Cuarto Reino

Cap. 22.1
Cap. 22 Ciudad de México siglo XXI, la actualidad. Una joven sale de una tienda de abarrotes con algunas botanas y unas latas de cervezas, vestida toda de negro, con una minifalda, unas medias de mallas rasgadas en la rodilla, una botas con tacones, chaqueta de cuero y una camiseta negra a rayas blancas, su cabello atado en una cola, el estilo gótico derrochándose hasta más no poder; camina un par de cuadras, cruza una calle, llega a una serie de edificios de apartamentos en renta, entra en uno de ellos, sube hasta el cuarto piso; es un fastidio que el ascensor estuviera averiado; saca sus llaves y cuando introduce una en la cerradura, se detiene un instante, olfatea algo y resopla en frustración, entra al hogar dulce hogar con el ceño fruncido… ─ ¿Cuántas veces tengo que decir que no fumen hierba dentro de la casa? ─ Relájate, Harley, es sábado ─ puede ser viernes santo, pero saben las reglas, nada de fumar hierba dentro de la casa ─ Harley le quita la droga de la boca y lo tira al suelo pisándolo, éste protesta con las manos al aire. ─ Hablé ─ amenazó con un dedo acusador. ─ Y deberían ayudarme a recoger éste desastre… ¡miren éste tiradero!, que horror ─ ¿Para que arreglar si se va a volver a desordenar? ─ espeta el otro compañero, el otro ríe en acuerdo chocando puños, Harley resopla en desacuerdo dejando los ojos en blanco. ─ Y… ¿Rosa y Renata? ─ Salieron, dijeron que irían a comprar o algo así ─ Y ¿Cómo logras identificarlas si son gemelas? ─ Espera, espera… ¿Son mujeres?, créeme, no me di cuenta ─ ¡Jódanse! ─ replica Harley tirando par de playeras sucias sobre sus cabezas y estos no paraban de reír. Harley llega hasta la cocina y comienza a guardar las cosas en la nevera, mira a un lado y observa una torre enorme de ollas y platos sucios. ─ Ni piensen que fregaré todo yo sola ─ Harley cierra la puerta de la nevera fuertemente y se enfila a su habitación, cuya habitación daba vista a un gran edificio y una escalera contra incendios, la bulla de la tumultuosa ciudad agitada se cuela por la ventana, Harley se quita la coleta y se agita un poco el cabello, prende el aire acondicionado y cuando va cerrar la ventana, observa a una mujer de piel pálida como la muerte parada frente a su ventana, ojos oscuros, sin rastro de blanco, inhumanos, mirándola con expresión impasible, Harley grita envuelta en pánico en un sobresalto hacia atrás cayendo sobre su trasero, sus dos compañeros de piso entran con sus rostros drenados de color igual de asustados, pero con la preocupación de saber lo que pasó, Harley gatea desesperadamente hacia ellos señalando hacia la ventana, pero estos no ven nada, sus rostros confundidos se miran mutuamente. ─ ¿Dónde Harley?, no hay nada ─ Allí en la ventana, yo la vi, lo juro ─ Creo que tienes razón sobre la hierba, te hace más daño a ti ─ Lo juramos, no volveremos a fumar en la casa ─ ¡Carajo! ¡es verdad!, ¡la vi!… justo allí… y, y. y me miraba, con esos ojos, feos… lo juro, no miento ─ Harley es llevada por uno de sus amigos y se sienta en la cama, temblorosa y pálida, aun con su corazón desbocado con ganas de salir de su pecho, uno le indica a su amigo echar un vistazo por la ventana mientras éste se sienta a su lado para calmarla, mira hacia arriba, abajo. ─ Nada hermano, no hay nadie… iré a preparar algo de té o agua con azúcar ─ el amigo cierra la puerta dejándolos solos, minutos después, éste se levanta de la cama, iré con Sebastián para ver si necesita ayuda, tu sabes como es él, se le quema hasta el agua ─ Harley se aferra al brazo de su amigo aun envuelta en pánico. ─ Hey, hey, todo está bien, estás a salvo ─ No me creen, yo sé lo que vi, era una mujer, yo la vi… y no era nada humana, se veía como la pelona ─. La silueta de una mujer mira desde la calle hacia la ventana del apartamento de Harley, vestida de jeans blancos con estampados de flores, blusa aguamarina, chaqueta de jeans blanco marfil corto, con zapatos de suela alta tipo zuecos, mira aun lado