A.R.D.D.R.A.C La armadura de un Dios

Cyara, la asesina de un Dios. Parte I
— ¡Rosario! — llamó Koreen, dando unos pasos hacia el esclavo de nombre Jeff, olvidando la descomunal diferencia de alturas que existían entre ambos, se alzo en puntillas con el afán de alcanzarle. — ¿La conoces? — pregunto confundido el viejo doctor, indicando con la cabeza a Jeff, que se arrodillara. — ¡Es mi compañera! — afirmo, ayudando a Rosario a salir de la espalda de aquel hombre, librándola de sus ataduras con algo de torpeza a causa de la emoción. El viejo Marco las vio con confusión, había jurado que aquella chiquilla había sido abandonada a su suerte para morir, ahora resultaba que realmente solo estaba perdida; pero lo que mas le llamo la atención era que conocía el nombre de Rosario, no podia decir que era único en el reino, pero había un “Rosario” en especial que le causaba incomodidad, mas con aquella joven. — ¡Koreen! — llamo Rosario una vez liberada de sus ataduras, así como de la mordaza de su boca, lanzándose con efusividad sobre la mencionada, froto su cabeza castaña con sus manos desnudas, parecía que había perdido sus guantes en el viaje, repitiendo su nombre una y otra vez antes de separarse; sujetándola de los hombros la revisó con preocupación. — ¿Estás bien? ¿te golpeaste en algún lugar? ¿recuerdas quien soy? Koreen había perdido la capacidad de hablar “¡Quién debería preguntar todo eso soy yo!” ¿Cómo no? De pie, Rosario lucia más lamentable en comparación con cualquier raspón que tuviese Koréen. Su piel se hallaba pálida, marcada de sobremanera una hilera de manchas rojizas, algunas con una leve hinchazón, en especial una debajo de su ojo derecho donde la hinchazón alcanzaba a hasta los bordes de su ojo, provocando que lo entrecerrara, como si estuviese dando un guiño. — ¡ah, esto! — Rosario ocultó su ojo con su mano, diciendo con simpleza—no es nada grave. Aunque trataba de quitarle importancia, también en su mano figuraba otro moretón de aspecto doloroso, algo cubierto de barro, así como lo estaba toda su persona; incluso en el reborde de su sonrisa, Koreen podia notar el inconfundible color de la sangre, una mancha pequeña que debió ser limpiada momentos atrás por el dorso de su mano, pero, al parecer no había tenido el tiempo necesario para limpiar los rastros de lagrimas de su cara, dejando en evidencia hileras secas que debieron acompañar un rostro lloroso. Podia verlo, sus ojos verdes aun lucían los rastros de un llanto, mostrándose algo rojos. — Estoy bien — afirmo Koréen acercándose con suavidad para abrazar el golpeado cuerpo de Rosario, aun en esas circunstancias preocuparse por alguien más, le resultaba reconfortante. — ¿en que nuevo problema te metió Kiara? — intervino Marco, Rosario no había devuelto el gesto de Koréen, librándose con facilidad de su abrazo se giró a encarar al viejo doctor con una sonrisa incomoda. —Porque aun debes seguir con esa incauta ¿verdad? — Cuanto tiempo---- — ¡a mí no me des charlas largas! — Marco cubrió la distancia que los separaba, y tomando del brazo a Rosario la zarandeo con enojo— Desaparecen en la noche antes de que se cierre la ciudad y ahora te encuentro con semejantes heridas y a una cría contigo en este bosque maldito. Rosario arrugo el entrecejo en respuesta al dolor ¿Qué otras heridas se mostrarían bajo sus ropas? Marco no tardo en notar la gravedad de sus lesiones, aflojando su agarre y gritando al hombre con enojo. — ¡Y tú que miras esclavo tonto! Trae mi maleta antes de que te mande a dormir afuera. Jeff podia ser llamado por las personas, como imperturbable, podría ver caer un árbol a sus pies y no se sorprendería en lo más mínimo, hasta podría pensar con simpleza que hacia un poco más de brisa por la mañana. Por lo que no mostro reacción alguna, levantándose y alcanzando a Marco su descomunal equipaje, del cual sacaría un sinfín de botellitas pequeñas para empezar a tratar a