Entre tú y yo (TúYo #1)

Capítulo 15
La decepción se asienta en mi pecho. ¿A quien quiero engañar? Realmente deseaba que me besara, sus labios en los míos y nuestros alientos mezclados de una forma tan íntima que se sintiera bien. Bufo frustrada. No vine a Lisboa a ligar y mucho menos a conseguir un chico que me ponga el mundo patas arriba. Ya sé que lo que quiero es olvidarme de él y que hace unos días cuando aún está a en el avión me emocionaba la idea de conocer chicos nuevos, incluso si fuera posible enamorarme y olvidarle pero ahora ya no me apetece nada de aquello. Detengo mi carrera a mitad del parque, paso mis manos por mi cabello, recompongo mi moño mal hecho. ¿Será posible que ya estoy olvidandolo a él? Si ese es el caso entonces no sé como sentirme al respecto. Reanudo mi carrera de vuelta a casa, un pie delante del otro hasta que aparece en mi campo de visión la casa donde ahora vivo. Me detengo cuando llego a mi destino, realizo estiramientos para relajar mi cuerpo después de la carrera que acabo de terminar. A pesar de que ya gasté energía y tiempo no dejo de sentirme fastidiada por el hecho de que no he podido dejar de lado lo del beso. Me odio por sentirme así. Subo las escaleras de la entrada, abro la puerta para luego entrar por ella. Cierro a mi espalda, avanzo por el pasillo que conduce al cuarto de entrenamiento, sin más preámbulos me adentro en el sitio. El cuarto es amplio, diría que más grande que la habitación en la que duermo. Hay un saco de boxeo, el cual usaba Bradley cuando vine a disculparme y que acabo en otra cosa. Joder, mi mente traicionera que sigue yendo hacia la misma persona. Veo más allá unas pesas, lo que parece una pequeña plancha en la que supongo se hacen algunos ejercicios como flexiones, también distingo unas máquinas las cuales sirven para otro tipo de actividades y finalmente reparo en la cinta para correr que está ubicada al fondo. Me quito la chamarra quedándome solo en mi camiseta de tirantes delgados, mis deportivas y los pantalones de deporte. Busco unas vendas que pueda haber cerca para colocarme en las manos. Tampoco quiero que por mi imprudencia mis nudillos salgan afectados. Coloco las vendas en mis manos tratando de que no me aprieten demasiado, las ajusto y cuando ya están tal como las quiero me preparo para empezar a golpear el saco. Un derechazo, luego un gancho con la izquierda. Uno y otro, uno y otro, uno y otro. Golpeó sin parar, sacando toda la frustración que siento, añado una patada con la pierna derecha, continúo golpeando. Doy una patada con la otra pierna y sigo golpeando el saco con los puños. El sudor corre por varias partes de mi anatomía. La frustración aún sigue en mi pero ya va disminuyendo un poco y eso me alegra, sin embargo no me detengo porque quiero que termine de desaparecer de mi sistema. Oigo cuando abren la puerta del cuarto de entrenamiento pero no digo nada, ni siquiera volteo a ver de quién se trata aunque puedo asegurar que es uno de los hermanos. Un golpe, otro golpe. Me detengo, pongo mis manos en mi cintura, tomo concentración e impulso para después saltar en tanto lanzo una patada al aire la cual golpea con una increíble fuerza el saco que cuelga de las vigas del techo. El saco se sacude y continúa con su balanceo hasta detenerse. La patada que he dado ha sido buena pero no es lo que quiero lograr, mi objetivo es dar una al estilo de la patada voladora de Jean-Claude Van Damme, realmente que esas patadas son las mejores que he visto y ese hombre en verdad que es mi ídolo. Un día debo lograr una de esas patadas pero aún falta mucho para ello. –Esa fue una maniobra asombrosa –dice la voz de Vladimir en un halago. Sonrío sin verle a la cara. –No es para tanto –respondo con cierta modestia –aun no está como quisiera que estuviera, me falta practicar más. Suelta una pequeña risa mientras niega con la cabeza ligeramente, me vuelvo a verlo. Está de pie en el umbral de la puerta, luce la misma ropa que hoy por la mañana, unos jeans negros, lo que veo como una camisa blanca dado que se ven los botones y el cuello de esta, una sudadera negra que tiene arremangada hasta los codos, sus converse blancas y su pelo despeinado por pasarse tantas veces las manos. Me sonríe de lado cuando sus ojos atrapan los míos. –Para mi está perfecta así –dice sin dejar su sonrisa de lado –pero si insistes en mejorarla pues me ofrezco para ayudarte a practicarla. Asiento a su oferta. –¿Eso es sinónimo de pelea? –pregunto con