A.R.D.D.R.A.C La armadura de un Dios

Cyara, la asesina de un Dios. Parte II
Se habían hilado varias historias alrededor de Cyara respecto a sus orígenes, la mas popular juraba a pies juntillas que había aparecido con otros dos jugadores, orgullosos de su estatus se paseaban por los reinos causando estragos, robando armamento de calidad como cualquier otro artilugio que pareciera poderoso, reclutando en su grupo a cualquiera que esté dispuesto a seguir sus órdenes, se les vería en cada conflicto, pelea y como era de esperarse se presentaron como un grupo de mercenarios cuando la guerra entre los reinos de Vertsand, Sydan, Rushiel contra la prospera nación de las cuevas del este estalló. Se decía que en aquel lugar se guardaba la presencia de un ser poderoso, los locales lo llamarían bajo el nombre de “Conscientia”; una personificación de una pequeña parte del Dios que regentaba sobre su mundo, que había decidido otorgar su gracia a una raza agonizante, creando discordia entre los demás reinos, causando grandes reclamos para invitarla o llevarla a sus propios territorios donde tarde o temprano una guerra cruzada se llevaría a cabo. Para los NPC había sido una guerra sin cuartel donde su fe a algo superior impulsaba sus acciones sin sentido, en cambio, para los jugadores era un aire fresco de esperanza para poner en marcha al juego, una aventura que debía sacar algunas ganancias. La historia contaba que el grupo de tres jugadores ingreso a las cuevas y que solo Cyara salió de las mismas, junto a su temida alabarda, sin sus compañeros y con la palabra de que Conscientia había perecido bajo sus esfuerzos, desde ahí los detalles se perdían en chismes fantásticos, donde describían sus aventuras como cruzadas sangrientas hacia los NPC, un desprecio marcado hacia otros jugadores y su insaciable sed de poder, profiriendo a los vientos su objetivo de eliminar cualquier resto de su Dios de aquel mundo. — ¡Jeff, deja de chismorrear y vigila a esta niña de cerca o te vas a enterar! — indico Marco, siguiendo su relato. ¿Dónde entraba Koréen en esto? Cyara se encontraba en la búsqueda del poder, persiguiendo los mitos del mundo, mitos como las moras de la castaña eran algo que anhelaba para lograrlo, existían otros mitos populares, solo que Koréen había tenido la mala suerte de aparecer ante sus ojos. Kiara había soltado un par de verdades a medias, con un poco de imaginación había convencido que solo ellos podían acceder a aquel lugar bendito, así lo había llamado para atrapar la atención de Marco, que como casi cualquier originario de ese mundo tenía una fuerte inclinación a su supuesto Dios creador…aunque para los jugadores solo se trataría de una código de programación bastante extenso o un mala broma del creador de la interfaz. — ¡ese vil engendro! — blasfemó Marco dando una mirada a Koréen antes de asentir con su cabeza en dirección a Jeff, que fielmente a su orden seguía la sombra de Koréen, concentrando su aguda mirada en sus hombros— pues no me queda más que proponerles un trato La sonrisa triunfante de Kiara quedó congelada en su rostro, Marco no era un NPC común, eso era claro al mantener a Jeff a su lado, pero había creído que trataría a su grupo como pequeñas reliquias de alto valor, después de todo, Cyara no era la única que perseguía los mitos de aquel mundo, para los NPC’s significaba dar un contrataque a alguien que habían tomado como un enemigo jurado. — ¿Qué clase de trato? — intervino Alecksz, si se hablaba de negocios el daría el primer paso; Marco no lo pensó mucho y expuso. — Los llevare a Sydan, podrán entrar conmigo con cierta facilidad, si cuentan lo mismo que a mí, al padre Matías estoy seguro que se arreglaran las cosas para que permanezcan ahí. Sydan era el reino dirigido por y para NPC’s, la idea de jugadores entre sus filas les parecía mas que repulsiva y habían logrado una comunidad bastante amplia de colegas que rechazaban cualquier intervención con los jugadores, habían