A.R.D.D.R.A.C La armadura de un Dios

“El lugar más seguro del mundo”
Con forme el día avanzaba el pequeño grupo aceleraba su paso, no pasaría mucho para que la noche cayese sobre ellos y pasar la noche en aquel bosque no era lo más sensato. Marco había tenido un buen plan, los campos en su equipaje podían fácilmente usarse como capas, uniendo los extremos a la altura del cuello gracias a las habilidades de costura de Rosario y su característico hilo de araña que rodeaba toda su cintura para formar un especie de cinto. Los bordes bordados con las siglas del nombre de Marco quedarían sobre sus cabezas para un fácil reconocimiento. Por el momento su única preocupación era salir de aquel bosque, habían sido asaltados en el camino más de una vez y cualquier sensación de seguridad los había abandonado, aunque no existían palabras entre ellos sus rostros denotaban la precaución a cada pequeño movimiento del bosque. Aunque la cadena había quedado obsoleta después del ataque a la larva, la guadaña conservaba algo de filo, siendo empuñada por una agonizante Kiara, que se colgaba en el agarre de Alecksz, que, por si fuera poco, estaba a nada de llevarla a rastras, mirando hacia adelante atento a cualquier anomalía mantenía en su boca una pequeña curvatura torcida, burlándose abiertamente de quien le seguía a la par. Rosario no había librado su cuello del hilo del ave de madera y al estar tensionado de ambos lados, el hilo ya había dejado un corte en sus manos desnudas, desde un principio había tenido la piel suave al usar los guantes de cuero por lo que este hilo resistente no vio reparo en lacerarle la mano. Rosario sentía la burla sobre ella y aunque le irritaba en cierto grado cada ciertos pasos tiraba del hilo para ver el pequeño ahogo en la expresión de Alecksz, el resto del tiempo vería a sus alrededores concentrándose en la pequeña destartalada ave que la rodeaba con un vuelo bajo. — Mas apretado no podrías— habló Alecksz, señalando con sus ojos fieros la mano de Rosario, de donde un pequeño rastro de sangre goteaba por el hilo lentamente, su única respuesta fue aprisionar el cuello del hombre. — Sostenla bien que pronto llegaremos— farfulló en un intento de ocultar el dolor que le producía un nuevo corte en la palma. Extrañamente divertido alzo el peso de Kiara desde su agarre en su cintura a través de la espalda con el fin de erguirla en su postura y seguir andando, recibiendo una queja de esta, solo un gemido inconforme, ya que hace minutos había perdido la fuerza siquiera para quejarse como lo hacía antes. Detrás de aquel trio en guerra venia Koréen, que no solo había reparado en la vigilia de Rosario o de Kiara, también había visto como al menor chasquido de hojas Alecksz palpaba la empuñadura de su espada que traía en el cinto. Sus acciones la llevarían a aferrase a su grimorio, donde al tenerlo contra su pecho estaba lista para abrirlo por cualquier motivo o de usarlo de escudo, a la par y sin darse cuenta su cabeza había empezado a girar hacia los lados, tratado de hallar algo por los recovecos del bosque, vigilando un poco el vuelo torpe del ave hasta que esta fue atrapada. Un pequeño suspiro alerto al resto, mostrándose al bosque con ferocidad, predispusieron sus armas, listos para enfrentar al supuesto enemigo. — Puedes devolverlo— Rosario intervino, hablando a un acompañante extra que traían, Jeff. — Devuélvelo. Aunque vieron como rosario se colocaba frente a Jeff, estirando su mano en busca de algo, el resto no quito la tensión de sus hombros, manteniéndose alertas. Por otra parte. Jeff le veía con su habitual calma, siendo el único en seguir con su apariencia anterior, sin ningún especie de tela que cubra la mitad de su rostro, ya que el cuello de su abrigo largo cubría hasta su nariz, dejando solo sus pequeños y alargados ojos visibles. Jeff haba apresado con su mano al pequeño pájaro, parecía que no le agradaba tenerlo revoloteando porque más de una ocasión lo había atrapado y siempre había sido sorprendido por Rosario. — …Sera por el chillido— susurró Koréen, dando una sorpresa al resto, parecía que su chillido infernal había sido olvidado por ellos, por lo que a regañadientes Rosario dejo que Jeff mantuviese el ave, siguiendo su camino sin dar una mirada más al hombre, era difícil verle en aquellos momentos. No solo su cara permanecía imperturbable todo el tiempo, ni su altura descomunal era lo suficientemente intimidante para mantenerlos así, incluso la cadena gruesa de su tobillo que se arrastraba