luego al otro lado de la calle, se da media vuelta sobre sus talones y se retira confundiéndose con el resto de los transeúntes, horas más tarde, Renata y Rosa llegan a la casa encontrando el gran milagro de ver a Sebastián y a José limpiando la casa, éstas desprenden de sus labios una sonrisa irónica. ─ Vaya… esto si es un milagro, ¿A qué santo se le debe? ─ saludó Renata quitándose su chamarra. ─ Ustedes limpiando. El mundo se va acabar ─ añadió Rosa tirando las llaves en una mesita. ─ ¿Y Harley, Sebas? ─ ¡Baja la voz, Renata!, está dormida en su cuarto ─ informa Sebas para luego añadir. ─ Tuvo un día terrible ─ ¿Un día terrible?... y soy Rosa, Sebas ─ Me vale ─ José se frota las manos con un paño de la cocina. ─ Dice que vio a alguien en la ventana ─ aclara el amigo de Sebas, ambas fruncen el ceño intrigadas, mirándose a las caras igual de confundidas, las hermanas toman asiento en la cocina. ─ ¿Otra vez? ─ pregunta Rosa. ─ Siempre pasa cuando llega su cumpleaños, creí que dejó de pasar ─ opinó Renata tomando una cerveza. ─ Ella contó que en aguas calientes pasaba con más frecuencia debido a un… trauma, un accidente, o algo así, no lo tengo bien claro y que por eso se vino a la ciudad… tu sabes, el cambio de ambiente que tal vez podría ayudarle ─ agregó Sebastián quitándole la cerveza de las manos a Renata para bebérsela como si fuera de él, ésta protesta a cambio. ─ Y… ¿Cómo sigue? ─ pregunta Rosa apoyándose de la encimera, José abre otra cerveza, se da un buen trago para luego contestar. ─ Costó un poco para que se calmara, pero está bien, aun duerme; por cierto, ¿Lograron comprar lo que acordamos? ─ Renata y Rosa se miran a las caras, luego sonríen con complicidad, Sebastián y José también sonríen de la misma manera. ─ Tuvimos suerte, eran las últimas ─ Renata coloca unas entradas para un club nocturno pronto a inaugurar. ─ ¿Está bien para su cumpleaños? ─ preguntó Rosa dubitativamente. ─ Vamos, anímense, y si es verdad lo que le pasó hoy a Harley, ésta salida la necesita y urgente ─ opinaba José guardando el último plato. ─ ¿Qué necesito? ─ pregunta Harley estrujándose los ojos aun somnolienta, todos se miran a las caras. ─ ¡Nada!, nada, Harley, solo una buena recostada, ya que limpiamos la casa, a Renata y Rosa les toca hacer la cena, ¿Verdad chicas? ─ Pero… ─ ¿Verdad que si? ─ insistió José tomando por los hombros a Harley para llevarla a la sala, haciéndole señas a las gemelas sobre las entradas en la encimera, éstas lanzan un paño de cocina sobre las entradas. ─ Si. Haremos la cena, tu solo recuéstate un rato… y disfruta ─ Están raros chicos, ¿Qué ocurre? ─ Nada, nada, es solo que lo de hoy no fue muy normal y decidimos ayudarte un poco ─ contesta Sebas, Harley los mira algo desconcertada y dudosa, pero a la final accede. Una mañana en su trabajo, Harley realiza su jornada como cualquier otro día, trabajando en una peluquería, y como de costumbre, por turno, ésta vez le tocó la caja registradora. ─ Gracias, aquí tiene su cambio… vuelva pronto ─ el día prometía una buena movida con los clientes. ─ Harley, cariño, ¿Puedes atenderla por mi?, estoy copada hoy ─ Okay, Renata ─ Harley se acerca a la clienta y se estrechan las manos. ─ Hola, soy Harley ─ Mucho gusto ─ ¿Qué desea?, secado, tinte, uñas ─ Solo secado por favor ─ Okay, tome asiento ─ la clienta de Renata toma asiento para lavarle el cabello y hacerle su tratamiento capilar antes de iniciar el secado; todo normal; ningún cambio de último momento, la peluquería abarrotada, buena música, chismes por todas partes, solo faltando tres días para el cumpleaños de Harley. ─ ¿Han oído hablar del nuevo club que van a inaugurar ésta semana? ─ preguntó Rosa para iniciar una conversación sobre la bulla de los secadores y la música del local. ─ Parece que será una sensación, inaugurarán con una banda ─ agregó Renata con una sonrisa entusiasmada. ─ ¿En serio?, no manches, Renata ─ ¡De verdad! ─ ¿No sabes que banda? ─ Aun no se sabe, es una sorpresa de