A.R.D.D.R.A.C La armadura de un Dios

Un Doctor curioso y su pequeño esclavo.
Sabía que si abría los ojos estaría en otro lugar ¿seguro o no? Deseaba que las probabilidades estuviesen a su favor. Aunque algo se adelantó a sus acciones, Alecksz, que la había agarrado de la cintura mientras tiraba de ella para acercarse a Kiara, termino arrojándola sin contemplaciones. — ¡Auch! — se lamentó Koréen, había caído sobre su rostro y su nariz reclamaba el trato injusto con una punzada de dolor, en medio de sus quejas creía oír los susurros del hombre: “peso pluma”, aunque antes de mirarle con ira, Kiara se adelantó. — ¡¡ ¿Qué demonios crees que haces?!! — a diferencia de Alecksz, que había quedado en pie, después del viaje, Kiara había caído de rodillas entre los arbustos que rodeaban la tupida región boscosa y por su pálido rostro parecía herida. — ¡¡Te lo preguntare una maldita vez mas ¿Qué porquería hiciste?!! — Kiara…— trató Koréen de interferir, quedando silenciada por la mirada furibunda de la rubia, notando con horror como su piel tan manchada de runas, tatuajes de negro, habían desaparecido en su mayoría y los pocos que quedaban habían adoptado una apariencia horrorosa, hundiéndose en su piel mientras unas pequeñas líneas negruzcas se expandían reptantes como redes; a simple vista se veía doloroso. La joven rubia se encogía sobre sí misma, sosteniendo su estómago mientras intentaba recuperar el aliento, jadeando ruidosamente antes de levantar su rostro, mostrando sus dientes en amenaza hacia Alecksz, quien incluso había soltado una risa burlona al verle. — No puedes manejarlo— afirmó, cruzando sus brazos mientras dejaba reposar su espalda en el tronco de un árbol cercano. — Tu Don como el de la otra chica, son inestables…una pequeña distracción y los accionaría. — …Nadie puede manejarlo— siseo, apoyando su cuerpo en otro árbol cercano, ya no tenía la máscara en su cara y ya no tenía interés en ocultar su cicatriz. — ni siquiera tu — Lo dice quien tiene una pierna de porcelana— Alecksz se burló un poco más antes de exponer la pequeña bolsa Dolphin maltrecha que había tomado de Koréen— debo decir que lo tienen merecido. Kiara abrió los ojos en sorpresa, su mente confusa parecía haber recordado algo importante, llegando a susurrar incrédula. — Rosario…— Kiara busco erráticamente con la mirada a su alrededor mientras llamaba con urgencia el nombre de su compañera— Rosario ¡Rosario! ¡¡Rosario!! — No está, saltó tratando de alcanzar el sello — Alecksz levanto los hombros sin interés alguno, convencido de lo que decía siguió hablando— Pero estaba lejos, tal vez si la empujaran desde atrás lo lograría, pero no… lo vi, es muy probable que ahora este entreteniendo a esos dementes — ¡Maldito! — “Solo robo a los muertos” quienes deberían ser maldecidos son ustedes — ¡esas moras! ¡esas moras son importantes! — Y tratar de teletransportarte al plantío y hurtar todo es una buena idea…pero necesitas mucha información para eso, la información no se queda quieta y el desfase lo pagas tú y esa pierna…— Kiara bufo antes cubrir con torpeza su pierna con sus manos— Tu compañera te hizo eso. Una titiritera y tú, como una de sus marionetas, no importa como quieras ponerlo…ustedes no son de fiar. — ¡Rosario no haría nada que nos exponga! — ¿Un ave que chilla nuestra ubicación? El haber escapado de esa psicópata demuestra que no es alguien tan simple — ¡Koréen también escapo! ¿acaso dudas incluso de ella? — Nunca me he fiado de ninguna— Alecksz entreabrió la bolsa Dolphin, mostrando parte de su contenido— para mí solo son negocios y ustedes trataban de vender humo ¡no lo toleraría! Así que pueden tener una probada de su propia medicina y tu…tu no actúes como una buena persona, porque sé que no lo eres ¿la necesitas verdad? Necesitas de es inestable Don para poder moverte con esa pierna y puedo apostar mi espada a que solo esa es tu preocupación. — …nosotros solo robaríamos un poco, salir de aquí, eso es lo que queremos, salir de este maldito juego— Kiara apunto a Alecksz, acusándolo— ¿¡no