a cada paso que daba podía ser obviado, pero por el momento su pequeña carga les resultaba por demás vomitiva. Claro que tenía la maleta en sus espaldas, pero en su mano derecha cargaba envuelta en la piel de aquella lombriz los restos de lo que podían creer que era Marco. Carne palpitante que se había entremezclado con algunas plumas y unas trazas de grasa blanca y lo que parecía ser un hueso astillado, como indicativo de su presencia era el marco de sus lentes, fundido con la carne ¿Qué parte había formado en el cuerpo regordete de Marco? De solo pensarlo provocaba un revoltijo en el estómago. Sobre todo al ver como Jeff la cargaba con suma tranquilidad, dejando que algunos de los jugos chorreasen por su agarre cada cierto número de pasos. Eso era algo adicional, Jeff había guardado silencio en todo momento, ni un solo quejido al andar y siguiendo los pasos del grupo a un poco de distancia, pero siempre a un solo paso de la sombra de Koréen, que en este punto ya encontraba intimidante su presencia, dando pasos para aproximarse a la figura de Alecksz y siendo seguida nuevamente. — No te dejara— pronuncio Alecksz, casi en un susurro. — su amo ha muerto y le dejo las ultimas indicaciones, callarse y seguirte. — Llegando a Sydan podemos pedir a la señora Magaly que ordene que deje de seguirte—propuso Rosario— eran marido y mujer, es posible que le haga caso. Ante la mención del nombre de Magaly, Jeff mostro su primera expresión, frunciendo ligeramente el entrecejo, algo tan insignificante en su cara destacaba como si de un letrero neón alumbrase un eslogan ridículo. — ¿quién le dirá sobre... bueno, sobre su esposo? — preguntó Koréen dando una mirada furtiva a lo poco que quedaba de Marco, soportando una arcada para desviar su mirada a la arboleda. — Koréen— empezó Rosario, sin darle una mirada hablo con firmeza— tienes un especie de imán para los problemas, Cyara es el de mayor peso y ahora podría aparecer entre cualquier arbusto dispuesta a ir por nosotros. Sus palabras se silenciaron con brusquedad a causa de un movimiento más adelante en los arbustos del bosque, haciéndolos retroceder un par de pasos volvieron a colocarse dispuestos a la batalla, retomado el aire solo al ver a un pequeño zorro en los matorrales para burlarse de ellos antes de volver a desaparecer en la vegetación. Tal era la escena que Rosario suspiro cansada. — Sydan era muy estricta en cuanto a extraños, haciendo muestras a los que ingresaban para ver si pertenecían a ellos o eran impostores, ahora que el muro está terminado, debe ser peor, y nosotros estamos llevando los restos de uno de sus ciudadanos--- — No causes problemas— acortó Alecksz. — …Solo la señora Magaly puede ayudarnos ahora— continuo Rosario, asintiendo a la par a las palabras de Alecksz y dando una mirada de súplica a la castaña, la cual podía sentir la misma suplica en la presencia de Kiara. Sin respuesta alguna, Jeff se aproximó a la figura de Koréen, colocando en orden su improvisada capucha y capa, tapando en gran parte su rostro, con la misma palmeo sus hombros caídos para dar por finalizado el tema. — Tal vez no sea malo tenerle cerca— bromeo entre dientes Kiara, tan suave que parecía que nadie le había oído, siguiendo su camino. La densidad del bosque empezaría a ser escasa para la tarde, ya no tenían los altos y fuertes árboles que los rodeaban, más bien un puñado de ramas flacuchas que tenían deseos de ser arboles al mantener la compañía de zarzales entremezclados con arbustos de bayas venenosas, posiblemente por la actitud discreta de Jeff al tirar las que Rosario recogería por curiosidad. Llegando al borde del bosque se sorprenderían al notar que en la parte que debía ser la pendiente para descender, ya no estaba, había sido quitada, retirada a fuerzas para crear un desnivel empinado de un par de metros de altura, se podía afirmar al ver las raíces desnudas de los árboles que lo rodeaban, aquello había sucedido hace muy poco. Levantando el rostro podían soltar un jadeo de sorpresa, el reino de Sydan estaba frente a sus ojos, aun con bastante camino de por medio, lo alucinante era el alto muro que lo rodeaba, pero a esa distancia no importaba la altura o cuanto lo mirases, el borde escapaba de su vista, para hallarlo era obligatorio girar la cabeza ¡lo sorprendente era su longitud! El ruido de la tierra deslizándose les alerto, adentrando sus cuerpos a las sombras de la arboleda fueron testigos de cómo otras personas bajaban esa pendiente; ese pequeño arreglo