Peligrosamente inofensivas

Un mal día para dos
Eran casi las ocho de la noche, gracias al horario de verano el sol apenas comenzaba a ocultarse, René iba perdida en sus reflexiones mientras caminaba hacia el restaurante donde trabajaba de Mica . Este no había sido su día, sus ojos y su cuerpo entero pesaban demasiado por las semanas de desvelo, valdrá la pena, es lo que se repetía cada que sentía que el cansancio la iba a vencer. Había estado trabajando por tres semanas en el diseño de las cubiertas, las plazoletas, las circulaciones, la arquitectura exterior para una plaza comercial, quizás no era la parte mas glamurosa o reconocida de un edificio, pero era el primer proyecto grande en el que su nombre iba a formar parte de una placa de construcción, definitivamente era algo por lo que valía la pena esforzarse, no solo era el renombre, también era la oportunidad de demostrarle a su madre que estaba haciendo lo correcto. Sin embargo… Horas antes de la presentación sus jefes la llamaron para explicarle que necesitaban atraer prestigio a la firma, por lo que se asociaron con un arquitecto reconocido y para hacer el anuncio lo incluyeron entre los arquitectos de la placa por lo que el nombre de ella no podría entrar en la misma. Rene estuvo a punto de aceptar pensando que por lo menos al tener su nombre en los planos eso le daría la oportunidad de entrar a otros proyectos grandes, pero mientras terminaba la impresión de las láminas de presentación, se dio cuenta de que el nombre escrito en la lista de diseños en la que ella participo había sido cambiado por el del nuevo arquitecto. No solo le habían robado el reconocimiento, también su trabajo, René se sintió traicionada, frustrada y furiosa. Destrozo las láminas, corrió hasta la sala de juntas para confrontar a sus jefes, pero al entrar toda la conmoción que había en su mente le impidió articular cualquier palabra, sin embargo, la ira estaba latente en su cuerpo y sus ojos; tomo la computadora portátil en la que estaban revisando el proyecto y la azoto contra la mesa para romperla, recogió las dos partes rotas, una con cada mano y las lanzo directamente a la cabeza de sus jefes, son una maldita farsa, grito furiosa, cuando por fin ese grito le ayudo a desahogar su ira, se dio cuenta de que había agredido físicamente a sus jefes y que podrían demandarla por eso, trato de mantenerse en personaje y salió corriendo y azotando la puerta. Se marcho del edificio con la total certeza de que estaba despedida, pero al menos le quedaba la satisfacción de haberlos golpeado. En el camino a ver a mica se preguntaba si tal vez había reaccionado en exceso, quizás habría sido mejor hablar con ellos en lugar de golpearlos, quizás no era lo que parecía, pero luego recordó que esas laminas habían sido editadas personalmente por su jefe, así que el mismo debió haber quitado su nombre y puesto el del otro tipo. -Esos malditos ladrones- Al llegar al trabajo de Mica se sentó a esperarla en la banca que estaba justo afuera de la cocina, en la zona de descarga, trataba de descansar sus ojos mientras pensaba como contarle a su amiga que se había quedado sin empleo. Cuando por fin había encontrado un poco de paz alcanzo a escuchar los gritos de Mica, lo cual no era normal, su amiga era la persona más despreocupada que conocía, así que se asomo para ver que sucedía. Mica estaba discutiendo con un hombre de alto cabello castaño -Estas son mis recetas, trabaje mucho en esos platillos y no voy a permitir que un farsante como tu me los robe- Gritaba mica furiosa. -Se que el jefe vino hoy, espera a que se entere- El hombre con el que mica discutía la tomo del brazo y la azoto contra una de las estaciones de trabajo y ella soltó un grito de dolor al sentir su espalda chocar con el metal. -¿A dónde creer que vas Micaela? Parece que en tu familia no te enseñaron a respetar a tus superiores. – El hombre presionaba la mano de Mica y la tomaba del cuello para mantenerla atrapada entre él y la estación de trabajo. -Yo te voy a enseñar, yo soy el jefe aquí, tu solo eres una empleada, tu deber es trabajar y quedarte callada, mas te vale que no te atrevas a amenazarme otra vez o te voy a aplastar a ti y a tu carrera- La mirada de Mica era difícil de describir, el coraje que sentía era evidente, pero a la vez sus ojos comenzaban a cristalizarse. -¿Tienes miedo pequeña?- El hombre presionaba el cuello de Mica y le dirigía una mirada soberbia y satisfecha pensando que sus amenazas habían surtido efecto sobre ella. -Miedo “jefe”- Mica lo miraba directamente a los ojos y hacia énfasis en la palabra jefe mientras hablaba. -En realidad yo solo quería un pretexto, ¿quiere saber que me enseñaron en mi familia? “jefe”- Con esas palabras la mirada cristalina de Mica cambio, se volvió retadora, incluso se podría decir que un poco psicópata. -Me enseñaron a defenderme, por cierto, que bonitos ojos “jefe”- René había observado toda la escena, se sentía totalmente identificada con su amiga, podía comprender su furia, pero eso no significaba que estuviera dispuesta a lidiar con las consecuencias de dejarla sacarle los ojos a su jefe con el enorme cuchillo que estaba sacando discretamente de su mochila. -Así que no soy la única que esta teniendo un mal día- René susurraba mientras tomaba un sartén que vio colgado en un muro de la cocina. -ya me quiero ir a casa- Ella avanzaba silenciosamente hacia Mica y el hombre que la estaba sosteniendo, cuando estuvo suficientemente cerca tomo vuelo golpeo la pierna del hombre con el sartén cuidando de no usar demasiada fuerza, solo la suficiente para distraerlo de Mica. El hombre soltó un alarido de dolor e inmediatamente se giro hacia René, ciertamente sus ojos eran muy bellos, eran de un color casi verde esmeralda con luces color miel, el hombre furioso amenazo ahora a René. - ¿Qué demonios te pasa enana? Esto no se va a quedar así- El hombre se puso frente a ella con obvias intenciones de lastimarla. Ante la amenaza, René sostuvo el sartén que cargaba, ahora con mucha mas fuerza y lo estampo contra la cara del hombre, la fuerza del golpe lo dejo noqueado y cayó al suelo. Todo ocurrió en tan solo segundos por lo que Mica apenas tuvo tiempo de reaccionar y trato de reprochar a René por sus acciones. -Nooo, ¿Qué te pasa, porque lo golpeaste? ¿No se vale…? – -Porque tu le ibas a sacar los ojos, eso no se hace en un lugar como éste ¿Qué te pasa a ti? Y ¿Cómo se te ocurre sacarle los ojos con ese cuchillo? Los vas a destrozar, que clase de chef saca ojos con un cuchillo como ese. – Gritaba René tratando de reprender a Mica. -Pero me gusta ese cuchillo- Respondía Mica haciendo un gesto de niña regañada. -Pues si lo usas para cometer un crimen te lo van a quitar- contestaba rene cruzándose de brazos y manteniendo la postura de regaño. De pronto una tercera voz interrumpió la discusión de las chicas. -Ejem… disculpen señoritas- Ambas voltearon hacia el hombre notoriamente perturbadas al ser conscientes del tipo de conversación que acababan de tener. -Te dije que lo del cuchillo no era buena idea- Susurraba René mientras analizaba el aspecto del hombre rubio y alto que las acababa de interrumpir.
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