cierta timidez. Siento que en cualquier momento me sonrojaré y quedaré como tonta ante sus ojos. A diferencia de su hermano, Vladimir me hace sentir tímida, aún no lo he tenido tan cerca de mí como para decir que siente mi cuerpo pero su sola presencia me pone vulnerable y de algún modo eso me gusta. –Por supuesto –habla suavemente –al menos que no quieras. –Vale –digo gustosa. Sigo golpeando el saco mientras lo veo venir hacia mi lado pero no da indicios de querer empezar con la pelea. –¿Fuiste con ellos? –pregunta sin rodeos. Por su tono sombrío sé que se refiere a André y su hermano. –Si –respondo –fuimos al mismo almacén de ese día. –¿Cómo fue? –pregunta de nuevo. –La verdad no pude hallar nada. Hoy no tuve la suerte de ver a Bartolomeu. Tampoco tuve suerte a la hora del primer descanso, empiezo a creer que lo mejor será montar guardia en su casa. –¿Lo consideras buena idea? –pregunta. –No pero realmente no sé que más hacer –hablo –porque por si no lo sabías solo tengo un mes para capturarlo, de lo contrario me sacarán del juego y pondrán a alguien diferente. –Tienes razón –dice pensativo. Nos quedamos un rato en silencio hasta que decido romperlo por mi misma. –¿Hablaste con Bradley? –pregunto con cautela, temerosa a su reacción. –Si –dice. –¿Qué te dijo? –Me explicó el alcance del embrollo en que está metido –dice –no sabía que estuviera tan jodido. Me preocupa que salga demasiado afectado en todo esto, ¿sabes que si no presenta las pruebas necesarias podría ser acusado de espionaje? –niega abatido y también desesperado –¿por qué no lo dijo antes? Se pasa las manos por el pelo con desesperación, se pasa las manos por el rostro mientras soy testigo de como la preocupación va surcando su facciones. Detengo mis golpes y voy hasta él, no tengo tiempo de quitarme el sudor así que me preocupo de no acercarme mucho a él para no mojarlo. Me paro frente a Vladimir, con las manos aún vendadas le acaricio los brazos de forma consoladora. –Hey, tranquilo que todo estará bien –hablo –yo tampoco sabía que tu hermano estaba involucrado con André pero desde que lo noté dije que evitaría no perjudicarlo. Levanta la cabeza y me mira a los ojos esperando que continúe hablando. –Él no es Bartolomeu –le digo. –Lo sé –dice –también habló de eso. –Solo vamos a buscar más pruebas para que no sea acusado de espionaje, por ello insisto en que lo mejor será montar guardia en casa de los Silva, estoy segura qu en algún momento podremos saber quién es Bartolomeu, incluso podríamos buscar si hay cámaras dentro de la casa y de esa manera hackearlas. Asiente. –Iré contigo a montar la guardia –dice sin dudar. Voy a replicar porque ir ambos sería arriesgado. –No acepto un "No" por respuesta –advierte seriamente. –Ok –respondo resignada. Me doy la vuelta y me posiciono de frente al saco de boxeo, subo mis brazos a mi pecho colocando así lo guardia para empezar a atacar. Lanzo los primeros golpes. –Pensé que querías pelear –comenta Vladimir con tranquilidad. Sigo golpeando el saco con fuerza y precisión, doy una patada. –Pues si pensaba pelear contigo pero dadas las circunstancias no creo que estés en condiciones –digo seriamente y sin dejar de golpear el saco. De reojo lo veo sonreír, es una sonrisa traviesa. Un extraño aleteo me toma por sorpresa. –Pues te equivocas –dice sonriente –estoy en condiciones. ¿Acaso eres tú quien ahora no quiere pelear? Niego con la cabeza. Siento sus pasos acercarse hasta donde me encuentro, se queda a una distancia considerable. Sonríe de forma traviesa y hasta diría que atrevida. Lanza una patada deslizada, la cual recorre cierta circunferencia pero que aún está dentro de mí espacio personal. Alcanzo a ver sus intenciones por lo cual logro saltar al tiempo que hace la maniobra. Me doy la vuelta rápidamente, quedamos frente a frente. Sonríe aún con travesura y yo le devuelvo la sonrisa. –¿Lista para el combate? –pregunta sonriente. –Me ofende que me preguntes –digo en respuesta sin perder la sonrisa. –Vale –responde –las damas primero. Asiento. Me pongo el guardia y él hace lo mismo, camino acercándome de a poco a él. Lanzo un gancho diestro directamente a su abdomen, lo esquiva pero no lo logra con el gancho izquierdo que le da directo en la mandíbula. Se descoloca y aprovecho su distracción para golpear su rodilla derecha con una patada, no le ve venir, por ello es que su rodilla cae sobre la colchoneta en tanto la otra queda en escuadra. Me detengo un momento para darle espacio a