A.R.D.D.R.A.C La armadura de un Dios

Un pueblo morado
Las cadenas de los portones de Sydan se estiraban bajo un chirrido metálico, las argollas que formaban las cadenas se tensionaban, algunas se soltarían unos milímetros por la carga que se le aplicaba así como las láminas de grueso hierro se deformaban de sus agarres antes de abrirse por un par de centímetros para luego detenerse. Los extremos de las gruesas cadenas eran tiradas en conjunto por un grupo numeroso de soldados a la par del sonar de una corneta, seguidas de un clamor en común de “tirar, tirar”. El peso muerto de las puertas crearían surcos en la tierra y solo cuando estas estuviesen abiertas de par en par los soldados trabajarían la zona para aplanar el lugar, situándose a cada lado del camino los soldados establecerían su guardia, de forma silenciosa el gentío se encaminaría entre ellos para pasar por el portón de Sydan, donde entre los muros se había instalado un puesto de control, revisando a cada una de las personas así como lo que traían antes de permitirles el paso. Más de una vez se había repetido el caso del hombre que había sido llevado de la multitud, solo que esta vez la guardia se mostraba menos paciente, enganchando sin aviso el cuello de la persona para dar una descargaba que los dejase inconscientes, tirarían con furia de estos para arrojarlos a un lado del camino, donde en una carreta vieja los apilaban sin el mínimo interés, una vez estando cerca se podía ver que las tenazas habían quedado como collares en su cuello, y que un pequeño hilo eléctrico serpenteaba por el mismo, dándoles pequeños toques cada cierto tiempo y ocasionando un olor amargo en el aire. El cochero de aquella carga solo se dignaba a encender velas alrededor, velas aromáticas que con el mal olor terminaban en una combinación muy similar al azufre. Estando cerca se podía oír a los guardias que reparaban en algunas personas, preguntando de dónde venían o para que iban a Sydan, esto último alerto al grupo y con temor Koréen pregunto en voz baja a Alecksz. — ¿Qué debemos de decir? — Recibiendo un tirón de su capucha con la prontitud de ocultar su rostro, ninguno de ellos lo sabía y a cada paso que daban estaban más cerca del puesto de control, estando a solo un par de personas serian testigos de cómo una pareja atacaría a los guardias, levantando algo en sus manos formarían puntos de fuego y picos de hielo antes de que un par de soldados estirasen las pinzas sobre sus cuellos y otros sobre sus cuerpos, tal vez con algo de rencor la electricidad proporcionada para su castigo fue mayor, provocando un halo de luz blanquecina antes de que ellos se desplomasen. El fuego había caído sobre uno de ellos y lo máximo que hicieron por él fue empujarlo a la tierra. Tal vez por ese escenario Koréen había olvidado por completo lo que el guardia le dijo cuando tocaba el turno a su grupo. — ¡Nombre! — exigió el guardia, golpeando su pequeña libreta con impaciencia mientras miraba con sospecha a la castaña, que de solo verle las palabras murieron en su boca, balbuceando torpemente por segundos antes de susurrar. — …Koréen, señor— la cara del soldado quedaba oculta a causa del casco liso, dejando solo ver sus ojos por la pequeña rendija de los mismo, tal vez era el paisaje rustico o que el casco lucia oxidado, pero aquella era una cara que no deseaba detenerse a mirar. Para sorpresa de todos el hombre parpadeo con confusión, aprovechando la pequeña estatura de Koréen se fijó en el bordado de lo que llevaban encima, reconociéndolo casi al instante, para luego ver con mayor asombro a la figura alta de Jeff. — ¡ah, Doctor Marco, su esposa ha estado esperando por días su retorno! — Hablo a todos, sin saber exactamente a quien se refería dio una mirada amable a todos. — En realidad— intervino Rosario, ganándose una mirada molesta por parte del guardia— Venimos más que todo a cumplir un deseo póstumo. Codeando a Koréen ella recibiría la indicación para tirar de la ropa de Jeff, quien acerco su pequeña carga a la cara el soldado, destapándola lo