atrapado a cientos y vendido a un poco menos de ese número, a los grupos de bandidos establecidos en el camino de La Plaza de los Tres Reinos. Koréen podía recordar la transformación que había sufrido Paul, el chatarrero, de solo oír la insinuación de un jugador ¿estar rodeados de cientos de ellos? Parecían saltar de una sartén a otra. — ¿Qué ganancia es la que propone? — cuestionó Alecksz, cruzándose de brazos al ver el punto mal de aquel trato. — ¡ja! — se carcajeo, –Muchacho, ahí no se atrevería a ir el engendro de Cyara, incluso si aún tuviese a sus otros dos colegas con vida; Sydan es el lugar mas seguro para ustedes, mucho más que Rusiel o el agujero sucio de Vertsand. Un punto a su favor, nadie podia negarlo, por lo que Alecksz apoyo la montura de sus lentes para pensarlo por un segundo. — …y ¿qué pides a cambio? — la sonrisa ladina de Marco no daba un buen augurio. — Sois guerreros ¿no? Sobrevivieron al ataque de un demonio, ayudarme con un pequeño problemita no será mucho para ustedes, además de que se les agradecería el libarnos de un mal molesto de nuestras tierras. — Marco…— intervino Kiara— recuerdas cuando nos comentaste de un pequeño problema de tu casa, pero era una pared caída, lo que ocurrió--- — Kiara necesita ayuda con su pierna, además de la falta de información, mi esposa podría darles la que necesitan, ya que a mí me han dejado seco, y Rosario seguramente se debe encontrar mal por su culpa, con la ayuda de Jeff sería algo simple con que tratar. Aunque Marco giro su cabeza en busca de la aprobación de Koréen, esta se concentraría en el rostro de Alecksz, que parecía pensarlo muy seriamente. — Sydan no aceptaría viajeros con facilidad. — Tengo mis campos en la maleta, son los suficientemente largos para usarlos como capas y con mi sello bordado podrían entrar con facilidad, sobre todo en esta época del Festival de los Deseos, abrirán las puertas una vez al día para dejar pasar a los viajeros. Alecksz suspiro, sus hombros se habían tensionado, estaba pensando en los posibles beneficios de aquello, era cierto que habían huido de aquella demente, pero por cómo había terminado todo, era muy posible que ya no permanecieran juntos, por su seguridad como por su disposición, tener unos días de descanso podría ser elemental, después de todo, hasta el había obtenido heridas debajo de sus guanteletes…resistir un ataque más en esas condiciones seria su fin. — ¿Qué hay que hacer? Marco aplaudió en jubilo antes de explicárselos, resulta que las aldeas del oeste de Sydan habían expulsado a una bestia de su nido y esta había ido a parar a los bosques del este, estableciéndose con extrema facilidad a falta de depredadores potenciales, no solo sus acciones habían erosionado los suelos, sus características venenosas había acabado con la flora circundante de su nido, flora muy popular en el reino para remedios o pociones imprescindibles. Pero Marco no quería exterminarlo por esas razones, el había sido lo suficientemente astuto para tener sus reservas de hierbas, lo que le interesaba eran las entrañas de la bestia, capaces de crear veneno en cualquier organismo base en que se mezclara, ya que de forma adicional la dieta de aquel ser se reducía a cualquier cosa, así como su piel capaz de soportar su carga. Piel que el animal mudaba cada estación por lo menos una vez. Al saber la historia de fondo, en la mente de Alecksz se encontraría la relación con las indicaciones del chatarrero usurero Paul, generando un brillo de victoria en sus ojos por haber conseguido de manera tan extravagante llegar al lugar; aunque este brillo fue entendido por Marco como un deseo de lucha, palmeando el hombro Alecksz con una felicitación tosca — ¡Ese es el espíritu de un verdadero hombre! — mirándolo en comparación a la figura alta de Jeff, para hablarle en reproche por no ser así. De esa forma Marco condujo al grupo a una zona más cercana a Sydan, blasfemando más de una vez que a causa de Jeff y su ineptitud al seguir