Cuarto Reino

Cap. 23.2
El microondas avisa que la comida ya está caliente, Harley hambrienta se enfila a la cocina, ─ Supongo que quieres algunas respuestas en éste momento ─ Harley grita dando un respingo al encontrarse con Caroline en la cocina sentada en uno de los banquillos. ─ Por favor no grites ─ protesta Caroline sacudiendo un dedo en su oído para pasar el aturdimiento con una mueca. ─ ¡No mames!, !¿Como mierdas entraste?! ─ Me llamaste ─ ¿Yo?... ¿Te llamé? ─ Si ─ Estás demente ─ resopla Harley, luego se queda unos segundos meditabunda. ─ De hecho, doy gracias de que apareciste… ya va, ¿Apareciste? ─ Si ─ Éste no es el momento para espantarse ─ se reprendió Harley mentalmente antes las ganas de desmayarse y buscar el sobre en la sala que dejó tirado en el sofá, lo toma y cuando se gira se encuentra con Caroline detrás de ella, Harley vuelve a dar otro sobresalto. ─ ¡Ya…! ¡Deja de hacer esa mierda! ─ ¿Qué cosa? ─ El de aparecer así… como lo haces, me pones de los nervios ─ Okay… y, ¿Qué es eso? ─ ¿Esto?, es la razón que explica que no eres quien dices ser ─ Harley golpea el pecho con el sobre a Caroline haciéndole entrega, ésta lo sujeta y saca los informes. ─ La tal Caroline Lidell murió hace cien años ─ Pueden haber muchas Caroline Lidell en el mundo, ¿Por qué tendría que ser la única? ─ (sonrisa desdeñosa), ¡Por favor!,Si allí están las fotografías ─ Caroline observa las fotos con añoranza y un deje de tristeza, en una de ellas aparece la casa de Portugal consumida por las llamas, en otra cuerpos calcinados y en otra hoja las fotos impresas de la familia Lidell y en una de ellas aparece Ashley y Caroline, Ashley sentada en una silla antigua y Caroline a su lado sosteniendo una sombrilla como un bastón, ambas erguidas, solemnes, como las Lidell que solían ser, Caroline acaricia la imagen con la punta de sus dedos mientras que Harley continuaba su perorata siendo ignorada. Caroline levanta la vista para ver como Harley continuaba discutiendo sola como una idiota. ─ Es cierto ─ Harley se detiene como si un control remoto la hubiera frenado por completo. ─ ¿Qué? ─ Es verdad ─ Caroline suspira profundamente, ─ Ésta Caroline Lidell murió hace ciento cinco años ─ Caroline le entrega la foto a Harley, ésta se lo arranca de las manos y al ver el gran parecido, inclusive dos gotas de agua, comienza a balbucear hasta el punto de desmayarse. Caroline contempla el cuerpo de Harley sentada en un sillón cruzada de piernas con expresión inescrutable, Harley se va despertando poco a poco abriendo los ojos con dificultad. ─ ¿Qué me pasó? ─ pregunta Harley sintiendo la lengua pesada. ─ Ya era hora, te desmayaste ─ al oír la voz de Caroline, Harley se levanta de un brinco buscando la forma de estar lo más lejos posible, en cambio ésta se mantiene sentada en el mismo lugar contemplando como se comportaba como una desquiciada, no solamente queriendo huir del apartamento, sino de un fantasma de una mujer que murió hace cien años, Harley busca de salir corriendo del apartamento, pero cuando abre la puerta se encuentra con Caroline impidiendo el paso, Harley da un respingo cayendo sobre su trasero. ─ Te sugiero que tomes asiento, tenemos que hablar ─. Allí, sentadas ambas mujeres, Caroline contemplando en silencio esperando que Harley le prestara por fin atención, en cambio Harley solo tamborileaba el piso con el pie con los nervios de punta y el corazón martilleando como un colibrí, comiéndose las uñas, tratando de asimilar que iba a entablar conversación con un cadáver, ¡un cadáver!, ¿en que mundo cabe esto?, solo en el de Harley. ─ Esto no me debe estar pasando… claro, si, es lo más lógico, debe ser por eso, no tiene otra explicación ─ ¿De qué coño estás hablando? ─ ¡Mierda!, que tu no existes, que solo te veo en mi mente ─ Harley cerró los ojos y se puso en posición de loto como si estuviese meditando. ─ Si fuera una alucinación, ¿Hiciera esto? ─ Caroline le pellizca el brazo, ésta protesta con el ceño fruncido sobándose. ─ ¡¿Qué te pasa?!, eso dolió ─ No. Eso lo demuestra, no soy