inauguración ─ Quisiera ir pero… ─ Harley cavila un poco. ─ ¿Pero? ─ preguntan las gemelas al unísono. ─ ¿Saben que cuando hablan al mismo tiempo asustan?, dan como miedito ─ ¡Ya!, déjate de bobadas, Harley, ¿Qué ibas a decir? ─ exige Renata apuntando con su rociador para el cabello. Harley levanta la secadora y peine en mano en gesto de rendición, las tres rieron como tontas. ─ Okay, lo más seguro es que ya las entradas están agotadas y es imposible reservar ─ En eso tienes razón, pero ya veremos, ¿Quién quita y venga un alma piadosa y nos salve para ir? ─ opina Renata con un guiño y una sonrisita, comparte una mirada con Rosa y las gemelas ríen en complicidad. La puerta de la peluquería se abre tintineando campanillas, entra otra clienta, una mujer alta de cabello negro, zapatos de tacón alto, con lentes oscuros, vestida casual, con un conjunto entre azul oscuro y blanco, llevando un chal a juego, su cabello sujeto en un moño clásico, y es recibida por Renata. ─ Bienvenida, ¿En que le puedo ayudar? ─ la mujer detalla el local con mucho cuidado mirando a su alrededor, luego posa su mirada en Renata con una sonrisa mostrando sus dientes blancos y perfectos, contestando: ─ Vengo por un servicio para el cabello ─ ¿Alguno en especial? ─ Solo alisado, nada más ─ Okay, tome asiento, ya la atenderemos… algún día ─ Renata con una sonrisa apenada le muestra lo abarrotado del local apuntando con su secador. ─ Descuide, esperaré ─ la mujer toma asiento, se cruza de piernas y comienza a leer una revista. ─ ¿Dónde rayos se metió Mercedes?, ya se está tardando como que demasiado ─ preguntó Rosa en susurros, ya incómoda por la situación. ─ Y eso que dijo que comería rápido y vendría en un tantito ─ agrega Renata, por otra, Harley en lo que terminó de lavar el cabello a su clienta, la guía hasta su peinadora, coloca el impermeable. ─ ¿Cómo quiere su estilo de secado? ─ En rizos por favor ─ Harley comienza hacer su trabajo buscando sus instrumentos, media hora después, Renata y Rosa, apenadas por la tardanza de la otra peluquera, le piden el favor a Harley de tomar nota y darle una cita a la mujer para el día siguiente, Harley se acerca a la caja, toma lápiz y una agenda, ─ ¡Disculpe!, ¡señorita, por favor! ─ la mujer enarca una ceja interrogante aun con sus lentes oscuros puestos en dirección a Harley, se levanta y se acerca hasta la caja. ─ Disculpe de verdad, que pena, es que estamos abarrotadas y no nos da tiempo de atenderlos a todos y si me permite tomar sus datos y apartarle una cita para mañana a primera hora… ─ Con gusto ─ Harley abre la agenda y un talonario de citas. ─ Dígame su nombre ─ Caroline… ─ Un momento… okay ─ ¿Así se escribe? ─ Si ─ ¿Caroline que? ─ Lidell, Caroline Lidell ─ Harley detiene su escritura en el acto y estrecha la mirada sobre el nombre, luego mira a la mujer de manera interrogante. ─ Usted no es de por aquí, ¿Verdad? ─ No. Soy de Europa, Inglaterra ─ ¿Y viene hasta México solo para arreglarse el cabello? ─ sonríe Harley con asombro e ironía. ─ Amistades que han venido para acá, me han recomendado mucho ésta peluquería y ya veo el porque ─ Waw, que sigan recomendándonos, y para ser extranjera pronuncia muy bien el español ─ He estudiado mucho ─ la mujer le corresponde a la sonrisa. ─ ¿Sabes?, me resultas familiar ─ señaló Harley con su bolígrafo estrechando la mirada en la extraña clienta. ─ Muchos dicen lo mismo, siempre les recuerdo a alguien del… pasado (risas) ─ Quizás, pero… no importa… y… listo, aquí tiene su cita para mañana a las nueve, yo misma la atenderé ─ Muy amable, muchas gracias ─ la mujer se despide con otra sonrisa, tomando el papel que certifica la cita, Harley pudo notar lo bien cuidada de sus manos, aunque un poco pálidas para el sol de México, sin embargo, le restó importancia al ser extranjera. Harley prosigue su trabajo con su secador, se disculpa con la clienta, aunque algo le inquietaba de esa mujer, ¿Dónde la había visto?, toma un recipiente de laca para el cabello