Rosario, sin el menor cuidado giraría su brazo untando bálsamos. Koreen, que había quedado atrás, se concentro en las acciones del viejo, mirando con cierto asombro la disposición de Rosario en dejar que alguien se le acercase, incluso ella había sido rechazada antes, tal vez con una sutileza mayor al encontrarse herida, pero era claro que su anterior emoción había rebasado sus costumbres. Sintiendo la mirada fija de aquel personaje llamado Jeff, un sensación de escozor empezó a expandirse sobre su piel, estaba incomoda de esa mirada aguda. Jeff era un hombre sorprendentemente alto, fornido, de ojos pequeños que se achicaban cuando miraba fijamente algo, pelo en extremo corto, puntiagudo a la vista; de forma adicional su vestimenta podía resultar ser intimidante, una gabardina de cuero que cubría hasta sus tobillos, de donde una gruesa argolla de metal se ajustaba y a su vez de esta colgaba una cadena gruesa y rota que arrastraba a cada paso. ¡Olviden su altura! Parecía una especie de bestia que había escapado, un criminal de las películas de asesinos, que te mira de brazos cruzados mientras piensa en que lugar dejar tu cuerpo sin vida. — ¡Koreen, Koreen! — el llamado de Kiara a lo lejos alerto a todos, Jeff había agachado su cuerpo listo para saltar en ataque de cualquier amenaza, Marco miro de soslayo a la castaña y Rosario buscaría con la mirada en la arboleda por la figura de Kiara. La maleza se sacudió antes de mostrar la débil figura de Kiara, que se apoyaba en una rama para dar sus pasos, de solo encontrar a Koreen su rostro se ilumino, antes de toparse con el de Rosario, ahí, verdadera felicidad se escurrió en su expresión, moviendo la boca sin pronunciar sonido alguno. Llamaba en silencio el nombre de Rosario con verdadero júbilo. — ¡Kiara! — llamo Koreen corriendo a su encuentro, aprovechando la oportunidad para alejarse de la presencia opresiva que desprendía Jeff. Al tenerla tan de cerca, notaria que su situación empeoraba, los parches de piel negra se habían expandido, dejando una hendidura notable al momento de comparar con su piel sana, así como un polvillo fino que parecía desprenderse del mismo. — ¡Auch! — la habían golpeado en la cabeza, sabia de quien se trataba por lo que solo le quedó sobarse mientras agachaba la cabeza. Huyó, sí, pero no por las posibles locuras que pasaron por la mente de ellos…no los conocía mucho, pero sabía que dejarlos atrás es algo que no olvidarían fácilmente. —…me buscaron. — Soy un hombre de negocios y hasta donde sé hay mucho de ese campo que necesitare por tu culpa— advirtió Alecksz picando la cabeza de Koreen con ira mal disimulada, realmente tenía el deseo de molerle a golpes al encontrarla como punto en común de sus nuevos problemas. — ¡sabía que Kiara debía estar cerca— intervino Marco, se había acercado a ellos sosteniendo una pequeña cajita con botellas multicolores— si hablamos de Rosario tu debes estar cerca! Rosario se precipito unos pasos a Kiara, deteniéndose para mirarla con horror, señalando su rostro lleno de cicatrices a la par que guardaba sus manos en su pecho, reteniéndose de algo más. Kiara borraría su sonrisa por segundos al entenderlo, guardando para si la alegría del reencuentro. — Es solo lo habitual— respondió Kiara, ocultando su rostro desfigurado con su cabello— así como su manera de subir de peso Marco. — ¡ja! Solo es mi mujer mejorando en su cocina— Marco tendió ha Kiara la pequeña caja con una sonrisa amable, parecía que ellos tenían una historia bastante amena donde Kiara debió de ser de su mayor agrado, ya que había dejado atrás la atención que prestaba a Rosario— El viaje debió ser largo para terminar así, más si traes a más personas de lo acostumbrado. Kiara sintió la pregunta en las palabras del hombre mayor, dejarla pasar no era una opción y alcanzando con su mano a la caja, respondió a la par que accionaba su Don, iluminado la punta de sus dedos para el