ordenes, habían terminado en un lugar completamente opuesto al que debían llegar en primer lugar, atento al minúsculo ruido y considerándolo un peligro extremo, los habían arrojado a copas de árboles, a arbustos espinosos y el más reciente, a una trampa de araña abandonada (por suerte), se repetía una y otra vez. Al parecer la bestia había formado su nido en la pendiente de una colina, había arrancado los arboles circundantes a su nido, dejando una que otra rama en medio del barrial, ya que parecía que su enorme peso había ablandado la tierra lo suficiente para parecer el punto álgido de un deslizamiento. Al verlo desde lejos, Koréen había reparado su similitud con un nido de ave, de cerca era mas sorprendente por su tamaño descomunal, tanto que era capaz de albergar toda una manada de osos del tamaño de Art ¡hasta sobraría espacio! dejado en plena pendiente…algo que contradecía su conocimiento básico de aves, disminuyendo a velocidad en sus pasos, quedándose atrás con Jeff tras su espalda, confundida y con algo de miedo ¿¡que animal tan enorme debía de usarlo!? En breve Rosario notaria su ausencia y detendría al resto del grupo. — Será mejor si nos dividimos en grupos— sugirió, frunciendo el gesto al ver el maltrecho rostro de Kiara arquear una ceja “¿es en serio?” ella podia apenas ponerse de pie y aunque toda la operación se resumía al hurto de la piel vieja de esa bestia, en sus condiciones no era buena idea. — Parece el nido de un ave— menciono Kiara viendo de reojo a Alecksz— a las aves les llama la atención las cosas brillantes. Alecksz asintió sin darse cuenta de la implicación de Kiara, lo más brillante de sus posesiones seria sin lugar a dudas las partes de su armadura, con el reflejo del sol podrían atraer su atención, lo suficiente para que se acercase y tomarle desprevenido…aunque claro, siempre quedaba la opción de que terminase cenándose a Alecksz como si de una larva se tratase. — ¡Miren! — exclamó Marco, señalando el borde del nido, donde colgaba lo mas parecido a un pedazo de carne seca arrugado. En su emoción correría a recogerlo, dejando el grupo atrás, antes de que Alecksz le advirtiera del posible peligro, la tierra bajo sus pies empezó a temblar con fuerza, trayendo de la cima mas mazamorra, dejándolos sumergidos hasta los tobillos, de forma apartada Marco se libraría de esta ola de tierra, arrojándose hacia el nido para sujetarse. A la par, una ráfaga de viento azotaría sus cabezas, levantando la tierra suelta hasta crear una nube de polvo, hojas y piedras pequeñas que chocaban contra sus cuerpos descubiertos, siendo solo el choque de metal la única indicación de la presencia de Alecksz y posiblemente del resto. Koréen agachaba su cuerpo cubriéndose la cabeza mientras profería un grito, muy cerca de ella podia escuchar el mismo grito por parte de Rosario y de Kiara, esta última llamando a Marco. —¡¡Marco, sal de ahí!! — el llamado había provocado una nueva ola de deslices, la tierra se acumulaba en sus piernas, ralentizando sus movimientos y aumentado la nube negra que les impedía ver a lo lejos. Levantando el rostro por instantes Koréen vería la figura robusta de Marco, aferrado a ese pedazo de trapo con fuerza mientras veía a los cielos con horror. Antes de seguir su mirada, un chillido agudo llenaría sus oídos antes de sentir una punzante sensación de dolor en los mismos, cubriéndoselos con fuerza volvería a refugiarse en sí misma, solo que esta vez la figura de Rosario se encontraría a su derecha en la misma posición. Koréen ya no se atrevía a alejar sus manos de sus oídos, si Kiara estaría gritando ella no podría oírla. Pronto, una barrera entre el vórtice de viento y ellas aligero la presión del viento sobre ellas; siendo Jeff quien se agacharía como una especie de escudo, dejando la espalda hacia Marco mientras cubría los oídos de Koréen con sus grandes manos, casi tomando su cabeza entera. Sobre ellos el chillido se repetía con insistencia, una gran ave de plumas