rizado, minutos después el recipiente se le cae de las manos, su rostro empalidece nuevamente, se tapa la boca para no gritar, da un par de pasos atrás negando con la cabeza, Renata y Rosa se acercan preocupadas. ─ No puede ser ─ jadeó Harley de miedo. ─ No puede ser ella, pero… pero… ─ ¿Qué pasa, Harley? ─ pregunta Rosa, llena de angustia, Harley mira a su amiga con los ojos como platos, horrorizada. ─ Es la mujer que vi en mi ventana ─ Es imposible ─ Si, si, es ella ─ Harley sale de la peluquería corriendo a buscarla, mira a todas partes, desesperada por encontrarla, pero su presencia se había esfumado, ¿Dónde se metió?, no puede ser posible, ella misma se ofreció para atenderla a primera hora, firmó su sentencia con el diablo y no lo supo hasta minutos después. En ese momento entra Mercedes agitada. ─ Mercedes, ¿Dónde carajo te metiste? ─ reclama Rosa. ─ Perdona, el trafico me retrasó ─ ¿A dónde fuiste a comer?, ¿A Vera Cruz? ─ Ya, dije que lo siento ─ Diez minutos es un lo siento, quince es un te perdono, pero ¿Hora y media?, te mereces que te crucifiquen, órale, órale, ponte a trabajar ─ agrega Renata al reclamo, Harley entra a la peluquería temblorosa, con su rostro totalmente empalidecida. ─ Y a ésta… ¿Qué le pasó? ─ pregunta Mercedes señalando con la barbilla, algunas clientas ceden su puesto para que se sentara y así calmarse, sus amigas se acercan para ver que le pasaba, pero Harley solo podía balbucear ciertas incoherencias, una de las clientas recomienda avisar a la policía, la mayoría estuvo de acuerdo, ya que posiblemente estaba siendo acechada por una acosadora o algo peor, una organización de secuestros, otra de las clientas, una abogada, le ofrece su tarjeta por si decide formalizar la denuncia, y por la parte de atrás yacía el numero de un buen detective amigo suyo, otra le ofrece unos calmantes, Mercedes sale corriendo para traerle agua, Harley se toma el calmante, luego comienza a sollozar ocultando su rostro entre sus brazos. En el apartamento, los amigos de Harley, José y Sebas, les reclaman por no haber llamado, desde luego, Renata y Rosa, se excusan con que no conocían a la mujer, cosa era verdad, la única que la había visto fue Harley, y ella no se percató de la entrada de aquella mujer a la tienda, sin embargo, no fue excusable el haberla atendido y no darse cuenta, en fin de cuentas, quedaron de acuerdo en ir para protegerla, desde luego, haciéndose pasar por un par de clientes más, o esperar afuera por si acaso, por alguna razón, esa mujer tiene algún interés en Harley, la cuestión era descubrir el por qué, mientras tanto, Harley iría muy temprano a la mañana para indagar sobre la mujer; lo consideró después de cenar con sus amigos, esa misma noche compartieron el mismo cuarto con ella, por si a acaso la mujer se le daba otra vez en asomarse por la ventana. José y Sebas dormirían en el suelo mientras que las chicas dormirían en la cama; armados con bates y cuchillos pudieron pasar la noche sin ninguna novedad, Harley se levanta muy temprano por la mañana con mucho cuidado para no despertar a nadie, inclusive antes de salir el sol, entra al baño con tarjeta en mano, mira por el reverso el número del detective, lo llama. El detective atiende en el cuarto repique con voz somnolienta. ─ *Son las cinco treinta, espero que el caso valga la pena* ─ Buenas, disculpe la hora, ¿Detective Lorenzo? ─ ¿Quién más podría ser? ─ Necesito de sus servicios ─ *Usted dirá* ─ Por teléfono no, necesito ir a su despacho cuanto antes ─ segundos de silencio. ─ ¿Está allí? ─ (suave suspiro) *Si, aquí estoy* ─ Dígame… ¿A qué hora puedo pasar? ─ *¿A las siete le vendría bien?* ─ Si ─ Entonces tráigame un café bien cargado para empezar ─ el detective le da las indicaciones para llegar a su despacho, Harley se arregla para no perder el tiempo y se enfila para el despacho del detective, luego se encargaría en dejar un mensaje en los teléfonos de sus amigos.
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