recuperarse. Dispara un gancho que va directo a mi abdomen, me deja sin aire por unos instantes. Se levanta, lanza una patada que alcanzo a esquivar. Avanza al frente, me da una patada en la pierna derecha pero no me derriba, repite la acción pero con la otra pierna. Caigo de rodillas por la perdida del equilibrio, lanzó una patada deslizada cómo hizo él y también salta al igual que yo hace un rato. Le doy un gancho en el abdomen, se dobla respirando con dificultad, me levanto del suelo y le asesto un golpe en la espalda con el codo, lo que hace que caiga de rodillas. Se pone de pie, me lanza una patada directo al abdomen, salgo disparada hacia la pared, mi espalda impacta en la pared caigo en mis cuatro extremidades y respiro con difultad. Me levanto con lentitud, me agarro el abdomen por el golpe. Respiro hondo y voy hasta donde está Vladímir, me mira preocupado. –¿Estás bien? –pregunta con cierta culpabilidad. Asiento débilmente. –De acuerdo –digo –continuemos. Niega un poco renuente a continuar. –No –dice –mejor paremos. –No –hablo imponente –continuemos. –Pero... –empieza a hablar. –Solo continuemos y ya. Asiente aún sin convencerse del todo. Pongo mis manos a los costados, camino con sigilo. Disparo una patada con dirección a su cabeza, la logra esquivar. Lanza un gancho a mi mandíbula y me gira la cabeza al costado, un hilo de sangre sale de mi labio, me la limpio con el pulgar y sigo pensando que movimiento haré. Le doy un gancho en la mandíbula, le asesto otro puño en las costillas y por último logró darle una patada en la pierna. Pierde equilibrio y car de rodillas. Creo que he ganado. Giro sobre mis talones lista para disponerme a alejarme. Agacho la mirada tranquilamente, sin siquiera esperarlo Vladimir me intercepta con una llave, sostiene mis brazos contra mi espalda con su otra mano le toma del cuello. Respiro hondo, Vladimir acerca su boca a mi oído y habla. –Deberías ser más atenta con tu contrincante Mi respiración se acelera por varias razones, la adrenalina corre por mi torrente sanguíneo, el cansancio me invade el cuerpo, sumado a eso está el hecho de su cercanía y la forma íntima en que me habla al oído. Pienso en una forma de enmendar mi error y librarme de él, le doy un golpe fuerte con el codo en el estómago y siento a Vladimir doblarse por el impacto, repito la acción de nuevo. Le aplico una llave y finalmente me libro de él, le lanzo una patada que esquiva con facilidad. Sin verlo venir me da una patada en la pierna derecha pero no me derribo, doy un gancho que va a su mandíbula sin embargo en lugar de ello me agarra la muñeca evitando el golpe. Estamos cerca el uno del otro, aprovecha esa ventaja para golpear mis tobillos con una patada. Pierdo el equilibrio y caigo de espalda, me aseguro de tomarle la muñeca atrayendolo conmigo. Mi cabeza golpea la colchoneta, me desoriento un instante al mismo tiempo que siento un peso caer sobre mi. Recupero la vista totalmente y enfoco mis ojos. Veo a Vladimir sostenerse en sus brazos, me doy cuenta que está demasiado cerca de mí, me siento nerviosa. Le miro a los ojos y luego a sus labios, él hace lo mismo, mi respiración se hace errática. Vladimir es atractivo, su cercanía me gusta. Hasta ese momento me percato del efecto que tiene en mi, me gusta tenerlo cerca, me acelera la respiración, su fragancia es embriagante. Acerca su rostro al mío, acaricia su nariz con la mía, quiero que me bese. Nuestros alientos se mezclan, roza sus labios con los míos, mi respiración se hace audible. Captura mis labios con los suyos de forma lenta y tímida, abro la boca dispuesta a dar rienda suelta al beso, levanto la cabeza y ataco sus labios, él no se queda atrás mientras hace lo mismo. –Vladimir –grita la voz de Bradley. Se separa bruscamente de mí y se levanta a toda velocidad de dónde está. Me quedo tumbada asimilando aún lo que acaba de pasar y el beso interrumpido que no alcance a disfrutar. Vladimir me tiende su mano, tomo su mano para ponerme de pie al mismo tiempo que Bradley aparece en la puerta. –Oh –dice –aquí están. Miro a ambos chicos sin saber que decir. –Yo debo irme –hablo solamente. Ambos asienten. Vladimir me mira con disculpa en la mirada. ¿Por qué se disculpa? ¿Por besarme? ¿Por no terminar de besarme? Miro a Bradley quien también me mira con cierta disculpa. ¿Por qué se disculpa? ¿Por besarme? ¿Por no hacerlo? ¿Por qué se arrepiente? Niego, en verdad que esto es un caos.
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