asombro de Jeff, que veía todo a la misma distancia de Rosario. — Tratamos de unirnos a un grupo mas de una y vez y este logro funcionar hasta que nuestro líder robo la armadura que estábamos formando — ¿Esto fue antes o después de robar? — Kiara se detuvo en seco antes de soltar un suspiro con una risa mezclada, el viejo gordo no era tan tonto — Después, mucho después…— susurró a causa de su debilidad, deslizándose hacia el suelo alertando al viejo. — ¡Rápido tonto crio, ayuda a ponerse en pie a Kiara! — grito exaltado hacia Jeff, que lucía imperturbable mientras Rosario intentaba arrebatar de sus manos el ave de madera— ¡deja de jugar y ven a ayudar! Jeff reacciono, parpadeando varias veces antes de liberar la pequeña marioneta sobre las manos de Rosario, y aproximarse a grandes zancadas para levantar a Kiara tirando de su brazo, como si de un trapo se tratase. —¡¡Suavecito!! — vociferó soltando un grito de dolor mientras golpeaba el agarre de Jeff. — No trates de engañarme ¿Cuan ignorantes puedes creernos a nosotros? Kiara dejo de golpear a Jeff, su poca fuerza había sido como el picor de una mosca; ya no había caso alguno de seguir su acto, estaba débil, pero aun tendría la suficiente fuerza para mostrarse frente al doctor Marco y él lo sabía. Con una sonrisa algo torcida acomodo su postura para mantenerse de pie, apoyándose un poco en Jeff. — Doctor Marco si hay verdad en nuestras palabras…—intervino Rosario, poniéndose a la par, iniciaron una caminata sin rumbo aparente y con una mirada Rosario marcaria la distancia con Alecksz y Koréen antes de volver a hablar con su dulce voz. — Koreen y compañía buscan la armadura de su antiguo líder, un ladrón que los dejo sin nada y a cambio de nuestra ayuda formaríamos un grupo por lo pronto, el guerrero que la acompaña es muy fuerte. — ¿Un ladrón? — dando una mirada desconfiada Marco giro para ver la apariencia de Koréen, una vista de arriba abajo para parar en el rostro severo de Alecksz. — Era un jugador— Koreen añadió con énfasis. — Uno muy abusivo Alecksz no podía evitar sentirse aludido por lo que colocaría su pie entre los pasos de Koréen, haciéndola tambalearse, todo a vista de Marco, que no tardaría en escupir con desprecio a un costado de su camino. — Jugadores— soltó como si se tratase de una maldición— y tu muchacho no deberías de ser tan tosco con alguien que dejo a cargo tu anterior líder, solo eso me explica tu mal comportamiento y tu niña, eres su colíder ¿no? Debes darte tu lugar ¡es mas! Jeff lleva sus cosas para que ese chico aprenda a ser servil. Koreen bajo el rostro, no por vergüenza, sino por las granes ganas de reír a causa del rostro de Alecksz, parecía que se había tragado una mosca, podía ver como las venas de su cien se marcaban por el exceso de ira, pero nada podia hacer si no quería quedar expuesto. Incluso Rosario tosió para disimular la risa, solo Kiara se carcajeo libremente con diversión. — Tiene razón Marco, esa pequeñaja es la colíder que dejo a cargo el “malvado líder abusivo” Anda Jeff, ayuda a nuestra colíder a llevar su pesado grimorio. Jeff dejo a Kiara en manos del doctor Marco, girando en u, se colocó frente a la diminuta Koréen, jalando con fuerza del cinto del libro, sorprendiendo a más de uno de no ver la reacción adversa común de ese libro. — Este chico sí que debe ser especial Marco, ese libro ni siquiera me deja acercar. — El es un esclavo. El silencio incomodo se situó entre ellos; Kiara dio una mirada de sorpresa hacia Marco; llamarlos esclavos era una forma no aterradora de referirse a ellos, eran escasos, quienes contaban con la marca invertida de un tridente en alguna parte de su cuerpo, serian seres de grandes habilidades, físicas o mentales, de apariencias extravagantes y de un sentido de servicio mayor al de cualquier ser razonable, pocos eran los que se atrevían a despreciarlos, y muchos los igualaban a un rango inferior de la divinidad