una alucinación ─ Ya lo noté… ¡pero de todas maneras tu deberías estar muerta!, o sino bien arrugadita como una pasa ─ Dale gracias a la ciencia si quieres, existe la buena cirugía láser ─ Ya, déjate de pendejadas… no estoy jugando ─ Yo tampoco ─ Harley chasquea los dedos. ─ ¿Y si soy como el chavo éste de la película? ─ ¿De qué hablas? ─ Claro el de sexto sentido, el chavito que podía ver los muertos y toda la cosa ─ balbuceaba Harley emocionada para si misma, luego se tapa la cara con sus manos quejándose. ─ Pero, ¿Por qué yo?, seguro quieres que te ayude… ─ Harley, ¿Podrías de dejar de decir tanta mierda y callarte de una puta vez? ─ en efecto, Harley cerró la boca con los ojos bien abiertos de par en par. ─ Además, ¿De qué hablas?, ¿Cómo es eso de ver a los muertos? ─ De algo que me pasó de niña ─ Caroline enarca una delicada ceja interrogante, ─ Explícate ─ Okay… recuerdo que era un día muy caluroso, ya que todos estábamos afuera en la calle, yo vivía en un lugar llamado pabellón de Hidalgo, antes era una colonia tranquila donde la gente podía estar hasta altas horas de la noche sentados afuera de sus casas por el tremendo calor que hacia, yo… recuerdo estar jugando con mis amiguitos cuando no sé por qué me llamó mucho la atención de querer entrar a ver a mi hermanito, él tendría como unos meses de nacido, supongo, el dormía dentro de la casa,no sé por qué me sentí atraída, suena raro ¿no? ─ Continua ─ Okay, Okay ─ Harley se acomoda en su asiento, se humedece los labios arreglando el cabello detrás de sus oídos antes de continuar. ─ La habitación tenía una ventana enorme, es lo que recuerdo, o era porque era una niña, en fin, lo cierto es que en esa ventana podía entrar la luz de la luna, no recuerdo si era llena, menguante o creciente, no lo recuerdo, aquella luz iluminaba parte de la habitación, iluminando también parte de la cama donde se encontraba mi hermanito dormido, todo se veía bello e inusitado, la luz de la luna cortando la oscuridad de la habitación, mi cuerpo, o sea yo, se vio empujado hasta dicha habitación, como si unos hilos invisibles tiraran de mi, algo llamándome, atrayéndome a ese cuarto, ¿Por qué tenía que ir?, ¿Qué había allí?, no lo sé, solo sabia que quería ver a mi hermano pequeño, tenía que hacerlo ─. ─ Y allí estaba yo, parada en el umbral de la puerta, contemplando a mi hermanito dormir. Una sombra negra posada en su ventana arruinaba aquella visión, sino fuera por ese enorme pájaro negro posado allí, juraría que estaba alucinando, con sus ojos posados fijos en mi hermano, juraría, juraría que le hablaba sin mover su pico, pensarás que a lo mejor estoy loca, aun a veces dudo de ello, (risitas), pero no es así, yo sé lo que vi y era una ave negra, pero sus ojos, aquellos ojos oscuros, no eran de un animal, pero tampoco humanos, tan negros, ¡huy! La piel se me enchina cuando lo recuerdo ─ Harley se frota el brazo. ─ Aun allí, parada, rígida, tensa e inmóvil, quería gritar, quería… ahuyentar esa cosa del cuarto de mi hermano, pero mis gritos fueron sofocados por algo, ¿Por qué no podía gritar?, ¡mierda!, de verdad quería gritar, pero no podía, mi voz, no tenía voz, solo… nada, con mis ojos aun bien abiertos de par en par fijos en aquella… cosa negra, la cual me ignoraba, cosa que me dio mucho coraje y miedo… ─ Caroline enarca una ceja dubitativamente. ─ Si, si, seamos honestas, me dio mas miedo que coraje, mis piernas parecían de gelatina, mi voz aun seguía oculta en algún lugar de mi pecho, a lo mejor aquella ave me impedía gritar para no arruinar su cometido, su plan, ¿Qué sé yo? Con todas mis fuerzas con mis uñas clavándose en mis manos hechos puños, pude gritar con desesperación, todo los gritos que no pudieron salir de mi, explotaron en un grito histérico que despertó a mi hermanito de un sobresalto, llorando y pateando, mis padres corrieron como locos hacia la casa para ver lo que había ocurrido, el ave ya se había ido lanzando sus graznidos al aire, incluso a pesar de que no se los conté a mis padres, por temor quizás, juraría que esa