que había sufrido la montaña había sido aplicado a todo lo que rodeaba a Sydan, pero parecía que a los viajeros no les incomodaba en lo más mínimo. A lo lejos veían como una pequeña mancha encapuchada se deslizaba por la empinada pendiente para aterrizar con elegancia sobre tierra firme y seguir andando en dirección del extenso muro ¡incluso había un par de carretas descendiendo por ahí! lo mas sorprendente era verlas volcarse vacías para que luego descendieran sus conductores y la pusieran en marcha. —Bajemos. Sin detenerse a pensar mucho fueron cuesta abajo, Alecksz cargaría con el cuerpo de Kiara y Rosario trataría de seguirle el paso para no ahorcarlo o degollarlo, sintiendo con seguridad que este era el peor momento para liberarlo, seguido de ellos Koréen se vio empujado por la mano de Jeff, descendiendo a la par que el susto le quito la voz en la cima y sin pensarlo mucho se aferró a las ropas de Jeff, ropas que soltó a penas cayo en cuenta de en quien se apoyaba, corriendo unos pasos para aproximarse el resto. Jeff permaneció imperturbable ante su rechazo, algo que termino helando su piel aún más “¡ya estoy lo suficientemente aterrada para que actúes así!” le reprocho, no podía decir que, pero había algo que le producía temor de aquel personaje. Como ellos muchas otras figuras se deslizaron por las pendientes de los alrededores, todas cubiertas con capuchas anchas y largas, dejando entrever de su persona como mucho los zapatos que calzaban. Manejando pequeños morrales sobre sus espaldas se encorvaban para tratar de pasar desapercibidos, esto era algo que se repetía bastante y todo ese circo de personajes se encaminaba con un destino en común. Aun en entre tantas personas el pequeño grupo destacaba por la enorme presencia de Jeff, distinto a todos caminaba erguido, impasible y sumamente tranquilo, muchos grupos de personas mantenían su distancia entre ellos pero hacia Jeff se había formado un circulo bastante marcado, sintiendo algunas miradas sobre sus hombros siguieron el camino para llegar a Sydan. En los primeros pasos del grupo, Jeff había insistido en empujar hacia abajo la cabeza de Koréen, que a causa de su curiosidad levantaba el rostro, dejando caer la capucha de su cabeza en más de una ocasión, siendo Jeff el que tiraría para colocarla en su sitio, dando un pequeño toque a su nuca para llevarla hacia abajo. Aunque no tomo mucho para que ella misma ocultase el rostro, tal vez una mirada fugaz por parte de Alecksz la había influenciado. Sosteniendo el cuello de su capa improvisada con el afán de sacarse algo de presión se aferró al grimorio con el afán de volver pequeña su persona, más de lo que ya era. Centrándose en el camino que sus pies pisaban. Hace mucho tiempo que había perdido sus botas en todo el caos de la persecución, deslizarse por la pendiente había dejado a sus pies descalzos llenos de raspones, tal vez con alguna herida que ahora encontraba molesta al andar, después de todo, el camino había sido labrado recientemente, dejando las piedrecillas por fuera, causando que cojease a cada paso, sintiéndose insegura repentinamente; Sintiéndose insegura repentinamente; con la pequeña alucinación de que Cyara saliese por los bordes del bosque apuntándola con su alabarda lista para matarla, y justo ahora, que no parecía que pudiese salir corriendo. No solo el andar cojo de Koréen era llamativo en el grupo, la figura de Kiara, aun envuelta en la capa del difunto Marco parecía arrastrarse por el suelo, levantarse unos milímetros para volver a tierra, por parte de Alecksz, parecía que el la acompañaba con los tropezones que daba, no se podía decir si estaba herido y tal vez, solo Rosario era la más común entre ellos. Cuanto más se acercaban a la muralla de Sydan los murmullos empezaban a escucharse, atrayendo nuevamente la atención de Koréen, tapando su boca con una de sus manos para cubrir el jadeo de sorpresa que salió de su boca. — Cabeza abajo— susurro Alecksz, empujando la nuca de Koréen hacia el suelo, ganando una mirada reprobatoria por parte de Jeff, le había escuchado. Pero la curiosidad era mucho más grande ¿Qué era aquel lugar? Los muros eran tan altos, que para poder ver los bordes de las torres Koréen debía estirar todo su cuello, no solo eso ¡el simple hecho de estar fabricada con piedra lo hacía alucinante! ¿Cómo edificaron tal sitio? Koréen murmuraba hacia sus adentros que tal vez fuera de ese mundo hubiese sido más sencillo, pero aquí era toda una hazaña. Cada cierto tramo se