A.R.D.D.R.A.C La armadura de un Dios

La señora Magaly
Koréen tomó con rapidez su grimorio, dejándolo caer sobre el rostro de Kiara, sacando un quejido por parte de esta, pasando con rapidez por las hojas miro hacia el resplandor lista para pronunciar “fuego”; pero la palabra quedo atorada en su garganta, el toque de alguien en su hombro la detuvo de su frenesí. Mirando en la dirección del toque se encontró con la mirada tranquila de Alecksz, solo ahí fue consciente de que había olvidado respirar y que al parecer aún no había salido del mundo de los sueños. Quitando la tensión de sus hombros miro con más calma; seguían en la carreta y por la noche sin luna todo adquiría un toque lúgubre. Ahora que lo pensaba, era extraño poder ver el rostro de Alecksz, no se había quitado la capucha, pero se dejaba un pequeño espacio suficiente para poder ver. — Hemos llegado— pronunció, alejando su mano de Koréen fijo su vista en lo que se mostraba adelante. Si existía un brillo morado, pero no era de un aura maligna, sino que se trataba de las luces del pueblo límite de Sydan, existía un cerco bajo de piedra que rodeaba las ultimas casas, de donde se habían apoyado varios postes de madera que a su vez sostenían faroles de vidrio pintado, de ahí su coloración tan extraña. Parecía que las otras carretas habían retrasado su paso, por lo que llegaron junto con ellos. Ingresaron al pueblo, a un pequeño patio que se mostraba como vestíbulo del mismo, aun con tierra blanda que demostraba el transito masivo que debía pasar por ahí. Diferente a horas atrás las personas descendieron con gran algarabía de las carretas, muchas dejándose atrás las capas, tirándolas en festejo de llegar a su hogar, incluso muchos niños se soltaron de las faldas de sus madres, haciendo acto de presencia y sorprendiendo a otros de recién verlos, por otro lado algunos mas tranquilos descargaban la carreta o simplemente ayudaban a otros a descender, posiblemente la presencia de Jeff era lo único que los alejaba. — ¡Bajad, que hemos llegado a nuestro hogar!— exclamo alguien, haciendo señas exageradas hacia ellos. Alecksz bajo rápido, olvidándose del resto. Rosario descendió con elegancia, solo Koréen se detuvo al recordar el peos de Kiara sobre su regazo; el golpe debió de despertarla, pero todo el camino en esa postura había provocado un entumecimiento infernal, si movía un poco las piernas un picor la haría querer retorcerse; quería llamar la atención de Alecksz para obtener su ayuda. — ¿El viaje debió de ser muy largo en esa postura, señorita?—una voz susurrante se dirigió a ella, así como un haz de luz morada a su persona. Ocultando su rostro en la tela cubrió de la misma forma el rostro de Kiara.— No debe asustarse, aquí es seguro. Era susurrante y apacible, pero había provocado el efecto contrario ¡Quién había sido amable con ella estaba muy lejos! Sabía que esa voz no pertenecía a Arth, por lo que su recelo aumentó, apegándose al fondo de la carreta como un animal herido se atrevió a ver a través de la tela. Quien le hablaba cargaba con un farol de luz morada, creando un contraste con su rostro rectangular, ocultando cualquier facción. — ¡Apura y baja! — intervino Alecksz, el peso sobre ella desapareció y siendo aquel sujeto una interferencia para descender de la carreta, Koréen trato de deslizarse por un borde, cayendo estrepitosamente a tierra. — ¿está bien señorita? — no solo él pregunto, muchos otros cuestionaron a la distancia, podia asegurar que hasta la abuela que había viajado con ellos dijo: “¡esa debe ser la niña enferma!” — ¡No pasa nada, se ha tropezado de la emoción! — explicó Alecksz, alzando a Koréen, sujetándola a través de la capa, del par de cintos que cruzan su pecho. Colocándola en pie dejo que Jeff tomara su lugar. Koréen era levantada a solo unos milímetros del suelo, dando la apariencia de estar en pie, recibiendo varias carcajadas por su supuesta emoción solo agacho más la cabeza; agradeciendo la supuesta amabilidad del anterior sujeto, tal vez en una