es eso lo que todos quieren!? ¡¡Salir de este maldito juego!! ¿acaso eres un traidor? ¡¡Debes de serlo para mostrar tan absurda cara!! — ¡Quien crees que eres para llamarme traidor! La discusión se volvió acalorada, Kiara acusaba a gritos, casi al borde del llanto, a Alecksz por la posible muerte de Rosario a manos de Cyara; Alecksz, como era, no toleraría sus insultos, respondiendo con la misma fiereza. Koréen, que está en medio de ambos, soporto al principio su pelea, al menos hasta que cada reproche se distorsionase en su cabeza como un ruido intermitente y molesto que le provocaba una pulsación dolorosa. Cubrió sus oídos con la intención de ya no oírlos, pero el ruido de la pelea se repitió una y otra vez en su cabeza, incluso agito su cabeza con la intención de alejar todo, intensificando su incomodidad se levantó con lentitud, apoyándose en los arboles a su alrededor mientras se alejaba con un andar tambaleante de aquellos dos; cuando el bullicio dentro de su cabeza parecía querer ceder aprovechó y salió corriendo, lejos de aquel par. Koréen solo se detendría cuando el silencio reinara dentro de su cabeza, vería hacia atrás con algo de confusión en sus ojos; ya que por instantes creía ver a su alrededor, imágenes borrosas de sombras y de seres deformes de ojos rojos, solo que ahora, lejos de ellos, todo desaparecía y regresaba a la calma. Fue en ese momento que se preguntaba si podría volver o si al menos ellos se dieron cuenta de que había desaparecido, si Alecksz la regañaría, si ellos seguirían buscando esa armadura. Estaba viva, eso era lo que quería desde un principio, sobrevivir. Había olvidado por completo, tal vez ni siquiera lo había tomado en consideración, que podría salir de aquel juego…aunque parecía que aquel par que dejo atrás no lo había hecho, llegando a ser conexiones en su pequeña cabeza. Todo lo que había pasado trataba de encaminarse a la salida del mundo de videojuego; Alecksz, Kiara, Rosario y muy probablemente aquella mujer de nombre Cyara. De solo recordar su forma torcida o su mirada burlesca, un escalofrío recorrió la espalda de Koréen. Lo más importante por ahora era mantenerse lejos de aquella desquiciada mujer, desconocía sus motivos, pero era obvio que no era un oponente para ella, tal vez vagar por el bosque no era una excelente idea, aunque era mejor que andar expuesta por los caminos, quizás con un poco de suerte hallaría un refugio como su caverna. Sí, en aquellos momentos se arrepentía de haber abandonado su pequeño lugar seguro, pensando una y otra vez que debió de arrojar la bolsa Dolphin con las moras a Alecksz y luego no salir…jamás pensó que ese hombre volvería sobre sus pasos para llevarla hasta ahí. “Soy un hombre de negocios”; recordarlo le era incomodo, le agradaba la idea de caminar como un grupo, tanto que había olvidado como había iniciado todo. En su divagación Koréen se adentró más en el bosque, el espacio entre los árboles se hacía más reducido, solo que se estos se mezclaban con otros de aspecto seco; vida y muerte, el concepto se mezclaba tan armoniosamente que era extraño, reflejándose incluso en el suelo que pisaba Koréen, siendo tierra seca con parches marchitos de hierbas. El crujido de las ramas a un costado la alertó, viendo en la dirección tomo el grimorio como escudo y pregunto pon inercia. — ¿Quién anda ahí? — ella misma se reprochó por lo estúpido que resultaba eso, si se trataba de un atacante este no le soltaría una respuesta tipo “soy un ladrón, vengo a robarte”. Los arbustos volvieron a crujir y de ellos un chillido familiar se escuchó, bajando su guardia, Koréen se aproximó a estos para comprobar si sus suposiciones eran acertadas. De repente, y como un proyectil, se lanzó hacia ella una pequeña mancha café, colocando el libro como barrera a la par que soltaba un grito en sorpresa, el pequeño proyectil chillaría al impactarse con la barrera eléctrica, precipitándose al cielo con quejidos lastimeros. Una vez ahí, Koréen abriría los ojos y lo reconocería. Era el pequeño ruiseñor de