existente de aquel mundo, temidos por obviar las reglas escritas del mismo, habían algunos que los encontraban abominables por sus orígenes excéntricos llenos de mitos y leyendas. Tener a Jeff, una representación de esa raza, por así decirlo, tan cerca, sorprendía a todos, más aun al ver la indiferencia en Marco ¿era un ser de leyenda y mitos? ¡De que servía si no le era de ayuda! pero este no parecía ver algo extraño en su forma de pensar, tal vez era más excéntrico que cualquier mito; desviando su atención a la atención de las marcas de Kiara. — Aunque digan la verdad en eso Rosario, estas marcas solo significan que Kiara debió usar su Don mas de una vez ¿no? Los rumores son veloces y se dice que ustedes roban tumbas, asegurarse un enemigo o dos es muy sencillo de esa forma. Rosario miraría a Kiara a la espera de su habitual justificación “solo robamos a los muertos”, ha falta de ella notaria que sus intenciones anteriores habían quedado expuestas para Alecksz y probablemente ya habían llevado una conversación al respecto; algo avergonzada agacharía el rostro para centrarse en su pequeña marioneta rota, llevándola a su rostro al no encontrar la mitad de la cabeza, sin saber que detrás suyo Koréen tiraría con disimulo un pedazo de madera. — En realidad...Cyara nos pisa la pista. Alecksz se atoro con su propia saliva ¡decir algo tan crucial a un extraño era una locura! Incluso Rosario casi dejo caer la marioneta de sus manos. Marco también se sorprendió al oírlo, deteniendo sus pasos para poder encarar a Kiara, esperando que se tratase de una mala broma por parte de la rubia, pero su rostro sumido en la preocupación alejo toda duda, mirando nuevamente las heridas de ella como las de Rosario daría un paso hacia atrás consternado. — Entonces todos deberían estar muertos— afirmó, juntando sus palmas hacia el cielo en una especie de veloz oración. — ¿que habéis hecho para molestar a semejante demonio? Koreen se hacia la misma pregunta, recordar solo su mirada feroz era suficiente para erizar su piel y al sentir la falta del peso del grimorio sobre su cadera tiro con torpeza de la gabardina de Jeff pidiendo que se lo devuelva. Solo Alecksz se adelantó unos pasos, creyendo cuales serían las palabras próximas por parte de Kiara. — No es que hemos hecho, es que hemos encontrando— menciono Kiara, señalando con la cabeza en dirección de Koréen — ¿recuerda los salmos del padre Matías? Una tierra bendecida por nuestro Dios. Kiara hablaba con una entonación de alabanza, tan forzada que parecía mas bien una burla, pero los ojos brillosos del viejo confirmaba que había creído en sus palabras, mirando a Koréen con adoración trato de aproximársele, siendo Jeff un muro entre ellos. — No te acerques tanto Marco que podrías ajustarla, así fue como se adentró a este bosque, Cyara ha venido tras nosotros apenas ha descubierto su secreto y como sabes tratara de matarla por lo que tiene. Trató, por eso regresamos aquí. Marco ensombreció su rostro, sabía que implicaciones traería esto a futuro. Ajeno a todo Koréen se atrevió a preguntar en un susurro. — ¿Quién es Cyara? Sí, le perseguía, pero esa era todo lo que sabía. Existían tantas respuestas a esa ingenua pregunta, Alecksz mencionaría a una jugadora capaz, una guerrera de extrema fuerza, con la habilidad de torcer la mentalidad de un NPC con su presencia. Kiara junto a Rosario confesarían que se trataba de una ladrona como ellas, una sanguinaria que tomaría lo que quisiese de cualquiera, haciendo hincapié en la diferencia con ellas, si una posesión que Cyara codiciaba estaba en alguien vivo, la pregunta siguiente seria ¿estuvo vivo en algún momento? La respuesta seria ¡nunca lo estuvo! Pero Marco fue quien respondió, dejando correr en su respuesta el rencor como el miedo, sin maldiciones o improperios confesaría una verdad absoluta. — Es la asesina de un Dios
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