mejor situación realmente habría recibido su ayuda. — ¡Quienes no tengan techo para hoy, venid a la iglesia! — anuncio una áspera voz, proveniente de algún anciano del lugar, y solo sus batas sacerdotales lo confirmaban. En ese pequeño llamado Koréen se atrevió a alzar su rostro para poder lograr ver a una pequeña comitiva que se había formado más adelante, todos cargando faroles de luz purpura se mostraban sonrientes ante la llegada de las carretas, en breve, la dulce reunión se dio a cabo. Los recién llegados extendían sus brazos a quienes les recibían, posteriormente entre ambos cambiarían el color del farol a una dorada. Viendo más allá de este encuentro parecía que el pueblo entero se había iluminado con esta luz morada, dentro de las casas solo ese brillo escapaba de las ventanas, cambiando en breve a una tonalidad dorada cuando un grupo que se había reencontrado ingresaba en ella, tomando solo un par de minutos para apagarse. Quienes parecían no haber logrado el ansiado reencuentro se despedían con un gentil saludo para volver a sus hogares, algunos colgaban el farol en la puerta, ansiosos de que en el horizonte aparezca el último grupo de carretas. Por otro lado, quienes no tenían un techo, ya se habían encaminado tras una luz dorada. Quedando el grupo de ellos y un par más de personas Koréen volvió a escuchar la misma voz apacible. — ¿Ustedes tienen donde quedarse?— por seguridad, Alecksz empujo la cabeza de Koréen hacia abajo y solo Rosario le respondió. — No se preocupe, visitaremos a una vieja conocida. — Guiando al resto no se despidió del extraño, encaminándose a una cabaña de madera, piedra y paja que estaba casi chocando con el cerco que rodeaba al pueblo. Un poco separada del resto, mantenía un pequeño charco de agua cubriendo casi toda la entrada, así como una gran rueda que giraba sobre su eje, creando surcos en la tierra húmeda, que habría funcionado mejor en un rio; y como todas las casas del pueblo, esta mostraba en su interior luz purpura. Al tratar de llegar a la puerta el chapoteo que producían sus pasos pareció alertar a alguien dentro de la casa, oyéndose como parecía caerse algo al suelo, posiblemente una silla. — ¡Marco, Marco! — se oyó desde dentro, siguiendo el crujido de los seguros que habían colocado sobre la puerta. — ¡Mentecato, que regresas! Aunque había reclamo en su voz, Rosario distinguió añoranza, sintiéndose incomoda dio un paso a un lado, siendo seguida por Alecksz y quedando solo Jeff frente a la puerta, cargando con un brazo a Kiara mientras sostenía a Koréen de la espalda, quien había tratado de alejarse de igual manera. — ¡¡Marco!!— la puerta se abrió con fuerza, saliendo de ella una mujer de rostro redondo, vistiendo con un delantal sobre sus faldas, su mirada de júbilo se transformó en una de duda al ver a los demás, identificando rápidamente a Jeff su confusión aumentó. — ¿Quiénes son? ¿Y Marco? — Señora Magaly…— susurró Rosario, descubriéndose la cara para ser reconocida, algo que sucedió casi al instante. — ¡Rosario! Pero que haces… ¿has visto a marco?— Rosario evadió su mirada, dirigiéndose a Jeff. Jeff saco los restos de Marco, con el tiempo la sangre se había secado en la tela y todo ese cumulo de carne parecía un pedazo de trapo de sucio, lo había puesto debajo de Kiara, algo que era mejor si desconocía. Colocando aquel embrollo frente a Magaly, su rostro pareció envejecer varios años más y con manos temblorosas sostuvo lo que en algún momento fue su esposo antes de girar hacia Rosario, reteniendo las lágrimas en el borde de sus ojos le sonrió con mucho esfuerzo. — A que le has traído a casa ¿verdad?