. –Me dirás porque quieres esa información –condiciona. –Me parece un trato justo –respondo y sonrío para mí misma.
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Entre tú y yo (TúYo #1)

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