anaranjadas batía sus alas con fuerza, originando los vórtices de viento de la punta de sus alas mientras su cabeza carente de plumas se dirigía en dirección a marco; la bestia había llegado a su nido y estaba furiosa de encontrar invasores. Por su parte, Alecksz se había apegado a Kiara, tomando la guadaña con cadena que poseía mientras se aferraba al hombro de la rubia, aunque el peligro estaba sobre sus cabezas ambos miraban el suelo con determinación. Una nueva ola de tierra caería para rellenar el espacio hasta cubrir sus rodillas, en este punto Koréen tiraba del grimorio, tratando de arrebatárselo a Jeff. Al ver a los invasores indefensos el ave se sintió confiada, aproximándose a tierra mientras aun batía sus alas, con forme se acercaba la tierra se alzaba en pequeños remolinos, separándolos por completo. Siendo Marco el objetivo de la bestia emplumada. Cuando llego a tocar tierra los remolinos se alzaban a gran velocidad hacia los cielos, creando una cortina entre ellos, pero el grito de Marco nunca llego, solo el chillido agónico del ave cavo en los oídos de todos, a la par los remolinos se detendrían poco a poco hasta desaparecer, siendo el repulsivo sonido producto de la carne masticada y los huesos rotos lo que acompañarían la desaparición del ave. Marco se había prendado del pedazo de piel, era el único que había visto por instantes al ave antes de desaparecer, su rostro blanco y sus ropas impregnadas en sangre alejaban cualquier buen augurio. ¡Los NPC son impresionante! Pensó Koréen, atribuyendo la victoria a Marco. Antes de respirar tranquila la tierra volvió a vibrar, esta vez Jeff la sujetaría de los cintos que cruzaban su pecho, sacándola de la tierra mientras que ella obtenía el grimorio en sus manos y lo colocaba sobre su cabeza. — ¡Fuego! — grito mientras cerraba los ojos, no podía ver que era, pero sabía que le había dado a algo con su pequeña bola de fuego, a algo que había proferido un alarido chirriante en reclamo antes de que el suelo vibrase por última vez más antes de que llegase la calma. ¡Explosión! A sus pies una pequeña explosión se dio a cabo cuando una de las pequeñas chispas impacto con un rastro de baba verdosa. — ¡Salgamos de aquí! — gritó Marco, corriendo a su encuentro, llevándose consigo su preciada piel de bestia, mientras Koréen se centraba a sacar a Rosario del suelo. A solo unos pasos de interceptar con Marco, Jeff se interpondría, cubriendo con su cuerpo a ambas las arrastraría para retroceder, alejándose de Marco antes de que el suelo temblase nuevamente, esta vez con mayor fuerza, haciéndoles tambalear hasta casi caer. — ¡¡Ahora!! — gritó Alecksz. A espaldas de Marco la tierra se separó con facilidad, como si se trate de arena hasta formar un hueco de borde redondo, a una escasa distancia de Jeff se abriría otro de la misma forma y aunque el permanecía imperturbable Kiara había soltado un grito de repulsión al ver al verdadero monstruo que habitaba en esa zona. Su apariencia alargada, cilíndrica de color oscuro saldría con un ruido viscoso, moviendo las anillas que lo conformaban en conjunto con su aparente respiración que podría dar fe de su falta de esqueleto, de los bordes colgaban hileras de baba verdosa mientras su cuerpo entero se traslucía mostrando en su interior los restos hechos pedazos del pájaro que hace un momento había devorado, y el mismo chirrido quejumbroso que proclamaba tener hambre se oiría. Para Marco fue solo un instante en el que aquella especie de lombriz abriría uno de sus extremos para dejar relucir un aro de dientes puntiagudos junto a un pestilente aroma, y terminase de devorarlo en su caída estrepitosa sobre el suelo antes de desaparecer en el agujero. Había sido tan rápido, pero Koréen sabía que en su rostro había caído la sangre de Marco. Como ultima burla, la lombriz dejo intacta sobre el suelo el pedazo de piel que habían querido arrebatarle…su cebo preferido.
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