—Magaly envolvió con sumo cuidado los restos de Marco en su delantal mientras oía hablar a Rosario — En realidad, el Doctor Marco se encontró con nuestra colíder, en el nido de larva, quería hacerla su aprendiz, dejándole incluso a Jeff como guardia---- — ¡tu! — intervino Magaly, mirando ceñuda a Jeff espero que este le diera una respuesta, siendo solo su habitual calma lo que recibiera, se aferraría a su pequeña carga antes de fijarse en Koréen— ¿aprendiz? Marco…no quiera una aprendiz, tú, chica ¿Cuál es tu nombre? Recibiendo un empujo por parte de Jeff, la mencionada alzo el rostro, lo suficiente para dejar entrever su rostro y susurrar—…Koréen — Ma…Marco siempre andaba con cada cosa—respondió por lo bajo, dirigiéndose a rosario prosiguió— Gracias por hacer el viaje, ese hombre loco iba a acabar algún día así; lamento no poder agradecértelo, instálate…yo debo de ir a la catedral para, bueno para ¡ja! Debo irme Despidiéndose con una reverencia Magaly se tambaleo hacia la calle, siguiendo a lo lejos la hilera de personas que habían caminado en su mismo rumbo; ya a lo lejos uno creería que debía estar llorando al ver sus temblorosos hombros. Sin mas palabras, Rosario se adentro con confianza a la cabaña, siendo seguida por los demás, Koréen esperaría a que la puerta estuviese cerrada para preguntar. — ¿Por qué le--? — Le mentí— afirmo Rosario, encontrando el farol cambio la luz a una dorada— es mejor no explicarle nuestra travesía y nuestra verdad muere con Marco y Jeff. — Él no dirá nada— continuo Alecksz, cruzándose de brazos y estando de acuerdo de esa forma. — aquí el nombre de Cyara es como una blasfemia, mejor si no nos toman de herejes, así que no des problemas. — …no tuve la culpa— susurro en defensa, recordando el hecho de la carroza. — agua— el quejido de Kiara los interrumpió. Guiando a Jeff, Rosario se adentró dentro de la casa, llegando a un pequeño cuarto que se conectaba con el taller, que era casi toda la planta baja, un cuarto con un par de cómodas viejas, un espejo cubierto y una cama de una sola sabana, sin ventanas. Jeff dejo a Kiara sobre la cama, retirándole la capa mientras Rosario corría a traer de la cocina del fondo del taller un poco de agua. Rosario se movía con bastante soltura en aquel lugar, según ella no había cambiado gran cosa en todo este tiempo, dejando a Jeff la manipulación de los paños de agua y con un par de sabanas más dejaron a Kiara en un sueño profundo, donde su respirar pesado hacía eco en ellos. Debió haber transcurrido bastante, pues el chapoteo de los pasos de Magaly les aviso de su regreso, antes de que ella los alcanzara Rosario termino de quitarse su empolvada capa y miro suplicante a Koréen. — Solo por unos días mantente con la capa, no llames la atención y podremos salir de aquí con nuestras vidas intactas…al menos hasta que Kiara pueda huir por su cuenta. Con el crujir de la puerta y unos pasos pesados volvieron a tener la figura de Magaly frente ellos, tenía los ojos rojizos y se veía algo desorientada, pero su voz sonaría animada cuando hablaría a Rosario. — Mi Rosario, alcance al Padre Matías y él se encargará de las futuras cenizas— al decirlo su voz se quebró un poco, sonándose la nariz con la manga de su ropa recién reparo en la desfallecida Kiara. — ¿¡y esta chiquilla que solo sabe meterse en problemas!?— notando la gran cantidad de invitados siguió—si vas a ser la aprendiz mas te vale esforzarte — En realidad señora Magaly, solo nos quedaremos por Kiara, ella es mi compañera y sé que usted podría ayudarnos…nuestra colíder esta en busca del líder y no podemos retrasarnos. — Siempre has querido mucho a esta chica, pero desde la primera vez que se encontraron ha sido de esta forma…no tengo problemas con que estén aquí, un par de bocas mas pueden soportar este viejo sitio, al menos hasta que el Festival de los deseos se lleve a cabo. — ¿se recuperara para entonces? — intervino Alecksz, ganándose una mirada desconfiada por parte de Magaly. — ¡sin esas capitas por casa! Aunque esta chica se mejore antes no podrán salir de Sydan— Magaly se adentró hacia el taller para salir poco después con una canasta llena de tuercas y algunas llaves de formas extrañas, sentándose en un pequeño espacio de la cama de Kiara descubrió su inusual pierna-rodilla-muslo convertida en marioneta. La piel que lo rodeaba se había hinchado dolorosamente, adquiriendo un color rojizo en la