habían construido torres de base redonda, con la punta recubierta. Dando una mirada llena de curiosidad de vez en cuando notaria que las torres contaban con múltiples ventanales, de los cuales una sombra pequeña, la de un guardia quizás, se asomaba con arco y flecha en dirección del grupo de personas, en las otras aberturas se encontrarían más guardias con distintos tipos de armamento, había uno a la mitad que contaría con algo muy similar a un cañón. De solo identificarlo como tal Koréen bajo la cabeza concienzudamente, no podía verlos de forma clara, pero no iba a arriesgarse a nada. Este era el Reino de Sydan. Un lugar creado para los verdaderos dueños de este mundo de videojuego, los llamados NPC’s se concentrarían aquí por su alto odio a los jugadores y su notable recelo a quienes convivían con ellos. Eran precavidos, lo demostraba el gran muro que debía rodear el reino completo, así como las grandes puertas de hierro a las que se encaminaban. De solo verlas podía uno suponer lo gruesas y pesadas que debían ser, ya que de ambos costados colgaban incontables cadenas gruesas, atadas a las argollas incrustadas en el mismo portón; los extremos estarían ocultos en el mismo muro, detrás de todo ello reposaría un símbolo borroso, al menos desde esa distancia. — Está ardiendo…— susurró Alecksz, atrayendo la atención no solo de su grupo, también de otras personas cercanas. Kiara parecía desfallecer ante una fiebre alta. — Las puertas se abrirán dentro de poco— intervino una voz áspera, una mujer anciana, que trataba de cerrar la abertura de su capa con sus manos huesudas con tal de ocultar su cara. Los había oído, así como había visto por instantes el rostro agónico de la rubia. La anciana mujer al notar las miradas de ellos bajo el rostro con rapidez y se escabullo entre la gente, causando algo de revuelo, ya que por donde caminaba la gente se separaba en pequeños grupos. Ahí reunidas, las personas se habían colocado en una especie de fila delante del enorme portón, agrupados en masa, incluso las carretas se habían colado entre ellos, aunque existía una pequeña distancia entre las personas era evidente el recelo que existía entre ellos, sus posturas encorvadas, sus miradas esquivas, sus cuerpos tensos ante la espera de lo inesperado. Mirando con desespero hacia el enorme portón bajo ese incandescente sol, ya que toda esa zona había sido desprovista de cualquier rama que midiera más de 30 centímetros, siendo solo un poco de hierba marchita lo que adornaba el camino. — ¡No, no por favor! — el grito delante de ellos atrajo la mirada de muchos, de la multitud un soldado envuelto en lata tiraba de alguien con el afán de separarlo del grupo, sus gritos habían alertado a otros. De entre la multitud varios guerreros con la misma apariencia salieron a relucir y mientras las personas se alejaban de ellos uno de los soldados saco a relucir un especie de pinza, de largo mango donde en la punta contaba con un par de tenazas. — ¡Silencio! — advirtió, mientras enganchaba el cuello de aquella persona con las tenazas, tirando su cuerpo hacia el suelo uno de sus compañeras libero de la palma de su mano un hilo chispeante que impactaría con el sujeto sometido, ocasionando un grito por parte de este, así como le inconfundible olor a carne quemada. EL sujeto no se movió mas, mientras los soldados se dispersaban en la multitud pidiendo calma, habían arrastrado del cuello al hombre sin molestarse siquiera en revisar si seguía vivo. “¡Estos jugadores que no aprenden!” Koréen había oído a sus espaldas, estremeciéndose lo suficiente para sostener su cuello por segundos, podía imaginar que era tener una corriente recorriendo su cuerpo y creyendo cruzar una mirada con un de los guardias cercanos apego su pequeña figura a Jeff, sorprendiéndose al ver como pasaban junto a su lado, cambiando su gesto duro a un amigable saludo para Jeff. Su sorpresa no se detuvo, el sonar de un cuerno atrajo a todos, provocando un suspiro de alegría en la mayoría, pues indicaba que Sydan abriría sus puertas ¡su acogedor hogar los recibía! En cuanto a Rosario y a su grupo, ellos suspiraban al ver a Sydan como su único refugio, se podía ver en sus caras, por lo que para Koréen parecía algo descabellado ¡que ellos eran jugadores, como el tipo que arrastraron como un pedazo de carne inerte! ¿Qué nadie más lo ha visto? ¡Qué está pasando!
Descubre más en Bookista
Descarga la app y continúa leyendo
A.R.D.D.R.A.C La armadura de un Dios

Populares

Populares

close 0/500