A.R.D.D.R.A.C La armadura de un Dios

La bestia "Lombriz"
La tierra se mantuvo quieta mientras Koréen llevaba su mano a su mejilla, confirmando que en ella estaba la sangre de Marco, ya que estaba segura de que esa no le pertenecía. Encontrando a Rosario sin una sola mancha de este fluido vería a Jeff que las había cubierto, no solo la mitad de su persona se había salpicado, sino que a sus pies había caído un remanente de Marco, un cumulo de carne machucada que generaba pulsaciones. Parecía que el propio Marco desconocía que había perecido bajo las fauces de aquel bichejo. — ¡Koréen, fuego, fuego! — llamo Kiara. En el momento que la bestia salía a la luz la guadaña de Kiara había terminado incrustada en la parte de atrás y la cadena había sido sujetada a su cintura para que actuara como peso muerto mientras Alecksz sostenía la cadena con fuerza, parecía que estaban por pescar algo. Una nueva vibración en el suelo los alertaría y del agujero saldría volando con fuerza la guadaña hacia los aires; el hueco se taparía y cuando la cadena cayese una arcada acompañaría a Kiara, al verla cubierta de baba y con lo que parecía un poco más de los restos engullidos de Marco. La tierra no había abierto un nuevo agujero, pero el chirrido de reproche por parte del animal causaría temor en ellos, aquello era un juramento de muerte. Aun con Kiara en el extremo final de la cadena Alecksz tomaría la cadena para hacerla girar sobre su cabeza, esparciendo la baba de forma desigual a sus alrededores. — ¡Cúbranse! — Koréen tomaría el grimorio como escudo y Rosario se escudaría tras Jeff, que recibiría indiferente las pequeñas gotas verdosas, disolviendo sus ropas en pequeños puntos con la intención de desgarrar su carne. El nuevo olor a sangre atraería a la bestia, causando temblores en el suelo se abrirían cuatro agujeros en distintas partes, parecía que sabía que algo se tramaba. Alecksz dejaría de hacer girar la guadaña en el aire y arrastrando a Kiara se reuniría con Koréen para dar la orden mientras señalaba los rastros de baba verdosa dejados en el suelo. — ¡Fuego, ahora! A Sabiendas del peligro el animal rompería la tierra, saliendo justo debajo de sus pies con la clara intención de aplastarlos, caería como peso muerto antes de arrastrarse en dirección a su presa más cerca, siendo Rosario. Koréen había terminado junto a Alecksz en una parte opuesta, no sentía algún ardor por lo que no había caído sobre la baba, pero Alecksz temblaba en su agarre al tener los guanteletes cubiertos de aquella sustancia. — ¡A la cuenta de tres! — indicó, haciendo girar con velocidad la guadaña, lanzándola al bichejo e incrustándola ligeramente. No había oído la cuenta, pero en el momento en que el chirrido salió de la boca del animal Koréen grito con fuerza. — ¡Fuego! Su pequeña bola de fuego chocaría contra la baba y con la cadena usaría esa ruta y el líquido como un poderoso combustible, creando una pequeña explosión que repercutiría en el animal, quebrando su resistente piel el fuego encontraría más combustible en su interior quemándolo dese dentro. El bichejo se retorcería agónico sobre el suelo antes de quedar inmóvil, había muerto y las llamas cubrían su cuerpo, devorándolo por completo ¿Qué sustancia en realidad era? Sea lo que sea había dado un brillo verduzco al fuego y lo había concentrado solo en un sitio. — ¡Estas ardiendo! — noto alarmada Kiara, ella se había soltado del agarre de la cadena, pero las manos de Alecksz se habían cubierto de las mismas flamas. Alarmada Koréen hablaría antes de que la cara despreocupada de Alecksz le quitase importancia. — ¡Agua! Una bola de agua se arrojaría al rostro de Alecksz antes que a los guantes. Dejando atorado un “estoy bien” de parte de este y remplazándolo por un chorro de agua que soplaba fuera de su boca. Lo poco que había llegado a sus manos había apagado por completo las flamas, parecía que aquella baba era en extremo sensible al agua como al fuego, solo que lo que había apagado había desprendido un humo blanco de muy mal olor, haciendo que Alecksz tirase sus guantes a la tierra en un intento de alejar el hedor. Solo ahí, ambas notarias que sus manos, cubiertas de moretones no tendrían ningún daño referente al fuego. Con el ceño fruncido reprendería a Koréen con solo una mirada antes de dirigirse al nido, teniendo a la castaña detrás de sus pasos, más como un habito que otra cosa. Jeff se había adelantado a ambos y se