parte mas alejada y un tono morado a los bordes, muchas de su venas que pasaban por ahí se habían abultado mostrando un color carmín, muy oscuro; de solo tocarlo con la punta de un dedo Kiara despertó de su sueño, aferrándose al delgado colchón con ambas manos busco a los alrededores en busca de ayuda. — Primero debe de sanar esto para que pueda empezar a usar su don, si no quieren ver es mejor que se vayan a la cama. — Mirando ceñuda a Alecksz volvió a hablar— Rosario puede estrecharse con Kiara y solo hay una habitación en el ático que es mía, para ustedes par de desobedientes será mejor que vayan al cobertizo del patio. El cobertizo estaba a unos quince metros de la cabaña, de la puerta trasera, era un pequeño cuarto alzado en pleno patio con la finalidad de almacenar madera, aunque a la mitad del lugar se le filtraba el agua desde la tierra y contando solo con un angosto tragaluz sin protección había sido acogedor hasta cierto punto. No estaban en la intemperie del bosque, no recibiría corrientes de viento por los lados y sería perfecto si un aguacero caía a media noche; al menos Koréen junto un par de maderas planas sobre la tierra húmeda para acurrucarse y con su capa había pasado una buena noche de sueño, después de todo, aquel lugar le recordaba a la seguridad de su cueva. Quizás el único inconveniente era que al estar en pleno patio y sin la sombra cercana de cualquier árbol el sol calentaba el lugar hasta temperaturas inaguantables, había amanecido hace poco, pero lo abrasador de su “cama” la había sacado de sus sueños; sintiendo la garganta seca y con la mente aun sumergida en el sopor de los sueños, olvido por instantes que hacia ahí. — ¿Alecksz? — llamo confundida, ambos habían ido a parar al cobertizo por Magaly y ahora el guerrero no aparecía, había dormido en el lado seco del estrecho cobertizo y le creía tan agotado como ella. Levantándose con lentitud se sorprendió de ver a los pies de la pequeña puerta del cobertizo un cuenco con agua y junto a él, algo que reconoció casi al instante, un pequeño punzón de punta triangular plana, con un simple mango que en esta ocasión tenía un patrón muy similar al que el veneno de la lombriz había dejado en la armadura de Alecksz. Mirándolo más de cerca tenía una pequeña cubierta para el filo, colocada en su sito pasaría como una hoja o semilla de diez centímetros de largo, de esa pequeña tapa un fino hilo de araña se había atado. Podia atársela al pelo y pasaría como un tosco adorno, por lo que lo unió a una de sus trenzas, viendo su reflejo en el cuenco tomo un sorbo antes de echárselo a su cabeza, lavando de esa forma su rostro antes de volver a colocarse la capucha. Recibiendo un pequeño golpeteo en la puerta ajusto su disfraz y alcanzo los bordes del grimorio, mientras daba pasos hacia atrás, esperando ocultarse tras las pilas de madera, antes de que actuara la puertecilla se abrió dejando ver el encorvado cuerpo de Jeff llenándola toda, en sus manos traía, más que un cuenco, una bañera de agua, que no dudo en arrojarle cuando la vio. — ¡espera--! Era demasiado tarde, no había pedazo de ella que no estuviese empapado, el agua había quitado parte de la suciedad de su cuerpo, pero en sus ropas solo había hecho que todo se vuelva una masa de mugre, exprimiendo las esquinas de su ropa camino de regreso hacia la cabaña, esperando encontrarse con Alecksz, después de todo el aun cargaba la pequeña bolsa de moras y un par no le vendrían mal para alejar el hambre del día. Con el inconfundible sonido de chapoteo en cada uno de sus pasos dejo un rastro de agua apenas ingreso a la cabaña, viendo como en la parte del frente Magaly batía una gran olla negra con una cuchara que en su extremo contaba con un par de pinzas, de espalda hablo con autoridad. —Nada de capas dentro de la casa, que luego los clientes creen que pueden timarnos de esa forma. — deteniéndose en su lugar, Koréen miro a los lados en busca de una figura familiar, sin saber que Jeff seguía sus pasos a poca distancia. — Señora