suficiente para que la vise y siendo su pálida tez un comprobante de ver la vomitiva mezcla de carne. Antes de decir algo más el propio guardia había alcanzado su lanza con las tenazas d épico, apuntando discretamente al grupo. —El Doctor Marco falleció buscando sus extraños ingredientes, un monstruo de tierra lo redujo a esto y doña Magaly debe estar esperándole aun— trató de explicar Rosario, sintiendo que sus palabras solo habían aumentado la tensión al ver como otro par de soldados apuntaban hacia ellos, listos a cualquier orden que diese el guardia. — El doctor marco propuso que sea su aprendiz— añadió Koréen a lo cual Rosario apoyo sin dudar — ¡Por supuesto! Lamento olvidarme de ese detalle señor guardia, a nuestra pequeña colíder el doctor Marco iba a enseñarle los gajes del oficio ¡incluso Jeff le sigue como a su sombra! Rosario tomaría de un costado a Koréen agitándola torpemente para dar hincapié en sus palabras, como que, la mirada de Jeff se mantenía atenta en cada movimiento de la pequeña, terminando por convencer al guardia que mirando melancólico los restos del doctor murmuro. — Justo en el festival de los deseos, bueno…un deseo menos no dará mucho problema. Indicándoles seguir al mover su mano el resto de los guardias se dispersaron, concentrándose en el próximo grupo de viajeros y otro par más de guardias les indicarían seguir por el camino para alcanzar al resto. Mas allá, dentro de los muros del reino de Sydan se extendía grandes extensiones de tierra donde apenas existían algunos parches de pasto verde ¿arboles? Podía verlos a lo lejos como pequeñas manchas junto a otras que podía creer que eran como la sombra de un pequeño pueblo, visto desde ahí el reino de Sydan se podía reducir a tierra árida y a un par de guardias. Alcanzando al grupo de personas que ya habían ingresado se encontraron con que diez carretas se habían colocado en fila, cada carreta tirada por alguna especie de equino, un poco más grandes de los que recordaba haber visto fuera de ese mundo. Algunos guardias rodeaban la zona, vigilando discretamente, aunque para entonces las demás personas se encontraban más relajada, llegando a intercambiar algunas palabras mas entre ellos hasta que una pequeña figura flacucha se pronunció entre ellos. — ¡Por favor, pongan atención! — dijo el pequeño, sacándose su capucha para mostrar su rostro sonriente, con un pequeño hoyuelo que le hacía destacar como deslumbrante— ¡las carretas pronto van a partir, por favor deben subirse, menos a la última! — ¿Por qué no a la última? ¿No son solo diez? ¿alcanzaremos todos? Esos fueron los murmullos de las personas mirando al pequeño, que solo se podía rascar al cabeza con el afán de disculparse. — Es que la mula de una de las carretas ya no quiere andar y el grupo de retorno volverá ya para casi la noche, si esperamos un poco más dejaremos a mucha gente en la intemperie. — ¡Pinchad su cola para que ande! — sugirió la misma anciana de antes, recibiendo el rostro de horror por parte del niño. — ¡hay prisa para llegar antes de la noche! — Podemos partir ahora, pero algunos de ustedes deberán esperar al próximo grupo a menos que tengan carga y la lleven a rastras…aunque bueno se retrasarían del grupo. La propuesta era desalentadora, pero fuera del trabajo físico lo que incomodaba era separarse del grupo, estaban en una zona segura, pero las vicisitudes que habían pasado la mayoría para llegar ahí habían sido suficientes para marcarles, podían decir por sus ropas hechas jirones o las manchas marrones que los acompañaban, tal vez entre algunas de tantas existían manchas secas de sangre…ahora mismo la seguridad de un grupo les atraía demasiado. — ¿¡Podemos tomar la carreta sin mula!? — Alecksz preguntó en alto al notar como Jeff había alzado su brazo hacia mucho. Imposibilitado de pronunciar palabra asintió para confirma. El niño se entusiasmaría al verle y correría ante el para tirarle en su dirección, aunque otros parecían sorprenderse de la presencia de Jeff, pronto lo asociaron con algo normal por ahí. Sin detenerse mucho