madera, visto a esa distancia lo encontraría algo extraño y al ver al suelo encontraría el porqué, el impacto había destrozado media cabeza de la marioneta. Alzándola con cuidado, la buscaría en los cielos para pronunciar una disculpa, al no verle pronto su cerebro reaccionaria. ¡Rosario debía estar cerca! Si el ave había logrado transportarse, existía la probabilidad de que Rosario haya llegado hasta ahí y como ya había ocurrido antes, al estar lejos del centro de teletransportación había parado lejos de donde ellos cayeron. Volviendo a oír el crujir de los arbustos Koréen creyó que se trataba de Rosario, escondiendo la mitad de la cabeza de su marioneta a sus espaldas espero a que se mostrara ante ella, espero por unos minutos sin resultados, por lo que tomo nuevamente el grimorio como un escudo y se adentró en la dirección de los crujidos. Se vio tentada a llamarla por su nombre, pero las palabras se habían atorado en su garganta, negándose a salir. Con el chillido lejano del pequeño ruiseñor Koréen llego a un grupo de árboles unidos entre sí por hilos de arañas, no, más bien, eran los pilares de una telaraña inmensa, elaborada a la sombra de estos frondosos árboles, tal era el tamaño de esta red que Koréen no tuvo el deseo de seguir como buscadora, no quería toparse por casualidad con la criatura que habitaba aquel sitio; retomando su avance le dio la espalda para salir con prisa. — ¡eh, niña! — el llamado la detuvo ¿acaso las arañas podían hablar? — ¡sí, tu niña, ayúdame a salir de aquí! Era la voz susurrante de un hombre, no era Alecksz, estaba segura de eso, él no le hablaría así si no se tratase de una amenaza; por lo que busco a sus alrededores tratando de encontrar a alguien. — Estoy por aquí ¡por aquí! Cerca de la telaraña— Koréen dudo por un momento, convenciéndose de que una araña no sería tan pasiva con ella, dando unos pasos más cerca de la telaraña recién pudo notar la figura abultada de un hombre regordete, oculto por las sombras y casi envuelto en la red. — ¡Gracias a nuestro Dios! Ayúdame a salir de aquí, por favor. El hombre lucia lamentable, no solo era regordete, su piel poseía un color amarillento y su corto pelo lucia algo grasiento, tal vez era por las grandes orejas junto con los lentes redondos de grueso marco que Koréen trato de ayudarle, le parecía inofensivo. A punto de tocar la red el hombre la llamaría alarmado. — ¡No la toques niña! — Koréen retrocedió por inercia, en su pequeño salto hacia tras el grimorio se había colocado al frente, visible para el hombre. — Mejor usa tu grimorio para sacarme de aquí. Koréen retuvo entre sus labios su casi nula habilidad para usarlo, pero los ojos suplicantes de aquel señor fueron suficientes para que ella decidiera intentarlo, cruzando los dedos al momento de abrirlo, rogando de que funcionase se dirigió a una sección que reconocía. Acercándose un poco más a la red pronuncio por lo bajo y con cierto temblor en la voz. — …Fuego Con lentitud una pequeña esfera de fuego se estiro de las paginas polvosas de su libro, terminando de pulir su figura en el aire se quedó quieta por unos segundos antes de caer en picada sobre la telaraña, deshaciendo casi al instante un pedazo de la red; no sabía si había hecho mucho o poco por el señor, pero este empezó a forcejear sobre sus ataduras hasta liberarse por completo y caer al suelo. — Más bien esta trampa, por el polvo que tenía, fue abandonada hace mucho— celebro el hombre, retirando de la misma red lo que parecía una enorme maleta, casi de su misma estatura— pero es muy poco común encontrar a gente vagando por ahí— susurro, mientras sacaba de su extraña maleta un bisturí pequeño, apuntando con amenaza a Koréen. Koréen había sido amenazada con una variedad considerable de armas hace poco, aquel pequeño bisturí no causo impresión alguna, algo que llamo la atención del hombre. — ¿Qué haces por aquí? — Koréen no vio necesidad de responder, pero como una despedía hablo antes de girarse. — Busco a una compañera. Koréen no reparo en él, tratando de alejarse, sería