había introducido al nido junto a la maleta del doctor Marco, solo cuando estuviesen cerca verían cual era el original objetivo de aquel regordete hombre; la baba. Sí, Jeff se encontraba recolectando la baba acumulada en el nido en enormes y largas botellas de vidrio grueso, recogiéndolo con sus manos desnudas, y sin temor a cualquier efecto término su tarea de llenar los recipientes. — Este era el verdadero objetivo del ave…—susurro Koréen centrándose en un objeto brilloso cubierto de ramas como del viscoso líquido, señalándolo a Alecksz. — Hubiera muerto antes de obtenerlo— Koréen se lo imaginaba, reducido a simples huesos, la existencia de huesos blancos en el nido confirmaba sus sospechas, había resultado una trampa sanguinaria, mientras se desintegraban el bicharraco comería la otra parte. Al notar en la dirección que señalaba, Alecksz se adentró al nido, de la misma forma Jeff saldría a los segundos tirando por encima del borde lo señalado por Koréen, seguido de un improperio por parte de Alecksz — ¡eso es mío! En un impulso Koréen iría a recogerlo, deteniéndose al notar su superficie viscosa, si lo tocaba le esperaría el mismo fin que el pájaro o que a los restos del difunto Marco. Girando su rostro en busca de la presencia de Alecksz y al no hallarla tomaría el grimorio para pronunciar casi en un susurro. — Agua Caería sobre el pedazo de metal, causando una nube de humo apestosa que Jeff redirigiría al nido con solo abanicar un par de hojas secas. — ¿estas feliz de jugar? — pregunto Alecksz a espaldas de Koréen, haciendo que ella se cubriese su cabeza con el libro a la par que se agachaba, la habían pillado. — …Así podrás usarla, el olor debe desaparecer. — Míralo— la voz serena de Alecksz le dio mal espina, pero aun así levantaría el rostro para observar que era lo que había buscado el hombre. Sorprendiéndose al reconocerlo — ¡Es el peto! — en su emoción alcanzaría a tomarlo de los bordes, descubriendo su descomunal peso, tal que, no pudo ni moverlo un milímetro. — Al menos sacaste algo bueno de todo esto— la voz de Kiara les haría girar, ella realmente se encontraba mal, apoyando su cuerpo entero sobre una pierna, pequeños espasmos la moverían de un lado a otro, y que junto a su respiración agitada uno podría vislumbrar lo peor en su situación. — Al menos tu palabra está cumplida, aquí nos separamos— sentencio Alecksz mientras deshacía los seguros del peto con el fin de colocárselo. — no tengo interés de seguir con quienes casi me matan más de una vez. — Esa no es una opción— añadió Rosario, había tomado los guantes de Alecksz del piso y ahora se los ofrecía, lucia molesta por alguna razón— los restos de tu armadura siguen perdidos y los que tienes están rotos; Kiara necesita ayuda para llegar a Sydan, ayuda que no puedo le puedo dar, y ustedes están siendo buscados por Cyara. Y si decidimos hablar todo Sydan los perseguirá por la muerte de Marco. — ¿amenazas? — preguntó hinchado su pecho y dando un paso hacia delante miro por lo bajo a Rosario con extremo desprecio, – Si no mal recuerdo tu eres la única culpable— siseo con rencor. Ninguno estaba armado, pero se sentía que en cualquier momento se arrojarían sobre el cuello del otro. — Solo a Sydan y de ahí puedes marcharte — ¡Claro que iré a Sydan! Pero me asegurare de que sea sin ustedes— Alecksz formo su puño en contra de Rosario, quien a la par soltó sobre el rostro de Alecksz los restos de su pequeña marioneta, que aun, tan destrozada, profirió su agudo chillido y antes de que el hombre atacase, había rodeado su cuello con el hilo del ave, dejando el extremo sobre enrollado en su mano, estando a solo un tirón de el para conseguir ahogarle retomo la palabra. — Marco nos ofreció una gran idea, Sydan es el único lugar seguro para nosotros, si vamos como individuos estaremos perdidos, tu nos necesitas y nosotros a ti— Rosario tensiono el hilo que conectaba el cuello de Alecksz y su mano, llegando a cortar su propia piel mientras mencionaba con determinación— no tolerare que nada salga peor…no bajo mi guardia. Apenas era media cabeza más alta que Koréen, pero en ese momento su cuerpo exudaba grandeza, determinación y valentía, su pequeño rostro magullado no profesaba lastima, más bien alertaba a cualquiera de no acercarse; siendo el chillido del pájaro de madera la culminación de su acto. Y por alguna extraña razón, Alecksz le sonrió
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