a pensar las personas se acomodaron en las carretas, tanto ellos como sus cosas estaban listos para partir. Siendo el pequeño chico el que se acercaría antes con un gran costal, tal era su tamaño, que lo llevaba arrastras, repartiendo un poco de agua en cantimploras o un par de frutos secos para las personas, una vez hecho, la carreta seguiría el camino, no muy rápido, ni muy lento. Para cuando tocase el turno del equipo de Koréen, el niño se había acercado silenciosamente con el afán de sorprender a Jeff, ya que parecía reconocerle de antes, pero la escena que vio lo dejo confuso. La paciencia de Alecksz no era mucha, por lo que ante la nula cooperación por parte de Kiara al subir, había arrojado su cuerpo con fuerza, rebotando en las tablas antes de quedar inerte, siendo Koréen la que saltaría para su ayuda, cobijando la cabeza golpeada de Kiara sobre su regazo y siendo Rosario la que tiraría hacia atrás del cuello de Alecksz mientras profería una maldición. Aunque su vista se vería tapada por el cuerpo de Jeff, que señalaría el costal con comida y el niño la entregaría confuso antes de volver a ver al grupo. Parecía ser solo una ilusión, pues ellos se habían sentado en armonía en la carroza y despedían con un saludo al pequeño niño que dejo todo atrás en su mente, pues Jeff se había situado delante de la carreta atándose los mismos arneses de la mula en sus brazos empezó a andar ¡increíblemente la carreta se deslizaba con facilidad por la tierra! La fuerza siempre seria admirada y más por un niño delgado que no retuvo su emoción despidiéndose. Ya en el camino ellos se mantenían un poco más alejados del grupo, lo suficiente para poder hablar sin temor a ser oídos, y fue precisamente Alecksz el que inicio la conversación. — Suelta— pronuncio, refiriéndose al agarre que había hecho Rosario, recibiendo su ceño fruncido como respuesta— Esto ha dejado de ser divertido Después de decirlo la tensión en el hilo había desaparecido, un extremo caía sobre el pecho del hombre y el otro sobre la mano de Rosario que lo veía confusa, Alecksz había roto el hilo con extrema facilidad. Ante su rostro pálido el deseo regodearse un poco. — Quería ver como alguien que se la pasa disculpándose por su amiga se atreve a ser más que un ratón— un resoplo por parte de Kiara intervino, la pobre había sido recostada en la carroza, usando el regazo de Koréen para apoyar su cabeza luchaba por respirar, para estas alturas su temperatura era lo suficientemente alta para sentirla a través de la ropa— fue un espectáculo decepcionante, así que responde de una vez, quiero la verdad. Rosario le miro con odio por segundos, cediendo casi al instante al oír los quejidos de Kiara, pasando el pequeño costal a Koréen para que tomara un poco de agua de su interior, sirviéndosela a Kiara y notándola más tranquila Rosario empezó a hablar. — Kiara absorbe información sin medida, tal vez ahora mismo sabemos de ti lo mismo que tú, la señora Magaly sabe mucho de mecánica y ella podría ayudarle…sin información no puede subsistir y pensé…tu armadura absorbe todo lo que toca, el veneno debió de arruinarla y ella podría ayudarte, además ya lo viste, Sydan tiene una especie de sistema para encontrar a los jugadores, esta vez solo tuvimos suerte. — Tal vez de todo eso, solo un 10 % sea verdad— respondió Alecksz, cruzando los brazos y dejando caer su peso en la carreta, suspirando continuo— y supongo que no deseas que ella descubra algo de ti ¿no? ¡vaya tipo de amigas que son! No me sorprendería que esa rodilla de madera sea tu obra. Después de todo Kiara había mencionado que nadie había aprendido a usar su Don como debía, que existían fallas y parecía que Rosario había cometido un error. Extrajo de sus mangas un pequeño pañuelo, doblado en cuatro que se abriría para mostrar un cumulo pequeño de ceniza, que con el brillo del sol parecía desprender un brillo verdoso; sea lo sea el rostro de Rosario había caído en suma tristeza antes de susurrar. — La señora Magaly podrá resolverlo, tu armadura, a Kiara y a mí, “Marco era un doctor