nuevamente llamada con urgencia. — ¡Espera niña! ¿te mandaron a buscar a alguien por estos bosques? — Koréen asintió sin darle importancia, siendo un suspiro pesado su respuesta, girándose a ver el rostro decepcionado del hombre— que le pasa a la gente de ahora, abandonar a alguien de esta forma, sobre todo por aquí ¡Niña, puedes venir conmigo al lugar poblado más cercano! Ahí te dirán sobre tu “compañera” — Ella está por aquí— negó con la cabeza, ganándose una mirada compasiva por el hombre. — Pequeña estos son los límites del bosque y las tierras muertas, si sigues por aquí solo encontraras la forma de convertirte en la cena de unos monstruos. — Pero ella está aquí ¡tiene que estarlo! Así dejaran de gritarse — Sera mejor si yo te lo digo antes de que alguien más lo haga; estos bosques son inhabitables, la gente que se pierde aquí rara vez sobrevive, si alguien te mando aquí temo confesar que desearon que murieras. — Koréen lucia confundida, en la mente del hombre parecía que una historia completamente absurda se había gestado y aunque sus expresiones eran transparentes, el hombre la había marcado como si estuviese triste— Ven conmigo, podemos llegar a Sydan y de ahí puedo ayudarte con mi esposa ¡siempre quisimos un aprendiz! Anda ¿cómo te llamas pequeña? — …Koréen— susurró, el hombre le sonrió al oír su nombre y en un intento de consolarla, creyendo que estaba mal le respondió. — Yo soy Marco, si esperas un poco, pronto estará el inútil de mi esclavo para llevarnos de regreso a Sydan. Marco se acercó a Koréen con cautela, notando en ella la presencia de varios raspones en su piel, así como la falta de zapatos, guardando más lamentos por ella se convencía de que si no había sido abandonada, tal vez se había perdido de su grupo. — Deja que te vea esas heridas— solicito a la par que tomaba a Koréen de uno de sus brazos, analizándolo— no debes preocuparte, soy un doctor que sabe de esto. EL rostro de Koréen se ilumino, confundiendo a Marco. Este hombre ya era un señor algo mayor y la apariencia infantil como pequeña de Koréen despertaba cierta empatía y creyendo que había logrado calmarla se concentró en ver sus rasguños. Aunque en la mente de ella se gestaba la idea de pedirle que revisara a Kiara. Kiara lucia realmente débil y este hombre se hacía llamar doctor, podría ayudarla a sentirse mejor. Mientras trataba de unir las palabras en su cabeza con su petición, Marco había empezado a divagar mientras buscaba algo en su descomunal maleta. — Ese inútil de Jeff, nunca pone nada en su sitio, no importa que le diga que es un cabeza hueca ¡arrojándome a una red de arañas y todo por un maldito pajarraco que no paraba de chillar! ¿Qué forma más absurda es esa de cuidar a tu amo? Un verdadero escuincle que trae problemas, yo mismo lo pondré en su sitio un día de estos… Conforme Marco se desvivía en regaños al desconocido Jeff los arbustos de alrededor empezaron a moverse antes de que saliera una gran sombra y se arrodillase a los pies de Marco, manteniendo la cabeza agachada, así como su cuerpo encogido, mostraría en una de sus manos a un pequeño ruiseñor atado en su propio hilo, con el pico hecho pedazos que trataría inútilmente de extender sus alas al reconocer el rostro de Koréen. Pero eso no fue lo más impactante, pues esta figura extraña llevaba algo sobre su espalda, algo pataleante que luchaba por librarse a la par que soltaba unos quejidos amortiguados. “Rosario…” pensó Koréen ¡era Rosario! Atada y amordazada a la espalda de aquella figura, sintiendo que algo realmente estaba mal con ella y aquel mundo, un tic nervioso se apodero de su ojo derecho. — ¡Así que al fin apareces chiquillo pendenciero! La figura levanto su rostro y antes de que Koréen reparara en sus facciones se irguió por completo, mostrando su descomunal diferencia de altura. ¿¡Qué comían en ese mundo que eran todos más altos que ella!? No, ese no era el pensamiento correcto ¿¡que hacia ese enorme sujeto con Rosario sobre sus hombros!?
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