Magaly, deje que use eso, su piel es algo sensible al sol…— habló Rosario oculta tras una enorme pila de libros viejos con imágenes de engranajes en sus lomos, viendo a Koréen le alcanzo un pequeño cuenco con una masa gelatinosa mientras le susurraba — come — ¡De piel frágil! Al menos puede quitarse la capucha para no confundirla con un ladrón— preguntando a Rosario con una mirada Jeff se adelanto a quitar la capucha sobre su cabeza. Sorbiendo el contenido del pequeño cuenco con rapidez, Magaly se volvió a pronunciar con un llamado de atención — ¡Y una cosa mas! Aquí se come a una hora justa, si pierden la hora de comer no es mi problema— Magaly aun le daba la espalda, había dejado su burbujeante olla y justo había comenzado a desarmar un reloj de cuerda, utilizando el par de tenazas del cucharon para extraer al pequeño pájaro cucú. Su taller contaba con miles de artefactos mecánicos, desde pequeños relojes a algunas maquinas que solo parecían un montón de tuercas, poseería una gran mesa donde se mezclarían libros, tuercas y vegetales, pues el fogón estaba instalado a un par de pasos, dejando una marca de hollín sobre la madera del piso, así como grasa de aceite sobre algunos vegetales, de forma estrambótica colgaban trozos de carne ahumada del techo y unos cuantos adornos de cristal. Con el estomago mas lleno se acercó al pequeño cuarto, donde debía descansar Kiara, hallándola aun en cama, con el rostro cubierto en una toalla y un poco de pasta verdosa en sus extremidades respiraba muy lentamente, debió ser una noche algo difícil para ella, ya que aun en sueños Koréen había podido oír sus lamentos hasta altas horas de la noche, mas que por su oído, por el quejido de Alecksz de no dejar descansar al resto. —¡¡aaah!! — el gritó de Magaly sorprendió a Koréen, dejando caer el cuenco, algo que añadió un grito mas— ¡Pero mira el regadero que has hecho! — señalo el piso mojado así como las huellas de barro que Jeff había dejado en el intento de seguirle. Magaly dejo lo que hacía para acercársele, tomando su cucharon doble apunto con la parte que era utilizada para cocina, notándose que en la punta colgaba una gotita de aceite negro y que en las pinzas estaría envuelto un poco de verdura verde y larga. — ¡¡Si no saben nada de mecánica o cocina no los quiero ver cerca!! — señalando la puerta trasera agito su arma para expulsarlos, dando una mirada cargada de rencor hacia Jeff se dirigió a Koréen una vez más— ¡y ahora que es tu problema, llévatelo, no quiero verle la cara! Temiendo que se le arrojara el cucharon a la cabeza Koréen salió corriendo de ahí, cubriéndose con la capucha apenas salió por el umbral, ya podía entender la amistad cercana de Rosario y Magaly, al estar con sus marionetas Rosario había aprendido de aquella señora y debía ser, desde antes, una especie de aprendiz, al estar Kiara en sus manos y sin ninguna obligación Koréen no sabía a qué lugar ir. Adentrarse al pueblo de Sydan no era una buena opción y desde ahí solo podia ver campo liso hasta una pequeña franja en el horizonte que debía ser la muralla que habían cruzado, parecía que esas tierras habían sido dejadas para sembradíos enanos y que cada casa contaba con una pequeña porción de espacio donde el único límite era una cruz de madera o algún pequeño árbol, aunque estos últimos eran contados. Creyendo que el terreno vacio detrás de la cabeza pertenecía a Magaly y siendo un terrible horno el cobertizo decidió refugiarse bajo la sombra de un pequeño limonero, con su tamaño, meterse dentro de la copa era sencillo. A sabiendas de la presencia de Jeff a solo un par de pasos se aproximó con prisa a su posible lugar de refugio, lanzándose a su pequeña sombra se acomodo para pasar las siguientes horas con su grimorio, siendo intervenida por una voz, que para su disgusto ya le parecía muy recurrente. — Así que es aquí donde la pequeña señorita pasa su tiempo Como si el hombre fuese una cascabel ¡Koréen salió corriendo!
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