que atendía en el pequeño pueblo al límite del reino de Sydan, proveniente de una familia de seis generaciones de médicos encontraba común lo sorprendente y lo descabellado y creía que podía ser interesante con un poco de suerte; de esa forma había contraído nupcias con una experta en la mecánica y habían formado su hogar, de esa forma el par había tomado interés por Kiara y Rosario, su pequeña deficiencia había hecho que el par de esposos los ayudase en sus primeros días de juego y desconociendo muchos términos del mismo tardaron en darse cuenta que estaban a punto de quedar atrapadas en la boca del lobo. Marco y Magaly eran personas por demás amables, un poco excéntricas, pero amables al fin y al cabo; pero Sydan había recibido la orden de levantar un muro contra los jugadores, contra ellos. Huimos una noche, sin cartas, sin notas, sin despedidas…esa fue la primera vez que robamos, robamos un poco de pan y queso para el viaje de las reseras de Magaly. Ser ladrón no era fácil, siempre quedaba duda sobre lo que hacíamos, y que al final solo dejábamos a alguien tan desesperado como nosotras, en eso conocimos el grupo de Vertsand, jugadores sanguinarios que no dudaron en arrojar a Kiara o a mí al enemigo…estuve a punto de ser la cena de muchas bestias y fue al final que logramos separarnos del grupo cuando nos enteramos de algo, todas esas trampas viles, la quema de aldeas completas de NPC eran dirigidas a favor de una sola persona, lo llamaban en “su honor”, déjame decirte que todo lo que sabes de Cyara es verdad. Ella es un jugador, pero no es como nosotros, todos quieren hallar la forma de salir de aquí, pero solo ella está dispuesta a quemarlo todo con tal de lograrlo. — Alecksz ¿recuerdas como era el otro mundo? — cuestiono Rosario envolviendo las cenizas en sus manos— solo sé que hay algo más ahí que me espera y quiero saberlo yo antes que Kiara, mil veces antes que ella; quiero sobrevivir lo suficiente para eso. Cyara está al noreste y los rumores tardan en viajar desde aquí hasta allá, La señora Magaly reparara tu armadura, a Kiara y a mí, ese será mi pago por todas las molestias que causamos…de ahí podéis hacer lo que quieran. Alecksz no respondió, su mente se había quedado en el mencionado “mundo de afuera”, mentiría si dijera que recuerda vívidamente todo lo que sucedía por allá, un día estaba ajustando el balance de un evento y al otro huía de las garras de un pajarraco vestido de hojalata. Su rostro pensativo fue una respuesta para Rosario, que se concentró a ver por el camino, pendiente de ver el pueblo. ¿Quién no quería salir de ese mundo? Cyara era el claro ejemplo de la desesperación que podía acarrear el no lograrlo y el resto solo una pequeña representación de seguir intentándolo. Aunque para Koréen carecía de peso, sin recuerdos de lo que había más allá, de lo que conocía, no sentía que algo la esperaba y ante la inmensa soledad que representaba se sintió culpable de desear permanecer un poco más en aquel mundo, aun podía sentir el peso de la mirada furibunda de Cyara sobre sus hombros, pero era algo que sentir. No podía decir si fue por el ajetreado día o por el calor que provenía de Kiara, pero dentro de poco su mente cedió ante la somnolencia, quedando dormida sobre su propio hombro. Cuando la carreta diera un pequeño salto se despertaría asustada, viendo a sus alrededores en busca de lo que sea que había provocado el golpe, pero no había nada. La noche ya había caído sobre ellos, Jeff aun tiraba de la carreta y sus acompañantes al igual que ella estaban dormitando en sus lugares, en algún momento de la tarde Kiara había quedado dormida en su regazo y ahora sentía sus piernas entumecidas. Mirando hacia el horizonte un jadeo de sorpresa salió de su boca, alertado a quienes le rodeaban y sacándolos del mundo de sueños mirarían al frente, entendiendo por completo la sorpresa, pues el borde del pueblo se confundía con la noche, siendo un resplandor morado lo que estaba en las sombras. ¡Un aura maligna!
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