ave me miró solo unos segundos antes de irse volando, me maldecía con sus graznidos por haber arruinado su plan, plan que hasta el sol de hoy no tengo idea de que se trataba, solo recuerdo ese momento. A la mañana siguiente me enteré de que aquella ave negra era una bruja, ¡una bruja!, ¿Puedes creerlo?, (risa irónica), una bruja que merodeaba por el vecindario cada noche, ¿Con que propósito?, aun no lo sé, ni quiero saberlo, solo sabía que quería a esa cosa lejos de mi familia, también me enteré de que ese lugar que consideré tranquilo, habían ocurrido muchos eventos paranormales debido al gran derramamiento de sangre que hubo en los inicios de la revolución mexicana, desde esa noche, parecía haber cobrado vida. Dicen que cuando una persona tiene una experiencia traumática o sobrenatural tus sentidos se afinan y puedes captar o sentir lo que una persona “normal” no puede, y eso… ¿En quég me convierte?... ─. Caroline contempló escuchando palabra a palabra el relatar de Harley con expresión impasible, ─ ¿Sabes lo que opino? ─ ¿Qué? ─ Nada es una locura ─ ¿Un cadáver me dice que es una locura y que no? ─ No, lo que pensé ─ Y, ¿Qué pensaste? ─ Que lo que viste no fue una bruja ─ ¿Ha no? ─ Y a quien buscaba esa ave negra no era a tu hermano, era a ti ─ (risa incrédula) No manches… ¿Quién era entonces? ─ Un demonio rastreador ─ ¿Un que? ¿Por qué yo? ─ Por quien eres. Como dije, no es ninguna locura, supongo que debiste haber hecho algo cuando te mudaste que los despistaste ─ Supongo que si ─ ¿Qué? ─ Pues… todos me llaman Harley, casi nadie me llama por mi nombre ─ Caroline lanza un bufido. ─ Entonces… ─ ¿Entonces que? ─ ¿Soy o no soy vidente? ─ Eres mucho más que eso, pero necesito que vengas conmigo ─ Caroline se levanta, Harley sopesa la propuesta de Caroline. ─ ¿Puedo comer primero? ─ Claro, ¿Por qué no? ─ ambas se dirigen a la cocina, Harley protesta ya que sus tacos se habían enfriado, así que no le quedó de otra que volverlos a calentar. ─ Sé que es de malos modales, pero… no sé que ofrecerte ─ ¿Tienes jugo o… café? ─ ¿Los muertos toman eso? ─ Si te soy honesta, no estoy muerta, pero tampoco estoy viva, digamos que es una muerte a medias ─ ¿Eres una vampiro? ─ Mm… si lo quieres ver así ─ Pero los vampiros se supone que no pueden caminar de día ─ Soy uno especial ─ No te vas a merendar de mi o ¿Si? ─ Caroline olisquea el aire. ─ No eres mi tipo ─ Que alivio… así que tomas jugo ─ Si ─ Supongo que también puedes comer comida ─ Si, pero no es tan nutritiva como… ─ Para por favor, no lo digas, sabes que aun no asimilo lo de… tu sabes ─ Harley hace una “O” con su boca mientras movía sus dedos imitando un fantasma. ─ Entiendo. Solo jugo ─ Caroline mira dentro de la nevera por encima del hombro de Harley y frunciendo el ceño con grima pregunta. ─ ¿Quién de ustedes conserva pizza de un día para otro? ─ ¡Ah!, es de Sebas, dice que es nutritivo ─ ¡Qué asco! ─ Harley por fin encontró un punto en la cual estuvo de acuerdo con Caroline, luego Caroline tomando un sorbo de su jugo se le queda mirando al plato de Harley curiosamente. ─ ¿Es comida de microondas? ─ Si ─ ¿Sabe bien? ─ Mm, si ─ ¿Puedo? ─ Claro ─ tomando un rollo de tacos, Caroline lo contempla por varios puntos y se percata que es muy grande para una boca normal, oscurece sus ojos, sus dientes se vuelven como afiladas agujas abriendo la boca más que un humano ordinario, Harley de un respingo derrama su jugo. ─ ¡mierda no hagas eso! ─ ¿Qué hice? ─ Caroline pregunta con la boca llena, se limpia la poca salsa que se derramó por la comisura de su boca con su larga lengua. ─ Está delicioso ─ agrega Caroline una vez que tragó, sin embargo el apetito se le esfumó a Harley al ver a Caroline masticar con aquellos dientes como agujas. ─ Ya no tengo hambre ─ Ponlo para llevar y comes en el camino ─ ¿Lo hiciste a propósito? ─ Caroline contesta esbozando una sonrisa limpiándose la boca con un pañuelo. ─ Quizás ─ Eres… eres… ─ Vamos que se nos hace tarde ─ (gruñido de exasperación) ─.
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